Obsesión humana: Retrasar la muerte


La muerte es, sin duda, la más terrible de las barreras a las que el hombre se ve enfrentado. Así también, uno de sus más antiguos combates ha sido tratar de retrasar el instante fatídico. Es por esto que, según las épocas, el hombre se volvió hacia prácticas mágicas, luego hacia el ocultismo. En nuestros días, la ciencia tomó el relevo. Pero la imaginación humana también se alimentó de relatos cuyos personajes vivían indefinidamente.

Matusalén La longevidad atribuida a Matusalén, uno de los patriarcas antediluvianos del Génesis, es también proverbial. De hecho, los 969 años que le atribuyen los escribas en las Escrituras constituyen casi la única información que se tiene sobre este personaje. Le confieren una especie de récord, puesto que cuentan que su bisabuelo, Adán, vivió 930 años, su abuelo, Set, 912 años, y su padre Henoch, 365 años. Sin embargo, este último no murió sino que fue «llevado» por Dios después de una vida perfecta. Al hijo de Matusalén, Lamech, le confieren sólo 177 años, pero la descendencia recuperó su vigor con Noé, el héroe del Diluvio, que murió a los 950 años. Esa es la leyenda.

Existen dos hipótesis sobre la interpretación de estas longevidades fabulosas que no son, por lo demás, contradictorias. La primera supone que los años concedidos a los patriarcas son, en realidad, el número de meses de sus vidas: se obtiene de esta manera alrededor de 77 años para Adán, 76 para Set, más o menos 81 años para Matusalén, 30 años de existencia terrestre para Henoch y 79 años para Noé. En cambio, según este cálculo, Lamech habría vivido apenas quince años. Los escribas habrían efectuado esta conversión con el fin de exaltar a estos hombres dignos de admiración.

Según otra teoría desarrollada por los especialistas de la Biblia, estas vidas sobrenaturales habrían sido inventadas para establecer genealogías sin lagunas que cubrieran con pocos nombres largos períodos prehistóricos. Esta manera de proceder se repite con el sacerdote caldeo Beroso, quien en su historia de Babilonia, escrita alrededor de 280 años antes de Cristo, afirma que los reinados de los diez reyes de las épocas fabulosas no abarcan menos de... 432.000 años.


Los limites de la vida humana


De manera más comprobable, la historia nos da a conocer, de tiempo en tiempo a través de los siglos, la existencia de personas que sobrepasaron ampliamente la esperanza de vida de sus épocas. Esta se ha alargado en proporciones extraordinarias desde !a Prehistoria, pero el «despegue» esencial se produjo recién en el siglo XIX. De hecho, un hombre vive hoy en día tres veces más que el de Cromañón. Por otra parte, las investigaciones recientes ubican la barrera biológica de la especie humana en alrededor de 110 años. Estimación que sufre excepciones: en 1958, un colombiano habría alcanzado la respetable edad de 160 años. Récord conmemorado por la Oficina de Correos colombiana con una estampilla que tenía por leyenda: «¡El hombre más viejo del mundo!»

Esta noción de barrera biológica fue dada a luz por un americano, el Pr. Leonard Hayflick: sus experiencias in vitro parecen probar que las células se comportan como si tuvieran una especie de reloj interno que determina de antemano durante cuánto tiempo vivirán y seguirán dividiéndose.


¿La ciencia versus el «reloj biológico»?


Si la noción de barrera biológica corresponde a una realidad, sólo la manipulación genética permitirá eludir el infranqueable obstáculo que representa hoy en día. ¿Alcanzará algún día la ciencia este resultado? Si así fuese, habrá puesto entonces un pie en un terreno hasta hoy reservado a lo divino. Por ahora, el hombre se contenta con explorar la vía del trasplante de órganos defectuosos por equivalentes artificiales. La miniaturización de la electrónica lo hace cada vez más factible y podemos imaginar que un día algunos conejillos de Indias podrán convertirse en «cyborgs», es decir, en unos cerebros con envolturas totalmente artificiales y altamente desarrollados. En su libro Cuando el hombre se convierte en máquina (1971), el periodista científico americano David Rorvik presenta esta mutación como un gran paso adelante para la humanidad... o más bien hacia la inhumanidad, no pueden evitar de replicar algunos.


Información relacionada: Historias de inmortales


El tema de la inmortalidad, o en su defecto el de la longevidad extrema, obsesiona la imaginación del hombre desde los tiempos más antiguos. Ya, en la mitología asirobabilónica, en la Epopeya de Gilgamesh, en el tercer milenio antes de Cristo, se evoca la posibilidad. Atraviesa discretamente la historia de la literatura hasta el siglo XIX, luego se desarrolla en el seno de una corriente fantástica que lo trata en general como una maldición. Obras importantes, como El judío errante, de Eugéne Sue (1845), el ciclo de She, Laquedebeserobedecida, de sir Henry Rider Haggard (18871923), Drácula, de Bram Stoker (1897), o series muy populares en su época, tales como la consagrada al enigmático Dr. Nikola de GuyBoothby (18951901), ilustran la búsqueda de un sueño que revela ser, a fin de cuentas, una pesadilla física y mental. En el siglo XX, la evolución de la ciencia ofrece nuevos recursos.

Pero la literatura sigue dominada por la idea de que una longevidad extrema no procura más que aburrimiento y que ésta no se adquiere sino que al precio de compromisos moralmente inaceptables: así el sabio Fausto no duda en pactar con el diablo a cambio de una nueva juventud. Este mito se repite en la época contemporánea, por ejemplo, en El Maestro y Margarita, novela del escritor soviético Mikhaií Boulgakov (18911940), inédita hasta 1966. La moraleja de estas obras es la misma: no se puede ir impunemente contra las leyes de la Naturaleza...


Magia, ocultismo y longevidad


Para luchar contra los estragos del tiempo en el organismo, los hombres se han visto tentados a menudo a recurrir a lo sobrenatural.


El vampirismo


Contrariamente a una idea preconcebida, el vampiro no es un difunto sino un «nomuerto» (ese es el sentido de nosferatu), un ser inmovilizado en la frontera que separa la vida de la muerte. El vampiro ha adquirido la longevidad, a menudo contra su voluntad, al ser víctima de otro vampiro. Esta forma de semiinmortalidad tiene todo de una condena y el «verdadero» vampiro es más cercano al monstruoso Nosferatu que al seductor Drácula, las dos caras dadas por el cine al mismo héroe del escritor Bram Stoker.


La Magia negra


Una longevidad deseada puede resultar de un pacto consumado con fuerzas oscuras. Se pretende que algunos grandes brujos de la macumba, la magia negra brasilera, hayan vivido más de dos siglos. Autores de ciencia ficción, como el americano Lovecraft, han imaginado, por otra parte, una forma de «vampirismo» psíquico que permitiría a seres humanos envejecidos rejuvenecerse atiborrándose con la energía vital de personas jóvenes.


La Magia real


Esta es la de los grandes ocultistas, de los alquimistas. En efecto, la alquimia se presenta como una tentativa de reconquista a través del conocimiento de los antiguos secretos de los privilegios perdidos a causa del pecado original. Entre estos privilegios figura en primer lugar el de la inmortalidad. Durante siglos los alquimistas trataron entonces de reencontrar el secreto del elíxir de una larga vida, «el oro potable», que supuestamente les permitiría atravesar los siglos realizando su fin último: la transmutación del cuerpo y el retorno a la inmortalidad adámica. La tradición pretende que algunos alquimistas famosos como Nicolás Flamel, el conde de SaintGermain, Artepio, el alquimista árabe de la Edad Media o Fulcanelli lograron esta transmutación.

Fuente: Enigmas del mundo
Más información sobre este tema: portalesmedicos.com

Descubren la clave del mantenimiento de las habilidades cognoscitivas después de los 80


El exceso de la proteína tau en el cerebro propicia la pérdida de memoria típica de los ancianos


Investigadores de la Universidad Northwestern, en Estados Unidos, han descubierto el que podría ser el “secreto” de la agilidad cerebral de algunas personas mayores. La autopsia de los cerebros de varios individuos fallecidos, mayores de 80 años, y que, en vida, habían demostrado mantener intactas sus habilidades cognitivas, demostró que dichos cerebros presentaban escasos nudos neurofibrilares, que son unos cúmulos originados por la proteína tau. Los científicos aseguran que este descubrimiento resulta clave para comprender cómo podríamos proteger al cerebro de los estragos del envejecimiento. Por Yaiza Martínez.

