Teoría del Big Bang -1-

El Big Bang, literalmente gran estallido, constituye el momento en que de la "nada" emerge toda la materia, es decir, el origen del Universo. La materia, hasta ese momento, es un punto de densidad infinita, que en un momento dado "explota" generando la expansión de la materia en todas las direcciones y creando lo que conocemos como nuestro Universo.

Según la teoría del Big Bang, el Universo se originó en una singularidad espaciotemporal de densidad infinita matemáticamente paradójica.
Según la teoría del Big Bang, el Universo se originó en una singularidad espaciotemporal de densidad infinita matemáticamente paradójica. El espacio se ha expandido desde entonces, por lo que los objetos astrofísicos se han alejado unos respecto de los otros.
La teoría por medio de la cual se trata de explicar cuál fue el origen del universo, es el modelo científico del Big Bang o teoría de la gran explosión; esto en Cosmología física. En términos técnicos, se refiere al concepto de expansión del universo a partir de una singularidad primigenia, en donde dicha expansión se deduce de una colección de soluciones de las ecuaciones de la relatividad general, llamados modelos de Friedmann- Lemaître - Robertson - Walker. El término "Big Bang" se utiliza tanto para referirse específicamente al momento en el que se inició la expansión observable del Universo (cuantificada en la ley de Hubble), como en un sentido más general para referirse al paradigma cosmológico que explica el origen y la evolución del mismo.

Introducción

Curiosamente, fue el astrofísico inglés Fred Hoyle, uno de los detractores de esta teoría y, a su vez, uno de los principales defensores de la teoría del estado estacionario, quien dijo para mofarse que el modelo descrito era sólo un big bang (gran explosión) durante una discusión de la BBC en 1949. No obstante, hay que tener en cuenta que en el inicio del Universo ni hubo explosión ni fue grande, pues en rigor surgió de una «singularidad» infinitamente pequeña, seguida de la expansión del propio espacio.

La idea central del Big Bang es que la teoría de la relatividad general puede combinarse con las observaciones de isotropía y homogeneidad a gran escalaAJ de la distribución de galaxias y los cambios de posición entre ellas, permitiendo extrapolar las condiciones del Universo antes o después en el tiempo.

Una consecuencia de todos los modelos de Big Bang es que, en el pasado, el Universo tenía una temperatura más alta y mayor densidad y, por tanto, las condiciones del Universo actual son muy diferentes de las condiciones del Universo pasado. A partir de este modelo, Goerge Gamow en 1948 pudo predecir que debería de haber evidencias de un fenómeno que más tarde sería bautizado como radiación de fondo de microondas.

Génesis y desarollo

Para llegar al modelo del Big Bang, muchos científicos, con diversos estudios, han ido construyendo el camino que lleva al origen de esta explicación. Los trabajos de Alexander Friedman, del año 1922, y de Georges Lemaitre, de 1927, utilizaron la teoría de la relatividad para demostrar que el universo estaba en movimiento constante. Poco después, en 1929, el astrónomo estadounidense Edwin Hubble (1889-1953) descubrió galaxias más allá de la Vía Láctea que se alejaban de nosotros, como si el Universo se expandiera constantemente. En 1948, el físico ruso nacionalizado estadounidense, George Gamow (1904-1968), planteó que el universo se creó a partir de una gran explosión (Big Bang). Recientemente, ingenios espaciales puestos en órbita (COBE) han conseguido "oír" los vestigios de esta gigantesca explosión primigenia.

Dependiendo de la cantidad de materia en el Universo, éste puede expandirse indefinidamente o frenar su expansión lentamente, hasta producirse una contracción universal. El fin de esa contracción se conoce con un término contrario al Big Bang: el Big Crunch o Gran Colapso. Si el Universo se encuentra en un punto crítico, puede mantenerse estable ad aternum.

La teoría del Big Bang se desarrolló a partir de observaciones y avances teóricos. Por medio de observaciones, en la década de 1910, el astrónomo estadounidense Vesto Slipher y, después de él, Carl Wilhelm Wirtz, de Estrasburgo, determinaron que la mayor parte de las nebulosas espirales se alejan de la Tierra; pero no llegaron a darse cuenta de las implicaciones cosmológicas de esta observación, ni tampoco del hecho de que las supuestas nebulosas eran en realidad galaxias exteriores a nuestra Vía Láctea.

Además, la teoría de Albert Einstein sobre la relatividad general (segunda década del siglo XX) no admite soluciones estáticas (es decir, el Universo debe estar en expansión o en contracción), resultado que él mismo consideró equivocado, y trató de corregirlo agregando la constante cosmológica. El primero en aplicar formalmente la relatividad a la cosmología, sin considerar la constante cosmológica, fue Alexander Friedman, cuyas ecuaciones describen el Universo Friedman-Lemaître-Robertson-Walker, que puede expandirse o contraerse.

Entre 1927 y 1930, el padre jesuita belga Georges Lemaître obtuvo independientemente las ecuaciones Friedman-Lemaître-Robertson-Walker y propuso, sobre la base de la recesión de las nebulosas espirales, que el Universo se inició con la explosión de un átomo primigenio, lo que más tarde se denominó "Big Bang".

En 1929, Edwin Hubble realizó observaciones que sirvieron de fundamento para comprobar la teoría de Lemaître. Hubble probó que las nebulosas espirales son galaxias y midió sus distancias observando las estrellas variables cefeidas en galaxias distantes. Descubrió que las galaxias se alejan unas de otras a velocidades (relativas a la Tierra) directamente proporcionales a su distancia. Este hecho se conoce ahora como la ley de Hubble.

Según el principio cosmológico, el alejamiento de las galaxias sugería que el Universo está en expansión. Esta idea originó dos hipótesis opuestas. La primera era la teoría Big Bang de Lemaître, apoyada y desarrollada por George Gamow. La segunda posibilidad era el modelo de la teoría del estado estacionario de Fred Hoyle, según la cual se genera nueva materia mientras las galaxias se alejan entre sí. En este modelo, el Universo es básicamente el mismo en un momento dado en el tiempo. Durante muchos años hubo un número de adeptos similar para cada teoría.

Con el pasar de los años, las evidencias observacionales apoyaron la idea de que el Universo evolucionó a partir de un estado denso y caliente. Desde el descubrimiento de la radiación de fondo de microondas, en 1965, ésta ha sido considerada la mejor teoría para explicar el origen y evolución del cosmos. Antes de finales de los años sesenta, muchos cosmólogos pensaban que la singularidad infinitamente densa del tiempo inicial en el modelo cosmológico de Friedman era una sobreidealización, y que el Universo se contraería antes de empezar a expandirse nuevamente. Ésta es la teoría de Richard Tolman de un Universo oscilante. En los años 1960, Stephen Hawking y otros demostraron que esta idea no era factible, y que la singularidad es un componente esencial de la gravedad de Einstein. Esto llevó a la mayoría de los cosmólogos a aceptar la teoría del Big Bang, según la cual el Universo que observamos se inició hace un tiempo finito.

Prácticamente todos los trabajos teóricos actuales en cosmología tratan de ampliar o concretar aspectos de la teoría del Big Bang. Gran parte del trabajo actual en cosmología trata de entender cómo se formaron las galaxias en el contexto del Big Bang, comprender lo que allí ocurrió y cotejar nuevas observaciones con la teoría fundamental.

A finales de los años 1990 y principios del siglo XXI, se lograron grandes avances en la cosmología del Big Bang como resultado de importantes adelantos en telescopía, en combinación con grandes cantidades de datos satelitales de COBE, el telescopio espacial Hubble y WMAP. Estos datos han permitido a los cosmólogos calcular muchos de los parámetros del Big Bang hasta un nuevo nivel de precisión, y han conducido al descubrimiento inesperado de que el Universo está en aceleración.


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Un nuevo modelo físico propone que el tiempo es solo una ilusión


Es posible que el espacio y el tiempo no tengan otra naturaleza que la que les asignemos por convención
Son conceptos tan básicos que se resisten a ser definidos, y, sin embargo, sobre ellos se basa toda nuestra ciencia. ¿Qué son el espacio y el tiempo? Su interpretación ha variado a lo largo de la Historia y aún hoy es posible que una nueva manera de comprenderlos provoque la próxima revolución científica. Ya tenemos ejemplos como Julian Barbour, que propone un modelo serio de física alternativa en la que el tiempo no existe más que como una ilusión en nuestras mentes. Es posible que el espacio y el tiempo no tengan otra naturaleza que la que les asignemos por convención. Por Sara Lumbreras Sancho.


