El loro africano gris


 Loro Africano Gis (Psittacus Erithacus)
Loro Africano Gis (Psittacus Erithacus)
El loro africano gris (Psittacus erithacus) es el más inteligente de entre los psitácidos, quienes detentan, también, la fama de ser los más inteligentes de todas las aves.

Cuando la Dra. Irene Pepperberg, especialista en fisicoquímica del Laboratorio de Psicología de la Universidad de Brandeis y del MIT Media Lab cierra la puerta de su oficina, una fuerte voz la despide con estas palabras: "¡Chau! ¡Que estés bien! Me voy a cenar... ¡Nos vemos mañana!". El amable interlocutor de Irene no es más que Alex, un africano gris que se ha convertido en la estrella de los estudios lingüísticos sobre aves.

"Durante las décadas del 40 y del 50, los investigadores europeos como Koehler y Logle demostraron que los loros grises podían aprender tareas simbólicas y conceptuales a las que a menudo se considera pre o correquisitos para la adquisición de capacidades cognitivas y comunicativas complejas. Los datos de los posteriores estudios de campo y de laboratorio sugirieron que las vocalizaciones naturales de los psitácidos mediaban en las interacciones entre los miembros de la bandada, y que seguramente se aprendían de otros miembros de la misma", dice Pepperberg.

Irene Pepperberg y Alex, en pleno romance
Irene Pepperberg y Alex, en pleno romance
El procedimiento experimental que la científica aplica con Alex y con los otros 3 grises africanos con los que trabaja es ingenioso e impresionante: se basa en mostrarle distintos objetos y materiales (corcho, cartón, una llave, etc.). El juego (que le ha sido enseñado al loro desde que tenía 13 meses de edad) consiste en que, si logra nombrar correctamente el objeto mostrado ("Llave", por ejemplo), se gana el derecho a poseer la llave, y se la entregan. Por supuesto, hay cosas que a Alex le interesan más que una llave: una nuez, por ejemplo. Otra de las reglas del juego dice que, si Alex identifica correctamente una llave y se la dan, luego puede cambiarla por una nuez, pero sólo si la pide verbalmente y en forma correcta. Es decir: le muestra la llave, él dice "Llave", le dan la llave, entonces él dice "Quiero una nuez", y Pepperberg le quita la llave y la reemplaza por una nuez. De este modo, el animal realiza una doble tarea cognoscitiva: reconoce objetos nuevos o distintos, y se ve obligado a desplegar todo un vocabulario de cosas deseadas o necesarias para él, so pena de pasar el resto de su vida comiendo llaves y corchos de sidra. Por cierto que estos éxitos no representan ningún problema para el lorito. Lo viene haciendo todos los días desde hace dieciocho años.

Los estudios de Todt sobre el aprendizaje social entre los miembros de las bandadas de loros grises, junto con el modelo de interacción social en los humanos desarrollado por Bandura, sugirieron a Pepperberg otro procedimiento: imitando la enseñanza que los loros viejos dan a los pichones en estado salvaje, Pepperberg no enseña al loro directamente, sino que le permite observar cómo un humano enseña a otro humano, y las consecuencias del acierto o del error del "alumno".

En efecto: en presencia del psitácido, un alumno muestra al otro un objeto, y le pregunta, por caso: "¿Forma?". Si el otro contesta correctamente "triángulo", el "maestro" lo felicita afectuosamente y le entrega el triángulo. Pero el "alumno" a menudo "yerra" a propósito, equivocándose con el mismo tipo de errores que suele cometer el loro, que, entretanto, observa interesadísimo la escena. Los errores más comunes que cometen los africanos grises son pronunciaciones "sucias" o poco claras e identificaciones parciales. Cuando el alumno se equivoca, el docente lo reta y le quita el objeto.

Dos grandes conversadores
Dos grandes conversadores
Alex observa siempre, porque el modelo social de los loros demuestra que el "alumno" humano no sólo repesenta en la mente de Alex un modelo según cuyos aciertos y errores él mismo basará su comportamiento futuro (es decir, podrá diferenciar lo que está bien de lo que no lo está), es también un rival a superar para obtener el reconocimiento, la complacencia y la estimación del loro maestro, tal cual sucede en las bandadas salvajes.

El esquema de Todt sólo permitía al loro presenciar las clases en calidad de oyente: siempre el mismo maestro hacía de maestro y siempre el mismo estudiante hacía de estudiante. Por eso, el loro sólo se molestaba en responder (y tratar de hacerlo correctamente) a las preguntas de un solo humano del mundo: el que hacía de maestro en el esquema de Todt.

Pepperberg ha ido más lejos: el maestro y el estudiante parados frente a Alex muchas veces invierten sus papeles, e incluso se pone al ave en el papel de maestro o discípulo. Como consecuencia, Alex ha aprendido a interactuar, preguntar y responder a cualquier ser humano que se cruce en su camino.

El largo y persistente entrenamiento de Alex le ha permitido alcanzar alturas lingüísticas increíbles: al mostrársele una etiqueta más grande que el estándar utilizado en el laboratorio, el loro ha dicho: "Acá está tu papel... ¡Un pedazo de papel taaaan grande...!"

Alex domina ya tareas que se consideraban más allá de la capacidad de cualquier organismo excepto Homo sapiens: comprende categorías conceptuales como "igual/distinto", "ausencia/presencia", cantidad y tamaño. Identifica y nombra correctamente siete colores, cuarenta objetos, y tiene un uso completamente funcional de la negación "no" y de los deseos "Quiero tal cosa" o "Quiero ir a tal sitio". Puede distinguir formas geométricas y nombrarlas por su número de ángulos, desde 2 hasta 6. Utiliza cómodamente los numerales del 2 al 6 (éste último lo pronuncia "si" por el inglés "six": aparentemente no puede pronunciar la x).

prestando atención
Prestando atención
Usando esa base matemática, el lorito nombra cantidades de objetos ante él (es decir, ha aprendido a contar), incluso grupos de objetos nunca antes presentados, heterogéneos o arreglados según un patrón azaroso. Combina los nombres de los objetos y sus atributos para describir, identificar, solicitar, rehusar, categorizar y cuantificar más de 100 tipos de objetos diferentes. Su eficiencia en esta tarea se ha demostrado científicamente como superior al 80% (algo que ni el chimpancé más preclaro logra ni por aproximación).

