El mar: ¿Basurero del mundo?


El mar: ¿Basurero del mundo?
Nuestros océanos y sus habitantes están siendo afectados por la basura de una manera alarmante. Tú puedes ayudar a corregirlo.

El gran parche de basura del Océano Pacifico
El basurero más grande del mundo no está en tierra, está en el mar, y lo está dejando sin vida

Foto: Ocean conservancy / NOAA Photo Library
Foto: Ocean conservancy / NOAA Photo Library
Foto: NOAA Photo Library
Foto: NOAA Photo Library
Restos de un joven albatros de Laysan con su barriga llena de plástico.
Restos de un joven albatros de Laysan con su barriga llena de plástico. Foto: Algalita Marine Research Foundation
Hay seis veces mas desechos plásticos en el Gran Parche que organismos marinos.
Hay seis veces mas desechos plásticos en el Gran Parche que organismos marinos. Foto: Algalita Marine Research Foundation
La situación del Gran Parche de Basura del Pacifico es una de gran calamidad. Gracias a nuestro gran descubrimiento y prolífico uso en los últimos 60 años, el plástico literalmente ha contaminado todo el planeta y los seres que lo habitan. Lamentablemente, el basurero más grande del mundo ahora esta flotando en el norte del océano Pacifico, cerca a Hawai y a 1,000 millas de la costa de California. Se estima que abarca un área equivalente al doble del estado de Tejas.

Las corrientes del océano Pacifico se han encargado de acumular el plástico desechado en las costas de Asia y Norte America. Un 80 por ciento de la basura proviene de los continentes y el resto proviene de barcos que navegan por el mar. Se estima que 100 millones de toneladas de plástico están contaminando los océanos. La mayoría de la basura que se encuentra el océano es plástica. Este plástico, que viene en todas las formas imaginables, no es biodegradable. Tampoco queda flotando en pedazos enteros para hacer más fácil su limpieza, pues gracias al sol, poco a poco se desintegra en pedacitos microscópicos que se suspenden en la columna de agua y son fácil de ingerir para los animales marinos que comen plancton. Sin embargo esto solo es un 30 por ciento de la basura, porque el resto se hunde al fondo del mar, por lo cual las consecuencias biológicas de esta contaminación son temidas más no conocidas.


Vida marina en serio peligro

En las áreas superficiales mas contaminadas del Gran Parche, se encuentran 6 kilos de basura por cada kilo de plancton. En otras palabras es una sopa de basura y muy poco alimento. Por lo tanto, se estima que mas de 100,000 mamíferos marinos y 1 millón de aves marinas mueren cada año por la basura que los rodea en el mar. Debido a este problema, hay algunas especies en peligro de extinción como el albatros de Laysan, nativo de Hawai.. Un 50 por ciento de sus crías mueren de hambre, asfixia, o bloqueo intestinalporque sus padres les llenan el buche con basura.


Bioacumulación de químicos tóxicos

No solo nos hemos estado envenenando directamente con químicos en los plásticos que usamos, como Bisfenol A y ftalatos (ambos son interruptores hormonales) y carcinógenos como los PVCs, también lo estamos haciendo por medio de nuestra cadena alimenticia. Al desintegrarse lo plásticos en el mar, estos químicos se desprenden y contaminan el plancton, que luego es ingerido por animales más grandes, y estos por otros. Estos químicos se acumulan en los tejidos grasosos y los peces grandes y mamíferos marinos terminan con concentraciones peligrosas para ellos y los que se los comen. Se estima que 2.5 billones de personas dependen de la comida del mar para su consumo de proteína así que el efecto acumulativo de estos químicos tóxicos en la vida marina no solo amenazan sus poblaciones sino la nuestra.


Para proteger nuestros océanos y nuestra salud debemos seguir estas recomendaciones:
  • Recicla: vidrio, aluminio, plásticos.
  • Nunca tires basura a la calle.
  • Cuando veas basura en la calle, recógela y tírala al bote.
  • No compres nada de icopor.
  • Escoge productos que no estén hechos de o empacados en plástico.
  • Usa bolsas de tela a cambio de bolsas plástica cuando vayas de compras.
  • Usa botellas de acero inoxidable a cambio de botellas plásticas.
  • Educa a tu familia y amistades.



Guía básica de reciclaje

El reciclaje es una de las prácticas más gratificantes y útiles que existen. Los beneficios van mucho más allá de reducir las montañas de basura; el reciclaje protege el hábitat y la biodiversidad, y ahorra energía, agua y recursos tales como árboles y minerales. El reciclaje también reduce la contaminación que produce el calentamiento global, a raíz de manufacturas, rellenos sanitarios e incineración.

