¿Ángeles o extraterrestres? -Parte 1-


Se dice que los ángeles son entidades superiores, no humanas, puras y perfectas, que sirven a un propósito superior. Más conocidos en la religión cristiana por sus constantes apariciones en La Biblia, aquellos seres se muestran como mensajeros de Dios e intervienen en asuntos humanos. Sin embargo, ¿todos lo casos que se mencionan en las escrituras corresponden a entidades no físicas y realmente “divinas”? Los “malach”, o “mensajeros” en hebreo, el lado oculto e incomprensible de Dios, serían en realidad seres inmateriales que no tienen nada que ver con los tripulantes de los ovnis. Es notable que la presencia de ambos, seres angélicos y extraterrestres, se entremezclen en los relatos antiguos en diferentes episodios. Veamos algunos episodios incómodos.

"Me llevaron a un lugar donde los que están son como fuego abrasador, y cuando quieren, se aparecen como hombres"
Libro 1 de Enoch. 17,1
El texto en mención —escrito supuestamente por Enoch, un personaje del Antiguo Testamento— forma parte de las tres copias recuperadas por el famoso explorador James Bruce, cuando en 1773 retornó de su trabajo de seis años en Abysinia. Esta información, misteriosamente, se había perdido luego del denominado Concilio de Laodicea, en el Siglo III. Del “Libro de Enoch” existen dos traducciones al inglés, hechas por R. Lawrence (1821) y por R.H.Charles (1912). En los siguientes años, salieron a la luz diversas partes del texto original en griego, y más tarde, con el descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto en Qumran, aparecieron siete copias fragmentarias en texto arameo, que se encuentran actualmente en el Museo del Libro en Jerusalén, confirmando lo dicho en las copias traducidas. Sus desconcertantes afirmaciones, hay que decirlo, ha causado gran controversia entre los eruditos.

Y es que Enoch no sólo describe sus “encuentros cercanos” con aquellos seres venidos del cielo, sino que aporta más luces a un hecho perdido que se menciona en la mismísima Biblia, concretamente en el Capítulo 6 del Génesis: la unión de los “Hijos de Dios” con “Las Hijas de los Hombres”.

En el “Libro de los Vigilantes” de Enoch, se afirma lo siguiente:

    “En aquellos días, cuando se multiplicaron los hijos de los hombres, sucedió que les nacieron hijas bellas y hermosas. Las vieron los ángeles, los hijos de los cielos, las desearon y dijeron: Escojámonos de entre los humanos y engendremos hijos.

    Semyasa, su jefe, les dijo:

      -Temo que no desean que tal acción llegue a ejecutarse y sea yo quien pague por tamaño error.

      Le respondieron todos:

      -Juremos y comprometámonos, bajo anatema, entre nosotros, a no cambiar esta decisión y a ejecutarla ciertamente.

    Entonces juraron todos de consuno y se comprometieron a ello bajo anatema. Eran doscientos lo que bajaron a Ardis, que es la cima del monte Hermón, al que llamaron así porque en él juraron y se comprometieron bajo anatema. Estos eran los nombres de sus jefes: Semyasa, el jefe supremo; Urakiva, Rameel, Kokabiel, Tamiel, Ramiel, Daniel, Ezequiel, Baraquiel, Ásael, Armaros, Batriel, Ananel, Zaquiel, Samsiel, Turiel, Yomiel y Araziel” (1)

¿Ángeles o extraterrestres? La escena del descenso de los 200 Vigilantes “venidos del cielo” es descrita detalladamente por Enoch. Y este acontecimiento, en contra de la idea general de que sucedió hace unos pocos miles de años, en realidad, ocurrió en tiempos más lejanos. Para tener una idea de este extraño episodio, recordemos de que el Génesis bíblico cita al propio Enoch como un patriarca longevo de una séptima generación después de Adán (Génesis 5:18). Como recordamos, más tarde aparecerán hombres muy notables como Matusalén y Lamec, este último padre del célebre Noe, quien acorde al conocimiento que hemos recibido en la experiencia de contacto, era un superviviente de la discutida Atlántida. Desde luego, el “Diluvio Universal” alude al cataclismo que terminó con la isla de Platón, y que dicho sea de paso muchas culturas del mundo recuerdan vivamente en sus leyendas. Por todo ello, si Enoch pudo describir lo que pasó en el Monte Hermón, lugar enclavado entre la actual Siria, Líbano e Israel¾, es porque se trataba de un acontecimiento antiguo: ¿la unión de seres extraterrestres con las hijas de los hombres de Lemuria? ¿Acaso no eran “ángeles” los enviados del cielo?