Comprende, además, un concepto (limitado) de lo que es una "categoría". Si se le muestra un triángulo verde y se le pregunta "¿Color?" dirá "verde"; si se le pregunta "¿Forma"? responderá "Tres-ángulos". Pero nunca confundirá las respuestas: jamás responderá con el color cuando se le inquiere respecto de la forma. En otras palabras, es capaz de "recategorizar" la clasificación de un objeto de acuerdo a la categoría acerca de la cual se lo interroga, capacidad de la que se cree que indica aptitud para el pensamiento abstracto.

De hecho, es capaz de reconocer los errores ajenos: si pide agua y se le ofrece comida, negará con un claro y rotundo "No" y repetirá el pedido inicial "Quiero agua". Y lo hará tantas veces como sea necesario hasta que le den lo que él quiere.

N'Kisi en su hábitat
N'Kisi en su hábitat
Por supuesto que Alex no es el único africano gris capaz de hazañas como éstas: un ejemplar llamado N´kisi vio muchas veces la foto de la Dra. Jane Goodall, experta en chimpancés, trabajando con sus sujetos cuadrumanos. Cuando, tiempo después, la conoció personalmente, la saludó espetándole un irrespetuoso "¿Tienes un chimpancé?".

N´kisi es toda una personalidad lingüística: tiene un vocabulario de 950 palabras (muchas más de las que se necesitan para leer en el idioma inglés) y las organiza en frases complejas, aparentemente creadas espontáneamente. Se le muestra un dibujo de un hombre hablando por teléfono e inquiere: "¿Qué haces con ese teléfono?". Una pareja abrazada: "¿Te puedo dar un abrazo?". Los experimentos con N´kisi fueron algo diferentes a los que se llevaron a cabo con Alex: se lo colocó en un cuarto aislado, y se le mostró por televisión a su dueño abriendo, en otra habitación, sobres al azar que contenían dibujos de objetos. El loro los nombró a todos, uno por uno, con una tasa de aciertos tres veces superior a la que hubiese logrado utilizando al azar palabras aprendidas y memorizadas fuera de contexto.

No todo son rosas en el camino de los increíblemente inteligentes P. erithacus: los científicos han encontrado más de una espina puntiaguda.

'Tienes que filmar a ese pájaro'
"Tienes que filmar a ese pájaro"
Por empezar, el loro gris es la tercera especie más vendida como mascota de entre todas las aves y la primera en ventas en los Estados Unidos. Esto, por supuesto, se debe a su brillante inteligencia y a su increíble capacidad mímica. "Irónicamente", afirma la Dra. Diana L. May, del Departamento de Psicología de la Universidad de Arizona, "sabemos apenas nada del comportamiento de estos loros en su estado natural". Según May, los dos motivos por los que deben ser estudiados son, primero, comprender cómo usan en libertad la capacidad cognitiva que demuestran poseer en el laboratorio, y tratar, en segundo término, de preservar las comunidades y poblaciones silvestres para salvarlas de la extinción con que las amenaza el tráfico masivo. A estas dos iniciativas, la Dra. Pepperberg agrega los nuevos conocimientos que puede otorgarnos la neurofisiología comparada de los cerebros avícolas y mamíferos, y la posible aplicación de esos datos en la terapia lingüística sobre niños discapacitados.

Con respecto a la capacidad lingüística de los grises en libertad, el único estudio que existe —de 1993, Cruicksahnk y otros— demostró que esta especie imita con perfección las voces de otras nueve especies de aves... ¡y la de una especie de murciélago! Sin embargo, el análisis no provee ninguna explicación ni motivo para este comportamiento.

Por otra parte, May afirma que es esencial detener el tráfico de loros africanos grises ya mismo, so pena de comenzar a escribir informes científicos sobre la capacidad verbal de una especie... extinta.

Pero, mientras tanto, la fascinación de legos y científicos acerca de estos animales no decae. Dice el profesor Donald Broom, de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Cambridge: "Cuanto más observamos las capacidades cognoscitivas de los animales, más avanzados nos parecen, y el paso más grande parecen haberlo dado los loros".

No todo en la inteligencia tiene que ver con identificaciones, categorías y raciocinio: el sentido del humor es considerado condición también sine qua non para quien pretende ostentar el status de "organismo inteligente". Si no, pregúntenselo a N´kisi, quien, luego de observar a un congénere colgado cabeza debajo de su percha, dijo claramente a los circunstantes: "Tienes que filmar a ese pájaro".
Fuente: axxon.com.ar


Así imformó BBC MUNDO el 1 de Febrero de 2004:

Un loro deja atónitos a los científicos

Habla y mucho. Cuando no encuentra la palabra adecuada la inventa, puede comunicarse telepáticamente y por si todo esto fuera poco, también tiene sentido del humor.

(BBCMundo) No se trata de un robot de última generación sino nada más y nada menos que de un extraordinario loro cuya habilidad ha dejado atónitos a los científicos. N'kisi —de origen africano— cuenta con un vocabulario de 950 palabras y es capaz de crear sus propias palabras si su repertorio le resulta escaso, al igual que lo haría un niño.

Los científicos creen que N'kisi es uno de lo usuarios del lenguaje humano más adelantados en el mundo animal. Este peculiar pájaro puede utilizar las palabras en contexto así como conjugar los verbos en sus diferentes tiempos.


Calidad de vida

Cuando conoció a la doctora Jane Goodall, reconocida por su trabajo con los chimpancés, después de verla en fotografías junto a ellos le preguntó: ¿Tienes un chimpancé?