Pero el reciclaje significa mucho más que dejar los periódicos y las latas al bordillo de la acera. Un reciclaje verdaderamente exitoso implica minimizar las basuras durante todo el ciclo de vida del producto, desde adquirir materias primas hasta su fabricación, uso y deshecho. La mayoría de impactos ambientales relacionados con los productos que compramos ocurren antes de que abramos el empaque, así que comprar productos hechos a partir de materiales reciclados es tan importante como separar las basuras en los contenedores correspondientes.

Cuando, reducimos la cantidad de cosas que compramos y reutilizamos lo que podemos, reducimos el daño al medioambiente relacionado con la adquisición de materias primas y fabricación.

He aquí algunos consejos que te ayudarán a reducir las basuras y mejorar tus habilidades de reciclaje:

Comprar inteligentemente: Compra papel y otros productos para tu hogar y oficina que estén hechos a partir de contenidos reciclados post consumidor, y que estén empacados en materiales reciclables. Cuando puedas, compra al por mayor para reducir la cantidad de empaques que terminan siendo desechados.

La comodidad es clave: Coloca contenedores de recolección en diversos sitios alrededor de tu casa y oficina, para que sea más cómodo reciclar. Usa diferentes contenedores que cumplan con las políticas de reciclaje de tu ciudad, para que no tengas que separar posteriormente las basuras. Si tiendes a olvidar lo que es reciclable y lo que no lo es, haz un cartel y colócalo cerca a tus contenedores.

No olvides reutilizar: El papel, los plásticos, el vidrio y las latas no son los únicos artículos que deben evitar llegar a los incineradores y rellenos sanitarios. Reduce los impactos ambientales de las basuras orgánicas, haciendo compostaje a partir de las sobras de comida, y dejando las partículas del césped cortado sobre el césped mismo, para que se descomponga. Dona las ropas viejas a los refugios para las personas sin hogar, las tiendas de segunda mano, los refugios para animales, y otras organizaciones comunitarias.

Hasta que las basuras sean una especie en vías de extinción: Lleva tus propias bolsas reutilizables a las tiendas locales. Mantén en el trabajo una taza de cerámica para el agua o el café, en vez de usar tazas desechables de papel o plástico. La mayoría de las ciudades de los Estados Unidos cuentan con agua potable limpia, de manera que puedes consumir el agua corriente (la puedes filtrar si deseas) y las botellas de agua se puedan rellenar, en vez de comprar agua embotellada.

Habla con tus entidades comerciales y el gobierno local: Fomenta entre los funcionarios locales el considerar incentivos e iniciativas de reciclaje más ambiciosos. Has comentarios positivos a los gerentes de las tiendas y los fabricantes que se decidan por opciones respetuosas con el medioambiente.

Mantén tus buenos hábitos en la carretera: Las políticas de reciclaje pueden variar de una ciudad a otra y de un estado a otro. Un envase plástico que puedas reciclar en casa puede estar dirigido a la basura en otra comunidad. O algo que tú no puedas reciclar en casa podría ser reciclado en tu escuela o lugar de trabajo. Al viajar fuera de casa, conoce las normas locales (en el sitio Web de la ciudad, o leyendo carteles), y obedécelas.


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Fuente: La Onda Verde


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Armas químicas


"El ser humano tardó menos tiempo en tomar ejemplo del zorrillo para atacar a sus semejantes con sustancias pestilentes, que en imitar a las luciérnagas para iluminarse en las noches".
Benjamín Ruíz Loyola.
Lo que en los albores de la historia humana fue una imitación de los mecanismos de defensa que utilizan otros seres vivos (plantas y animales), con el desarrollo tecnológico dio paso a las armas químicas. A diferencia de otro tipo de armas, como las nucleares o los explosivos convencionales, las químicas no afectan gravemente la infraestructura material, y los procesos de descontaminación de las áreas afectadas son más efectivos, rápidos y baratos. Justamente en eso consiste su ventaja estratégica; permiten atacar al enemigo sin destruir de forma irreparable sus riquezas materiales y naturales.

Las armas químicas requieren de dosis pequeñas, del orden de miligramos (o menos), actúan con gran rapidez, su efecto es de corta duración (días, cuando mucho), son de amplio espectro (afectan a humanos, animales y plantas) y son relativamente fáciles de manejar.


Armas legendarias

Las armas químicas no son nuevas; ya en el siglo V a. C. (431-404), durante la guerra del Peloponeso entre Esparta y Atenas, se empleó dióxido de azufre, producto asfixiante que obliga a la evacuación de sitios cerrados como cuevas. Pero no es la referencia más antigua, se dice que los chinos, unos mil años antes de Cristo, ya empleaban humos arsenicales con el mismo fin. En el siglo XVI, los alemanes fabricaban bombas pestilentes a base de pezuñas y cuernos de animales molidos, mezclándolos con una resina vegetal pestilente que recibe el nombre de Asafétida, para posteriormente prender fuego a la mezcla. Como éstos, abundan los ejemplos.