Independientemente de la existencia real de los ángeles —como seres de luz y enviados de Dios— cosmonautas de otros mundos llegaron a la Tierra y se unieron a la raza humana. Para que ello hubiese sido posible, teníamos que guardar cierta compatibilidad genética. Y sin duda la tenemos con más de una civilización extraterrestre.

No sólo la Biblia y los mal llamados “libros apócrifos” mencionan aquella “mezcla” entre seres humanos y visitantes del cielo; diversas culturas del mundo atesoran indiscutibles referencias a “los dioses” que se unieron a las mortales. Por si ello no fuese suficiente —al menos para pensarlo— existen pinturas rupestres, con una antigüedad de miles de años, que recrean aquel capítulo controvertido de nuestra historia. Un ejemplo claro es el arte rupestre que se encontró en 1976 en el desierto de Tasili (Argelia). Cuando la expedición de Rafael Brancas hizo este hallazgo de seguro se llevó una gran sorpresa: un extraño ser humanoide, ataviado con lo que parece ser un casco, lleva a tres mujeres de raza negra hacia un objeto esférico que yace detrás de él. ¿Un hijo del cielo con las hijas de los hombres? Estas uniones, por lo que hemos comprendido en nuestra experiencia de contacto, no formaban parte del plan de visita extraterrestre a nuestro mundo, una “misión” que procura la asistencia y observación permanente de nuestro planeta. Se habría tratado de un error de los seres que tenían como encargo cuidar nuestro mundo.

Como fuese, no es el único episodio que revela la presencia de seres físicos que llegaron del “cielo”. También está el testimonio de sus naves…


Los carros de fuego

Los carros de fuego Sentado junto al río Kebar, en Babilonia, Ezequiel vio a lo lejos un “torbellino” aproximándose; aquel fenómeno misterioso, de pronto, se convirtió en una nube de fuego que luego aterrizó con gran estruendo. El personaje bíblico se encontraba ahora frente a un vehículo deslumbrante que le parecía estar compuesto de ruedas, alas y criaturas vivientes. También llevaba un trono, sobre el cual iba sentada una “silueta de forma humana”. Para Josef F. Blumrich —ex ingeniero de la NASA— Ezequiel estuvo frente a un vehículo concreto y real, y no ante una visión. Si fue así, ¿a quiénes pertenecía aquel vehículo que volaba ante los ojos del profeta? Y es que uno de los libros antiguos que tendría mayores referencias a posibles visitas extraterrestres en el pasado es la Biblia.

A pesar que oficialmente la Iglesia Católica y diversas organizaciones cristianas niegan que los textos bíblicos hagan referencias a encuentros cercanos con visitantes de otros mundos, lo cierto es que las evidencias están allí, lejos de tratarse de una “mala interpretación” de los acontecimientos. Lo preocupante de todo ello es que muchas veces el fanatismo religioso ha tildado al fenómeno ovni como “manifestaciones de demonios”. De hecho, en el proceso de contacto, aprendí que es importante mantener una línea objetiva y equilibrada frente a las experiencias y, más aún, ante las intensas informaciones recibidas. Claro que hay de todo en el Universo; sin embargo, si los seres que nos visitan nos hubiesen querido hacer daño, hace mucho tiempo lo hubiesen hecho, pues llegan a la Tierra antes de que apareciera el ser humano. Sin ir muy lejos, llamar “diabólico” a todo aquello que no entendemos nos coloca en un panorama similar al de la Inquisición — ni qué decir de aquellos que terminaron en la hoguera— y a la tristemente recordada “extirpación de idolatrías”, que tanto daño le hizo a la humanidad al perderse valiosa información de culturas tan impresionantes como los mayas e incas, de quienes se perdieron sus principales códices y quipus. Pienso que la objetividad puede ir de la mano de una mente abierta, si sabemos discernir y al mismo tiempo abrir nuestros ojos al bosque y no sólo al árbol que tenemos al frente.

En todo caso, como una breve, citaré a continuación las referencias más notables que nos ofrece la Biblia sobre visitantes de otros mundos. Saquen sus propias conclusiones.

  1. Un objeto volador acompaña al pueblo hebreo, similar a las naves de forma tubular o “nodrizas” que han sido fotografiadas desde los años 50.