Un nuevo modelo físico propone que el tiempo es sólo una ilusión
El espacio y el tiempo son conceptos tan fundamentales que se resisten a ser definidos (como en la conocida cita de San Agustín: “¿Qué es el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé. Si me lo preguntan, no lo sé”). Su naturaleza última está fuera del alcance de la ciencia y, sin embargo, toda la física se basa en ellos. Han evolucionado con la ciencia: el espacio y tiempo absolutos fueron esenciales para el desarrollo de la mecánica Newtoniana; un espacio-tiempo que depende del observador y que se ve deformado por la materia es el núcleo de la revolución traída por la Relatividad General.

Precisamente la Relatividad General, junto con la Teoría Cuántica de Campos (QFT) plantea un espinoso enigma a la ciencia actual, al no haberse encontrado ninguna teoría que las unifique. Pese a décadas de esfuerzo en varias líneas de investigación prometedoras (como las Supercuerdas), el proceso de unificación iniciado con las leyes de Maxwell no ha podido aún incluir con éxito a la Gravedad junto con las otras fuerzas. Es posible que la próxima revolución científica llegue con un cambio de paradigma que reconcilie las dos teorías enfrentadas con una nueva manera de comprender el espacio y el tiempo.

Como lo expresó Majid en su libro Espacio-tiempo cuántico y realidad física: “Está iniciándose un nuevo Renacimiento centrado en nuestra comprensión del espacio y el tiempo’’. Parece claro que la Ciencia necesita ayuda de la Filosofía, y que es indispensable en este punto identificar y analizar los supuestos que subyacen a las teorías dominantes actuales. Las viejas preguntas deben ser revisitadas con ojos nuevos: ¿Cuál es la naturaleza del espacio y el tiempo? ¿Son continuos o discretos? (y esta pregunta no tiene por qué tener la misma respuesta para ambos). ¿Son independientes de la consciencia? ¿Tienen sentido el espacio vacío o el tiempo sin cambio? ¿Cómo interactúan con la materia? La Filosofía ha reflexionado sobre estos problemas durante siglos. Revisar sus conclusiones nos puede proporcionar un buen punto de partida.


Breve historia de la filosofía del espacio y el tiempo

No es sorprendente que encontremos en Grecia los dos primeros ejemplos bien conocidos de filósofos del tiempo. Heráclito defendía que todo a nuestro alrededor se encontraba en un estado de constante fluir, que el cambio era lo único que permanecía. En la posición contraria, para Parménides, el cambio era una ilusión, ya que para él era lógicamente imposible.

Zenón, discípulo de Parménides, formuló las paradojas que le hicieron célebre. En ellas trataba de demostrar que el movimiento era imposible porque se componía de la suma de infinitas partes (por ejemplo, Aquiles no podrá nunca alcanzar a la tortuga a la que dio ventaja en una carrera, porque cuando llega al punto en el que se encontraba el reptil un instante atrás éste siempre ha avanzado algo más).

Aunque hoy en día estas paradojas nos resultan muy ingenuas, podemos sacar en claro que Parménides y Zenón asumían que el espacio y el tiempo eran continuos. Es más, éste es el caso de todos los filósofos naturales griegos bien conocidos, incluido Demócrito (para él sólo la materia estaba cuantizada, no el espacio infinito que la contenía).


Tres existencias

Platón propuso tres tipos diferentes de existencia: lo que es (material), en lo que se es (espacio), y por lo que se es (el modelo, la forma). Así que para él el espacio existía pero no de la misma manera que la materia.

Aristóteles afirmó que la existencia del espacio “la hace obvia el hecho de que las cosas puedan remplazarse”. Incluso propuso una definición: “El espacio ocupado por un objeto es la frontera estática más pequeña que lo contiene”. Sin embargo, el tiempo no tiene existencia real, ya que el pasado ya no existe y el futuro no existe todavía. Pese a ello, le dio una definición: “El tiempo es el número del cambio con respecto al antes y al después”. Esto implica que sólo existe en la mente, ya que “el tiempo es un tipo de número, y sólo el alma puede contar”.

Los teólogos medievales sostenían que Dios no existe en el tiempo sino en la eternidad, entendida como la existencia sin tiempo más que como tiempo sin principio ni final. Como lo expresó Boecio: “La eternidad es la posesión completa y perfecta de vida ilimitada en un único instante”. Es interesante notar que para los maestros medievales como San Agustín o Boecio, este ojo divino que lo ve todo en un mismo instante no suponía ninguna amenaza para la libertad. El conocimiento que Dios tiene del futuro no es equivalente al conocimiento humano de lo que está por venir, puesto que para Él, todos los momentos de la historia son equivalentes. Es útil mantener estas consideraciones en mente cuando reflexionemos sobre cosmologías sin tiempo como la de Barbour.

Kant interpretaba el espacio y el tiempo como nociones a priori que no son abstraídas por la experiencia, sino que son el marco que hace que ésta sea posible.

Newton creó definiciones precisas de los conceptos de movimiento, espacio y tiempo. De acuerdo con ellas, el tiempo fluye perfectamente uniforme, imperturbable. El espacio es absoluto, casi como un contenedor transparente que se extiende hasta el infinito. Concedió que sólo podían observarse movimientos relativos, pero afirmó que los movimientos absolutos podían deducirse a partir de ellos.


Vuelta al absoluto

Leibniz se oponía a este punto de vista, defendiendo una visión relativa del espacio donde sólo las distancias y velocidades relativas tenían significado físico real. Su correspondencia con el portavoz de Newton, Clarke, se siguió con interés. El argumento final de las discusiones fue un experimento donde un cubo de agua se hace girar. La curvatura que aparece en la superficie del líquido no responde al movimiento relativo entre el agua y las paredes del cubo sino claramente a la rotación absoluta. La discusión se considero cerrada a favor de la interpretación de Newton.

Hasta el siglo XIX no se volvió a sospechar de la noción invisible de espacio absoluto. Mach, científico brillante y empirista convencido, argumentó que el momento linear o angular de un objeto existe como consecuencia de su movimiento relativo con respecto al resto de objetos en el universo. Esto es lo que Einstein llamó el Principio de Mach. La inercia es entonces un concepto que se refiere no a cuerpos aislados, sino al universo en su totalidad.

Einstein se sintió inspirado por las leyes de Maxwell -que determinan la velocidad de la luz sin especificar con respecto a qué referencia- a postular que era la misma para todas. De hecho, todos los experimentos que habían intentado medir diferencias en la velocidad de la luz debidas a movimientos relativos con respecto al éter (como el experimento de Michelson-Morley) habían fracasado. Desde este punto de partida derivó un nuevo paradigma en el que todas las leyes de la Física son idénticas e independientes del observador.

El espacio y el tiempo están completamente entrelazados en el espacio-tiempo, y ya no son inmutables, sino que se ven deformados por la materia que contienen. Es su geometría, la que define la inercia ahora, ya que los marcos de referencia inerciales son los que siguen las geodésicas (caminos de mínima distancia) de este nuevo paisaje.

La Teoría de la Relatividad ha sido probablemente la transformación más profunda en nuestra comprensión del espacio y el tiempo, haciendo avanzar nuestro conocimiento de la Física. Ahora, la pregunta es si otro cambio en nuestra interpretación de estos conceptos puede traernos la próxima revolución. Quizá sus inicios están ya presentes en alguno de los modelos evocadores que presentamos en la siguiente sección.


El universo sin tiempo y otras perspectivas sugerentes

En esta sección presentamos algunas perspectivas interesantes que difieren de la interpretación convencional y que podrían desencadenar la próxima revolución científica. Exponemos la idea de universo eterno de Julian Barbour, junto con otras especulaciones provocativas de un grupo de respetados físicos contemporáneos.

Julian Barbour admitió que le fascinó leer en una de las obras de Mach: “Está totalmente fuera de nuestras capacidades medir cómo cambian las cosas en el tiempo. Más bien al contrario, el tiempo es una abstracción a la que llegamos a través de los cambios en las cosas”. Continúa sus reflexiones con la idea de que cuando medimos tiempo estamos en realidad midiendo distancia.

Utilizamos el ángulo cubierto por la manecilla del reloj para inferir el tiempo transcurrido. El tiempo solar es la distancia recorrida por el sol en el cielo. El tiempo sideral, lo que se han desplazado las estrellas. El tiempo atómico, las oscilaciones de un átomo de cesio. De hecho, es posible construir el reloj más sencillo analizando las trayectorias de tres cuerpos moviéndose inercialmente. Este reloj inercial fue presentado por primera vez por Neumann, y después lo desarrolló Tait. Con tres partículas, asumimos que una de ellas se encuentra en reposo.