Healthy Acai BerryInvestigadores de la Escuela de Medicina Feinberg, de la Universidad Northwestern, en Estados Unidos, han descubierto el que podría ser el “secreto” de la agilidad cerebral de algunas personas mayores.

¿Por qué algunos ancianos van perdiendo facultades cognitivas a medida que cumplen años, mientras que otros permanecen eternamente lúcidos? Estos últimos parecen haberse librado de los estragos que en la memoria ocasiona el envejecimiento, por una misteriosa razón.

Interesados en descubrirla, los científicos analizaron el cerebro de varias personas fallecidas y que, antes de morir, demostraron tener un alto rendimiento en pruebas de memoria pasados los 80 años de edad, y en comparación con otros individuos también mayores que no sufrían demencia.

Escasez de nudos neurofibrilares


Así, tal y como explica la Universidad Northwestern en un comunicado, los investigadores en lugar de estudiar los cerebros buscando lo que “estaba mal” en ellos, como se suele hacer en estudios de este tipo, se preocuparon por encontrar la causa del óptimo estado de conservación de los cerebros de los ancianos.

En las autopsias descubrieron que estos cerebros presentaban escasos ovillos o nudos neurofibrilares, que son conglomerados anómalos de proteínas compuestos por pequeñas fibras entrelazadas dentro de las neuronas.

Estos nudos son, en concreto, agregados hiperfosforilados de una proteína conocida como tau, que se acumula dentro de las células del cerebro y se cree que, con el tiempo, llega a matarlas. La principal función de esta proteína es la estabilización de los microtúbulos axonales a través de la interacción con otra proteína llamada tubulina, pero su exceso resulta dañino.

Los ovillos neurofibrilares de tau se encuentran en cantidades moderadas en los cerebros de las personas mayores pero se ha observado un incremento sustancial de su presencia en los cerebros de los enfermos de Alzheimer.


Número normal de placas amiloides


Según explica el director de la investigación, el profesor de neurología del Cognitive Neurology and Alzheimer's Disease Center (CNADC) de la Escuela Feinberg, Changiz Geula, “este nuevo descubrimiento sobre el cerebro envejecido es muy emocionante. Siempre se ha asumido que la acumulación de estos ovillos es un fenómeno progresivo propio del proceso de envejecimiento. Pero estamos viendo que algunos individuos son inmunes a la formación de ovillos hiperfosforilados, y que la presencia de estos ovillos podría influir en el rendimiento cognitivo”.

Las personas que tenían tan sólo unos pocos ovillos hiperfosforilados en el cerebro presentaron un rendimiento cognitivo más alto de lo habitual para su edad, mientras que los individuos con mayor cantidad de estos ovillos rindieron cognitivamente a un nivel normal para su edad, señalaron los científicos.

Los investigadores observaron en las autopsias, por otro lado, que el número de placas en los cerebros de estas personas era similar al de los cerebros del resto de los individuos. Estas placas, conocidas como placas amiloides, consisten en un conglomerado de otra proteína, conocida como beta-amiloide, que es producida por el cerebro de todos los humanos, aunque de manera limitada.


La clave: poca proteína tau


Por tanto, parece que la clave para la diferencia en el rendimiento cognitivo de los ancianos se encontraría en la cantidad de nudos neurofibrilares de la proteína tau presentes en sus cerebros.

En las pruebas realizadas antes de su muerte, los ancianos con cerebros sin nudos fueron capaces, por ejemplo, de recordar una historia que se les había contado inmediatamente después e incluso 30 minutos más tarde, con detalles incluidos. También fueron capaces de aprenderse una lista de 15 palabras y de recordarla bien pasada media hora.

Según Geula, a partir de ahora serán necesarias nuevas investigaciones dirigidas a conocer el mecanismo celular subyacente a la resistencia a la formación de nudos neurofibrilares. Resultaría esencial comprender qué protege al cerebro de estos individuos contra la pérdida de memoria.

De hecho, las características moleculares y genéticas de los cerebros más resistentes al paso del tiempo y a los efectos de la proteína tau podrían, algún día, ayudar al ser humano a proteger el cerebro contra los efectos de la edad, aseguró el investigador.

La presente investigación forma parte de un estudio más amplio del CNADC que pretende identificar qué factores son importantes para mantener un rendimiento intelectual óptimo a partir de los 80 años. Para este estudio, se seleccionó a una serie de individuos de esa franja de edad, a los que se les están realizando seguimientos anuales con pruebas de habilidades cognitivas.


Proteína tau y Alzheimer


Las proteína tau, al igual que las placas amiloides, son el principal objetivo del estudio del Alzheimer. Tal y como explicó Geula en otro artículo publicado también por la Universidad Northwestern: “Tanto las placas como los ovillos forman parte de lo que consideramos la patología del Alzheimer, pero sólo cuando ambos elementos aparecen en muy grandes cantidades”.

De hecho, el desarrollo de terapias para esta enfermedad se ha centrado en ambas proteínas, como demostró un estudio cuyos resultados aparecieron publicados en Science el pasado año.

En él, se cruzaron ratones propicios a desarrollar el Alzheimer con otros que carecían de la proteína tau, para crear tres poblaciones de ratones (todos ellos habían sido previamente modificados genéticamente): unos con niveles normales de tau, unos con una sola copia del gen de tau y unos que carecian de tau.

Así, se descubrió que los ratones con niveles de tau normales desarrollaron el Alzheimer heredado de sus progenitores, mientras que los ratones con niveles bajos o nulos de esta proteína no desarrollaron la enfermedad.

Parece, por tanto, que la escasa cantidad de esta proteína podría ser positiva tanto para evitar el Alzheimer como para evitar los efectos del envejecimiento en el cerebro humano.

Fuente: © Tendencias 21

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El incierto límite de la longevidad científica (Continuación)


También en el Sur


En Pakistán, que alcanzará también esa expectativa de vida en el mismo año, los mayores de 60 años serán 4,7 veces más numerosos en 2050, pasando de los 9,3 millones actuales a los 44,1 millones.

Hay una novedad importante en esta panorámica, recogida en los anales del Congreso Mundial sobre Población que tuvo lugar el año pasado en Tours: si los países desarrollados llevan constatando la creciente longevidad desde hace décadas, los países en desarrollo van a experimentarla de una forma todavía más brutal: las proporción de personas mayores aumentará en estos países dos veces más deprisa que en los países industrializados.

Thailandia es un buen ejemplo: hoy sólo el 7% de la población tiene más de 60 años, pero en veinte años más será el 14% de su población la que sea sexagenaria. Algunos países desarrollados han tardado más de un siglo en alcanzar esa cifra, lo que desvela la magnitud del fenómeno y siembra la duda respecto a la capacidad de estas sociedades para acoger este creciente segmento de población.

De todas formas, tampoco es posible generalizar: en África austral la esperanza de vida ha caído espectacularmente debido al sida, mientras que la mortalidad infantil está estancada en el África subsahariana. En Mozambique la esperanza de vida no llega a los 34 años. Son las dos caras de la moneda.


Esperanza de vida


Envejecimiento IPIEl desconcierto por esta evolución es enorme. Por un lado debido a nuestro desconocimiento respecto a la esperanza de vida máxima que podemos atribuir a un ser humano. Según la naturaleza, una persona libre de enfermedades y en condiciones de vida normales y naturales, ¿cuánto podría vivir?

La verdad es que no lo sabemos con certeza. Los demógrafos calculan constantemente esta esperanza de vida, pero sus previsiones son desmentidas por la realidad cada cierto tiempo. En 1951, por ejemplo, Jean Bourgeois-Pichat creía que la esperanza biológica de la vida humana era de 76 años para los hombres y de 78 años para las mujeres.

En 1986, los norteamericanos Jay Olshanky y Brian Ault estimaron en su paradigmático artículo (no on line) “The fourth stage of the epidemiological transition: The age of delayed degenerative diseases”, que la esperanza de vida natural de una persona no sobrepasaría los 85 años, un límite que los japoneses superaron al poco tiempo.