Como parte de un experimento, el pájaro y su dueño —un artista radicado en Nueva York— fueron colocados en dos habitaciones diferentes. Mientras el artista abría una serie de sobres con distintas imágenes, el loro sin ver lo que sucedía repetía frases relacionadas con las fotografías en cuestión.

Para los científicos N'kisi es un ejemplo extraordinario de la comunicación entre especies. "Cuanto más investigamos las capacidades cognitivas de los animales, más parecen haber avanzado y el mayor salto en este sentido, ha sido en la familia de los loros", señaló Donald Broom de la Escuela de Medicina de la Universidad de Cambridge.

Para Alison Hales, del Fondo Mundial para los Loros, la habilidad de N'kisi debe hacernos reflexionar en la forma en que los tratamos.

"Tal vez no puedan preguntarnos ciertas cosas directamente, pero investigar más profundamente sobre esta especie puede significar un mejoramiento en la calidad de vida de los loros".
Fuente: Axxon.com.ar

Hermanos de abstracciones


Ya hemos hablado desde esta ínclita tribuna acerca de los loros y su singular naturaleza de únicos organismos sintácticos de este planeta aparte de H. sapiens.

Yerra el enjundioso Desmond Morris al decir que el hombre es un mono desnudo; los monos no son capaces de pensamiento sintáctico, es decir que ellos y nosotros podremos compartir las características del primate, pero estamos separados por una distancia tan grande como la que los separa a ellos del gusano plano.

La capacidad sintáctica parecía habernos puesto en el lugar único de una especie que, a través de ella, podía componer óperas, construir portaaviones para pulverizar al vecino o desarrollar los inmunosupresores que posibilitan toda nuestra tecnología de transplantes. Todo gracias a la capacidad de hablar.

Los loros pueden hablar. Ya hemos conocido en estas páginas a la lora de Churchill, que todavía recuerda el discurso antifascista que el Primer Ministro le enseñara hace más de 60 años, y a Alex, el gris africano que ha comprendido conceptos totalmente abstractos como tipo, forma, color, cantidad, categoría o especie. Algo muy por delante (tan por delante como una Ferrari F550 Maranello compitiendo con el vecino en bicicleta) de la supuesta capacidad "lingüística" de otras especies como los monos o los delfines. Acá no es cuestión de qué tan cerca está alguien de ser un mamífero superior, sino de quién tiene más capacidad sintáctica.

Alex es el africano gris (Psittacus erithacus) de la doctora Pepperberg. Alex vive en la Universidad de Brandeis, y, como todos los grises africanos, tiene el cerebro del tamaño de una nuez. Y gracias. Nada tan sofisticado como los grandes y poderosos cerebros de un elefante, un tigre o un gorila.

Pero Alex habla, con profundidad, corrección gramatical, sentido de la oportunidad y gracia mundana. No es el lorito que sólo sabe pedir la papa. Es el lorazo al que se le dice "por color, Alex", y toma cuarenta fichas y las apila según su color. Luego se le dice "por la forma, Alex, por favor", y el psitácido desarma las pilitas y las reordena amontonando las triangulares por un lado, las redondas por el otro, y así. No sólo puede hablar, sino que interpreta correctamente la palabra hablada. Algo que ningún otro animal del mundo, salvo el hombre, es capaz de hacer ni de lejos. El mamífero más inteligente del mundo, como un perro border collie, un caballo criollo argentino o un elefante asiático criado en la India, sólo conoce una palabra en cualquier idioma humano: su propio nombre.

Maestra y alumno...¿O era al revés?
Maestra y alumno...¿O era al revés?
Ahora, los científicos han descubierto que Alex es más inteligente que una parte sustancial de la Humanidad. De hecho, es capaz de entender algo que ningún niño normal menor de 4 años puede comprender: el concepto de cantidades negativas, es decir, ausencia de cantidad. En otras palabras, el concepto de cero o nada. Para ser justo, debo aclarar que la población de Europa en su conjunto, incluida la Iglesia, los matemáticos y los filósofos, tampoco lo entendieron hasta el siglo XIII, en que Leonardo de Pisa (Fibonacci) introdujo el concepto de cero y su símbolo, junto con el sistema numeral indoárabe en una sociedad avanzada pero dominada aún por los engorrosos e hiperprimitivos números romanos.

Lo que Alex entiende con tanta facilidad amarga a los niños con dificultades de aprendizaje, complica la vida de los maestros que los educan, y avergüenza a algunos gobernantes argentinos de triste memoria, que dicen haber aprendido mucho "leyendo las obras de Sócrates", que nunca escribió una palabra.

Alex, el P. erithacus de 28 años de edad, trabaja con la psicóloga comparativa e investigadora cognoscitiva Irene Pepperberg. Y le gusta dar sorpresas a su coequiper humana: un buen día, comenzó a utilizar espontáneamente la palabra "ninguno". Fue en medio de una serie de pruebas para evaluar su capacidad de contar cantidades y su habilidad para describir la ausencia de una cantidad numérica mirando objetos (o la falta de ellos) en una bandeja. Alex pasó la prueba con facilidad.

De inmediato se diseñó toda una serie de experimentos para verificar esta capacidad, en la que Alex demostró a los asombrados científicos que, si se le ponían 16 caramelos en el platito, el plumífero respondía "dieciséis". Si se le ponían 4, decía "cuatro". Si no se le ponían caramelos, decía tranquilamente "ninguno". ¡Vaya, qué pájaro!

Alex, primer organismo sintáctico aparte del hombre
Alex, primer organismo sintáctico aparte del hombre
Los resultados de la investigación de Pepperberg (¿o de Alex el lorito sintáctico?) fueron publicados en el número de julio de la prestigiosa revista internacional The Journal of Comparative Psichology. Los experimentos prueban que el cerebro avícola, aunque se diferencia del de los mamíferos en cuanto a estructura física y organización neurológica es perfectamente capaz de un altísimo procesamiento cognoscitivo, mucho mayor del que anteriormente se pensaba. En otras palabras, los loros piensan. Y mucho. Y bien.