    “Se levantó el Ángel de Yahvé que marchaba al frente del ejercito de Israel, y se puso detrás de ellos. Se levantó también la columna de nube de delante de ellos y se colocó a la espalda, intercalándose así entre el campamento de los egipcios y el campamento de los israelíes. Era nube y tinieblas (por una parte), y (por la otra) iluminaba la noche, de modo que no pudieron acercarse aquellos a estos en toda la noche”
    Éxodo14,19-20

  2. La destrucción de dos ciudades bíblicas es muy similar a la devastación atómica que sufrió Hiroshima y Nagasaki en la Segunda Guerra Mundial.

    “Entonces Yahvé hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego que venia de Yahvé, desde el cielo. Y destruyó aquellas ciudades, y toda la llanura con todos los habitantes de las ciudades, hasta las plantas del suelo. Mas la mujer de Lot miró atrás y se convirtió en estatua de sal. Se levantó Abrahan muy de mañana y se fue al lugar donde había estado en pie delante de Yahvé. Miró hacia Sodoma y Gomorra, y hacia toda la región de la llanura, y vio que de aquella tierra subía humo, como el humo de un horno”.
    Génesis 19,24-28

  3. Un vehículo volador lleva a los cielos al profeta Elías.

    “Mientras seguían andando y hablando, he aquí que un carro de fuego y caballos de fuego separaron al uno del otro y subió Elías en un torbellino al cielo. Eliseo miraba y clamaba: ¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su caballería! Y no lo vio más”
    Reyes 2,11-12

  4. El profeta Daniel describe a un ser humanoide, cuyas características son muy similares a los modernos encuentros cercanos, donde se ha aprecian trajes “brillantes” en los extraterrestres y detalles metálicos que en algunas ocasiones recuerdan el brillo del oro.

    “El día 24 del primer mes, estando yo a la orilla del gran río, el tigres, alcé mis ojos y miré, y vi a un varón vestido de lino blanco y ceñidos los lomos de oro de Ufaz. Su cuerpo era como el crisolito, su rostro parecía un relámpago, sus ojos eran como antorchas de fuego, sus brazos y sus pies tenían el brillo de bronce bruñido y el rumor de sus palabras era parecido al estruendo de un gran gentío”.
    Albert Einstein

  5. Una de las más polémicas: el ovni que guía a los tres reyes magos al lugar de nacimiento de Jesús. Notar que aquella “estrella” se mueve, y luego se detiene sobre el área donde estaba el niño. Un niño más que especial, y que había concitado la atención de los visitantes de las estrellas…

    “Cuando hubo nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos del Oriente llegaron a Jerusalén, y preguntaron: ¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto su estrella en el Oriente y venimos a adorarlo”.

    “…Con estas palabras del rey, se pusieron en marcha, y he aquí que la estrella, que habían visto en el Oriente, iba delante de ellos, hasta que llegando se detuvo encima del lugar donde estaba el niño. Al ver de nuevo la estrella experimentaron un gozo muy grande”.
    Mateo 2,1-2,2-104

Desde luego, hay mayores referencias en la Biblia. Y cada una de ellas merece un estudio más profundo. Muchos autores se han hecho eco de estos acontecimientos “extraños” y de otras “anomalías” en nuestra historia antigua que alude a los no-identificados5. Desde luego, en este artículo no procuro —tampoco podría— abarcar toda la documentación existente de “ellos” a lo largo de nuestra historia. Pero al menos sí reflexionar —de algún modo intentarlo— por qué estuvieron aquellos seres en nuestro mundo, siguiendo nuestros pasos, observando todo de cerca, al punto de asistir los momentos más extraordinarios y especiales de nuestro proceso, incluyendo el nacimiento y la vida de Jesús, quien, dicho sea de paso, no era un “extraterrestre”, sino un maravilloso ser humano.

Y debo añadir: los extraterrestres también creen en Dios. En el mismo Dios en el que nosotros creemos.

Fuente: legadocosmico.com


¿Ángeles o extraterrestres? -Parte 2-

¿Pueden ser los ángeles de la antigüedad?

¿Pueden ser los ángeles de la antigüedad?

Ahora bien, de acuerdo a la enseñanza religiosa tradicional, los ángeles son sustancias completas e inteligentes, dotados de alguna virtud o poder. Una declaración del IV Concilio de Letrán sostiene: “Firmemente creemos y simplemente confesamos, que por su omnipotente virtud, Dios creó de la nada a una y otra criatura: la espiritual y corporal; es decir la angélica y la humana”. Y de hecho es así. Mas hay una diferencia importante entre ángeles y extraterrestres. En contraparte, los extraterrestres, al igual que los seres humanos, no fueron creados “perfectos” como los ángeles, sino que a lo largo de un camino de evolución pueden alcanzar esa perfección.