¿No hay límites?


El indicador más corriente para medir la duración de la vida humana es la media observada en un momento determinado de una población, que señala la esperanza de vida de un niño en el momento de nacer.

En dos siglos y medio, la esperanza de vida al nacer ha pasado de menos de 30 años a los 80 años en los países desarrollados. En gran parte esta evolución se debe a los paralelos progresos médicos y sanitarios, pero la duda surge respecto a si existe un límite natural de la vida, impuesto por los genes, o si bien no existe límite biológico alguno para la extensión de la vida humana.

Lo que sabemos al respecto es que la longevidad de cada especie viva está contenida en su patrimonio genético: una mosca vive tres días, un ratón, tres años, una ballena azul, 80 años, una secuoya, 4.000 años, una tortuga marina, 200 años, una persona al menos hasta 122 años, si nos atenemos a la experiencia de Jeanne Calment, la francesa que ostenta el récord de mayor longevidad humana demostrada.

La experiencia de Jeanne Calment es ilustrativa, pero no concluyente porque la diversidad de patrimonios genéticos individuales impide pensar que todo el mundo está en condiciones de vivir ese tiempo: teóricamente, algunos podrían incluso superar esa edad extrema.

La duda que surge de la experiencia de Calment es si su longevidad es el producto de una conjunción de factores poco corrientes que se han dado a lo largo de su vida, o al hecho de que la longevidad humana puede ser modificada.


Control del envejecimiento


Hay indicios de que esto pueda ser así y esto es lo que ha llevado a Michael R. Rose a plantear la necesidad de profundizar en la experiencia de las personas mayores para determinar las causas que frenan el envejecimiento de otras épocas.

La realidad es que asistimos a un fenómeno que ha sido descrito así: de una época en que la muerte se produce en torno a un grupo de edades que ha variado poco a lo largo de los años, estamos pasando a otra en la que la edad media de vida se prolonga gracias a un control progresivo del envejecimiento biológico.

En los países desarrollados, la emergencia de grupos de personas con más de 110 años de vida comenzó en los años ochenta. Una vez que se alcanzan los 110 o 112 años de edad, las probabilidades de morir no crecen: son las mismas para el año siguiente. Se habla incluso de que la esperanza de vida puede duplicarse en este siglo.

Jim Oepen y James Vaupel han señalado al respecto en la revista Science que la esperanza de vida progresa en línea recta desde 1840 y que mejora cada cuatrimestre hasta hoy, lo que supone la más destacada regularidad jamás observada. Consideran que no hay ninguna razón para pensar que esta línea pueda detenerse en algún momento.


Longevidad científica


Esta perspectiva de lo que ha dado en llamarse longevidad científica tiene muchas derivaciones. Afecta a la demografía porque, de existir un límite biológico para la supervivencia, este límite sería el determinante de la esperanza de vida máxima que pueden alcanzar las personas.

La longevidad interesa también a los Estados, que necesitan planificar con certeza sus políticas respecto a la tercera edad, tanto para regular las pensiones como la mejor edad de la jubilación y otras cuestiones asociadas.

La longevidad interesa especialmente además a la medicina, la biología y a la genética, que promete próximas revoluciones capaces de proporcionarnos la longevidad extrema: nuestros hijos podrían no morir jamás.

Por todo ello, la longevidad se ha convertido en un debate que implica a demógrafos, geriatras, biólogos y genetistas, sugiriendo que estamos a las puertas de importantes cambios culturales, socioeconómicos y científicos, para los que aparentemente todavía no estamos preparados.

Fuente: ©Tendencias 21

La investigación sobre el envejecimiento encuentra la luz al final del túnel



Las perspectivas de la longevidad e incluso de la inmortalidad suscitan debates en la comunidad científica


La revista Science ha develado en un singular dossier el estado de las investigaciones sobre el envejecimiento y advertido de las eventuales consecuencias sociales de estos descubrimientos, que nos aproximan a la longevidad e incluso a la inmortalidad sin que la sociedad esté preparada para estos eventuales cambios. Por Eduardo Martínez.

La investigación sobre el envejecimiento encuentra la luz al final del túnel
La investigación sobre el envejecimiento encuentra la luz al final del túnel
Para la revista Science de esta semana, la investigación sobre el envejecimiento encuentra en estos momentos la luz al final del túnel, después de veinte años de trabajos en múltiples direcciones.

En este tiempo se ha avanzado mucho respecto a determinar las causas del envejecimiento. Por un lado, los genetistas han identificado a los telómeros, estructuras moleculares que protegen los bordes de los cromosomas e impiden al ADN degenerar. Por otro lado, los biólogos han identificado el proceso de oxidación de las células.

Pero no se sabe todavía qué elementos llevan a los telómeros a degradarse con la edad y si realmente se puede impedir la oxidación celular. Diversas investigaciones han comprobado que alimentando menos a gusanos y ratones se hacen más resistentes al estrés, lo que aumenta su expectativa de vida.

Esto es así porque el nivel de glucosa y de un factor de crecimiento similar a la insulina disminuyen en los animales que comen menos, lo que debilita el crecimiento de los cánceres y la degeneración biológica.


También en el humano


Este conocimiento es aplicable al ser humano, no tanto condicionando su alimentación durante sus primeros 75 años de vida, sino desarrollando medicamentos que regulen los niveles de glucosa y del factor de crecimiento.

Respecto a la investigación genética, se sabe que la activación o desactivación de algunos genes desempeña un papel fundamental en el envejecimiento.

El oxígeno desempeña también un papel importante en este proceso de degradación, pero al estar asociado a la respiración y consumo de oxígeno, no se sabe cómo evitar su incidencia en el envejecimiento.

La cuestión del envejecimiento, sin embargo, no se limita a la biología o la genética, sino que representa también un dilema social y ético, porque lo que no queda claro de momento es qué persiguen estas investigaciones, si detener el envejecimiento o alcanzar pura y simplemente la inmortalidad física a partir de los avances científicos de los próximos años.


¿Bien público?


Science se pregunta al respecto, al margen de los beneficios de la investigación sobre el envejecimiento, si la degradación biológica debe ser o no evitada por la ciencia a partir de una decisión previa sobre si se trata o no de un bien público.

La duda surge porque los tratamientos contra el envejecimiento no estarían, al menos durante mucho tiempo, disponibles para todo el mundo (como el pan), con lo que ello representará de discriminación social.

Sin embargo, si estos tratamientos llegaran a ser universales, originarían también problemas sociales debido a la interrupción de los procesos naturales que regulan el peso demográfico sobre el hábitat natural.

Estas cuestiones ya son objeto de reflexión por parte de la comunidad científica, lo que confirma el diagnóstico de la revista Science sobre que la investigación sobre los métodos para detener el envejecimiento y, eventualmente, prolongar la longevidad e incluso alcanzar la inmortalidad, se encuentra al final del túnel sin que la sociedad esté preparada para los descubrimientos que se avecinan.

Fuente: ©Tendencias 21

Límites de la vida humana: longevos y grupos de longevos


Dr. J. R. Zaragoza

Las técnicas de prolongación de a vida o, dicho más correctamente, de prevención del envejecimiento, requieren de la máximo precisión posible de su objetivo final: ¿cuál es la edad máximo alcanzable en la especie humana? ¿hasta qué edad podemos vivir? Las consideraciones históricas, el estudio del humano como especie animal y los estudios sobre la disminución de la capacidad funcional orgánico son curiosamente coincidentes respecto o los límites de duración de la vida humana.

Introducción


Diferentes técnicas o métodos de estudio han intentado dar una respuesta aproximada sobre cuál es la máxima edad alcanzable en la especie humana. Por un lado, los testimonios históricos correspondientes a personas de extraordinaria longevidad. Por otro, el estudio del ser humano como especie animal, comparando su longevidad con la de especies más o menos afines. Finalmente, estudios sobre el decrecimiento de la capacidad funcional de los órganos, o sobre los límites de la multiplicación de células humanas (fenómeno de Hayflick) aportan datos, curiosamente coincidentes, sobre los límites de la vida humana.


Podemos vivir ciento veinte años


La conclusión más interesante de todos estos estudios -que indicamos de entrada- es que la vida humana tiene un límite máximo, situado hacia los ciento veinte años.

