Los vehículos exploradores de Marte


En 2004, la mayor parte de los expertos hubiera dicho que esta historia era imposible. Ningún vehículo explorador podría sobrevivir lo suficiente como para ser noticia después de cinco años. Sin embargo, aquí está. Los científicos de la misión revelan qué están haciendo hoy Spirit y Opportunity en el Planeta Rojo y cuáles son las perspectivas para el futuro

Opportunity en Marte
Opportunity en Marte
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En enero de 2004, la NASA hizo descender sobre la superficie de Marte dos vehículos exploradores robot idénticos, llamados Spirit y Opportunity. Los vehículos gemelos fueron preparados para llevar a cabo una breve misión de 3 meses, cuyo objetivo era contarnos una historia sobre el agua y, posiblemente, sobre la vida misma en el pasado del planeta. Más de cinco años después, el dúo dinámico aún está explorando el Planeta Rojo, inmerso en una saga que cuenta sobre una gran cantidad de logros que han transformado la exploración de Marte.

Spirit y Opportunity ayudaron a inventar una disciplina completamente nueva: ciencia en el campo de la robótica", dice Steve Squyres, quien es el investigador principal de la Misión de los Vehículos de Exploración Todo Terreno de Marte (Mars Exploration Rover Mission, en idioma inglés). "Nos han enseñado cómo organizar grandes equipos de científicos e ingenieros para poner en funcionamiento vehículos de exploración robot en un planeta distante. Todos tuvimos que aprender a trabajar juntos eficientemente, año tras año, para extraer la mayor cantidad posible de ciencia de los vehículos exploradores".

Los equipos aún están extrayendo conocimiento.

En el lustro, entre los descubrimientos más importantes de estos robots, impulsados por energía solar, se encuentra el siguiente: Marte no siempre fue tan frío y seco como lo es hoy en día. Quizás no lucía como el escenario para El Sonido de la Música (The Sound of Music, en idioma inglés), pero tenía agua y era lo suficientemente templado como para albergar vida.

Miembros del equipo de la Misión de Exploración de Marte (Mars Exploration Mission, en idioma inglés) también han aprendido los peligros de maniobrar los vehículos de exploración robot ubicados a cientos de millones de kilómetros de distancia. Se les han atascado los vehículos más de una vez. "Ahora sabemos cómo sortear dunas y pilas de rocas", dice Squyres, "y, quizás lo que es más importante, sabemos cómo evitarlos. Hemos traducido cinco años de experiencia en nuevos y mejorados mapas y en programas de manejo que nos ayudarán en lo que resta de nuestra misión y que también ayudarán a futuros vehículos de exploración".

Planificadores optimistas ya están determinando operaciones futuras para los gemelos, suponiendo que el par continuará abriéndose paso pero aceptando que uno o ambos de los vehículos exploradores podría fallar en cualquier momento. Después de todo, estos robots no son exactamente jóvenes. Spirit ha estado desplazándose hacia atrás desde que una de sus ruedas se atascó en 2006, y un cable roto ha reducido el movimiento del brazo robot de Opportunity.

Asumiendo que los gemelos continuarán funcionando un poco más, aquí se detallan los planes más recientes:

Opportunity, "el vehículo que tuvo suerte desde el primer día", según Squyres, ha estado saltando de cráter a cráter desde el principio de la misión y ahora se dirige hacia el sur, hasta el cráter más grande que ha visitado hasta ahora. El cráter Endeavor tiene 20km de diámetro y cientos de metros de profundidad.

"Tendremos que hacer que el odómetro de un vehículo de cinco años de edad duplique su lectura para poder llegar allí", dice Squyres. "Y hacerlo tomará al menos dos años. [100 metros por día es el promedio diario de Opportunity.] Será una larga marcha a través de las llanuras, pero bien valdrá la pena. Mientras más profundo sea el cráter, más atrás en la historia de Marte podremos ver".