Podemos utilizar la segunda como la manecilla del reloj, dividiendo en intervalos la distancia que cubre. Si suponemos que se mueve con velocidad unidad, es inmediato deducir la velocidad de la tercera partícula. De hecho, basta con tres instantáneas de un sistema inercial para definirlo completamente en estos términos y ser capaz de calcular todas las posiciones relativas de sus componentes, pasadas y futuras. Es importante caer en la cuenta de que estas instantáneas llegan sin ninguna información adicional que proporcione el momento en el que fueron tomadas.


Sistema sin tiempo

La posibilidad de describir un sistema (aunque fuera muy simple) sin tiempo es lo que inspiró a Barbour en su búsqueda de un modelo de universo eterno. Propone que el verdadero escenario del universo es el espacio de todas sus configuraciones posibles. Como estas configuraciones son eternas, da a este espacio el nombre de Platonia.

Todas las Platonias tienen un estado de mínimo tamaño y complejidad al que llama Alpha. Sin embargo, no hay Omega, ya que no existe ningún límite para el tamaño o la complejidad de lo que puede existir. Si trazamos una curva en Platonia, tendremos una posible historia del universo. De nuevo, no necesitamos del tiempo: como en la construcción de Tait, tener las posiciones relativas de los elementos es suficiente para definir una historia (y nada nos impide echar un vistazo a la posición relativa de las manecillas de nuestro reloj en cada punto de la curva).

Podemos definir distancias en Platonia como nos plazca, y, utilizándolas, trazar curvas de longitud mínima o geodésicas a través de su paisaje. Algunas definiciones de distancia son especialmente interesantes, ya que Barbour consigue derivar de ellas historias que son coherentes con las leyes de Newton o, con una definición más sofisticada, incluso con la Relatividad. Así, parece posible reformular la Mecánica por completo sin necesidad del tiempo.

Sin embargo, nuestra experiencia nos indica que el tiempo sí existe. Barbour intenta explicar el origen de esta persistente ilusión. En Platonia todas las posibles configuraciones del universo existen eternamente. Sin embargo, estas configuraciones aparecen con distinta intensidad.

Describe una bruma que se concentra en las mejores soluciones de la ecuación del universo, de una manera que recuerda a las probabilidades de la Mecánica Cuántica. Las soluciones que resuenan mejor son las que tienen más coherencia interna. Esta coherencia interna se manifiesta en la creación de lo que él define como cápsulas del tiempo.

Una cápsula del tiempo es un patrón estático que crea o codifica la apariencia de movimiento, cambio o historia. Por lo tanto, nuestra impresión de tiempo y movimiento sólo se debe a las huellas que deja, que son en realidad eternas, y a los recuerdos en nuestra consciencia que son también patrones eternos.

Bradbury imagina que el universo tiene probablemente una tendencia a encontrar más apropiadas las soluciones con más estructura. Esto hace que los universos que contienen consciencias sean los preferidos (ya que nada hay más complejo que la consciencia). Esto podría explicar el hecho de que la realidad que observamos es altamente compleja y estructurada, que es un estado altamente improbable estadísticamente.


Geometría no conmutativa, espacio-tiempo espuma, fractales y hologramas

El tiempo es una ilusión. Chris kirkman. Every stockphotoLa de Barbour no es la única cosmología de la eternidad. En las Redes Causales, como en los trabajos de Penrose y Sorkin, el espacio-tiempo se describe mediante una serie de eventos discretos en la que únicamente se especifica qué elementos preceden causalmente a otros.

Penrose reflexiona también sobre los valores que se le dan al momento angular en la Mecánica Cuántica. “¿Por qué decimos que un electrón tiene espín arriba o abajo, en vez de derecha o izquierda?”. Sólo sabemos que el espín de un electrón puede tomar dos valores distintos: ½ o -½. Asimilarlos a una dirección en el espacio carece de sentido. Cuando construimos una estructura a partir de partículas elementales, podemos calcular su momento angular total. Si trasladamos un electrón de una estructura a otra, podemos calcular la probabilidad de que la segunda estructura incremente o disminuya su momento angular en el ½ aportado por el nuevo electrón. Penrose interpreta esta probabilidad como el coseno del ángulo que forman las dos estructuras.

Si un electrón que está contribuyendo con momento angular positivo en su estructura origen tiene 100% de probabilidad de aportar momento positivo una vez transferido, entonces las dos estructuras son exactamente paralelas. Si siempre contribuye en sentido opuesto entonces son antiparalelas. Valores intermedios de probabilidad nos darían ángulos intermedios. Estas probabilidades son discretas, pero cuando las estructuras aumentan en complejidad el número de valores que puede tomar, la probabilidad aumenta. En el límite, da origen a un continuo de direcciones.

Las Redes de Espín no consideran el tiempo, pero Penrose las generalizó a un espacio-tiempo de cuatro dimensiones en su Teoría de Twistores. En esta teoría, las unidades básicas son los rayos de luz, ya que un fotón existe simultáneamente en todos los puntos atravesados en su trayectoria debido a la deformación relativista del tiempo.

En todos los modelos presentados hasta ahora se asume que la distancia de A a B es necesariamente la misma que de B a A. La geometría no conmutativa prueba a relajar esta condición y a aplicar la geometría no conmutativa al espacio. Alain Connes, un matemático francés, trabaja en explorar las posibilidades de esta concepción del espacio. Recordando a Demócrito y sus átomos (en la que los distintos elementos se distinguían por sus formas diferentes) propone que quizá la materia sea una manifestación de la estructura profunda del espacio-tiempo.


El tiempo como espuma

Ya hemos mencionado que la suposición de continuidad para el espacio-tiempo puede ser la causa de que no hayamos encontrado aún la Gravedad Cuántica. Sabemos de la Mecánica Cuántica que las distancias menores que la longitud de Plank carecen de sentido físico. El espacio-tiempo podría estar basado en una especie de espuma (como lo expresó John Wheeler), y su escala fundamental podría ser borrosa. Shahn Majid estudia las consecuencias que tendría esta descripción de la realidad. En particular, la teoría de Majid predice que la velocidad de la luz debería variar ligeramente con la frecuencia. Ya se están realizando experimentos para detectar estas desviaciones mínimas en la luz emitida por supernovas distantes utilizando el telescopio LISA.

Tim Palmer propuso una nueva interpretación de la Mecánica Cuántica en la que las probabilidades aparecen como consecuencia de la complejidad intrínseca de la estructura del espacio. Para él la realidad profunda debería ser descrita como un fractal. Su idea principal puede explicarse con la analogía de recibir las coordenadas de un punto en una costa de perfil intrincado. No seríamos capaces de saber con seguridad si el punto pertenece a la tierra o al mar, sino una probabilidad. Palmer sostiene que las probabilidades que encontramos en la Mecánica Cuántica se derivan de un fenómeno similar.

También se ha propuesto que toda la información contenida en el universo está codificada en su frontera. Este holograma cósmico encerraría en una superficie bidimensional la realidad tridimensional completa. Si el espacio es discreto, significaría que para que la superficie pudiera contener toda la información, el interior debería ser mucho más borroso. Craig Hogan cree que esta falta de definición puede estar detrás del ruido, por ahora inexplicado, que está perturbando el experimento GEO600 en Hannover, diseñado para detectar ondas gravitacionales.


Una intrigante posibilidad

De acuerdo con Barbour, podemos describir nuestra realidad sin referirnos al tiempo. Él toma este hecho como evidencia de que la naturaleza del tiempo es ilusoria. Sin embargo, incluso si su descripción es completamente consistente con las observaciones, esto no prueba que el tiempo no existe. Sólo prueba que es matemáticamente posible hacer Física sin tiempo, lo cual es una conclusión completamente diferente.

Como ya tenemos una Física basada en el tiempo, esto querría decir que tenemos dos modelos distintos que funcionan igualmente bien. En la Teoría de Campos Cuánticos nos encontramos también con dos modelos, formulados sobre espacio-tiempos diferentes, que dan resultados equivalentes. ¿Es posible que descripciones distintas del espacio y el tiempo nos proporcionen predicciones igualmente correctas?

Poincaré señaló el hecho de que nuestros sentidos no pueden percibir directamente la geometría del espacio. El espacio geométrico, el verdadero marco de nuestras experiencias, es distinto del espacio de representación que inferimos de nuestros sentidos.

Para empezar, la experiencia de la visión es un fenómeno puramente bidimensional. Sin embargo, tomamos la información de nuestras retinas y del resto de nuestras percepciones y cómo estas varían con el movimiento y los combinamos para formar el espacio de representación tridimensional.

Como resultado, ‘’Es también imposible representarnos los objetos externos en el espacio geométrico, así como imposible es para un pintor dibujar en una superficie plana los objetos con sus tres dimensiones. El espacio de representación es sólo una imagen del espacio geométrico, una imagen deformada por cierta perspectiva, y sólo podemos representarnos los objetos haciéndolos obedecer las leyes de esta perspectiva”.