A esta cifra conducen, de una parte, las cifras máximas de longevidad registradas; de otras, los estudios sobre el decaimiento funcional (el envejecimiento) de los órganos con la edad, que aseguran que la "muerte biológica" es decir, la producida sólo por la involución corporal y no por enfermedades intercurrentes, ocurriría a esta edad.

Las experiencias de Hayflick con cultivo de fibroblastos humanos conducen también a esta cifra como límite de la replicación celular. Este límite se considera también el máximo admisible antes de que sobrevenga el decaimiento completo de los sistemas de integración del organismo como un todo.

Los ciento veinte años serían, pues, la meta máxima a la que podríamos llegar si utilizáramos los medios adecuados. Lo que la ciencia quiere conocer es, precisamente, cuáles son los medios más idóneos para alcanzar este límite vital en las mejores condiciones físicas, mentales y emocionales y si, por otra parte, hay medios que permitan sobrepasar este límite biológico.


Longevos famosos


Comencemos por los datos que la historia aporta sobre longevos famosos. El tema ha sido objeto de diversas recopilaciones, de las que quizá la que alcanzó más fama fue la de Eaton, Human longevity, publicada en 1799, y en la que se recogen relatos de 1.712 individuos con constancia de haber vivido al menos cien años, desde el 66 d. J.C. hasta la fecha de publicación del libro. Por desgracia, las referencias que aporta son totalmente incomprobadas, por lo que no es posible sacar de esta recopilación ningún tipo de conclusión.

De las historias individualizadas quizá la más famosa sea la de Thomas Parr, que murió, según se dijo, en 1635 a la edad de 152 años. Vivió toda su vida en el condado de Shropshire, propiedad del conde de Arundel. Al conocer su extraordinaria edad fue llevado a Londres para presentarlo al rey Carlos I, pero el cambio de aires y, sobre todo, de dieta, le afectó tanto que murió en dicha ciudad.

La historia de Thomas Parr ha gozado de mucha fama porque fue autopsiado por William Harvey, el famoso médico descubridor de la circulación de la sangre, quien confirmó la edad que se aducía. Con ello, Parr alcanzó uno de los mayores honores que puede tener un inglés: ser enterrado en la abadía de Wetsminster.

Sin embargo, y con la debida perspectiva histórica, la longevidad de Thomas Parr no se sustenta. Hoy sabemos que, en una autopsia, no hay forma de atestiguar los límites de edad que indicó Harvey. Por otra parte, el hecho de que Parr tuviera la concesión vitalicia de unas tierras y propiedades, da que pensar sobre una posible sustitución de personas (cosa, por otra parte, no demasiado rara en la época). De modo que este precedente, tan "confirmado", hay que considerarlo desde un sano escepticismo.

Otro longevo famoso fue el noruego Christian Drackenberg, que murió en 1772, según se dijo, a los 145 años. Se trataba en realidad -como en otros casos de longevidad inusitada, como el de Thomas Parr-, de las llamadas "vidas dobles" (padres e hijos, o sucesores de la misma propiedad con el mismo título). Las falacias sobre el chino Li Chung-Yung, muerto en 1933 a los 256 años, o los del ruso Shirali Mislimov, fallecido en 1973 a los 168 años, no resisten la menor comprobación, por lo que no merecen más comentarios.

Sí que es interesante intentar saber porqué se han dado tales engaños. Por una parte, está la propia vanidad de haber vivido mucho tiempo. En otros casos hay intereses de tipo económico, como seguir disfrutando de una situación que sólo tenía el padre a título personal. En el caso de los longevos del Cáucaso, los motivos de atribución de una edad superior a la real han sido variados. Primero fue, sin duda, un recurso para que no se reclutasen jóvenes (tan importantes en una comunidad agrícola) para el ejército del zar. Cuando aparecían los encargados de la recluta, bien los inscribían en los registros con una edad muy superior a la que tenían, bien adoptaban la identidad de personas fallecidas con una edad muy superior. Estas inscripciones (realizadas, suponemos, con la ayuda del oportuno soborno) sirvieron luego de base para que personas naturalmente longevas pudieran demostrar documentalmente edades desmesuradas: 140, 150 años.

Pero el Cáucaso siguió en los récords mundiales de longevidad por otros motivos: al llegar Stalin al poder, le gustaba saber que los georgianos, como él, eran longevos, y por ello se desarrolló una actividad febril para "encontrar" georgianos de edades avanzadas que le pudieran confirmar sus propios deseos de alcanzar una larga vida.

Hoy en día para figurar en los registros de longevidad se precisa -como hace el Guinness- la existencia de registros de nacimiento o documentos de valor probatorio similar (como las partidas de bautismo). La introducción del rigor histórico en las comprobaciones de edad ha reducido drásticamente la cifra de los supuestos longevos.

Basándonos en datos comprobados, la persona más longeva hasta 1995 era el japonés Shigechiyo lzumi, que murió en 1986 a la edad de 120 años y 237 días. Su edad parece estar correctamente establecida ya que, en el primer censo histórico realizado en Japón en 1871 fue inscrito con seis años. Según las declaraciones que hizo el redactor jefe del Guinness, los mejores consejos para una larga vida consisten en "no preocuparse, y dejar las cosas a Dios, al sol y a Buda".

Siguen de cerca a la longevidad de Izumí las de Fannie Thomas, estadounidense, y Pierre Joubert, canadiense, que alcanzan los 113 años. Pierre Joubert murió en 1814, y su nacimiento, hacia 1701, está bien documentado, así como las fechas de nacimiento y muerte de Fannie Thomas (1867-1981), mucho más recientes.

Aunque existen datos muy probables de que la ex-esclava estadounidense Martha Graham muríera a los 117 o 118 años, que la canadiense Ellen Carroll alcanzara a su muerte, en 1943, los 115 anos; que la abuiense Benita Madrana falleciera en 1979 con 114 años, y que otras personas en otros países alcanzaran cifras similares, el registro del Guinness no las ha aceptado por no parecer totalmente convincentes los testímonios aportados.

Así tendríamos, en el ránking de longevos, y después de Shigechiyo Izumi, resumiendo los que superan los 110 años: dos de 113; cinco de 112; cuatro de 111 y seis de 110. Del total de dieciocho, cinco son varones y trece son hembras en lo que se refiere a límites de longevidad.

Además de lo indicado, desde el año 1966 disponemos de un nuevo récord mundial de longevidad: se trata de la francesa Joanne Calment, de Arlés, con certificado de nacimiento fechado el 21 de febrero de 1875 y que, por tanto, acaba de cumplir 122 años. Su continuidad vital podrá ir proporcionando cifras cada vez superiores al límite temporal demostrado de longevidad humana.

Fuente: Sociedad Española de Medicina Estética
Copyright 2009 © S.E.M.E.
Continúa

Límites de la vida humana: longevos y grupos de longevos (Continuación)


Datos de los longevos


Si estudiamos a las personas que alcanzan edad avanzada -aun sin llegar a los límites que acabamos de indicar- para descubrir si existe alguna característica especial ligada a la longevidad, pronto descubriremos que algo que favorece llegar a viejo es el tener o haber tenido padres que hayan llegado a viejos. Como si la iongevidad tuviera un fuerte componente hereditario. La receta, por desgracia, no es de posible aplicación práctica, pero los datos son indicativos.

Así, un estudio realizado en Inglaterra ha comparado la edad alcanzada por hijos de padres longevos (que murieron con más de setenta años) con la de hijos de padres que murieron jóvenes (con menos de cincuenta años). El resultado fue el que se muestra en la tabla:

Padres que murieron Exp. de vida al nacer Exp. de vida a los 40 años Podrán vivir hasta
Antes de los 50 años 47 27.3 57.3
Entre 50 y 79 años 50.5 28.9 68.9
Después de los 80 57.2 32 72

La estadística muestra claramente qué diferencias de longitud de vida tan importantes se pueden encontrar según la edad de los progenitores. Para ampliar el estudio, y aún más, para poder dar una tabulación en la que se aprecie individualmente su situación en términos de herencia de la longevidad, se ha propuesto aplicar la cifra denominada TIAL (iniciales de Total, Immedíately, Ancestral Longevity; o sea, longevidad ancestral total inmediata), que consiste en la suma de la edad de la muerte de los cuatro abuelos y delpadre y la madre, o cuando vive alguno de ellos, de su edad en ese momento.