Opportunity mira hacia atrás donde se encuentran las marcas de sus llantas en camino al cráter Endeavor.
Opportunity mira hacia atrás donde se encuentran las marcas de sus llantas en camino al cráter Endeavor
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Ray Arvidson, quien es el segundo investigador principal, proporciona más detalles: "Endeavor es un objetivo fascinante porque las rocas en su cercanía se ven diferente de las que rodean los otros cráteres que Opportunity ha visitado. Parte del borde del cráter Endeavor está sobresaliendo —las antiguas capas de roca de Marte se encuentran expuestas— y las rocas de la cercanía podrían indicar la presencia de lagos ácidos en la superficie de Marte hace miles de millones de años".


¿Y el otro gemelo?
"Spirit es el vehículo que presenta mayor desafío respecto de su funcionamiento", dice Squyres. "En el sitio donde está ubicado, no hay tanto viento como para que se limpien los paneles solares, y eso afecta la potencia del vehículo. Además, Spirit tiene que viajar por un terreno más difícil. Las rocas y la arena suelta que hay en el lugar donde está ubicado Spirit son traicioneros. Y, por supuesto, para colmo, Spirit está conduciendo hacia atrás.

El polvo pegajoso en los paneles solares de Spirit ha reducido la potencia del vehículo explorador.
El polvo pegajoso en los paneles solares de Spirit ha reducido la potencia del vehículo explorador.
Afortunadamente, el sitio de descenso de Spirit presenta una geología compacta, con enorme diversidad y variabilidad en un área pequeña".

Spirit ahora se arrastra a paso constante en su camino hacia una pequeña colina rocosa llamada von Braun, la cual se encuentra a sólo 250 metros de distancia; pero le tomará meses alcanzarla. Después, Spirit se dirigirá hacia una fosa de 30 metros de diámetro que podría ser un cráter de explosión volcánica —y, quizás, un lugar de actividad hidrotérmica.

"Debido a la geología de sus alrededores, Spirit se especializa en buscar evidencia de vulcanismo explosivo, en cuyo proceso ha participado el agua, el cual se encuentra grabado en las rocas", dice Arvidson. "Dichas áreas alguna vez pudieron haber albergado vida".

"Home Plate, el sitio donde Spirit pasó el invierno, es una estructura volcánica que ha sido erosionada de tal manera que podemos ver las capas", explica Arvidson. "Y pensamos que von Braun y la estructura vecina, Goddard, podrían estar hechas de los mismos materiales".

Los miembros del Equipo de Exploración de Marte tienen muchas esperanzas de que los vehículos exploradores alcancen todas estas ambiciosas metas pero son conscientes de las limitaciones de los vehículos gemelos.

"No tenemos manera de saber qué le depara el futuro a los vehículos exploradores en este momento", dice Squyres. "La misión bien podría terminar mañana. Pero el milagro puede continuar".

Atardecer en Marte, grabado por Spirit en 2005.
Atardecer en Marte, grabado por Spirit en 2005.
Arvidson recuerda el dí, hace más de cinco años, cuando Spirit descendió por primera vez en el Planeta Rojo.

"En el momento del descenso programado de Spirit, yo estaba en un avión que se dirigía hacia el aeropuerto de Los Ángeles, de regreso desde Hawai. Tenía que saber si el vehículo explorador lo había logrado, así que pedí al piloto que llamara por radio a los controladores de tráfico aéreo y averiguara si Spirit había descendido a salvo. Estaba encantado cuando lo hizo y confirmó que Spirit estaba posado sobre la superficie de Marte ¡listo para andar!"

Spirit sigue funcionando, Opportunity sigue funcionando y Arvidson sigue encantado.


Fuente: Ciencia.nasa.gov

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Marte habitable mediante un recalentamiento global


Una espectacular sección del Valles Marineris marciano.
Una espectacular sección del Valles Marineris marciano (Foto: ESA/DLR/FU Berlin, G. Neukum)
Valerse de los efectos de un recalentamiento global con el fin de crear condiciones aptas para la vida en Marte no es un concepto nuevo, pero ahora un reciente estudio lo ha analizado con detalle, aportando algunas ideas novedosas y mostrándolo como el método más viable.