Este descubrimiento es trascendental: es la primera vez que se demuestra que un animal —cualquier animal— es capaz de un pensamiento abstracto elevadísimo, tan abstracto y elevado que se expresa a través de la negación lógica, porque el objeto aludido ni siquiera está allí. Alex habla de la ausencia de un objeto, es decir, de la negación de cantidades aritméticas. Nosotros tenemos que ir a la escuela para lograr lo mismo, con nuestro poderoso cerebro de primate equipando nuestros cuerpos.

Los chimpancés pueden hacer algo parecido, y se cree que el mono ardilla también, pero Alex suma al hecho de ser la primera ave que se percata de lo que Fibonacci se dio cuenta hace siete siglos, la circunstancia de que es el único animal que, hecho este gran hallazgo, lo proclama a voz en cuello. Y, como sabemos, Fibonacci hablaba pero los monos no.

"Alex es el primer pájaro que demuestra haberse dado cuenta de la ausencia de un objeto numérico", dice la investigadora. "No estamos seguros de si los logros de Alex, así como los de algunos otros animales como los chimpancés, pueden obtenerse mediante el mero entrenamiento; más bien, creemos que se basan en capacidades cognoscitivas que son esenciales para su supervivencia, como reconocer los conceptos de 'más' por contraposición a 'menos'". Un loro que sepa esto podrá ir adonde hay "más" comida y ahorrar así horas de vuelo buscándola.

No es la primera vez que Alex menciona la palabra "ninguno". Antes también la usaba, pero sólo cuando se le preguntaba acerca de las similitudes o diferencias entre dos objetos y él pensaba que no se parecían en absoluto. Estamos hablando de fichas o muñequitos de diferentes formas, colores y tamaños. Por ejemplo, si se le mostraban dos fichas verdes pero de distinta forma, Alex decía: "color". Si se le mostraban dos cuadrados, uno verde y otro rojo, Alex decía "forma". Si se le mostraba una esfera amarilla grande y un cubo azul pequeño, el animal declaraba redondamente: "ninguno". Ninguna de las categorías encajaba.

Irene Pepperberg, amiga de Alex
Irene Pepperberg, amiga de Alex
¿Eres tú?
¿Eres tú?
Sin embargo, recién ahora Alex ha comenzado a reconocer que la cantidad "cero" puede ser expresada por la palabra "ninguno". 1 caramelo es "uno", 0 caramelos son "ninguno". Ha elaborado el concepto de ausencia de cantidad.

La científica explica: "Alex tiene un concepto similar al cero; no es idéntico al nuestro, pero nos ha mostrado repetidamente que comprende la ausencia de una cantidad".

El hombre mismo ha tenido problemas con el cero: no todas las sociedades humanas han comprendido que "nada" es la ausencia de "algo" o que "ninguno" es la ausencia de "uno o más". Como hemos dicho, Europa conoció el cero recién en 1202.

La importancia de la investigación numérica descansa en su capacidad de determinar la potencia de la cognición animal y las posibilidades del animal para alcanzar éxitos más complejos. En ese aspecto, los estudios de Pepperberg sobre el cerebro del ave continuarán con investigaciones acerca de cómo cuenta el loro sus caramelos, cómo hace para sumar e incluso restar cantidades.

Más importante todavía: los estudios de la joven, que utiliza un método de entrenamiento conocido como "técnica del modelo rival", también encierra un promisorio futuro en el tratamiento y enseñanza de niños autistas, con problemas de aprendizaje, fallas del lenguaje, incapacidad conceptual numérica e incluso problemas sociales, de relación o de conducta.

La técnica del modelo rival trabaja con dos instructores: uno da las órdenes y el otro presenta respuestas correctas o incorrectas a la vista del ave. El "instructor-alumno" compite como rival de Alex para atraer la atención del "amo". El proceso es totalmente interactivo: "amo" y "alumno" cambian de roles con frecuencia.

El estudiante, en este caso un loro de mediana edad, intenta reproducir el comportamiento correcto. Y normalmente lo logra. "Hasta ahora, esta técnica ha dado buenos resultados al ser utilizada en pequeños grupos de chicos autistas, dirigidos por la médica Diane Sherman de Monterey, California", nos indica la doctora Pepperberg. "Esta clase de investigaciones están cambiando nuestra forma de pensar acerca de los pájaros y la inteligencia, aunque también nos ayuda a romper las barreras entre los humanos y el aprendizaje", concluye. "Y no podemos darnos el lujo de subestimar esos avances".


Los loros miméticos de Genowerks


Localización

Hay Loros Miméticos en todo Urbys, pero se reúnen principalmente en la plaza central de la Manzana de la Ciencia, cuyo nombre oficial nadie recuerda pero que todos mencionan recordando a las aves que lo habitan. Es, simplemente, la Plaza de los Loros Miméticos.

Aunque nunca se ve por allí a ningún cuidador, siempre se halla limpia y prolija. La fuente central, de diseño funcional y severo, tiene en su punto medio una hemiesfera que dispara dos chorros de agua, los que, sin mecanismo o conducto visible, se retuercen en el aire formando una helicoide muy similar a la del ADN; al llegar el líquido a la parte superior se extiende levemente hacia los lados, y cuando se ve el conjunto desde una distancia parece un caduceo de Asclepios cristalino.

En torno a la fuente, árboles frondosos de especies mixtas se ubican en círculos concéntricos. Los ejemplares tienen hojas de una especie conocida pero las ramas de otra, e incluso hay algunos donde se reconocen características de tres o cuatro árboles diferentes. Todos emiten un susurro que acaricia y calma durante el día pero durante la noche invoca oscuros temores en los paseantes, que ya prefieren otras zonas.

En las copas de estos árboles frondosos se hallan con frecuencia ejemplares de loros miméticos, en grupos de tres o más. Se los ha escuchado generando los susurros, pero la teoría es que es por imitación, ya que los loros comunes no susurran.