El tiempo como convención

Poincaré propone un experimento mental en el que consideramos un mundo contenido en una esfera en el que todos los cuerpos tienen el mismo coeficiente de dilatación, así que la longitud de cualquier objeto es proporcional a su temperatura absoluta. La temperatura de este mundo disminuye con la distancia al centro según la fórmula R2 – r2, así que en su frontera la temperatura es el cero absoluto. Incluso aunque este universo es finito, para sus habitantes es de hecho infinito ya que se vuelven más y más pequeños al aproximarse a la frontera. Estos seres imaginarios estudiarían la física de su mundo, completamente inconscientes de las dilataciones térmicas. Cuando se mueven, experimentan una contracción en sus miembros en la dirección de la frontera. Sin embargo, esta deformación se consideraría una serie de perspectiva, con lo que sus sentidos se ajustarían para corregirla.

Poincaré señala que “sería un error concluir que la geometría es, ni tan siquiera en parte, una ciencia experimental. Si fuera experimental, sólo sería aproximada y provisional. ¡Y qué burda aproximación sería! La geometría consistiría únicamente en el estudio de los movimientos de los cuerpos sólidos, pero en realidad no le atañen los sólidos naturales: su objeto son los sólidos ideales’’. Finalmente argumenta que la experimentación puede guiarnos, pero no impone ninguna elección de geometría ni puede revelarnos cuál es la más apropiada, la verdadera.

Es imposible medir una distancia sin una regla, o sin la posibilidad de desplazar la regla, ya que sólo podemos comparar objetos yuxtapuestos. Asumimos que la regla se mantiene constante durante el proceso. Éstos son los supuestos que dan forma a la geometría que encontramos. Podríamos encontrar una solución distinta si tomásemos otras hipótesis. Por ejemplo, si en vez de asumir que las reglas no se distorsionan, asumimos que la velocidad de la luz es constante, encontramos la geometría relativista.

Es posible que el espacio y el tiempo no tengan otra naturaleza que la que les asignemos por convención. Parece que podemos encontrar teorías igualmente válidas basadas en supuestos muy diferentes. Esto puede indicar que su realidad fundamental no existe independientemente de la experiencia que los asume, en una interdependencia inevitable. También podría ser que su naturaleza más básica no pudiera expresarse matemáticamente y sólo pudiéramos encontrar aproximaciones. O, finalmente, podría significar que la naturaleza puede describirse de varias maneras distintas. Los diferentes modelos que funcionen con éxito deberían ser entendidos como descripciones de la misma realidad, pese a sus diferentes expresiones.


Sara Lumbreras Sancho, de JP Morgan en Londres, es ingeniero del ICAI y colaboradora de la Cátedra CTR.

Fuente: tendencias21

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¿Han tenido los astronautas experiencias de encuentros cercanos durante sus viajes al espacio? Las fotografías secretas de la NASA parecen contestar la pregunta. En 1985, el astronauta Gordon Cooper, uno de los primeros que orbitaron la Luna, compareció ante un grupo de asesores de la ONU presidido por el entonces secretario general Kurt Waldheim, e hizo una alarmante advertencia: "Creo que... vehículos extraterrestres y sus tripulaciones nos están visitando desde otros planetas, y que están técnicamente más avanzados que nosotros. Texto completo

Los vehículos exploradores de Marte
Opportunity en Marte
En enero de 2004, la NASA hizo descender sobre la superficie de Marte dos vehículos exploradores robot idénticos, llamados Spirit y Opportunity. Los vehículos gemelos fueron preparados para llevar a cabo una breve misión de 3 meses, cuyo objetivo era contarnos una historia sobre el agua y, posiblemente, sobre la vida misma en el pasado del planeta. Más de cinco años después, el dúo dinámico aún está explorando el Planeta Rojo, inmerso en una saga que cuenta sobre una gran cantidad de logros que han transformado la exploración de Marte. Texto completo

Auroras Polares
Auroras Polares.
Uno de los espectáculos más impresionantes de la naturaleza son las auroras polares, un despliege de luces de colores en el cielo capaces de iluminar las oscuras noches polares. Ocurren tanto en las regiones boreales (norte) como australes (sur), aunque las boreales son más conocidas ya que existen regiones pobladas cerca del ártico, mientras que en el sur, quedamos más alejados de los lugares donde ocurren estos fenómenos. . Texto completo



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El espacio tiempo se distorsiona junto a los agujeros negros


El descubrimiento apoya la teoría de los viajes en el tiempo

Científicos norteamericanos han comprobado y medido por vez primera la distorsión del espacio tiempo que por efecto de la gravedad se produce en torno a un agujero negro. Cien años después de la formulación de la Teoría de la Relatividad, la ciencia confirma de nuevo una de las predicciones de Einstein, sobre las que se apoya además la teoría física de los viajes en el tiempo. Los datos se han obtenido mediante las observaciones realizadas por un satélite de la Nasa sobre un agujero negro bautizado como GRS 1945+105, situado a unos 40.000 años luz de la Tierra, en la constelación de Águila. Por Yaiza Martínez.

Energía desprendida de un agujero negro Un equipo de astrónomos ha descubierto evidencias que confirman que la enorme fuerza gravitacional de un agujero negro puede absorber todo aquello que le rodea, incluida la luz. Se trata de una serie de mediciones que muestran, además, cómo estos cuerpos celestes arrastran en su giro el espacio tiempo que los bordea, creando en sus cercanías un océano espacio temporal distorsionado.

La deformación del espacio-tiempo por la fuerza de gravitación fue predicha en Einstein. Las teorías especial y general de la Relatividad de Einstein, escritas en 1905 y 1916 respectivamente, mostraron que muy altas velocidades o una intensificación de la gravedad, pueden curvar el tiempo de la misma forma que lo haría una pelota sobre una lámina de goma.

Cuanta más elevada es la velocidad o más intensa la gravedad, mayor es la curvatura del tiempo, más conocida como dilatación. Sobre esta suposición se basa la teoría física de los viajes en el tiempo, ya que algunos científicos han usado estas distorsiones en el tiempo espacial para pensar posibles maneras en que podrían funcionar las máquinas de tiempo.

Jon Miller, del Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics y Jeroen Homan, del Center for Space Research del MIT, en Massachussetts, han observado la distorsión del espacio tiempo por efecto de la gravedad con el satélite de la NASA Rossi X-ray Timing Explorer. Según Miller, autor de un artículo publicado en The Astrophysical Journal Letters, los datos obtenidos demostrarían las predicciones de Einstein acerca de la naturaleza difícilmente conocible de los agujeros negros.


Desvelados por los rayos X

Un agujero negro es una región del espacio donde las fuerzas gravitacionales son tan grandes que ni siquiera la luz puede evadirlas. Los gases y el polvo que le rodean se arremolinan a su alrededor y acaban cayendo dentro de él como el agua en una vasija.

Este proceso genera copiosas cantidades de luz, predominantemente de radiaciones de rayos X, sobre todo en las regiones más internas del llamado “disco de acrecimiento”, que se define como una estructura en forma de disco alrededor de un objeto central masivo.

Cerca del agujero negro, la gravedad es más intensa, pero la luz puede todavía encontrar un escape hacia el exterior de su atracción gravitacional. En esa “huida” de la luz hacia fuera, ésta pierde una energía que se emite en forma de rayos X, que los científicos pueden estudiar con telescopios de rayos X como el Rossi Explorer. De esta forma, es posible el acercamiento a los agujeros negros, que por su naturaleza oscura resultan prácticamente inasequibles.

La importancia de las mediciones de Miller y Homan radica en que, por primera vez, se ha descubierto una conexión entre dos características importantes que nos llegan a través de la observación de los agujeros negros: las llamadas “oscilaciones quasi-periódicas” u QPOs, y la amplitud de la línea k de las emisiones de los gases de hierro que rodean a los agujeros.


Coincidencia y cercanía

Las oscilaciones quasi-periódicas o QPOs hacen referencia a la forma en que la luz de los rayos X parece parpadear. La amplitud de la línea k de los gases de hierro describe las formas registradas en los espectros electromagnéticos de los rayos X (estos espectros son una herramienta con la que los científicos analizan ciertas características de la luz, como su energía).

La luz procedente de los átomos de los gases del hierro, al caer al interior del agujero negro, emite una frecuencia específica que crea una línea brillante en el espectro. Esta línea se ensancha, o se estrecha para bajas energías, debido a que la luz pierde energía cuando sale de un campo gravitacional.

