Quién tiene las armas quimicas y dónde están


Mayor productor de armas... Actualmente el mayor productor de armas del mundo es Estados Unidos de América. Solamente este país duplica las armas que Japón, Gran Bretaña, Francia y China tienen todos juntos.

Esa misma producción de armas convencionales y bacteriológicas ponen en peligro a los propios Estados Unidos y resulta más que insólito que los miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (que se suponen deben velar por la paz y la seguridad en el mundo), tengan en su poder casi el 90% de las armas de todo el mundo.

Esos países son : EEUU, Inglaterra, Francia, Rusia y China. Lo cierto es que esas armas químicas se vienen produciendo desde hace decenas de años y muchas de ellas (como el gas mostaza y otros elementos que atacan el sistema nervioso central de las personas) han quedado inservibles y hay que destruirlas. Lamentablemente, la tendencia de estos países es a fabricar nuevas, más modernas y más eficaces.



Depósitos de armas químicas ¿Dónde están las armas químicas?

Los principales centros de fabricación de armas químicas y de depósitos están en los estados de Oregón, Indiana, Kentucky, Nueva York, Alabama, Arkansas, Colorado, Utha, y unas pequeñas islas al sur de Hawai, llamadas Atolón de Johnston.

Estos sitios también son lugares de destrucción, a donde van las armas obsoletas de otros centros de fabricación que envían allí sus armas porque sus fechas de vencimiento han llegado a su fin o porque serán sustituidas por otras más modernas. Lo cierto es que para todos los puntos cardinales se trasladan armas químicas y bacteriológicas, que con toda razón, exponen a peligros al pueblo norteamericano y al planeta todo.


El arma verde

Con la idea de combatir las plantaciones de Coca principalmente en Colombia, los EEUU han creado un arma con un hongo llamado Fusarium. Las intenciones, que parecen ser buenas en apariencia, confunden (deliberadamente) la producción de cocaína como droga comercial, con los plantíos de Coca que las culturas indígenas americanas cultivan desde hace milenios.

Chibchas, Incas, Quechuas y Aymaras, cultivan Coca como parte de sus culturas, pero sin embargo sólo el 1,5% de la población colombiana es adicta a la Cocaína; mientras que la principal población consumidora de esta droga esta en los propios Estados Unidos y en Europa.

Esta arma biológica, atenta contra los campesinos pobres de Colombia y contra la selva y los ecosistemas cálidos de toda la región, instalándose en el suelo y el subsuelo durante décadas y ocasionando consecuencias impredecibles contra esa parte vital del planeta.


Armas químicas ¿Desde cuándo se producen armas químicas?

Ya en 1953 EEUU produjo el gas sarín. En 1961 se comenzó la producción del "gas nervioso" que altera el sistema nervioso de las personas. En 1965 se fabricó la primera comba "Big Eye" compuesta por dos elementos que por separado no significan gran cosa, pero que combinados y al estallar, expanden un gas altamente nocivo para la vida humana.


Armas químicas Entre 1973 y 1983 la producción de proyectiles con cargas químicas y bacteriológicas fue tan grande que si se utilizaran juntas se podría destruir varias veces a toda la humanidad.

Al final de 1983 EEUU tenía 150 mil toneladas de proyectiles químicos y 55 mil toneladas de gas Mostaza y el VX (nombre que se le da al gas nervioso). En 1997 entró en vigencia la Convención de armas químicas que propuso que, entre el año 2007 y el 2012, se destruyan las armas químicas, pero ya EEUU plantea una prórroga... Recientemente EEUU acaba de fabricar armas para disturbios (leamos manifestaciones populares) con poder más reducido pero igualmente terrible desde el punto de vista de la salud humana.


Nepalm sobre Vietman ¿Se han usado armas químicas?

Lamentablemente sí. La historia de la humanidad registra que los tártaros sitiando la ciudad de Crimea en 1346 catapultaron cadáveres infectados con virus originando epidemias.

En 1763 el general inglés Jeffrey Amherst en Ohio, obsequió a las poblaciones indias que él combatía, mantas y pañuelos de enfermos infectados con viruela originando la muerte de más de 100 mil indios por esta enfermedad (datos obtenidos del propio diario de guerra de Amherst).