Historia

Todavía hay quienes cometen del error de suponer que los animales bonitos son inofensivos. En Urbys, nunca se puede dar nada por supuesto. Especialmente si los animales bonitos provienen de Genowerks. Por supuesto, alguna gente no aprendió esa lección que otros asimilaron con dolor.

Las Asambleas de Erradicación que siguieron a la Masacre de Genowerks arrasaron sin piedad con todo animal sospechoso. Los únicos en sobrevivir fueron los loros que ocuparon la plaza central de la Manzana de la Ciencia, ocultándose entre los árboles e imitando de vez en cuando las voces de los paseantes. Pese a haber salido del ominoso edificio, muchos los consideraban sólo pajaritos simpáticos. Como mínimo, podría considerarse esta idea como un grave error.

Tomemos por ejemplo el caso de la señora Evelia Castro de Biancoforte, viuda octogenaria amante de las mascotas y residente histórica de la calle Einstein aún desde antes de que le pusieran ese nombre. Cuentan sus vecinos que luego de criar las más variadas especies de gatos, perros, canarios e iguanas, Evelia decidió volver a cambiar de mascota preferida, para ver si conseguía un tiempo de supervivencia un poco más alto. La mayoría ya habían renunciado a aprender los nombres de los bichos favoritos de la anciana por dos razones: eran un tema de conversación insoportable, y los compañeritos cambiaban cada mes. De modo que su decisión de conseguir un loro para que le hiciera compañía, aunque no presagiaba demasiadas molestias, tampoco pareció alegrar demasiado a nadie. Los que se preocupaban por el posible ruido del loro se consolaban pensando que duraría poco.

El lorito parecía resistente. La incapacidad de Evelia para comprender que los loros no son personas con plumas la hacía alimentar a su nueva mascota con restos de comida picante o medio quemada, resultado de los invariables fracasos de la viuda al intentar cocinar. El bicho medraba con los menjunjes más horrendos y parecía contento. Evelia también. Siempre había querido tener una mascota durable y parecía que su deseo se estaba cumpliendo.

Las previsiones de los vecinos pesimistas también empezaban a cumplirse. Según cuenta su vecina más cercana, doña Carlota Fernández (cronista de precisión indiscutida en lo que se refiere a asuntos del barrio), se despertó un día, muy de madrugada. El televisor de Evelia chillaba a todo volumen en el living. Seguramente habría olvidado apagarlo, aunque era raro que el ruido se hiciera más notable recién a esas horas. Cuando al día siguiente, con toda amabilidad, Carlota habló con Evelia para expresarle su inquietud por los ruidos nocturnos, Evelia aseguró que no había sido el televisor. Explicó con tono preocupado que la fuente del escándalo había sido otra: el loro se había agitado en su jaula repitiendo, palabra por palabra, el diálogo de la telenovela de la tarde. Y costó hacerlo callar. Sacudones fuertes, amenazas susurradas, nada parecía conformar al pájaro. Tras soportar veinte minutos de "Pobre bastarda", incluyendo los cortes comerciales, Evelia atacó a golpes la jaula hasta que el pájaro decidió llamarse a silencio. Aquella fue una noche muy molesta para la anciana señora. "Imagínese, después de semejante zarabanda con el loro no me podía dormir", explicaba.

Unos días más tarde Eulalia Suárez, la habitual compañera de bingo de Evelia, con quien salía cada jueves, contó una historia que a todos sonó disparatada. Mientras acariciaba su cabellera, de un color platinado que era imposible contemplar más de cinco minutos sin tentarse de risa, relató su última visita a Evelia.

"Yo pasé a buscarla para ir al bingo, como hago los jueves, ¿vio?, y la puerta estaba abierta. Entré y ahí estaba el loro. El bicho me miraba, como si me fuera a decir algo. Pero pasaba el tiempo y me seguía mirando, y no hacía ni un ruido. Después de un rato, como si me quisiera espantar, agitó las plumas del cogote. Y en lugar del color verde de siempre, esas plumas tenían el mismo color de mi pelo. El loro me miraba como si se burlara, y cuando ya salíamos, dijo '¡Bingo!' con una voz muy parecida a la mía. No me mire así, no estoy loca. Le estoy contando lo que pasó."


Pero lo peor aún estaba por venir

Afirman los relatos susurrados en el barrio que un día el loro esperó a que Evelia volviera de sus compras y la increpó duramente, reclamando por la penosa calidad de la comida que le servía y lo vulgar de la programación elegida en la televisión. Con su voz engolada de ave imitadora, reclamó más sintonías de los canales con documentales de animales y una comida mejor. Recobrada de su sorpresa, Evelia pretendió aplicar sus prerrogativas de dueña de casa. Increpó al pajarraco con tono indignado, le lanzó una feroz intimación a que ocupara su lugar de mascota y finalmente le espetó que qué se creía él, que ella era la que mandaba en esa casa y que haría lo que quisiera. Y se desató un pandemonio.

No se sabe bien lo que ocurrió después. Sin embargo, el escándalo fue memorable y hubo vecinos alarmados que llamaron a la policía. Un par de patrullas se hicieron presentes pero al abrir, Evelia, muy maquillada y vistiendo un inusual vestido de manga larga en ese anochecer de treinta y ocho grados y noventa por ciento de humedad, atendió a los agentes desestimando la alarma de sus vecinos. Los policías habían visto demasiadas mujeres golpeadas para dejarse engañar. Evelia hizo pasar a su casa a los agentes del orden para tomar un té, haciendo ver que todo estaba bien. Los policías hicieron más que aceptar la invitación: miraron atentamente por si encontraban a algún sospechoso de atacar a la señora. Pero no había nadie, y luego comentaron a sus compañeros que lo único digno de mención era un loro de vivos colores que se hamacaba incansablemente en su jaula y emitía de tanto en tanto un silbido y unos murmullos que por momentos parecían risas.