Margarita Marinova, entonces en el Centro Ames de Investigaciones de la NASA, y sus colegas proponen que los mismos tipos de interacciones atmosféricas que han llevado a la tendencia reciente de elevación de la temperatura de la superficie terrestre podrían controlarse en Marte para crear otro ambiente biológico favorable para la vida en el sistema solar. Los investigadores han presentado los resultados de su estudio en la Revista de Investigación Geofísica (Journal of Geophysical Research), publicada por la Unión Geofísica Americana. En su informe profundizan acerca de la absorción de energía térmica y los efectos potenciales sobre la temperatura de superficie que se producirían al introducir gases de invernadero artificiales lo bastante fuertes como para fundir el dióxido de carbono y el hielo en Marte.

"Traer vida a Marte y estudiar su crecimiento contribuiría a nuestra comprensión de la evolución, y la habilidad de la vida para adaptarse y proliferar en otros mundos". Marinova resume así el espíritu de esta investigación. "Dado que el calentar a Marte efectivamente lo trasladaría a su pasado, un estado más habitable que el actual, esto daría a cualquier posible vida inactiva en Marte la oportunidad de revivir y continuar desarrollándose".

Los autores indican que los gases artificiales -que serían en su cometido casi 10.000 veces más eficaces que el dióxido de carbono- se pueden fabricar de modo que tengan efectos mínimos perjudiciales en los organismos vivientes y la capa de ozono, ostentando a la vez un excepcionalmente largo tiempo de vida en el entorno. Los investigadores crearon un modelo informático de la atmósfera marciana y analizaron cuatro de tales gases, individualmente y en combinación, los cuales son considerados como los mejores candidatos para el trabajo.

Su estudio se enfocó hacia gases con contenido de flúor, compuestos de elementos fácilmente disponibles en la superficie marciana, que se sabe son eficaces absorbiendo energía térmica en el infrarrojo de modo semejante a como lo son los gases de refrigeración habituales o clorofluorocarbonos (CFC). Encontraron que el compuesto conocido como octafluoropropano, cuya fórmula química es C3F8, produjo el mayor calentamiento, mientras que su combinación con varios gases similares reforzó el calentamiento aún más.

Los investigadores anticipan que el añadir aproximadamente 300 partes por millón de la mezcla del gas en la atmósfera marciana, que es el equivalente de casi dos partes por millón en una atmósfera terrestre, dispararía un efecto invernadero creciente, creando una inestabilidad en las capas de hielo polares que evaporaría lentamente el dióxido de carbono helado en la superficie del planeta. La liberación de cantidades crecientes de dióxido de carbono conllevaría una fusión más amplia y el aumento de la temperatura global que podría elevar entonces la presión atmosférica hasta acabar por restaurar una atmósfera más densa en el planeta.

Tal proceso podría llevar siglos o aún milenios para completarse pero, dado que los materiales usados como materia prima para la fabricación de los gases fluorados ya existen en Marte, es posible que los astronautas pudiesen crearlos en una misión tripulada al planeta. Sería por otra parte imposible llevar cantidades del orden de miles de toneladas de este gas a Marte. Los autores concluyen que la introducción de gases de invernadero poderosos es la técnica más factible para elevar la temperatura y aumentar la presión atmosférica marciana, particularmente cuando se compara con otras alternativas, como el rociado de polvos absorbentes de la energía solar en los polos, o colocar grandes espejos en órbita alrededor del planeta

Fuente: Solociencia.com

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En ruta hacia Marte con escala en la Luna


¿Por qué colonizar la Luna antes de ir a Marte? Los científicos de la NASA explican sus razones

Marte(NC&T/Science@NASA) La NASA tiene una nueva visión de la exploración espacial: en las próximas décadas los seres humanos aterrizarán en Marte y explorarán el planeta rojo. Visitas cortas llevarán a permanencias más largas y, quizás algún día, a colonias. En primer lugar, sin embargo, regresaremos a la Luna.