En la primera guerra mundial, Alemania, Francia e Inglaterra usaron armas químicas. En la década de 1920 España usó gas mostaza contra Marruecos. Entre 1935 y 1949 Italia usó armas químicas contra Etiopia. Alemania hizo lo propio en los campos de concentración y las llamadas “duchas secas”.

En la segunda guerra mundial, en la guerra de Corea y en la guerra de Vietnam también se utilizaron armas químicas con ántrax, dioxinas, agente blanco, púrpura y azul, gas lacrimógeno y agentes que causan hemorragias. Lo mismo sucedió en la guerra contra Irán, contra Irak y Afganistán a partir de 1990.


Armas químicasFalso dilema

Hay quienes separan las armas entre letales y no letales, lo cual es un disparate. Las armas causan graves trastornos o la muerte... no hay otra posibilidad!!!

Hoy se está trabajando en la producción de armas psico-bio-químicas que son aún más sofisticadas y terribles, pero todos los seres humanos tendríamos que comprender que si se destinara a alimentar al mundo el dinero que se usa en armamentos, alcanzaría el gasto de un año para terminar con el hambre en el mundo.

La humanidad esta entre la paz y el desarme, entre la destrucción de las armas químicas y la destrucción. No hay otra alternativa porque si hay guerra, si no hay desarme, si no se destruyen las armas que existen, la humanidad puede estar condenada a su propia aniquilación. También, el planeta, del que dependemos para existir, corre peligro ya que cuando hay guerra (sea donde sea y del tamaño que sea) hay destrucción de ecosistemas y de recursos naturales. La guerra también tiene como consecuencia la pérdida de biodiversidad.

Es terrible lo que decimos pero tenemos que hablar de estas cosas que son tan crudas como importantes. Nadie puede hacerse el distraído. ¡Ah, otra cosa! No hay armas buenas y amas malas. Las armas son sólo destrucción.
Fuente: somosamigosdelatierra.org

Armas químicas


"El ser humano tardó menos tiempo en tomar ejemplo del zorrillo para atacar a sus semejantes con sustancias pestilentes, que en imitar a las luciérnagas para iluminarse en las noches".
Benjamín Ruíz Loyola.
Lo que en los albores de la historia humana fue una imitación de los mecanismos de defensa que utilizan otros seres vivos (plantas y animales), con el desarrollo tecnológico dio paso a las armas químicas. A diferencia de otro tipo de armas, como las nucleares o los explosivos convencionales, las químicas no afectan gravemente la infraestructura material, y los procesos de descontaminación de las áreas afectadas son más efectivos, rápidos y baratos. Justamente en eso consiste su ventaja estratégica; permiten atacar al enemigo sin destruir de forma irreparable sus riquezas materiales y naturales.

Las armas químicas requieren de dosis pequeñas, del orden de miligramos (o menos), actúan con gran rapidez, su efecto es de corta duración (días, cuando mucho), son de amplio espectro (afectan a humanos, animales y plantas) y son relativamente fáciles de manejar.


Armas legendarias

Las armas químicas no son nuevas; ya en el siglo V a. C. (431-404), durante la guerra del Peloponeso entre Esparta y Atenas, se empleó dióxido de azufre, producto asfixiante que obliga a la evacuación de sitios cerrados como cuevas. Pero no es la referencia más antigua, se dice que los chinos, unos mil años antes de Cristo, ya empleaban humos arsenicales con el mismo fin. En el siglo XVI, los alemanes fabricaban bombas pestilentes a base de pezuñas y cuernos de animales molidos, mezclándolos con una resina vegetal pestilente que recibe el nombre de Asafétida, para posteriormente prender fuego a la mezcla. Como éstos, abundan los ejemplos.

La historia moderna de las armas químicas comienza el l0 de marzo de 1915, durante la Primera Guerra Mundial, cuando el ejército alemán comenzó a colocar cilindros de gas cloro a lo largo de la línea de trincheras de Ypres, en Bélgica, trabajo que duró poco más de un mes. Esperaron a que el viento soplara fuerte hacia el oeste y, finalmente, el 22 de abril de ese año abrieron las válvulas, liberaron más de 150 toneladas del mortífero gas y provocaron cerca de 10 000 casos de intoxicación y 5 000 muertos.