Usando el Rossi Explorer, Miller y Homan han estudiado un agujero negro bautizado como GRS 1945+105, situado a unos 40.000 años luz de la Tierra, en la constelación de Águila. Los científicos notaron que una baja frecuencia QPO de 1 a 2 hertzios estaba relacionada con ciertos cambios en la línea k.

El hecho de que ambas señales se encuentren en sincronía y no se vean afectadas por otros fenómenos, sugiere que ambas suceden muy cerca del agujero negro. Y esto, dicen los científicos, elimina una teoría que afirmaba que las líneas k de los gases de hierro se originaban lejos del agujero negro.


Nuevas cuestiones

El descubrimiento genera sin embargo la siguiente pregunta: ¿qué causa la conexión entre ambas mediciones? La alta frecuencia QPOs parece provenir de la materia que gira alrededor del agujero negro, que brilla intensamente. La materia se mueve mucho más rápido alrededor de un agujero negro que en cualquier otro lugar. Las frecuencias que se registran son, por lo tanto, de cientos de hertzios, o de cientos de revoluciones del disco de acrecimiento por segundo.

En cambio, las bajas frecuencias QPOs son un profundo misterio. Normalmente son de 1 a 10 hertzios y son muy comunes en muchos sistemas binarios con agujeros negros. Un sistema binario es aquel formado por dos estrellas, que puede estar compuesto asimismo por un agujero negro.

Miller y Homan afirman que estas bajas QPO del sistema del agujero negro GRS 1915+105 pueden deberse a una deformación del espacio-tiempo. En este caso, el oscilamiento de la frecuencia baja QPO estaría causado por el arrastre de la estructura geométrica del espacio situado alrededor del agujero negro. Es lo que se conoce como el “efecto Lense-Thirring”, desarrollado a partir de la Teoría General de la Relatividad de Einstein.


El efecto Lense-Thirring

Enunciado en 1997 y recientemente también verificado, el efecto Lense-Thirring es el que describe el movimiento rotatorio de la Tierra. Este efecto consiste en el "arrastre" de la estructura geométrica del espacio-tiempo debido al movimiento del cuerpo que origina al campo gravitatorio-inercial.

La rotación de la Tierra o de cualquier otro cuerpo debería producir -según la Relatividad General- un arrastre de la estructura geométrica que su propia masa genera al curvar el espacio-tiempo.

La deformación espacio temporal podría incrementar la superficie del área del disco de acrecimiento. La amplitud de las líneas k depende de la superficie de dicha área. Así, este incremento momentáneo en la superficie del área, que oscila entre 1 ó 2 hertzios, podría explicar los cambios repetitivos observados en las líneas k de los gases de hierro.

Cada vez que el gas de hierro encuentra la deformación del espacio tiempo, la luz sufre una sacudida y el ancho de las líneas k modifica su apariencia.

Miller y Homan advierten de que ésta es sólo una de las posibles explicaciones derivadas de sus observaciones, y de que otras explicaciones también serían posibles. Lo que parece claro, dicen los científicos, es que parece haber una conexión entre las QPOs y el ancho de las líneas k, lo que significa que los científicos están más cerca que nunca de conocer como nunca la realidad de los agujeros negros.

Fuente: © Tendencias 21


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El primer viaje en el tiempo tendrá lugar este siglo


Un nuevo modelo de máquina del tiempo basada en láser podría estar construida en 10 años

Un nuevo prototipo de máquina del tiempo que, en vez de objetos masivos, utiliza energía luminosa en forma de rayos láser para curvar el tiempo, ha sido ideada por el físico de la Universidad de Connecticut, Ronald Mallet. Ha utilizado ecuaciones basadas en las teorías de la relatividad de Einstein para observar la curvatura del tiempo a través de un rayo de luz circulante obtenido por medio de una disposición de espejos e instrumentos ópticos. Aunque su equipo aún necesita fondos para el proyecto, Mallett calcula que este método permitirá que el ser humano viaje en el tiempo quizá antes de un siglo.Por Mario Toboso.

Agujero de gusano. HSW. En la teoría especial de la relatividad (1905), Einstein enunció que el intervalo de tiempo medido por un reloj depende de su estado de movimiento. Los relojes de dos sistemas de referencia que se muevan de manera diferente registrarán lapsos de tiempo distintos entre los mismos acontecimientos. Este efecto es conocido como “dilatación” del tiempo.

La dilatación del tiempo se hace realmente notable cuando el movimiento relativo de los sistemas de referencia en los que viajan los relojes implica velocidades cercanas a la velocidad de la luz (300.000 km/seg), de ahí que en la vida corriente no la percibamos directamente. A la velocidad de un avión, por ejemplo, la dilatación del tiempo se sitúa en el orden del “nanosegundo” (la milmillonésima fracción de un segundo), una cantidad muy pequeña para nosotros que, no obstante, ha llegado a ser registrada por relojes atómicos extremadamente precisos, confirmando así el enunciado de Einstein.

Si la velocidad proporciona una manera de distorsionar el tiempo, la gravedad es otra. En la teoría general de la relatividad (1916) Einstein predijo que la gravedad retarda igualmente el tiempo. En la superficie de una estrella de neutrones la gravedad adquiere tal intensidad que el tiempo se retrasa allí un 30 por ciento con respecto al tiempo medido en la Tierra. Un agujero negro representa la máxima distorsión posible del tiempo: en su superficie el tiempo, literalmente, se detiene.


La máquina del tiempo de Ronald Mallett

Diversos fenómenos físicos se han propuesto como métodos para viajar en el tiempo, pero ninguno de ellos (agujeros negros, agujeros de gusano o cuerdas cósmicas) parece fácilmente realizable, pues para llegar a distorsionar lo suficiente el espacio-tiempo requieren una cantidad de masa gravitatoria increíblemente grande. Como alternativa a estos métodos, Ronald Mallett, de la Universidad de Connecticut, basa su propuesta de máquina del tiempo en la famosa ecuación de Einstein, E=mc2, que establece la equivalencia entre masa y energía. Para curvar el tiempo, su dispositivo utiliza, en lugar de objetos masivos, energía luminosa, en la forma de haces de rayos láser.

Tal como ha explicado a PhysOrg, Mallett ha diseñado un experimento para determinar la existencia de lazos temporales en el que, por medio de una disposición de espejos e instrumentos ópticos, se produce un haz de luz circulante, cuya energía debería curvar el espacio a su alrededor.

De acuerdo con la teoría de la relatividad, la curvatura del espacio afecta igualmente al tiempo, de manera que éste se dilataría en las inmediaciones del haz de luz ofreciendo la posibilidad de observar ahí partículas inestables que contienen una especie de reloj interno: se desintegran en un “tiempo medio” de vida extremadamente breve, que se vería dilatado por efecto de la curvatura del espacio-tiempo, algo que no se observaría en regiones más alejadas del haz. La dilatación de su tiempo medio de vida significa que la partícula ha avanzado hacia el futuro a través de un lazo temporal.

Este efecto recuerda al que se estudia en los grandes aceleradores que impulsan las partículas subatómicas a velocidades cercanas a la de la luz. En concordancia con la relatividad especial de Einstein se observa experimentalmente que el tiempo medio de vida de las partículas inestables que se mueven rápidamente en los aceleradores se estira y su reloj interno transcurre más despacio, de manera que su tiempo medio de vida aumenta, favoreciendo así su detección.


El viaje humano en el tiempo

Cuándo los humanos seremos capaces de viajar en el tiempo depende en gran medida, dice Mallett, del éxito de estos experimentos con partículas, de la existencia de financiación para los mismos y del progreso de la tecnología. Confía en que el ser humano podrá viajar en el tiempo quizá antes de un siglo, ya que la posibilidad de viajar en el tiempo usando este método podría ser verificada en una década.

Mallett publicó su primera investigación sobre el viaje en el tiempo en el año 2000, y desde los años 70 ha investigado sobre gravedad cuántica, cosmología relativista y teorías “gauge” (la clase de teorías que permiten la unificación de interacciones físicas de diferente tipo, como la electricidad, el magnetismo o las interacciones nucleares débil y fuerte).

Como viajero del tiempo usted podría escoger, llegado el momento, entre viajar al futuro o al pasado. Viajar al futuro no entraña complicaciones teóricas, como hemos visto. Para quien hiciese un viaje de ida y vuelta a una velocidad cercana a la de la luz o atravesando un campo gravitatorio muy intenso, habría transcurrido menos tiempo que para quienes quedaron en el punto de partida. A su regreso a casa, el viajero encontraría todo lo que dejó y a su hermano gemelo mucho más envejecidos que él. El viaje hacia el pasado, por el contrario, plantea dificultades teóricas difíciles de afrontar, aunque la física no impide expresamente este segundo tipo de viaje: la teoría de la relatividad lo permite en ciertas configuraciones particulares del espacio-tiempo.