Los ángeles existen como mensajeros de Dios —aquella fuerza creadora de lo visible e invisible— siendo sus portavoces en este Universo de la materia. En otras palabras, los ángeles no pertenecen a nuestra realidad física, sino a un plano superior, en cambio los seres extraterrestres se mueven en una realidad física y material, independiente del tiempo del que provengan. El problema es que cosmonautas de otros mundos fueron confundidos —y me imagino que muchas veces— como “dioses” o “ángeles”. Esta afirmación puede resultar chocante. Sin embargo, desde 1994, monseñor Corrado Balducci, un importante prelado del Vaticano y amigo personal del Papa Juan Pablo II, demolió el escepticismo religioso al sustentar que los ángeles en carros de fuego que se mencionan en la Biblia podrían ser los ovnis que en la actualidad nos visitan.

Monseñor Balducci, fallecido en Roma en septiembre de 2008, fue uno de los más importantes teólogos de la Iglesia Católica —al punto de haber formado parte de la Comisión para revelar el Tercer Secreto de Fátima—. Incluso afirmó en su momento la existencia de un comité del Vaticano que estudia los encuentros con extraterrestres. Así como se lee… En sus recordadas entrevistas televisivas, el prelado manifiesta a boca de jarro de que los encuentros entre extraterrestres y seres humanos no son ni diabólicos ni consecuencia de alucinaciones, y por tanto deben estudiarse con rigor y seriedad. La repercusión de estas declaraciones —en la RAI italiana, la televisión más católica y una de las más conservadoras—, dio la vuelta al mundo. Debido a ello el propio Balducci fue ponente en numerosos Congresos sobre el fenómeno ovni —y siempre con sotana—.

Aunque Balducci no es el primero en sugerir que cosmonautas de otros mundos fueron confundidos con ángeles en el pasado, su aporte ha sido contundente por haber sido una autoridad respetada en el Vaticano. Su análisis, simple y lógico, rompió estructuras mentales: una cosa son seres inmateriales como mensajeros de Dios, y otra cosa seres físicos que utilizan vehículos para desplazarse. A esta línea de pensamiento se ha sumado recientemente el Director del Observatorio Vaticano, José Gabriel Funes, al sostener que la vida inteligente extraterrestre no cuestiona el dogma de fe y que “esos seres también serían hijos de Dios”. El propio Funes reconoce intrínsicamente que una cosa son los ángeles y otra seres físicos procedentes de otros mundos.

Monseñor Corrado Balducci Dudo de que los ángeles necesiten de vehículos o tecnología para llegar a la Tierra y ejecutar sus misiones divinas. He allí el primer contraste con las apariciones de los ovnis y aquellas formas humanas que salían de ellos en la prehistoria. Por otro lado, también resulta desconcertante cómo los ángeles toman corporeidad, al punto de comer —como ocurrió con la familia de Lot en el episodio de Sodoma y Gomorra— y hasta protagonizar una pelea “cuerpo a cuerpo” con Jacob. Más allá de los símbolos, podríamos hallarnos ante hechos reales perdidos en aquel tiempo, más humanos que divinos, como la unión de los hijos de Dios con las hijas de los hombres que vimos anteriormente. ¿Los ángeles engendran hijos? Al parecer —creo yo— los ángeles no se involucrarían en esas cosas.

Los ángeles —miríadas de ellos según la Biblia— están constituidos en jerarquías espirituales, entre ellas se mencionan los tronos, dominaciones y potestades; luego siguen los serafines y querubines, y finalmente los arcángeles y los ángeles. Según Santo Tomás, autor de la documentada Suma Teológica, los ángeles son espíritus puros, que no están viviendo en el mundo material como el ser humano. Ni como los extraterrestres. Si estudiamos detenidamente las extrañas apariciones de la Biblia y otros textos sagrados, comprenderemos que nos hallamos en realidad ante visitantes físicos —no ángeles etéreos—, de aspecto humano, que llegan en vehículos voladores e imparten conocimientos a los hombres.

Ya lo dijo Jesús: “En la casa de mi padre, muchas moradas hay…”


Referencias

  1. “Apócrifos del Antiguo Testamento”. Tomo IV. Ediciones Cristiandad, Madrid, 1984.