No hubo más incidentes violentos por un tiempo. Lucrecia, la hija de Evelia, que no la visitaba nunca, apareció de pronto cuando supo del suceso por lo que le contó la policía. Luego de la incómoda conversación inicial, la hija decidió que pronto tendría que internar a su madre en un geriátrico; empezaba a dar muestras de senilidad y tenía una enfermiza obsesión con su loro... un loro que, eso sí, aprendía con mucha facilidad a imitar las conversaciones y miraba a Lucrecia con una fijeza poco natural. De nada valieron las sugerencias de que Evelia se desprendiera del avechucho; parecía ejercer un ascendiente sobre ella que la hija no acertaba a explicarse.

Unas semanas después hubo otro incidente violento, pero breve, en el que también se oyeron gritos y golpes. Suponiendo lo peor, los vecinos llamaron a la policía y a Lucrecia al mismo tiempo. Tardaron en llegar, pero cuando entraron en la casa se encontraron con una Evelia sin rastros de lastimaduras y totalmente serena. Estaba viendo la televisión y se sorprendió mucho al recibir a sus visitantes. Los atendió con una cortesía que Lucrecia no le había visto ni siquiera en sus años más jóvenes. Conversaron plácidamente hasta que los agentes se convencieron de que había sido una falsa alarma y se retiraron. Lucrecia seguía preocupada, pero un rato más de charla consiguió calmarla. Evelia estaba mejor, eso era evidente. Incluso parecía haber tomado cierto interés en los programas de animales de los canales educativos del cable, algo sorprendente pero muy reconfortante. Finalmente Lucrecia decidió irse, convencida de que no tenía ya nada de qué preocuparse. Pensó que en verdad todo estaba muy bien; su alivio era palpable y mientras volvía a su auto se felicitó por haber mejorado su habilidad para convencer a su madre cuando era necesario; le producía una absurda satisfacción haber notado que el loro ya no estaba en la jaula.
Fuente: Axxón.com.ar

El loro de Einstein


La ciencia, lamentablemente, tiende cada vez más a carecer de humor. La ciencia, por desgracia, se vuelve cada vez más encorsetada, ajena al común de la gente, estirada, aburrida, académica y aislada.Pero hay excepciones.

Hay un tipo maduro que se llama Steve. Es un clarinetista de 45 años de edad, que al parecer toca muy bien.

Pero no es lo único que hace: es un hombre múltiple. Steve Mirsky (que así es su nombre completo) es un excelente actor, con un título en Arte Dramático por la Academia Norteamericana de Arte, y también es un competente químico recibido en la Universidad de Cornell.

Steve Mirsky Además de todo ello, es especialista en la teoría de la evolución y un muy buen fotógrafo de vida silvestre.

¿Es todo? De ningún modo. Mirsky es también, y desde hace como siete años, editor de Scientific American (acaso la revista científica más importante del mundo) y uno de sus columnistas estrellas.

Para completar el retrato de Mirsky, no puede faltar un dato: por sobre todos sus intereses y capacidades (química, fotografía, actuación, evolucionismo, editor, músico y periodista científico), el bueno de Mirsky es un sutil, profundo y brillante humorista.

Y, si no, miren lo que acaba de publicar en Sciam, burlándose del descubrimiento (que hemos comentado desde esta columna) del loro de Churchill, que sigue denostando a Hitler y sus nazionalsocialistas... Como la mayor parte del artículo se basa en juegos de palabras incomprensibles en castellano, encarezco al lector leer detenidamente (si conoce el idioma) el original inglés, accesible desde el enlace que se indica al pie de este Zap.

A fines de abril la Associated Press anunció el descubrimiento de un diario escrito por una dama, Johanna Fantova, que fuera íntima amiga de Albert Einstein. "El diario, de 62 páginas y escrito en alemán, fue descubierto en febrero entre los documentos de Fantova depositados en la Biblioteca Firestone de la Universidad de Princeton, donde ella trabajó como curadora", dice el cable de AP. Una de las más fascinantes revelaciones del diario es que Einstein recibió un loro como regalo el día en que cumplió 75 años. De acuerdo con AP, "luego de darse cuenta de que el loro estaba deprimido, Einstein trató de levantarle el ánimo contándole chistes malos".

Los loros pueden vivir más de un siglo. A principios de mayo yo pude (o pude no) haber encontrado un loro que puede (o puede no) (1) ser el que perteneció a Einstein. Hablando en un inglés con fuerte acento germánico, el loro recitó un monólogo. He aquí su transcripción (hacer click en cada número):
  • "¿Cómo pido cerveza en un bar?
  • Digo 'Ein stein para Einstein' (2) ".
  • ¿Cuál es la diferencia entre un jabalí salvaje y Niels Bohr? (3)
  • Cuando digo que Dios no juega a los dados, un jabalí salvaje no me dice 'dejá de decirle a Dios lo que tiene que hacer'.
  • ¿Qué le decís al hombre que desarrolló el Principio de Exclusión? '¿Pauli quiere la papa?' (4) .
  • Wolfgang Pauli, ¿entendés? Hola...
  • ¿está prendido, esto? Uno, dos, tres, probando...
  • Eh, loro, tuve un sueño en el que yo hacía el amor con Rita Hayworth durante más de una hora.
  • Bueno, fue una hora para ella.
  • Para mí fueron 35 segundos.
  • Eso es relatividad. Okey,
  • Newton está parado sobre los hombros del gigante, y dice: (5)