¿Por qué a la Luna antes que a Marte?


"La Luna es el primer paso natural", explica Philip Metzger, un físico del Centro Espacial Kennedy de la NASA. "Está cerca. Podemos practicar viviendo, trabajando y haciendo experimentos científicos allí antes de hacer viajes mas largos y arriesgados a Marte".

La Luna y Marte tienen muchas cosas en común. La Luna tiene sólo la sexta parte de la gravedad de la Tierra, Marte tiene la tercera. La Luna no tiene atmósfera; la atmósfera marciana está sumamente enrarecida. La Luna puede alcanzar temperaturas muy frías, tan bajas como -240 grados C a la sombra; Marte varía entre 20 y -100 grados C.

Algo aún más importante: ambos cuerpos están cubiertos con un sedimento fino de polvo llamado "regolito". El regolito de la Luna fue creado por el incesante bombardeo de micrometeoritos, rayos cósmicos y partículas de viento solar que trituraron las rocas durante miles de millones de años. El regolito de Marte es el resultado de los impactos de meteoritos masivos e incluso asteroides, además de años de erosión diaria del agua y del viento. Hay lugares en ambos mundos donde el regolito tiene más de 10 metros de profundidad.

La operación de equipos mecánicos en presencia de tanto polvo es un reto extraordinario. Justo el mes pasado, Metzger co-presidió una reunión con el tema: "Materiales granulares en la exploración lunar y marciana", en el Centro Espacial Kennedy. Los participantes debatieron asuntos variados: desde el transporte básico ("¿Qué clase de neumáticos necesita un vehículo terrestre espacial?") a la minería, ("¿A qué profundidad se puede excavar antes de que la zanja se hunda?"), pasando por las tormentas de polvo, tanto naturales como artificiales, ("¿Cuánto polvo provocará un cohete al aterrizar?").

Contestar a estas preguntas no es fácil desde la Tierra. El polvo lunar y marciano es tan... ajeno a este mundo. Haga esto: pase un dedo por la pantalla de su computador. Obtendrá un pequeño residuo de polvo pegado a la punta del dedo, es suave y granular, es el polvo de la Tierra.

El polvo de la Luna es diferente: "Es casi como un conjunto de fragmentos de cristal o de coral, extrañas formas que son afiladas y que encajan entre sí", dice Metzger.

Apolo 17
Surcos de polvo de los neumáticos del vehículo lunar, conducido por el astronauta del Apolo 17 Gene Cernan. Estas "colas de gallo" de polvo causaron problemas que los astronautas solucionaron usando cinta adhesiva (Foto: NASA)
Incluso después de los cortos paseos por la Luna, los astronautas del Apolo 17 encontraron partículas de polvo que habían cubierto las articulaciones del hombro de sus trajes espaciales, dice Masami Nakagawa, profesor asociado en el departamento de ingeniería minera de la Escuela de Minas de Colorado. El polvo lunar penetró en las juntas causando pérdida de presión en los trajes espaciales.

En las áreas iluminadas, añade Nakagawa, el polvo fino levitaba por encima de las rodillas de los astronautas del Apolo, e incluso por encima de sus cabezas, porque las partículas individuales estaban electrostáticamente cargadas por la luz ultravioleta del Sol. Tales partículas de polvo seguían la trayectoria hacia el hábitat de los astronautas donde eran transportadas por el aire e irritaban sus ojos y pulmones. "Potencialmente, es un problema serio".

El polvo está también omnipresente en Marte, aunque el de éste probablemente no sea tan áspero como el de la Luna. La erosión suaviza los bordes. Sin embargo, las tormentas de polvo marcianas azotan esas partículas a 50 m/s, desgastando y horadando todas las superficies expuestas. Como los vehículos Spirit y Opportunity han revelado, el polvo marciano (como el lunar) probablemente está cargado eléctricamente. Se adhiere a los paneles solares, oculta la luz solar y reduce la cantidad de energía que puede ser generada por una misión en la superficie.