Otras lanzaderas temporales: agujeros de gusano

La propuesta de Ronald Mallett se añade a otras investigaciones sobre la posibilidad de viajar en el tiempo. A mediados de los años 80 el físico norteamericano Kip Thorne formuló un modelo para una máquina del tiempo, basado en el concepto de “agujero de gusano”, que encaja de manera natural en la teoría general de la relatividad, donde la gravedad no sólo distorsiona el tiempo, sino también el espacio. Lo mismo que un túnel que atraviesa una montaña ofrece un camino más corto que el que rodea la ladera, un agujero de gusano sería un camino menor entre dos puntos que la ruta que los une en el espacio ordinario. Los agujeros de gusano ofrecerían así un atajo entre puntos separados del espacio.

Posteriormente, el físico australiano Paul Davies explicó las dificultades tecnológicas asociadas a la fabricación de una de tales máquinas del tiempo. Una de las mayores es la creación del propio agujero de gusano. Para que el agujero se pudiese atravesar, debería contener “materia exótica”, es decir, materia generadora de antigravedad para combatir la tendencia natural de los cuerpos a colapsar sobre sí mismos. Thorne ha analizado soluciones de agujero de gusano consistentes con la física conocida, en las que el túnel se mantiene abierto mediante antigravedad cuántica, aunque no está claro que se pueda juntar tanta materia antigravitatoria como para estabilizar un agujero de gusano.

Podría suceder, no obstante, que el Universo contuviese ya estructuras de este tipo de manera natural, tal vez como reliquias del Big-Bang. O bien, podrían aparecer agujeros de gusano a escalas minúsculas, a la llamada “longitud de Planck”, unos 20 órdenes de magnitud menor que el núcleo atómico. En principio, cabría estabilizar un agujero de gusano tan diminuto mediante un impulso de energía, para después agrandarlo hasta una dimensión que permitiera su uso como máquina del tiempo.


Vacío y cuerdas cósmicas

El físico israelí Amos Ori asegura haber resuelto una de las mayores dificultades de las propuestas anteriores, al plantear un modelo que no necesita materia exótica, sino que utiliza el vacío existente en el espacio para viajar a través del tiempo. La ventaja principal del modelo de Ori es que sólo requiere materia normal frente a los modelos que demandan materia exótica y una ingeniería extraordinaria para recrear en el laboratorio las energías de los agujeros negros.

Un tipo de máquina del tiempo completamente diferente ha sido propuesto por Richard Gott, de la Univesidad de Princeton, haciendo uso de objetos conocidos como “cuerdas cósmicas”, estructuras que reflejan el entrelazamiento de los diversos campos cuánticos inmediatamente después del Big-Bang, y que debido a su dificultad para desenrollarse permanecerían todavía hoy como reliquias de la gran explosión. Aunque la búsqueda astronómica de estos objetos se ha mostrado hasta el momento poco concluyente, en sus análisis teóricos Gott ha mostrado que si dos cuerdas cósmicas paralelas infinitamente largas se alejasen a gran velocidad el espacio-tiempo se distorsionaría lo suficiente como para permitir líneas de universo que se curvasen en lazos hacia el pasado.


Paradojas

Si algún día se resuelven los problemas de ingeniería implicados en su construcción, la fabricación de una máquina del tiempo arrojará numerosas paradojas. La más famosa es la denominada “paradoja de la abuela”. Imaginemos que alguien viajase a su pasado y matase a su abuela. Como consecuencia, ese viajero nunca habría llegado a nacer. ¿Cómo, entonces, pudo viajar al pasado para perpetrar el homicidio?

La paradoja surge porque el estado actual del mundo está determinado por sus estados anteriores, de manera que cambiar uno de estos estados propaga incontroladamente efectos hacia el estado actual. El viajero del tiempo debería conformarse únicamente con formar parte del pasado, sin intentar cambiarlo. Si viaja al pasado y salva a una niña de ser asesinada, y esa niña llega a ser su abuela, el lazo causal es consistente y no paradójico, pues en este caso las acciones del viajero estarían ya incorporadas en la sucesión de acontecimientos que conduce del pasado al presente. La congruencia causal impone así restricciones a lo que el viajero del tiempo pueda hacer, pero no excluye la posibilidad misma del viaje.

La paradoja de la abuela es sólo una muestra de un conjunto de problemas asociados a la posibilidad del viaje en el tiempo, no sólo hacia el pasado. Imaginemos que un viajero se adelantase hacia el futuro y conociese los detalles del descubrimiento de la vacuna para una enfermedad actualmente incurable. Regresa después a su propio tiempo y comunica esos detalles a los investigadores, que finalmente logran desarrollar la misma vacuna que el viajero halló en su viaje hacia el futuro. La cuestión que se plantea aquí es: ¿de dónde provino la información para el descubrimiento de la vacuna? No del viajero del tiempo, que simplemente la encontró en su viaje, ni de los investigadores a quienes se la comunicó. La información, al parecer, no provino de ninguna parte…


Protección de la cronología

Tan profundos son los problemas físicos y filosóficos del viaje en el tiempo que Stephen Hawking, de la Universidad de Cambridge, ha propuesto una “hipótesis de protección de la cronología”, según la cual la naturaleza encontrará siempre un modo de impedir los lazos causales no consistentes.

Puesto que tales lazos no contradicen la propia teoría de la relatividad, la protección de la cronología necesitará alguna otra teoría que los impida, quizá la teoría cuántica. La resolución de esta cuestión tal vez deba esperar a que los físicos construyan una teoría unificada que incluya la relatividad general y la teoría cuántica.

La protección de la cronología es, por ahora, tan sólo una conjetura; por tanto, el viaje en el tiempo continúa siendo físicamente posible.

Mario Toboso es Doctor en Ciencias Físicas por la Universidad de Salamanca y miembro de la Cátedra Ciencia, Tecnología y Religión de la Universidad Pontificia Comillas. Editor del Blog Tempus de Tendencias21 y miembro del Consejo Editorial de la revista.

Fuente: © Tendencias 21

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Descubren un modelo teórico de viaje al pasado


Un bucle espacio temporal puede permitirnos retroceder en el tiempo

El científico israelí Amos Ori ha descubierto un modelo teórico para el viaje en el tiempo que puede permitir a las generaciones futuras desplazarse al pasado. Sus cálculos demuestran que un bucle espacio-temporal puede ser construido sin necesidad de materia exótica, a partir únicamente de materia ordinaria y densidad de energía positiva. La creación de este bucle depende de unas condiciones iniciales mínimas en las que trabaja el equipo israelí. Por Eduardo Martínez.

Un modelo teórico de una máquina del tiempo capaz de llevarnos al pasado ha sido desarrollado por el físico Amon Ori, del Instituto Israelí de Tecnología, el Technion, según anuncia en un artículo publicado en la revista Physical Review D del mes de julio. La versión completa de este artículo puede consultarse en Arxiv.

En este artículo, Amos Ori presenta un modelo teórico basado en ecuaciones que describen unas condiciones que, si pudieran ser establecidas, permitiría la construcción de una máquina del tiempo. Esta hipotética máquina del tiempo sería el espacio tiempo mismo, según el autor de este artículo.

Su investigación sobre el viaje a través del tiempo se basa en el aumento de la curvatura del espacio-tiempo, considerando que la flecha del tiempo puede llegar a enroscarse sobre sí misma formando un bucle. Amos Ori explica al respecto: “sabemos que la curvatura (del espacio-tiempo) ocurre constantemente, pero nosotros hemos querido obtener una curvatura suficientemente fuerte para darle una forma que lleve a las líneas del tiempo a formar bucles cerrados… Hemos intentado descubrir si es posible manipular el espacio tiempo para desarrollarlo de esta forma.”


Funciona sola

Explica asimismo que si la condición inicial se consigue, la máquina del tiempo funcionaría por sí misma, sin ninguna intervención. Y pone un ejemplo: si el cañón de un barco dispara un obús, una vez que el disparo se ha producido no hay que hacer nada, el obús irá por sí mismo hacia su objetivo, conducido únicamente por las leyes de la física.

Sus cálculos demuestran que el bucle espacio-temporal puede ser construido con materia ordinaria y densidad de energía positiva, pero añade que todavía es necesario resolver la cuestión de la estabilidad de esta máquina para que pueda convertirse en un túnel del tiempo.

Lo realmente importante de su aportación es que, según sus cálculos, la creación de una máquina del tiempo depende de unas condiciones iniciales muy reducidas que, si bien son muy difíciles, si no imposibles, de conseguir, constituyen en la actualidad el objetivo de los trabajos de este equipo de físicos israelíes.