La historia moderna de las armas químicas comienza el l0 de marzo de 1915, durante la Primera Guerra Mundial, cuando el ejército alemán comenzó a colocar cilindros de gas cloro a lo largo de la línea de trincheras de Ypres, en Bélgica, trabajo que duró poco más de un mes. Esperaron a que el viento soplara fuerte hacia el oeste y, finalmente, el 22 de abril de ese año abrieron las válvulas, liberaron más de 150 toneladas del mortífero gas y provocaron cerca de 10 000 casos de intoxicación y 5 000 muertos.

Un cálculo moderado marca que entre 1915 y 1918 se liberaron 125 000 toneladas de compuestos tóxicos distintos, provocando 1 300 000 bajas, entre ellas más de 90 000 muertos. Los productos químicos más empleados fueron el cloro, el fosgeno (un gas asfixiante y casi siempre letal), el gas mostaza (un compuesto que causa graves quemaduras) y los gases lacrimógenos (los mismos que hoy día emplea la policía para disolver manifestaciones).

Entre las dos grandes guerras, se firmó el Tratado de Versalles (Protocolo para la prohibición del uso de gases asfixiantes, venenosos u otros gases, y de métodos bacteriológicos de operaciones militares, 1925), que en esa época fue bastante ignorado. Italia y Japón, entre otras naciones, emplearon armas químicas en diversos conflictos bélicos; mientras tanto, los alemanes se dedicaban a investigar sobre un nuevo tipo de armas químicas. Mientras trabajaba en el desarrollo de insecticidas, y por un accidente en el laboratorio, Gerhard Schrader descubrió en 1935 el primer agente neurotóxico, llamado tabún, que en la clasificación militar estadounidense se conocía como GA (German Agent A). En el accidente, Schrader y su ayudante quedaron expuestos durante breves instantes al tabún (que como insecticida había acabado satisfactoriamente con los piojos empleados para prueba), siendo atacados inmediatamente con dificultades respiratorias y dilatación de la pupila.

Al descubrimiento del tabún pronto le siguió el del sarín y el somán; los tres son compuestos orgánicos (de carbono) que contienen fósforo y afectan notablemente al sistema nervioso central. A pesar de todo, en la Segunda Guerra Mundial no se emplearon armas químicas contra tropas enemigas, más por temor a las represalias que por falta de ellas; quizá en ello influyó el hecho de que Adolf Hitler fue una de las víctimas de ese tipo de armas en la Primera Guerra Mundial.

El tabún, el sarín y el somán son compuestos orgánicos (de carbono) que contienen fósforo y afectan notablemente al sistema nervioso
El tabún, el sarín y el somán son compuestos orgánicos (de carbono) que contienen fósforo y afectan notablemente al sistema nervioso.
Trabajos posteriores al término de la guerra llevaron a la preparación de los compuestos neurotóxicos denominados Vx (en Estados Unidos), RVx (Russian Vx, en la antigua Unión Soviética) y, más recientemente, la serie de agentes denominada Novischok (en Rusia, durante la última década del siglo XX), similares en estructura química al Vx, pero más potentes (el Novischok-5 es unas ocho veces más efectivo que el Vx). Todos estos compuestos son organo fosforados; están hechos a base de cadenas orgánicas unidas a un átomo de fósforo.

Paralelamente se comenzaron a desarrollar en Estados Unidos, las llamadas armas químicas binarias: un par de dispositivos se insertan dentro de un misil, llevando en ellos las materias primas para sintetizar el compuesto químico tóxico, separadas por una membrana relativamente frágil; todo ello evita accidentes al manipular piezas de artillería llenas con el arma terminada. En pocas palabras, se trata de llevar la fábrica dentro del misil; al ser disparado éste, el empuje rompe la membrana de separación permitiendo la mezcla de las materias primas, y el torque proporciona un medio de agitación. La reacción se completa en menos de un minuto, con una conversión casi siempre superior al 95% (mayor que lo que se obtiene en la fabricación de muchas medicinas), de manera que cuando el misil llega a su objetivo, el arma química está lista para actuar. Este sistema se puede utilizar con tabún, sarín y Vx.

Después de la Segunda Guerra Mundial se han reportado diversos incidentes del uso de armamento químico, como los que señalan a Irak por haberlas empleado contra Irán y contra los disidentes kurdos, a finales de la década de 1980. También debe destacarse el empleo por el ejército estadounidense de herbicidas en Vietnam, lo que provocó una contaminación de los suelos escandalosa, al grado de calcularse que muchas áreas tardarán siglos en recuperarse y volver a tener cultivos útiles en ellas.
Benjamín Ruíz Loyola es profesor de tiempo completo en la Facultad de Quimíca de la UNAM y es autor de más de 50 artículos de dívulgacíón.
Fuente: http://sepiensa.org.mx