  2. Se le llama “apócrifo” a los textos que no se han declarado como canónicos; es decir, que no forman parte del catálogo de libros sagrados admitidos por la Iglesia Católica. El criterio que ha empleado la Iglesia para “decidir” que libro es canónico y cuál no, no deja de ser discutido. Diversos estudiosos concluyen que en los primeros tiempos de la Iglesia se “temió” el contenido de aquellos libros porque podían cambiar radicalmente el dogma enseñado por el catolicismo. Y había razones para temer, pues además de las referencias a “seres del cielo”, se otorga, inclusive, detalles ignorados de la vida de Jesús, desde su natividad, infancia y predicación. Vale la pena leerlos.

  3. Josef Blumrich, desde luego, no es un “perico de los palotes”. Además de sus credenciales como ingeniero de la NASA, desempeñó un papel importante en la creación del Skylab y el trasbordador espacial. Por si ello fuera poco, tuvo la rara distinción de que en 1972 se le concediera la medalla de servicios excepcionales de la NASA por su extraordinaria aportación a los proyectos Saturno y Apolo. De ser en un principio un escéptico, publicó más tarde su libro “The Spaceships of Ezekiel” (1973).

  4. La Santa Biblia

  5. En verdad se ha escrito mucho sobre “astroarqueología”. También, debo decir, se ha dicho de todo, al punto de llamar “extraterrestre” a cualquier enigma. Pero al margen de ello hay textos y teorías de diversos autores que merecen estudiarse, particularmente la obra del filólogo Zecharia Sitchin. En el caso de apariciones extrañas en la Biblia, es interesante la recopilación de datos que llevó a cabo el periodista español J.J. Benítez en su libro “Los Astronautas de Yavé” (Editorial Planeta, 1996).

Fuente: legadocosmico.com


El Ángel de Mons


¿Verdad o Leyenda? ¿Milagro o alucinación? Nadie lo a explicado hasta hoy. Estamos en los inicios de la primera guerra mundial. Gran Bretaña acaba de entrar en el conflicto, en apoyo de Francia, que se ve amenazada por los sueños expansionistas de Alemania. En Londres, el mismo día de la invasión germana a Bélgica el gobierno declara su hostilidad al Káiser y recurre a la ciudadanía, requiriéndole su aporte personal en defensa de la libertad de Europa; de este modo obtiene en poco tiempo -cuestión de horas, puede decirse- nada menos que medio millón de voluntarios.


El Ángel de MonsBajo la protección de la poderosa Armada Real, un numeroso contingente comandado por el general sir John French cruza el Canal Y desembarca en El Havre, y desde allí se dirige sin pérdida de tiempo hacia la frontera belga.

Infantería, caballería y artillería británicas se concentraron en Tournai y, mientras ultiman los preparativos para seguir avanzando, reciben un pedido de auxilio de los franceses que, al mando de Charles Louis Marie Lanrezac y luego de batirse valerosamente en Ethe Neufcháteau y otras ciudades de Bélgica, se ven asediados por los ejércitos alemanes.

El general Alexander von Kluck. cuyas informaciones son deficientes, cree llegado el momento de arrasar a las fuerzas de Lanrezac, mas, inesperadamente, cuando va a proceder, se encuentra bloqueado por cuatro divisiones británicas. Sin embargo, franceses a ingleses no han tenido tiempo aún de coordinar su acción, y en Mons capital de la provincia belga de Hainaut, French se ve obligado a ceder posiciones ante la superioridad numérica del enemigo. Esto ocurre el domingo 23 de agosto de 1914. Tras una encarnizada batalla en la que los propios alemanes creen por un momento estar mordiendo el polvo de la derrota, el general inglés decide por la noche retirarse a unos cuatro kilómetros al sur de Mons, retirada que efectúa brillantemente, sin perder una sola pieza de artillería.

La tropa británica supone que esta acción tiene sólo un sentido estratégico con fines de concentración para el lanzamiento de una ofensiva definitiva, pues le parece haber ganado la batalla. Pero al filo de la medianoche, sir John recibe un mensaje desalentador de Lanrezac: sus superiores jerárquicos del Quinto Ejército francés le han ordenado replegarse inmediatamente hacia el sur, en dirección al Marne, disponiendo al mismo tiempo el retiro de las fuerzas apostadas en las Ardenas. French no tiene alternativa: en la posición en que se encuentra no podrá mantenerse cerca de Mons sin exponer a sus hombres a una carnicería que militarmente tendría el carácter de suicidio. Así, opta por aceptar él también los riesgos de una peligrosa retirada amenazada por la proximidad del Primero y Segundo Ejércitos de Alemania.