En un anterior artículo, del que informamos en 2005, Amos Ori aseguraba que una máquina del tiempo no requeriría materia exótica para ser construida y utilizaría el vacío que existe en el espacio para viajar a través del tiempo.

Según su anterior teoría, sería posible crear ciertas condiciones potencialmente capaces de crear un bucle temporal sin necesidad de utilizar materia exótica. El presente trabajo constituye un desarrollo y consolidación de su enunciado anterior.


Sin materia exótica

Aunque Amos Ori no ha sido el único físico en formular la posibilidad de los viajes a través del tiempo, otros físicos han identificado una serie de posibilidades, particularmente el uso de la materia exótica, para crear una curvatura del espacio-tiempo capaz de cambiar la orientación de la flecha del tiempo.

La física cuántica dice que la materia exótica existe, pero en cantidades tan ínfimas que con ella nunca podría construirse una máquina del tiempo. Amos Ori ha resuelto esta dificultad abriendo otras posibilidades para conseguir la máquina del tiempo, sin necesidad de materia exótica.

El sistema de Amos Ori podría permitir a nuestros descendientes en un lejano futuro viajar en el tiempo, según explica Newswise en comunicado, pero aclara: nosotros no podremos ir al pasado porque nuestros ancestros no nos han dejado de esta infraestructura para nosotros.


Hay que esperar

Según el modelo de Amos Ori, si el pretendido bucle espacio-temporal se creara el 1 de enero de 2008 y se utilizara por vez primera veinte años después, al entrar en el bucle se estaría volviendo al 1 de enero de 2008.

La máquina del tiempo, en este supuesto, sería en la práctica como un túnel espacio temporal en el que la entrada está sujeta a la evolución del tiempo, pero cuya salida está inmóvil en el momento de su creación.

Por eso, las personas de 2007 no podríamos viajar al pasado, sólo podrían hacerlo las que vivieran después de que se hubiera conseguido crear el bucle espacio-temporal de Amos Ori.

Según este físico, es posible conseguir la curvatura de un espacio-tiempo en una dirección concreta, con la finalidad de hacer posible un regreso en el tiempo en un espacio-tiempo paralelo.

La máquina se convierte ella misma en un espacio-tiempo, explica su creador, y el mero hecho de su existencia es la que permite concebir el viaje al pasado. “Creando hoy esta máquina del tiempo, hacemos posible el regreso a nuestro tiempo de las generaciones futuras”, explica el profesor Ori.


Teoría de los viajes en el tiempo

Desde Einstein sabemos que el espacio y el tiempo forman cuatro dimensiones continuas. Eso quiere decir, por ejemplo, que si un planeta o una estrella deforma el continuo espacio-tiempo, este fenómeno altera también la geometría del espacio y el discurrir del tiempo para un observador exterior.

En tiempos de Newton se pensaba que la Luna orbitaba la Tierra por la atracción que sobre ella ejercía la Tierra. Ahora sabemos que no es así, sino que la Tierra deforma el tejido del espacio-tiempo obligando a la Luna a rodear la Tierra.

A escala microscópica, la física cuántica enseña que la interacción gravitacional es el origen de esta atracción, generada por el intercambio de partículas elementales.

La Teoría de la Relatividad y la Cuántica describen así un medio para curvar el espacio-tiempo a escala microscópica y permitir por ejemplo a una persona viajar a través del tiempo.

Si se puede deformar el espacio-tiempo, tal como lo hace cualquier cuerpo, se puede suponer también que el tiempo se puede curvar con el espacio, lo que constituye uno de los fundamentos de las investigaciones sobre los viajes en el tiempo.

Fuente: © Tendencias 21

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Envasado al vacío


Todos recordamos la película de Paul Verhoeven Total recall en la que, en determinado momento, tanto Schwarzenegger como la chica quedaban expuestos a la tenue atmósfera marciana y el cuasivacío allí imperante los hacía ver como "hinchados", se les salían los ojos y, en fin, terminaban pareciendo inflados como el Hombre Michelin.

La pregunta, entonces, es: ¿es exacta la descripción de la película? ¿Nos cuentan la historia correcta los miles y miles de ejemplos de exposición al vacío que leímos y seguimos leyendo en la ciencia ficción? ¿Qué le pasa, en realidad, a un astronauta cuando se le rompe el traje espacial?

Bueno, depende. Tamarack R. Czarnik, médica residente en Medicina Aeroespacial y especialista en medicina hipobárica, relata este increíble caso: el astronauta Gregory Bennett estaba trabajando en el espacio durante una de las misiones de los transbordadores espaciales. De repente, una de las trabas metálicas que ajustan los guantes del traje espacial se abrió y, aunque el astronauta la cerró de inmediato, una de las piezas perforó el traje espacial en el guante de la otra mano entre el pulgar y el índice. No fue un agujero grande, tan solo tenía 3 mm., y ni el propio astronauta lo notó. Recién cuando volvió a la nave y se quitó el traje descubrió una herida dolorosa en la palma de la mano: la traba le había perforado no solo el traje sino también la piel. Lo que ocurrió fue lo siguiente: la descompresión del guante "chupó" los labios de la herida y los selló contra la abertura del traje, y Gregory estuvo sangrando hacia el espacio todo el rato hasta que regresó al vehículo. No pasó nada.

Edward White, primer hombre en efectuar una caminata espacial
—como piloto de la Géminis 4— y también primer hombre...
¡en perder un guante en pleno espacio!
Edward White, primer hombre en efectuar una caminata espacial —como piloto de la Géminis 4— y también primer hombre... ¡en perder un guante en pleno espacio! Un año y medio después, moriría incinerado con sus compañeros Chaffee y Grissom en el incendio de la Apolo 1. Su guante iba a durar más que él: aún está en órbita estable y tiene el honor de ser el primer trozo de "basura espacial" de que se tiene memoria
Pero, igualmente, una descompresión repentina no es un chiste. Aunque no, la mayoría de las representaciones literarias y cinematográficas no se ajustan a la realidad científica. Veamos.

Desde que comenzó la carrera espacial, se han expuesto cierto número de organismos terrestres a los efectos del vacío, tanto involuntariamente como —nos avergüenza decirlo así— en forma experimental. La suma de estas experiencias deseadas o no, más nuestros conocimientos físicos y médicos, nos permiten tener una idea más bien clara de lo que le sucederá a un hombre si se lo expone al vacío total del espacio.

El asunto comenzó en los 60s, cuando la tecnología nos acercaba a hacer realidad los vuelos espaciales tripulados. Entonces, los ingenieros se vieron obligados a desarrollar proyectos que les permitieran determinar el tiempo que un ser humano sería capaz de sobrevivir (el tiempo que tendrían para reaccionar) si se le rompía el traje espacial, si un meteorito le perforaba el casco de la nave o percances similares.

Así, construyeron unas cosas llamadas "cámaras de gran altidtud", para reproducir las condiciones en un ambiente tal: bajísima presión, temperaturas bajo cero, alta tasa de radiación y demás. Hecho esto, sometieron a varios grupos de suicidas, er, voluntarios y también a algunos animales. Sí, la NASA tiró gatitos y perritos al espacio para ver cómo se morían. Por supuesto, los experimentos con animales concluían con sus muertes, lo que se trataba de evitar con los voluntarios humanos. Bueno, no nos olvidemos que la pobre Laika se frió en la reentrada a la atmósfera, por más monumentos que le hagan los rusos.

Pero incluso antes de la era espacial, ya hubo un hombre que tuvo problemas con la descompresión: se trata de Joseph Kittinger, aviador militar norteamericano condecorado, que detenta aún hoy el record mundial de altitud en paracaídas. Saltó tres veces desde globos e, increíblemente, en dos de ellas sufrió descompresiones accidentales por fallas en el traje.

En su primer salto (noviembre de 1959), un problema en una junta le descomprimió el traje mientras caía desde 23.287 metros de altura. Kittinger se desmayó instantáneamente, pero la velocidad de la caída libre le salvó la vida: lo devolvió a una altura segura y el paracaídas automático se abrió en forma normal. El cuerpo exangüe de Joe comenzó a girar mientras caía libre, hasta llegar a 120 revoluciones por minuto. Se ha calculado que esta velocidad de rotación aplicó sobre sus extremidades más de 22 gravedades (22 G).