Por estas razones la NASA está financiando el "Proyecto sobre el polvo de Nakagawa", un estudio de 4 años, dedicado a encontrar caminos para mitigar los efectos del polvo en la exploración robótica y humana, abarcando desde diseños de filtros de aire, a capas con una delgada película que repele el polvo de los trajes espaciales y de las máquinas.

La Luna es también un buen campo de pruebas para lo que los planificadores de la misión llaman "utilización de recursos in situ" (ISRU, en inglés), es decir, "vivir de la tierra". Los astronautas en Marte van a querer explotar ciertos materiales puros de las cercanías: oxígeno para respirar, agua para beber, y combustible para los cohetes (esencialmente oxígeno e hidrógeno), para el viaje de regreso. Podemos intentar esto primero en la Luna, dice Metzger.

Se cree que ambos, la Luna y Marte, albergan agua helada en el interior. La evidencia de esto es indirecta. Las naves de la NASA y de la ESA han detectado hidrógeno, presumiblemente el H de la molécula H2O, en terreno marciano. Posibles depósitos de hielo van de los polos marcianos hasta casi el ecuador. Por otro lado, el hielo lunar está localizado cerca del norte de la Luna y en el Polo Sur, en el interior de los cráteres donde el Sol nunca llega, de acuerdo con datos similares del "Lunar Prospector" y el "Clementine", dos naves espaciales que hicieron mapas de la Luna a mediados de los 90.

Si este hielo pudiera ser excavado, derretido, y descompuesto en hidrógeno y oxígeno... Voilà! Reservas instantáneas. El Orbitador de Reconocimiento Lunar de la NASA cuya fecha de lanzamiento es el 2008, usará modernos sensores para buscar depósitos y señalar posibles sitios de excavación.

"Los polos lunares son lugares fríos, por lo que hemos estado trabajando con gente que está especializada en sitios de este tipo para entender cómo aterrizar en el terreno y excavar dentro del permafrost para extraer agua", dice Metzger. Entre los principales socios de la NASA hay investigadores del Laboratorio de Investigación e Ingeniería de las Regiones Frías (CRREL, por sus siglas en inglés) del Cuerpo de Ingenieros del Ejército. Los retos incluyen maneras de construir hábitats en terrenos ricos en hielo y de aterrizar cohetes sin que su calor funda el hielo porque entonces éstos, teniendo en cuenta su peso, se hundirían.

Probar toda esta tecnología en la Luna, la cual está a sólo 2 ó 3 días desde la Tierra, va a ser mucho más fácil que en Marte, a seis meses de distancia.

Así que... ¡a Marte! Pero primero, a la Luna.

Fuente: Solociencia.com

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¿Podemos ir a Marte?


La radiación del espacio entre la Tierra y Marte supone un peligro para los astronautas


Febrero 17, 2004: La NASA tiene un misterio que resolver: ¿Podemos mandar personas a Marte, o no?

'Orillas Distantes'. Trabajo artístico para la NASA de Pat Rawlings/SAIC
"Orillas Distantes". Trabajo artístico para la NASA de Pat Rawlings/SAIC.
“Es un problema de radiación”, dice Frank Cucinotta del Proyecto de la NASA: Salud y Radiación Espacial, con base en el Centro Espacial Johnson. “Conocemos la cantidad de radiación que hay ahí afuera, esperándonos entre la Tierra y Marte, pero no estamos seguros del modo en que reaccionará el cuerpo humano frente a ella”.