La aplicación de esta cifra a estudios prospectivos ha dado resultados muy interesantes. Se puede ver que el TIAL oscila desde un máximo de 600 a un mínimo de 60 y que, aplicado a registros de población -en Inglaterra se ha podido hacer con los registros de la nobleza- muestra que, en efecto, cuanto más elevado es el TIAL, mayores son las esperanzas de vida de una persona concreta.

Todo lo cual viene a confirmar la importancia de los estudios sobre el papel de la herencia en la longevidad. En la práctica, quien tenga un TIAL bajo deberá cuidar con mayor intensidad sus revisiones y las normas de conservación de la salud ya que, el tener antepasados que murieron jóvenes, sólo indica que hay que ampliar las prácticas de medicina preventiva respecto a las enferrnedades o problemas que motivaron su acortamiento vital.


Grupos de longevos


Del estudio de los longevos individuales -históricos o recientespodemos pasar al examen de ciertas comunidades donde abundan los centenarios, alcanzando las cotas de longevidad más elevadas del mundo, y que se ubican en tres lugares de condiciones de vida muy semejantes: el valle del Hunza en Pakistán, la región de Abjasia, en Georgia, y el valle de Vilcabamba, en Perú.

Ya se conocía -hemos aludido a ello- la legendaria longevidad de los habitantes de Georgia, longevidad que, aun eliminando los excesos propagandísticos, sigue siendo impresionante. En la actualidad, los habitantes de Georgia están censados y estudiados por el Instituto de Geriatría y Gerontología de Rusia. Viven en la alta montaña, desarrollan un tipo de vida rural basado en la agricultura y la ganadería, y un sistema social en el que es de gran importancia el respeto y la veneración a los ancianos. No existe entre ellos la jubilación, sino la acomodación al trabajo físico según las fuerzas de cada uno, por lo que no es raro ver centenarios cuidando el campo o llevando el ganado a pastar.

Lo mismo ocurre en el valle del Hunza, en Pakistán. Quizá aquí la única peculiaridad sea el elevado consumo de melocotón, natural y seco y, sobre todo, de sus almendras, que los nativos estiman muchísimo y a las que atribuyen su buen estado físico.

Por último, el valle de Vilcabamba, en Perú, llamado popularmente "el valle de los viejos" -por la cantidad de centenarios existentes- reúne unas condiciones de vida similares.

Si quisiéramos extraer unas conclusiones generales de este estilo de vida semejante de las tres comunidades, llegaríamos a las siguientes conclusiones:

Todos ellos viven en zonas situadas a gran altitud, en torno a los 2.000 metros. la vida en la alta montaña supone aire puro y estimulante; gran cantidad de iones negativos en la atmósfera (cuyo papel en la prevención del estrés y en la tonificación física es bien conocido) y una radiación solar muy activa. En términos generales se puede decir que viven en plena naturaleza. Existen variaciones climáticas muy intensas, en el sentido fríocalor, con escasa adecuación en las casas. Se puede decir que la mayor parte del tiempo se encuentran sometidos a temperaturas bajas. Y podemos recordar que, experimentalmente, los animales expuestos al frío pueden presentar alargamiento de su vida. Se discute si una continuada exposición al frío -al menos durante amplios períodos vitalespudiera hacer el mismo efecto.

En relación a la dieta, su promedio nos muestra que es de tipo claramente hipocalórico, con ingestas medias de 1.200 calorías al día lo que, en países occidentales, se consideraría como dieta de adelgazamiento. Además, la base de la alimentación la constituyen frutas, verduras y cereales; raramente entra la carne -apenas un día a la semana-, así como la leche y los huevos.

Los habitantes de estas regiones trabajan durante toda su vida en trabajos físicos intensos (agricultura, pastoreo), que siguen realizando mientras tienen fuerzas. Pero aunque trabajan todo el día, lo hacen de forma pausada, a su ritmo propio, sin apresuramiento.

Presentan una vida aparentemente con poco estrés. Esta firmación puede discutirse, porque el estrés es de percepción individual y podría ocurrir que viviesen sus problemas particulares con una intensidad emocional comparable a los problemas estresantes de la sociedad desarrollada. Pero, de todas formas, los investigadores no encontraron señales de importantes "situaciones de estrés".

Apenas toman toxinas; poco café, tabaco o alcohol. Y el alcohol que se consume es de pocos grados (la altura acelera la eliminación del alcohol y disminuye su concentración en la bebida). Por último, y a esto le dan gran importancia, tienen una organización social estable, sólida, con preeminencia social del anciano, que se encuentra respetado y considerado. No hay problema de marginación por el envejecimiento; al contrario, cuando mayor sea la longevidad, más importante es el papel social. Por eso, la ancianidad es algo respetable y deseable, y los jóvenes saben que su acatamiento a las normas establecidas garantiza su estabilidad futura.

Estas son las conclusiones que, cara a la longevidad, extraemos de estas tres distintas comunidades. Podemos ver que, en nuestra sociedad occidental, seguimos pautas de vida muy contrarias desde todos los puntos de vista: falta de ejercicio, alimentación copiosa, consumo abundante de tabaco y alcohol, ninguna exposición al frío, estrés continuado, escaso respeto a los longevos. Los consejos relacionados son de difícil aceptación, pero, a pesar de ello, son muy útiles.


Conclusiones


Las teorías sobre la longevidad pueden sistematizarse en dos grandes grupos. Las que se refieren al "reloj interno", y las que se refieren al "desgaste" o a la "teoría de los errores".

El primer punto de vista mantiene que la duración máxima de la vida humana está preestablecida, codificada, en nuestro material genético. El segundo, que la vida humana sería teóricamente ilimitada, pero que ciertas causas (errores en la multiplicación celular, radicales libres, etc.) producen lesiones a distintos niveles, que conducen finalmente a un acortamiento de la vida que la sitúa en sus límites actuales.

Podemos decir que, hoy en día, se admiten conjuntamente ambos puntos de vista. Hay, en la vida hmana, un "reloj interno", con límite en torno a los ciento veinte años. Hay, por otra parte, un continuo desgaste añadido, motivado por hábitos incorrectos para la salud, que nos muestra la estadística (obesidad, sedentarismo, errores dietéticos, tabaquismo, alcoholismo, etc.) y que contribuyen a acortar la vida. De ahí que lo principal, para prevenir la longevidad, sea tanto llevar una vida sana como combatir las causas externas de envejecimiento; así se hace respecto a los radicales libres con los fármacos antioxidantes.

Concluimos, pues, recordando este límite temporal de la vida humana, situado alrededor a los ciento veinte años según datos históricos, estadísticos, metabólicos y citológicos, y que curiosamente coincide con el expresado en la Biblia: "Cuando los hombres se fueron multiplicando sobre la tierra y engendraron hijas, los hijos de Dios vieron que las hijas del hombre eran bellas, cogieron algunas como esposas y se las llevaron. Pero el Señor dijo: "Mi aliento no durará siempre en el hombre; puesto que es de carne, no vivirá más que ciento veinte años" (Génesis, 6,1-3)

Fuente: Sociedad Española de Medicina Estética
Copyright 2009 © S.E.M.E.

Matusalén



La muerte es, sin duda, la más terrible de las barreras a las que el hombre se ve enfrentado. Así también, uno de sus más antiguos combates ha sido tratar de retrasar el instante fatídico. Es por esto que, según las épocas, el hombre se volvió hacia prácticas mágicas, luego hacia el ocultismo. En nuestros días, la ciencia tomó el relevo. Pero la imaginación humana también se alimentó de relatos cuyos personajes vivían indefinidamente.

MatusalénLa longevidad atribuida a Matusalén, uno de los patriarcas antediluvianos del Génesis, es también proverbial. De hecho, los 969 años que le atribuyen los escribas en las Escrituras constituyen casi la única información que se tiene sobre este personaje. Le confieren una especie de récord, puesto que cuentan que su bisabuelo, Adán, vivió 930 años, su abuelo, Set, 912 años, y su padre Henoch, 365 años. Sin embargo, este último no murió sino que fue «llevado» por Dios después de una vida perfecta. Al hijo de Matusalén, Lamech, le confieren sólo 177 años, pero la descendencia recuperó su vigor con Noé, el héroe del Diluvio, que murió a los 950 años. Esa es la leyenda.