Un cálculo moderado marca que entre 1915 y 1918 se liberaron 125 000 toneladas de compuestos tóxicos distintos, provocando 1 300 000 bajas, entre ellas más de 90 000 muertos. Los productos químicos más empleados fueron el cloro, el fosgeno (un gas asfixiante y casi siempre letal), el gas mostaza (un compuesto que causa graves quemaduras) y los gases lacrimógenos (los mismos que hoy día emplea la policía para disolver manifestaciones).

Entre las dos grandes guerras, se firmó el Tratado de Versalles (Protocolo para la prohibición del uso de gases asfixiantes, venenosos u otros gases, y de métodos bacteriológicos de operaciones militares, 1925), que en esa época fue bastante ignorado. Italia y Japón, entre otras naciones, emplearon armas químicas en diversos conflictos bélicos; mientras tanto, los alemanes se dedicaban a investigar sobre un nuevo tipo de armas químicas. Mientras trabajaba en el desarrollo de insecticidas, y por un accidente en el laboratorio, Gerhard Schrader descubrió en 1935 el primer agente neurotóxico, llamado tabún, que en la clasificación militar estadounidense se conocía como GA (German Agent A). En el accidente, Schrader y su ayudante quedaron expuestos durante breves instantes al tabún (que como insecticida había acabado satisfactoriamente con los piojos empleados para prueba), siendo atacados inmediatamente con dificultades respiratorias y dilatación de la pupila.

Al descubrimiento del tabún pronto le siguió el del sarín y el somán; los tres son compuestos orgánicos (de carbono) que contienen fósforo y afectan notablemente al sistema nervioso central. A pesar de todo, en la Segunda Guerra Mundial no se emplearon armas químicas contra tropas enemigas, más por temor a las represalias que por falta de ellas; quizá en ello influyó el hecho de que Adolf Hitler fue una de las víctimas de ese tipo de armas en la Primera Guerra Mundial.

El tabún, el sarín y el somán son compuestos orgánicos (de carbono) que contienen fósforo y afectan notablemente al sistema nervioso
El tabún, el sarín y el somán son compuestos orgánicos (de carbono) que contienen fósforo y afectan notablemente al sistema nervioso.
Trabajos posteriores al término de la guerra llevaron a la preparación de los compuestos neurotóxicos denominados Vx (en Estados Unidos), RVx (Russian Vx, en la antigua Unión Soviética) y, más recientemente, la serie de agentes denominada Novischok (en Rusia, durante la última década del siglo XX), similares en estructura química al Vx, pero más potentes (el Novischok-5 es unas ocho veces más efectivo que el Vx). Todos estos compuestos son organo fosforados; están hechos a base de cadenas orgánicas unidas a un átomo de fósforo.

Paralelamente se comenzaron a desarrollar en Estados Unidos, las llamadas armas químicas binarias: un par de dispositivos se insertan dentro de un misil, llevando en ellos las materias primas para sintetizar el compuesto químico tóxico, separadas por una membrana relativamente frágil; todo ello evita accidentes al manipular piezas de artillería llenas con el arma terminada. En pocas palabras, se trata de llevar la fábrica dentro del misil; al ser disparado éste, el empuje rompe la membrana de separación permitiendo la mezcla de las materias primas, y el torque proporciona un medio de agitación. La reacción se completa en menos de un minuto, con una conversión casi siempre superior al 95% (mayor que lo que se obtiene en la fabricación de muchas medicinas), de manera que cuando el misil llega a su objetivo, el arma química está lista para actuar. Este sistema se puede utilizar con tabún, sarín y Vx.

Después de la Segunda Guerra Mundial se han reportado diversos incidentes del uso de armamento químico, como los que señalan a Irak por haberlas empleado contra Irán y contra los disidentes kurdos, a finales de la década de 1980. También debe destacarse el empleo por el ejército estadounidense de herbicidas en Vietnam, lo que provocó una contaminación de los suelos escandalosa, al grado de calcularse que muchas áreas tardarán siglos en recuperarse y volver a tener cultivos útiles en ellas.
Benjamín Ruíz Loyola es profesor de tiempo completo en la Facultad de Quimíca de la UNAM y es autor de más de 50 artículos de dívulgacíón.
Fuente: http://sepiensa.org.mx