  • 'Hey, gigante, ¿cómo me bajo de vos?'
  • y el gigante contesta: 'Vos no te bajás de mí, vos descendés de un pato' (6) .
  • Ése me encanta.
  • Loro, decime, ¿qué es una contracción de Lorentz?
  • Es cuando la señora de Lorentz se da cuenta de que está por parir.
  • No es lo mismo una dilatación de tiempo, que tiempo de tener una dilatación, ¿entendés?
  • Eh, si Ruby Keeler se casara, eh, y John Wheeler se recibiera de médico y se fuera a trabajar a Las Vegas,
  • ella sería Ruby Keeler Wheeler la dadora de sanadores. (7) Einstein y Paulie Bueno, estaban esos dos mellizos de 20 años. Uno se fue a dar la vuelta al universo a una velocidad enorme, y el otro se quedó en la Tierra. Después de un año vuelve y se encuentra con su hermano, que ahora tiene 95 años de edad. El mellizo viejo mira al mellizo joven, y se pone a llorar. El joven le pregunta
  • '¿Por qué llorás?' y el viejo le contesta:
  • 'Porque estoy muy contento'.
  • '¿Contento de verme'?
  • 'Sí. Los $ 100 que me debías ahora son $ 100.000'. Por los intereses.
  • Bueno, esos fueron los chistes, loro.
  • ¿Qué? ¿Qué no te gusta vivir en una jaula?
  • Sí, sí, imaginate ser el hombre más famoso del mundo.
  • No puedo ir ni siquiera a cortarme el pelo.
  • ¿Sabés? Sos un buen oyente para ser loro.
  • Uy, muchacho, parece que acabaras de hacer un movimiento browniano.
  • Menos mal que alineé la jaula con la proposición de mi constante cosmológica.
  • Esa proposición fue el segundo error más grande de mi vida.
  • El primero fue mi proposición de matrimonio a mi primera esposa.
  • Ba-dum-bum. Loro, si tenés un ciervo de plástico sobre el pasto debajo de las luces de Navidad, cuando las enciendas vas a tener un efecto fotoeléctrico (8) .
  • ¿Cómo se llama a Leo Szilard y Enrico Fermi recogiendo el ancla?
  • ¡Retracción en cadena! ¿Te parece malo?
  • Y eso que no me escuchaste tocar el violín.
  • Van Schrödinger y Heisenberg en auto por la ruta,
  • y Heisenberg dice 'Me parece que pisaste un gato'.
  • Schrödinger pregunta '¿Está muerto?'.
  • Y Heisenberg contesta, jeje, escuchá esto:
  • 'No puedo estar seguro'. Bueeeeno...
  • Así que acá está el hombre más inteligente del mundo hablando con un loro.
  • Hey, loro, no es una broma... es la historia de mi vida".
Fuente: axxon.com.ar

El loro de Churchill


Una voz desde el pasado

Cuando uno camina por el jardín del señor Peter Oram, en Reigate, Surrey, Inglaterra, puede sentirse sorprendido al escuchar una fuerte voz que proviene de los árboles: las palabras que oirá, dichas a voz en cuello, son: "Fuck Hitler! Fuck the nazis!".

"Yo conozco esa voz", posiblemente se diga uno. Muchísimas personas en el mundo han escuchado ese particularísimo arrastre de dicción, esa entonación distintiva. Y, definitivamente, todos los ingleses la conocen desde la cuna.

La entonación es una imitación perfecta de la voz de Sir Winston Churchill, primero Jefe de Policía y luego Alcalde de Londres, que pasó a la historia como el hombre que ganó la Batalla de Inglaterra y uno de los "cerebros" de la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial.

"Fuck Hitler. Fuck the nazis!" (sin traducción elegante al castellano, pero cualquiera sabe lo que la frase significa), repite la voz. Mirando mejor, es posible que uno vea a un hermoso loro azul y oro, parado tranquilamente en una rama e insultando a los gritos al líder nazi y a su Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores. Tanto uno como otro desaparecieron en 1945, con la llegada a Berlín del Ejército Rojo.

Charlie, hoyEl lorito en cuestión, de nombre Charlie, es una hembra de guacamayo azul (Ara ararauna), una especie muy extendida por la mayor parte de América, desde Panamá hasta el sur de Bolivia y Perú.

El guacamayo Charlie rompió el cascarón a principios del año 1900, y vivió feliz en una especie de mercado persa de animales londinense hasta 1937, en que fue adquirido por Churchill. Observando la innata predisposicón del ave a hablar y jurar como un cosaco, el ya entonces Primer Ministro le enseñó pacientemente a insultar a Hitler y a sus nazis. El animal, por supuesto, aprendió, de paso, a imitar la voz de su amo. Churchill insistió en que la guacamaya dijera sus palabrotas especialmente cuando entraba alguien. Evidentemente, no le satisfacía la diversión privada, sin testigos.

Cuentan los memoriosos que era muy gracioso observar las reacciones de los pacatos y flemáticos Lords del almirantazgo, embajadores, pares del reino y personajes similares cuando, al entrar a la sala de reuniones del 10 de Downing Street, eran recibidos al poco ortodoxo grito de la proaliadísima Charlie.

Charlie vivió feliz entre sus compañeros animales: Churchill poseía, aparte de la guacamaya, caballos, ovejas, cerdos, vacas y... ¡un leopardo!

Charlie es el ave más vieja actualmente viva en Gran Bretaña, y uno de los plumíferos más ancianos del mundo. Tiene, comprobados, 104 años de edad y goza aún de buena salud.

A la muerte de Churchill, en 1965, Charlie fue vendida por los herederos del Primer Ministro (les "molestaba su lenguaje") a su actual poseedor, Mr. Oram. Él mismo cuenta, risueño, que en el edificio donde vivía anteriormente lo obligaron a mantenerla encerrada dentro, porque "el ave enseñaba un vocabulario incorrecto" a los niños. Ahora, hace 12 años que esta reliquia de la historia británica vive (e insulta a los fascistas) en un gran centro de jardinería en Surrey, propiedad de Oram.

"A decir verdad, se la ve un poco zaparrastrosa, pero es muy popular entre los clientes. Todos la queremos mucho", afirma Sylvia Martin, una empleada de Oram. Lo del aspecto poco elegante del ave se debe a que la vejez le ha hecho caer algunas plumas. "Ahora ya no habla mucho, sólo dice ´¡Hola!´ y ´¡Adiós!´". A pesar de estar en apariencia "reformada", la lorita del lenguaje brutal sigue, ocasionalmente, acordándose de los parientes del líder nazi. Dice Martin: "Se emociona con la música, y cuando se la ponemos, baila. Está en muy buen estado físico".