Existen dos hipótesis sobre la interpretación de estas longevidades fabulosas que no son, por lo demás, contradictorias. La primera supone que los años concedidos a los patriarcas son, en realidad, el número de meses de sus vidas: se obtiene de esta manera alrededor de 77 años para Adán, 76 para Set, más o menos 81 años para Matusalén, 30 años de existencia terrestre para Henoch y 79 años para Noé. En cambio, según este cálculo, Lamech habría vivido apenas quince años. Los escribas habrían efectuado esta conversión con el fin de exaltar a estos hombres dignos de admiración.

Según otra teoría desarrollada por los especialistas de la Biblia, estas vidas sobrenaturales habrían sido inventadas para establecer genealogías sin lagunas que cubrieran con pocos nombres largos períodos prehistóricos. Esta manera de proceder se repite con el sacerdote caldeo Beroso, quien en su historia de Babilonia, escrita alrededor de 280 años antes de Cristo, afirma que los reinados de los diez reyes de las épocas fabulosas no abarcan menos de... 432.000 años.


Los limites de la vida humana


De manera más comprobable, la historia nos da a conocer, de tiempo en tiempo a través de los siglos, la existencia de personas que sobrepasaron ampliamente la esperanza de vida de sus épocas. Esta se ha alargado en proporciones extraordinarias desde !a Prehistoria, pero el «despegue» esencial se produjo recién en el siglo XIX. De hecho, un hombre vive hoy en día tres veces más que el de Cromañón. Por otra parte, las investigaciones recientes ubican la barrera biológica de la especie humana en alrededor de 110 años. Estimación que sufre excepciones: en 1958, un colombiano habría alcanzado la respetable edad de 160 años. Récord conmemorado por la Oficina de Correos colombiana con una estampilla que tenía por leyenda: «¡El hombre más viejo del mundo!»

Esta noción de barrera biológica fue dada a luz por un americano, el Pr. Leonard Hayflick: sus experiencias in vitro parecen probar que las células se comportan como si tuvieran una especie de reloj interno que determina de antemano durante cuánto tiempo vivirán y seguirán dividiéndose.


¿La ciencia versus el «reloj biológico»?


Si la noción de barrera biológica corresponde a una realidad, sólo la manipulación genética permitirá eludir el infranqueable obstáculo que representa hoy en día. ¿Alcanzará algún día la ciencia este resultado? Si así fuese, habrá puesto entonces un pie en un terreno hasta hoy reservado a lo divino. Por ahora, el hombre se contenta con explorar la vía del trasplante de órganos defectuosos por equivalentes artificiales. La miniaturización de la electrónica lo hace cada vez más factible y podemos imaginar que un día algunos conejillos de Indias podrán convertirse en «cyborgs», es decir, en unos cerebros con envolturas totalmente artificiales y altamente desarrollados. En su libro Cuando el hombre se convierte en máquina (1971), el periodista científico americano David Rorvik presenta esta mutación como un gran paso adelante para la humanidad... o más bien hacia la inhumanidad, no pueden evitar de replicar algunos.


Información relacionada: Historias de inmortales


El tema de la inmortalidad, o en su defecto el de la longevidad extrema, obsesiona la imaginación del hombre desde los tiempos más antiguos. Ya, en la mitología asirobabilónica, en la Epopeya de Gilgamesh, en el tercer milenio antes de Cristo, se evoca la posibilidad. Atraviesa discretamente la historia de la literatura hasta el siglo XIX, luego se desarrolla en el seno de una corriente fantástica que lo trata en general como una maldición. Obras importantes, como El judío errante, de Eugéne Sue (1845), el ciclo de She, Laquedebeserobedecida, de sir Henry Rider Haggard (18871923), Drácula, de Bram Stoker (1897), o series muy populares en su época, tales como la consagrada al enigmático Dr. Nikola de GuyBoothby (18951901), ilustran la búsqueda de un sueño que revela ser, a fin de cuentas, una pesadilla física y mental. En el siglo XX, la evolución de la ciencia ofrece nuevos recursos.

Pero la literatura sigue dominada por la idea de que una longevidad extrema no procura más que aburrimiento y que ésta no se adquiere sino que al precio de compromisos moralmente inaceptables: así el sabio Fausto no duda en pactar con el diablo a cambio de una nueva juventud. Este mito se repite en la época contemporánea, por ejemplo, en El Maestro y Margarita, novela del escritor soviético Mikhaií Boulgakov (18911940), inédita hasta 1966. La moraleja de estas obras es la misma: no se puede ir impunemente contra las leyes de la Naturaleza...


Magia, ocultismo y longevidad


Para luchar contra los estragos del tiempo en el organismo, los hombres se han visto tentados a menudo a recurrir a lo sobrenatural.


El vampirismo


Contrariamente a una idea preconcebida, el vampiro no es un difunto sino un «nomuerto» (ese es el sentido de nosferatu), un ser inmovilizado en la frontera que separa la vida de la muerte. El vampiro ha adquirido la longevidad, a menudo contra su voluntad, al ser víctima de otro vampiro. Esta forma de semiinmortalidad tiene todo de una condena y el «verdadero» vampiro es más cercano al monstruoso Nosferatu que al seductor Drácula, las dos caras dadas por el cine al mismo héroe del escritor Bram Stoker.


La Magia negra


Una longevidad deseada puede resultar de un pacto consumado con fuerzas oscuras. Se pretende que algunos grandes brujos de la macumba, la magia negra brasilera, hayan vivido más de dos siglos. Autores de ciencia ficción, como el americano Lovecraft, han imaginado, por otra parte, una forma de «vampirismo» psíquico que permitiría a seres humanos envejecidos rejuvenecerse atiborrándose con la energía vital de personas jóvenes.


La Magia real


Esta es la de los grandes ocultistas, de los alquimistas. En efecto, la alquimia se presenta como una tentativa de reconquista a través del conocimiento de los antiguos secretos de los privilegios perdidos a causa del pecado original. Entre estos privilegios figura en primer lugar el de la inmortalidad. Durante siglos los alquimistas trataron entonces de reencontrar el secreto del elíxir de una larga vida, «el oro potable», que supuestamente les permitiría atravesar los siglos realizando su fin último: la transmutación del cuerpo y el retorno a la inmortalidad adámica. La tradición pretende que algunos alquimistas famosos como Nicolás Flamel, el conde de SaintGermain, Artepio, el alquimista árabe de la Edad Media o Fulcanelli lograron esta transmutación.

Fuente: Enigmas del mundo

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La inmortalidad física se convierte en una especulación práctica


La crionización y las nuevas tecnologías sugieren que la inmortalidad puede ser la última frontera de la libertad


La inmortalidad física ya forma parte de las hipótesis del futuro humano. Todavía es una especulación práctica que se apoya en la crionización y en las posibilidades de la tecnología para prolongar la vida indefinidamente. Sus partidarios argumentan que con la inmortalidad se conservaría gran parte del conocimiento adquirido por la humanidad, que hasta ahora se pierde con la muerte. Sin embargo, la muerte sigue siendo para muchos una etapa natural y una liberación, por lo que los “inmortalistas” son todavía una minoría de la que no sabemos si dentro de 100 años serán considerados unos visionarios o unos cómicos. Por Bruce J. Klein

La inmortalidad física se convierte en una especulación práctica
La inmortalidad física se convierte en una especulación práctica
“Soy un vidente periférico. Puedo ver el futuro, pero sólo los bordes”. El auditorio rompe a reír al tiempo que el cómico Steven Wright cruza el escenario, se detiene, mira hacia arriba y secamente despacha otro comentario al aire “pretendo vivir eternamente” dice… “Por ahora, un éxito”.

De nuevo, risas. La mayoría de la gente se mofa con cierto cinismo de aquellos que creen en la idea de vivir eternamente.

Pero un grupo cada vez más grande de intelectuales, llamados a sí mismos inmortalistas, no se toman el tema de la inmortalidad a risa. Para ellos, la posibilidad de vivir eternamente –sin apoyarse en creencias o intervenciones sobrenaturales- es tan real como la vida misma.