Joe Kittinger junto a la barquilla de su globo
Joe Kittinger junto a la barquilla de su globo. Bajo la puerta hay un cartel que dice "Este es el escalón más alto del mundo"
Su segundo salto no tuvo consecuencias, pero el tercero, en el que anotó su marca mundial (16 de agosto de 1960) sí. En esa oportunidad, Kittinger saltó desde 31.330 m, algo que nadie más se atrevió a hacer, pero una nueva falla en una junta le descomprimió el guante derecho. La mano comenzó a doler enormemente y se le quedó paralítica, pero se recuperó apenas el militar saltó y la caída lo llevó a una altura segura. Como dato anecdótico, cabe señalar que Joe no sólo batió ese día el récord mundial de salto en paracaídas, sino también los de caída libre más larga, mayor altitud de ascenso en globo y mayor velocidad alcanzada por un hombre sin vehículo a través de la atmósfera (1.149 km/h).

Como sea, los datos de esos experimentos tan peligrosos y crueles permitieron a los expertos enterarse de cómo las bajas presiones y temperaturas afectaban a los seres humanos y de cómo el cuerpo respondía a esta brutal agresión. Completaron sus estudios y se quedaron con la duda de si la realidad les confirmaría sus teorías, hasta que una serie de desagradables accidentes —cuándo no— vino a demostrarles que, en efecto, tenían razón.

En 1965, un técnico estaba probando un traje espacial nuevo en una cámara hipobárica. Lo triste fue que el traje no aguantó la descompresión, sometiendo al hombre al vacío durante 40 segundos. Tras ese tiempo se desmayó. Apenas se recomprimió la cámara, el sufrido sujeto recuperó el sentido y salió del trance sin mayores consecuencias. Lo único que recuerda es la saliva hirviendo sobre su lengua.

Kittinger saliendo del globo en su tercer salto
Kittinger saliendo del globo en su tercer salto
En un incidente posterior (1982), otro hombre fue introducido en una cámara defectuosa, que lo sometió a cuatro minutos de vacío. La víctima quedó inconsciente y se puso completamente azul, y sólo sobrevivió porque uno de los que estaba afuera tuvo la presencia de ánimo suficiente como para romper una de las ventanas y permitir que el aire penetrara en el recinto. Lo sacaron con los labios congelados, vomitando sangre por los pulmones rotos y sangrando profusamente por ambos tímpanos. Se le diagnosticó barotrauma grado IV y se lo trató, primero, volviendo a comprimirlo en una atmósfera de nitrox (oxígeno y nitrógeno a partes iguales) y luego dándole Decadrón. A las 24 horas recuperó la conciencia y estaba lúcido; al 5º día se le sacó la intubación, y al año mostraba respuestas neurológicas normales o superiores. Tuvo suerte.

A los tripulantes de la Soyuz 11 no les fue tan bien. Regresaban a la Tierra luego de un acople con la estación espacial Salyut 1 tras haber pasado tres semanas en ella, convirtiendo la misión en la primera visita tripulada exitosa a la también primera estación espacial. Pero el resto de la misión no resultó exitosa. Al desacoplarse, doce tornillos explosivos debían explotar secuencialmente, separando a la nave de la estación. Sin embargo, por una falla, estallaron todos a la vez y rompieron una válvula esférica del sistema de ecualización de presiones de la Soyuz, que se abrió de golpe y dejó escapar todo el aire de la cápsula. Uno de los tres tripulantes, Viktor Patsayev, comprendió en seguida la causa del problema: se desabrochó el cinturón de seguridad y se aproximó a la válvula para tratar de obstruirla con algo o de cerrarla mediante el sistema manual de emergencia.

Lamentablemente, era imposible que lo lograra. La Soyuz perdió todo el aire y quedó a 0 atmósferas en menos de 30 segundos, siendo que Viktor hubiese necesitado más de un minuto para cerrar la válvula con la manivela. Estaban a 168.000 metros de altura. Irónicamente, el vehículo continuó su descenso normalmente y aterrizó en forma correcta. Cuando el equipo de rescate abrió la escotilla encontró el cuerpo de Viktor junto a la válvula y los cadáveres de sus dos compañeros —Georgi Dobrovolski y Vladislav Volkov— aún atados a sus asientos, con pacíficas expresiones en sus rostros que los hacían parecer dormidos.

El heroico Viktor Patsayev
El heroico Viktor Patsayev
Algunos de los daños provocados por la súbita exposición al vacío del espacio ocurren de inmediato; otros tardan más tiempo. En el primer caso encontramos básicamente la expansión de los gases en el interior del cuerpo. Al faltar presión externa, los gases de los pulmones e intestino se dilatarán. Si esta dilatación es muy grande, el hombre morirá por el puro y simple estallido de sus pulmones. Si por algún milagro sobreviviera a esto, la ruptura de los alvéolos inyectará burbujas de aire en las arterias, llevando esos globitos al cerebro y matándolo de todos modos. Aunque parezca increíble, un buen remedio para evitar este horrible fin es vaciar completamente los pulmones de aire en el momento en que nos damos cuenta de que la cabina se ha descomprimido. En algunos casos, un grito de horror ha salvado la vida de un astronauta en peligro, al dejar sin aire a sus pulmones.

Otro de los peligros de la descrompresión recibe el nombre de "ebullismo": a presión cero, el agua se evapora espontáneamente en segundos, es decir, hierve aunque se encuentre a muchos grados bajo cero. Si uno lo piensa bien, la perspectiva es horrible: las lágrimas de la superficie del ojo comenzarán a hervir, así como la humedad de las fosas nasales, la saliva dentro de la boca, el sudor sobre la piel, etc. Al mismo tiempo, el agua de los músculos y el resto de los tejidos internos hervirá igualmente (no está exenta de las leyes de la física), y el cuerpo alcanzará, debido al vapor generado, un volumen más de dos veces mayor al normal.

¿Suficiente martirio? De ningún modo. Algunos segundos después, la falta de presión hará que el nitrógeno disuelto en nuestra sangre vuelva a su estado gaseoso, una dolorosísima circunstancia conocida por los buzos con el nombre de "enfermedad descompresiva". Para completar el espantoso cuadro, las burbujas irán al cerebro para formar trombos, provocando anoxia cerebral, embolia y hemorragias intracraneales.

Emblema de la trágica misión Soyuz 11
Emblema de la trágica misión Soyuz 11
Mientras a usted le pasan todas estas cosas tan lindas, la radiación ultravioleta le quemará la piel en cuestión de segundos, de modo tan grave como si hubiese estado expuesto al sol del mediodía en el verano caribeño... varias horas y sin protección.

La buena noticia es que el cuerpo no pierde el calor hacia el espacio si no tiene aire a su alrededor que lo absorba: usted se morirá de cualquiera —o de todas— las horribles cosas apuntadas, pero no tiene por qué temerle a la hipotermia.

Bueno, esto es espantoso, pero... ¿cuánto tiempo se puede sobrevivir en estas condiciones? Hoy sabemos que un hombre expuesto al vacío mantiene la conciencia durante diez segundos completos, tiempo suficiente para intentar hacer algo para salvarse. No diremos que estará cómodo, pero al menos estará vivo y dueño de sí como para tratar de salir de esa desgraciada situación. Pero luego de esos diez segundos (que se conocen como "tiempo de conciencia útil"), comienza a aparecer la anoxia o asfixia cerebral. Sin presión de aire, el mecanismo de intercambio gaseoso de los pulmones funciona en sentido contrario, sacando el oxígeno de la sangre y echándolo por la boca y la nariz, acelerando la hipoxia del sistema nervioso central. Pasados los diez segundos de gracia, la persona se queda ciega y comienza a perder la conciencia, mientras los fluídos hierven y la boca y la nariz se le congelan. Algunos segundos después el cuerpo se pone azul ("cianosis") y comienzan las convulsiones y el coma. De ahí a la muerte —es fácil imaginarlo— solo falta un ligero empujón.

Si a uno le pasa todo esto, aún sería posible salvarlo siempre y cuando el corazón le siguiese latiendo. Si se le da oxígeno a presión de inmediato (y de inmediato quiere decir entre 60 y 90 segundos a contar desde el momento de la descompresión), es casi seguro que la persona saldrá del trance con solamente lesiones menores, aunque la ceguera inducida por la hipoxia puede llegar a durarle muchos días.

Después de los 90 segundos, la sangre comenzará a hervir y el corazón se detendrá... para siempre.

Salvo el técnico del episodio ya relatado, que sobrevivió luego de 4 minutos de vacío, ninguna otra persona en el mundo quedó con vida tras superar el ominoso límite del minuto y medio.

Pero vemos que la realidad, aunque sombría, es sorprendente. Cualquier lego diría que la supervivencia en el espacio sin traje espacial es cuestión de segundos: eso no es así. Se mide en minutos, y todo gracias a la Madre Evolución, que nos dio un cuerpo lo suficientemente resistente como para sobrevivir... un ratito.
fuente: http://axxon.com.ar/