Los astronautas de la NASA han estado en el espacio, ocasionalmente, desde hace 45 años. Salvo durante un par de rápidos viajes a la luna, nunca han permanecido lejos de la Tierra por un largo período de tiempo. El espacio profundo está repleto de protones originados por las llamaradas solares, rayos gamma que provienen de los agujeros negros recién nacidos y rayos cósmicos procedentes de explosiones estelares. Un largo viaje hasta Marte, sin grandes planetas en las cercanías que actúen como escudos reflectores de esa radiación, va a ser una nueva aventura.

La NASA mide el peligro de la radiación en unidades de riesgo cancerígeno. Un norteamericano saludable de 40 años, no fumador, tiene una probabilidad (enorme) del 20% de morir eventualmente a causa del cáncer. Eso si permanece en la Tierra. Si viajase a Marte, el riesgo aumentaría.

La pregunta es ¿cuánto?

“No estamos seguros”, dice Cuccinotta. Según un estudio del año 2001 sobre gente expuesta a grandes dosis de radiación -- p.e. los supervivientes a la bomba atómica de Hiroshima, e irónicamente, los pacientes de cáncer que se han sometido a radioterapia -- el riesgo inherente a una misión tripulada a Marte que durase 1000 días, caería entre un 1% y un 19%. “La respuesta más probable es un 3,4%”, dice Cucinotta, “pero el margen de error es muy amplio”.

Lo curioso es que es aún peor para las mujeres, añade. “Debido a los senos y ovarios, el riesgo en astronautas femeninas es prácticamente el doble que el de sus compañeros varones”.

Los investigadores que realizaron el estudio asumieron que la nave a Marte se construiría “principalmente de aluminio, como la vieja cápsula del Apolo”, dice Cucinotta. La “piel” de la nave espacial absorbería casi la mitad de la radiación que impactase contra ella.

“Si el porcentaje del riesgo adicional es mínimo, todo estará bien. Podríamos construir una nave espacial usando aluminio y dirigirnos a Marte”. (El aluminio es el material favorito en la construcción de naves debido a su ligereza y fortaleza, y a la larga experiencia que, desde hace décadas, tienen los ingenieros con su manejo en la industria aeroespacial).

“Pero si fuese del 19%… nuestro astronauta de 40 y algo de años se enfrentaría a un riesgo de fallecer por cáncer del 20% + 19% = 39% después de su regreso a la Tierra. Eso no es aceptable”.

El margen de error es amplio, dice Cucinotta, por buenas razones. La radiación del espacio es una mezcla única de rayos gamma, protones altamente energéticos y rayos cósmicos. Las ráfagas de explosiones atómicas y los tratamientos contra el cáncer, que es en lo que se basan muchos estudios, no son un sustituto confiable para la radiación “real”.

Concepto artístico del ADN bombardeado por rayos cósmicos galácticos. Crédito: OBPR
Concepto artístico del ADN bombardeado por rayos cósmicos galácticos. Crédito: OBPR
La mayor amenaza para los astronautas en ruta a Marte son los rayos cósmicos galácticos -- o “RCGs” en abreviatura. Estos rayos se componen de partículas aceleradas a casi la velocidad de la luz, provenientes de las explosiones de supernovas lejanas. Los RCGs más peligrosos son los núcleos pesados ionizados, tales como los Fe+26. “Son mucho más energéticos (millones de MeV) que los típicos protones acelerados por las llamaradas solares (decenas a cientos de MeV)", apunta Cucinotta. Un oleada de RCGs atravesaría la coraza de la nave y la piel de los humanos como diminutas balas de cañón, rompiendo las hebras de las moléculas de ADN, dañando los genes y matando las células.

Muy pocas veces los astronautas se han visto expuestos a una dosis completa de estos RCGs del espacio profundo. Consideremos la Estación Espacial Internacional (EEI): que orbita a solo 400 km. sobre la superficie de la Tierra. El cuerpo de nuestro planeta, aparentemente grande, solamente intercepta un tercio de los RCGs antes de que alcancen a la estación. Otro tercio es desviado por la magnetosfera terrestre. Los astronautas del Transbordador Espacial se benefician de reducciones similares.