Esto nos lleva a la pregunta: ¿por qué la inmortalidad física? Si preguntas a un inmortalista probablemente escuches algo como ésto: la naturaleza no tiene que ser el árbitro final entre la vida y la muerte.

Ésta es la respuesta corta. La larga tiene más matices.


Historia del inmortalismo


En Egipto extraían el cerebro y las vísceras de los reyes muertos y embalsamaban los cuerpos para enterrarlos bajo las pirámides, siempre en una búsqueda de la inmortalidad. La esperanza de la vida eterna no es nada nuevo.

La genealogía actual de los inmortalistas llega hasta los primeros días de la crionización, la práctica de congelar a los muertos esperando poder ser reanimados en un futuro.

El movimiento de la crionización nace prácticamente por completo del trabajo de un solo hombre, Robert Ettinger, autor en 1962 de “La prospección de la Inmortalidad” y conocido como el padre de la crionización.

Ya en los 60 Ettinger promovía la idea de la inmortalidad física, a través de su libro y de apariciones en tertulias televisivas. Las organizaciones aparecieron rápidamente, recuerda Ettinger. Éste incluso comenzó la suya propia, el Instituto de la Crionización, en 1967.

Casi cuatro décadas después, en el comienzo del siglo XXI, el movimiento inmortalista continúa creciendo. Son cientos los que han contratado una crionización y docenas están congelados a temperatura de cero absoluto en el Instituto de la Crionización y en una nueva instalación llamada Alcor.

Embriagados por las recientes promesas de los milagros de la nanotecnología y biotecnología, los inmortalistas conectan hoy fácilmente los puntos entre teoría y práctica.

Ven también una promesa en los actuales esfuerzos para alargar la vida. “Nunca antes tanta gente ha vivido tanto tiempo” dice Richard J. Hodes, director del Instituto Nacional del Envejecimiento. “La expectativa de vida se ha doblado en el último siglo, y hay hoy día 35 millones de americanos de más de 65 años”.


Parando la sangría


En medio de todo este optimismo sobre el potencial de la tecnología, la pregunta es: ¿por qué la inmortalidad física?

Piensa por un minuto en tus recuerdos de antes de nacer. Algo difuso, ¿no es cierto? La oscuridad perpetua, la nada y el olvido son buenas formas de describir el vacío prenatal. Bien, ésto es exactamente lo que los inmortalistas esperan tras la muerte. Frente a esto, la inmortalidad física es una alternativa bastante atractiva.

La inmortalidad física no sólo beneficia al individuo. “Cada uno de nosotros lleva un complejo universo de conocimiento, experiencias vitales y relaciones humanas”, dice el investigador en nanotecnología y escritor Robert A. Freitas. “Casi todo este rico tesoro de información se pierde para la humanidad con nuestra muerte”.

Freitas identifica de forma arbitraria en una ecuación la cantidad de conocimiento que acumulamos con la que cabe en un libro. Considerando que cada año mueren unos 52 millones de personas y en la Biblioteca del Congreso americano hay más de 18 millones de ejemplares, tenemos una verdadera crisis de pérdida de conocimiento. “Cada año permitimos la destrucción de un conocimiento equivalente a tres Bibliotecas del Congreso”.

¿Convencido? Si ésto no es suficiente para que ya corras a por las multivitaminas, considera ésto: sin la inmortalidad física, tendremos problemas a corto plazo.

“La preocupación por el modo en que salimos de este mundo se está quedando pequeña al lado de la creciente certeza de que no hay nada después”, nos sugiere David Nicholas, autor del artículo “Inmortalidad: la última frontera de la libertad”, pequeña y conocida pieza libertaria. “Sin la posibilidad de continuidad se trunca la perspectiva y el pensamiento a corto plazo domina en un mundo de invernadero”


Razón sobre fé


A pesar de los argumentos, puede que nunca demos una respuesta completamente satisfactoria a la pregunta ¿por qué la inmortalidad física? Es del mismo modo imposible probar la conclusión de que la muerte equivale al olvido.

Persisten sin embargo los inmortalistas, atacando a menudo la fé en una vida sobrenatural después de la muerte al tiempo que promueven los valores de la inmortalidad física. “Negada la posibilidad de supervivencia a través de la agencia sobrenatural secular, el hombre occidental ha sido dañado psiquicamente ”, dice Nicholas. “La prolongación de la vida parece sin sentido y absurda, y el miedo a la muerte y la nada reposa justo bajo la superficie de la conciencia diaria”.

“Los sueños ancestrales de inmortalidad pueden no haber estado equivocados pero dependían más de la fé que de hechos”, continúa Nicholas. “El progreso científico comienza ahora a permitir que la inmortalidad personal se traiga al menos dentro de las fronteras de la especulación práctica”.

Algunos, y de forma notable el máximo asesor de George W. Bush en materia bioética, Leon Kass, intentan prevenir las manifestaciones de esta especulación. Kass resulta el perfecto antagonista para la saga de inmortalistas. Como escritor y orador excepcional, consigue retorcidas acrobacias filosóficas cantando las alabanzas de una muerte con justificación moral”.

En su libro Vida, Libertad y la Defensa de la Dignidad, Kass no deja dudas sobre sus convicciones, escribiendo “Tras un tiempo, no importa lo sanos que estemos, no importa el respeto y posición social que ostentemos, casi todos nosotros dejamos de mirar el mundo con ojos nuevos. Pocas cosas nos sorprenden, nada nos conmueve y la justa indignación ante la injusticia muere”.

Kass no es el primero que sugiere esto. En el fondo, la vida eterna parece completamente antinatural, y la muerte deseable. Los inmortalistas llaman a este tipo de razonamiento pensamiento “mortalista”. Alan Harrington, autor de ciencia ficción, dijo una vez que “morimos antes de morir” y nos sucicidamos “a plazos”.

Pero mirar a la religión no es la respuesta. “Solo podemos tramar nuestra libertad desde la muerte, no rezando por ella”, dice Harrington. Y la inmortalidad no tiene que ser suave. “Habiendo inventado a los dioses podemos convertirnos en ellos”, sugiere Harrington.

Tal vez se les puede objetar a los inmortalistas que están demasiado pronto en un mundo que abraza a la muerte como una bienvenida liberación. Pero adelantarse es un problema al que las mentes avanzadas han tenido que enfrentarse históricamente.

¿Mirará la humanidad atrás dentro de 100 años para llamar a los inmortalistas visionarios o cómicos? Nos veremos en el 2103 para saberlo.


Bruce J. Klein es director del Instituto de la Inmortalidad, una organización sin ánimo de lucro, humanitaria y constituida por cibernautas. Artículo publicado originalmente en Betterhumans.

Traducción del inglés: Juan R. Negrillo

Fuente: ©Tendencias 21

Nuestros hijos podrían no morir jamás


La medicina regenerativa, la investigación genética y la biotecnológica convertirán la muerte en una elección


Puede que las generaciones que pisamos hoy la Tierra seamos las últimas que conozcamos la muerte, ya que la medicina regenerativa, la investigación genética y la biotecnológica nos auguran la longevidad radical. El proceso será gradual, ya que los niños de hoy serán testigos del final de la diabetes, del Parkinson, del Alzheimer o del cáncer y vivirán seguramente hasta 150 años. Pero en 2050 es posible que tengamos un cuerpo sano como el de un quinceañero durante 500 o 5.000 años. Por Michelle Hamer.

¿Primeros inmortales?
¿Primeros inmortales?
Si mi abuelo Ron Casey, de ochenta y cuatro años, hubiera nacido algunas generaciones más tarde, hoy estaríamos hablando del “otoño” de su vida, en lugar del “invierno”, y tendría la posibilidad de vivir otros treinta y cinco años sano para llevar a cabo sus caprichos.

Algunos de nuestros expertos más radicales piensan que en los próximos cincuenta años una persona de noventa años parecería como de treinta y se sentiría como una de cuarenta y cinco gracias a la explosión de la medicina regenerativa, a la investigación genética y a la biotecnológica

Los niños de hoy podrían vivir hasta los 120 años o más. En este sentido, el Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales, en Washington, predice que una mujer nacida hoy tiene un 40 por ciento más de posibilidades de sobrevivir hasta los 150 años. De hecho, aseguran, nuestros hijos podrían no morir jamás.