La increíble longevidad de Charlie (al fin y al cabo, ha sobrevivido en 59 años a su odiado enemigo y en casi 40 a su amo y "maestro") no es un fenómeno sorprendente para los expertos: "Bien cuidado, un loro puede vivir hasta 110 años en cautiverio", explica Steve Nichols, fundador y director del Santuario Nacional Británico de Loros. En su estado salvaje, sin embargo, rara vez superan los 40 años.

La extraña capacidad lingüística de los psitácidos (la familia zoológica a la que pertenecen loros, cacatúas, cotorritas, papagayos, loros y guacamayos) ha sorprendido y encantado a la Humanidad desde la más remota noche de los tiempos. Todas las especies se caracterizan por su sorprendente inteligencia, a tal punto que ya los antiguos creían encontrar contextualizaciones en las vocalizaciones de sus loros.

Comprendan lo que dicen o no, muchos ejemplares aprenden, en sólo dos años, increíbles vocabularios de más de 200 palabras, y normalmente las utilizan en los momentos y los lugares adecuados. Charlie, por ejemplo, prefiere (y prefería en 1940) insultar a Hitler cuando entraba un desconocido, porque así se le había enseñado.

Y es toda una recompensa para quien los entrena que los loros hablen: "Al loro le cuesta un enorme esfuerzo físico hablar. Tienen que utilizar todos los músculos del cuerpo para proyectar la voz humana fuera de la garganta a un volumen tal que resulte inteligible", nos dice Ryan B. Reynolds, experto investigador de los loros y su capacidad verbal. "Por eso, sólo aprenden a hablar cuando han establecido un fuerte lazo emocional con quien les enseña".

Algunas experiencias indican que el aprendizaje de los loros viene dada por una capacidad innata de aprender los lenguajes de otras aves. Es obvio que si a usted lo abandonan en el medio de China para que se las arregle por su cuenta, su capacidad lingüística mejorará mágicamente un 500 ó 600%, y aprenderá el cantonés muchísimas veces más rápido que si se lo enseñara un profesor, con esfuerzo y dedicación, en el patio de su casa. El idioma se le ha vuelto una necesidad de supervivencia, y usted, de pronto, se convierte en un lingüista experto, especialista en chino cantonés. Pero el alemán le sigue resultando tan incomprensible como antes, porque lo que usted necesita desesperadamente saber es cómo se dice "consulado argentino" en cantonés.

Con los loros pasa lo mismo: se trata de especies altamente sociales, con lazos familiares y de clan muy fuertes. Como suelen vivir todos juntos, y migran y se desplazan de manera constante, es muy frecuente que un loro de una bandada quede "perdido" o "atrapado" en otra bandada. Como los "dialectos" de cada clan son muy diferentes, el loro "extranjero" se ve forzado a aprender el lenguaje de su nueva bandada, a fin de poder comunicarse con sus congéneres. Esta capacidad de "aprender idiomas" está impresa en sus genes, y simplemente la aplican espontáneamente cuando se ven obligados a convivir con seres humanos. Comprenden de inmediato que es muy fácil obtener alimento cuando dicen "La papa para Pedrito" (o un insulto antifascista), y obran en consecuencia.

Por supuesto, el nivel de comprensión verbal de este tipo de aves sigue siendo materia de discusión. Y, seguro, lo seguirá siendo por mucho tiempo.

Mientras tanto, una lorita inglesa, toda una lady, sigue, de vez en cuando, diciendo palabrotas acerca de un hombre muerto hace mucho, acaso recordando los espantosos bombardeos sobre una Londres poblada de civiles. El hombre que la entrenó tampoco vive, pero ella, más de seis décadas después, no ha olvidado ni una sola de las palabras que Sir Winston le enseñó en aquellos días amargos.

El biógrafo de Churchill, James Humes dijo: "Tal vez Churchill ya no esté entre nosotros, pero sus palabras de desafío y resolución siguen oyéndose". Quienes visitan, hoy en día, el parque del Sr. Oram en verdad las oyen.
Fuente: axxon.com.ar


Así imformó REUTERS el 22 de Enero de 2004:

Encuentran vivo al loro parlanchín de Winston Churchill

Tiene 104 años y se mantiene en forma

(Reuters) La mascota de Winston Churchill, un charlatán loro de 104 años, no se rindió el lunes a la curiosidad de los periodistas después de que un diario inglés informara de que había seguido su pista y había comprobado que estaba vivo.

"Han estado tratando de hacerlo hablar todo el día, pero no ha dicho mucho", dijo Sylvia Martin, directora de la clínica para animales Heathfield donde el loro Charlie ha vivido durante los últimos 12 años.

Charlie, quien acompañó a Churchill en casi todas sus andanzas en la Segunda Guerra Mundial, era famoso por decir en voz alta palabrotas obscenas y altisonantes sobre Hitler. Sin embargo, Martin dijo a Reuters que la alegre mascota se había calmado con la edad.

"Ya casi no dice nada, sólo un ocasional 'Buenos días' y quizás un 'Hasta pronto', pero nada más. Aunque sigue emocionándose con la música y baila mucho (...) está en forma".

Todos se refieren a Charlie como "él", a pesar de ser una hembra.

El actual propietario del simpático pájaro es Peter Oram, dueño de la clínica para animales Heathfield.

El suegro de Oram vendió el loro a Churchill y cuando el famoso político británico murió en 1965, la familia del estadista le pidió a Oram que se quedara con el ave.

Steve Nichols, fundador del Santuario Nacional Británico para Aves, dijo que los loros en su ambiente natural viven por lo regular 40 años, aunque tiene documentos que prueban que algunos han vivido hasta los 110 años.

"(Charlie) obviamente tuvo la mejor vida posible", opinó.


Loros



Índice
El loro de Churchill
El loro de Einstein
El loro africano gris
Los loros miméticos de Genowerks
Hermanos de abstracción