Los astronautas del proyecto Apolo que viajaron a la luna absorbieron dosis mayores -- cerca de 3 veces la de la EEI -- pero sólo durante unos pocos días durante su travesía de la Tierra a la luna. Los RCGs pudieron haber dañado sus ojos, apunta Cucinotta. En su camino a la luna, las tripulaciones del Apolo informaron haber visto destellos de rayos cósmicos en sus retinas, y ahora, muchos años más tarde, algunos de ellos han desarrollado cataratas. Por otro lado no parecen haber sufrido demasiado. “Estar unos pocos días ahí afuera es probablemente seguro”, concluye Cucinotta.

Las cápsulas del proyecto Apolo estaban suficientemente bien protegidas para sus rápidos trayectos de ida y vuelta a la luna.
Las cápsulas del proyecto Apolo estaban suficientemente bien protegidas para sus rápidos trayectos de ida y vuelta a la luna.
Pero los astronautas que viajen a Marte estarán “ahí afuera” durante un año o más. “No podemos estimar aún, con fiabilidad, lo que los rayos cósmicos nos harán cuando nos veamos expuestos a ellos durante tanto tiempo”, comenta.

Averiguarlo es la misión del nuevo Laboratorio de Radiación Espacial de la NASA (NSRL), con sede en las instalaciones del Laboratorio Nacional Brookhaven, localizado en Nueva York y dependiente del Departamento de Energía de los EE.UU, que fue inaugurado en Octubre del 2003. “En el NSRL tenemos aceleradores de partículas que pueden simular los rayos cósmicos”, explica Cucinotta. Los investigadores exponen células y tejidos de mamíferos a haces de partículas, y luego inspeccionan los daños. “El objetivo es reducir la incertidumbre en las estimaciones de riesgo a solo un pequeño porcentaje para el año 2015”.

Una vez que conozcamos el riesgo, la NASA puede decidir qué clase de nave espacial ha de construirse. Es posible que los materiales de construcción ordinarios, como el aluminio, no sean los más apropiados. De ser así, “ya hemos identificado algunas alternativas”, añade.


¿Podríamos fabricar una nave de plástico?


Bloques de polietileno reforzado – ¿serán los ladrillos de una futura nave espacial?
Bloques de polietileno reforzado – ¿serán los ladrillos de una futura nave espacial?
“Los plásticos son ricos en hidrógeno -- un elemento que hace un gran trabajo como absorbente de rayos cósmicos”, explica Cucinotta. Por ejemplo, el polietileno, el mismo material con el que se hacen las bolsas de basura, absorbe un 20% más de rayos cósmicos que el aluminio. Cierta forma de polietileno reforzado, desarrollado por el Centro Marshall para Vuelos Espaciales, es 10 veces más fuerte que el aluminio, y también más ligero. Este podría convertirse en el material elegido para la construcción de la nave espacial, si podemos fabricarlo en forma económica. “Incluso si no construyésemos la totalidad de la nave con plástico”, añade Cucinotta, “aún podríamos usarlo como escudo aislante en áreas clave como los habitáculos de la tripulación”. En realidad, esto ya se ha hecho a bordo de la EEI.

Si el plástico no fuese lo bastante seguro, entonces podría requerirse la presencia de hidrógeno puro. Litro a litro, el hidrógeno líquido bloquea los rayos cósmicos 2,5 veces mejor que el aluminio. Algunos diseños avanzados de naves espaciales necesitan grandes tanques de hidrógeno líquido como combustible, de modo que “podríamos proteger a la tripulación de la radiación envolviendo los habitáculos con los tanques de combustible”, especula Cucinotta.

¿Podemos enviar gente a Marte? Cucinotta cree que sí. Pero antes, “debemos resolver la cuestión del nivel de radiación que puede soportar nuestro cuerpo, y qué clase de nave espacial necesitamos construir”. En los laboratorios de todo el país, el trabajo acaba de empezar.

Fuente: Ciencia.nasa.gov

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