“Hace cinco años era difícil escuchar a un científico usar la palabra “inmortalidad”, pero eso es exactamente lo que está ocurriendo ahora”, afirma Joanne Nova, una científica australiana graduada en biología molecular y lectora asociada en Ciencias en la Universidad Nacional de Australia. “Nosotros podríamos ser la última generación de mortales”, asegura.

Todas estas noticias son muy buenas para el bisnieto de Ron, que tiene seis años y que se llama Darcy. Él y su generación serán testigos del final de la diabetes, el Parkinson, el Alzheimer, el cáncer u otras enfermedades.


El símbolo de Superman


Incluso podrían ver a Superman volver a caminar. La lucha de Christopher Reeve para caminar después de haberse partido el cuello mientras montaba a caballo podría finalmente ser victoriosa, según científicos del hospital estadounidense Johns Hopkins. Sus investigadores han conseguido que ratas paralíticas vuelvan a caminar, y esperan empezar las pruebas con seres humanos en los próximos cinco años.

Las ratas paralíticas, inyectadas con células neuronales, recuperaron su habilidad para caminar. Este estudio demuestra que las células producen nuevas neuronas que reemplazan a las muertas. Este hecho es de una enorme importancia y podría incrementar considerablemente las posibilidades de curación en estos casos.

Además de estos avances, los científicos descubrieron el año pasado un nuevo tipo de células que pueden ser recogidas de los huesos de la médula en personas adultas, siendo tan versátiles como las de naturaleza embrionaria, pero sin dilemas morales.

La clave para nuestra inmortalidad podrían ser nuestros genes. De hecho, en los Estados Unidos, un grupo de investigadores ha conseguido doblar la edad de un nematodo “silenciando” uno de sus genes involucrado en el envejecimiento.


Revertir el envejecimiento


Al mismo tiempo que envejecemos, los cromosomas de nuestras células se acortan y, en cierto punto, dejan de dividirse, de tal forma que nuestra piel se arruga y nuestros músculos y huesos se debilitan.

Sin embargo, una empresa norteamericana ha desarrollado una enzima que revierte el proceso de envejecimiento de las células, reconstruyendo los finales de los cromosomas y restaurándolos.

En cualquier caso, los científicos más conservadores piensan que estas especulaciones son fantasiosas. “Es cierto que vivimos un tiempo enormemente excitante, desde un punto de vista científico, pero tenemos que ser cautos”, afirma Dawn Gleeson, lector senior en genética en la Universidad de Melbourne. “Creo que es muy peligroso sugerir que estamos cerca de alcanzar la inmortalidad”.

El célebre escritor y científico Karl Kruszelnicki afirma por el contrario que “mucha gente viva hoy podría ser la primera generación de inmortales, o la última generación de mortales. Lo dice en el libro Flying Lasers, Robofish and Cities of Slime.


Hasta los 5.000 años


Kruszelnicki opina que la raza humana está haciendo frente a una revolución genética en cinco etapas diferentes. Según esta teoría, la cuarta etapa incluiría la mejora de ciertas partes o sistemas de nuestro cuerpo, lo que nos permitiría, de ese modo, vivir para “siempre”, pongamos 1.000 años.

Prácticamente todos los sistemas de nuestro cuerpo pierden lentamente sus funciones: la piel, los huesos, los músculos, los riñones, el corazón, los vasos sanguíneos, el hígado etcétera. Una vez que estos órganos hayan sido rejuvenecidos, tendremos un cuerpo sano como el de un quinceañero durante 500 o 5.000 años. Esto podría pasar quizá en los próximos cincuenta años.

Si este nivel de la medicina regenerativa estuviera disponible hoy, el daño hecho al cuerpo de Ron debido al envejecimiento podría ser erradicado o incluso nunca lo hubiera sufrido. Una inyección de células podría reparar muchos de los daños; y un escáner nada más haber nacido habría podido revelar su predisposición a sufrir un ataque al corazón.

Además, una simple corrección en uno de sus genes hubiera eliminado el glaucoma que hoy reduce su visión, así como la artritis que limita sus movimientos. Podría haber disfrutado mucho más con un corazón sano capaz de bombear mejor su sangre, respirando, de ese modo, más fácilmente.

Pero la ciencia no sólo nos mantendrá más sanos y vivos por más tiempo, sino que además pondrá las bases de generaciones venideras mucho más sanas. Así, cuando Darcy, el bisnieto de Ron, sea padre podrá, si lo desea, seleccionar las características genéticas de su descendencia, eligiendo el color de sus ojos y pelo, su sexo o su nivel de inteligencia. Naturalmente, estos niños estarán libres de enfermedades.


Úteros artificiales


Incluso podrían se gestados en úteros artificiales, según el biólogo de la Universidad de Queensland, Víctor Nurcombe, quien predice que la mayoría de los nacimientos tendrán lugar fuera del cuerpo humano dentro de sólo unas décadas.

Según Nurcombe, en diez años todos los niños serán escaneados al nacer para conocer su predisposición a sufrir enfermedades y desórdenes genéticos. “Hoy los niños de seis años de edad tienen una esperanza de vida de 120 años o más”, dice Nurcombe.

Pero, ¿cómo vivirá la generación de Darcy una vida tan larga? “Aunque tengamos la habilidad científica para ampliar la vida, la forma en que el cerebro haga frente a ese hecho es una cuestión muy diferente”, asegura Nurcombe. “La posibilidad de ser inmortales cambiará todos los contratos sociales”, dice. “¿Querremos realmente estar casados con una sola persona más de un siglo?”

“Somos una raza que está naturalmente diseñada para tener hijos a los diez y morir a los dieciocho o veinte, por ello la inmortalidad nos obligará a repensar nuestras estructuras sociales; no estamos preparados para vivir tanto”. Si los niños de hoy podrán vivir para siempre, ¿cómo estirarán los gobernantes los recursos para cubrir sus necesidades?. ¿Es, entonces, la inmortalidad la necesidad más acuciante para el ser humano?


¿Cómo vivir para siempre?


Kruszelnicki cree que no. Piensa, por el contrario, que en el planeta hay problemas más importantes que resolver. ”Los países pobres no tienen suficiente comida, médicos, educación, agua limpia etcétera. Si conseguimos que todo el mundo tenga una calidad de vida razonable, entonces podremos plantearnos una revolución genética.”

Teniendo esperanza en poseer buenos genes. Si nuestros abuelos viven largas vidas, nosotros mismos tendremos muchas posibilidades de tenerlas igualmente.

En primera instancia, lo mejor no es confiar en que la ciencia nos va a proporcionar esa posibilidad, sin embargo, cada año de vida que vivamos de más, sin duda, los avances científicos estarán más cerca de conseguirlo.

“Incluso si tienes predisposición a sufrir, por ejemplo, cáncer de mama, se puede “esquivar” llevando una vida sana. Esos dos o tres años extra son, quizá, los que la ciencia necesita para adelantar en ese área y salvar vidas”, afirma Joanne Nova.


Hacer niños


Los científicos aseguran que la infertilidad será vencida una vez que sea posible extraer ADN de mujer de una célula de su cuerpo, como se hace con células de piel, y ponerlo en el óvulo sano de otra mujer y, después, eliminar su ADN. Esto ya se está haciendo, experimentalmente, en los Estados Unidos.

El premio Nobel Paul Nurse y jefe ejecutivo del Cancer Research UK, predice que en veinte años será posible tener la secuencia completa del genoma de cada niño recién nacido.

De cada niño se podrá editar una tarjeta con su identidad genética que contendrá la información respecto al riesgo de desarrollar ciertas enfermedades. Aunque esto es muy bueno para la prevención de enfermedades, Paul Nurse, advierte que puede llegar a convertirse en una siniestra forma de discriminación, con gente siendo rechazada por empresas o aseguradoras debido a sus defectos genéticos.


Artículo publicado originalmente en The Age, Melbourne, Australia. Traducción del inglés: Raúl Morales. Copyright: Michelle Hamer/The Age, Melbourne, Australia.

Fuente: ©Tendencias 21