Los bravos soldados ingleses, entre los que se cuenta el Regimiento de Coldstream (la guardia decana del ejército británico) obedecen disciplinadamente pero con preocupación y sin comprender la decisión de su jefe. Todo tendrá su explicación después y la cesión de posiciones se vera pronto ampliamente recompensada, pues dentro de unos días se librará la histórica acción de Le Cateau, que, culminando con la ofensiva francobritánica de la Primera Batalla del Marne, cambiará por completo el curso de los acontecimientos.

Pero por el momento la tropa recibe el impacto moral de una retirada que se le hace inexplicable. Y en un silencio que no alcanza a ocultar el malhumor dominante, los soldados cargan las mochilas sobre sus espaldas y cumplen la orden.

Es el alba del nuevo día. Un grupo de hombres avanza entre los árboles luchando contra la maleza y tratando de verse uno al otro a través de la densa neblina. Un ruido de algo pesado que cae, sobresalta a todos, y seguidamente, sin dar siquiera tiempo a una reacción, un fuerte zumbido surca el aire por sobre varias cabezas.

-¡Imbécil! -dice alguien a media voz.

-No se ve nada -responde quejosamente el aludido.

El primero replica:

-Te dije que tuvieses cuidado. Podías haber matado a alguno.

Los nervios están crispados a flor de piel sobre los miembros del regimiento de Coldstream que marchan por el bosque. tratando de dar con el rastro de sus compañeros ingleses. Los coldstreamers son los últimos que han evacuado la posición británica al sur de Mons, y al llegar al bosque han perdido de vista al resto de las fuerzas de French.

El comandante da la voz de alto y ordena la salida de dos patrullas de reconocimiento. "Tal vez haya algún camino que nos saque de este maldito bosque” , murmura, y su ayudante asiente con respetuoso silencio, pero sus ojos angustiados no pueden disimular lo que piensa: "Sí, mejor que encontremos un camino y lleguemos pronto adonde nuestros camaradas. De lo contrario los alemanes estarán aquí antes de seis horas y nos. aplastarán como a cucarachas".

Los "coldstrearners" esperan, sentados en el suelo, el resultado de la exploración. Sólo pasan veinte minutos antes de que la primera patrulla regrese y comunique que la búsqueda ha sido negativa, pero la tensión reinante entre los soldados perdidos les hace creer que fueron dos horas.

Cinco minutos más y vuelve el sargento McAllister con la segunda patrulla: ._

-Ningún camino, ninguna salida por el sudeste.

El comandante da orden de acampar: ¡ Vamos a esperar un par de horas hasta que amanezca. Puede ser que al levantarse la neblina tengamos más suerte. Pueden descansar y tomar media taza de café. Nadie se aleje más de diez metros. Se debe hablar en voz baja y tener el oído y la vista atentos. !

Los soldados descargan sus mochilas sobre el suelo y se acercan al carro cocina. Un rato después, alejados del resto y sentados sobre un tronco, McAllister y un compañero conversan esgrimiendo sus jarritos de latón. El café está aguado y no tiene casi azúcar, pero a ellos les parece sabroso.

-Yo no sé qué diablos significa esta retirada estúpida, cuando podíamos haberlos hecho polvo- dice MéAllister.

-Son cosas del general. Él sabrá lo que hace -responde Brown

-La cuestión es que estamos perdidos y nadie sabe cómo salir del lío. Si esto sigue así unas horas más, nos vamos todos al demonio.

-Más bajo, que te pueden oír.

McAllister se encoge de hombros y bebe otro sorbo. Al Levantar la mirada y por sobre los hombros de Brown, a unos metros de distancia, , un resplandor.

-¿Y ahora qué es eso?

-¿Eso, qué? ¿Dónde?

-Ese resplandor. Detrás de ti. Allá.

Brown se vuelve y en ese momento el haz de luz toma la forma de una figura de extraña luminosidad. Los dos soldado; no pueden dar crédito a lo que ven sus ojos, y se miran entre sí.

-¿Tú ves lo que yo veo?

-No sé si es lo mismo, pero si lo que yo veo es lo que parece ser, pues... que me lleven todos los dia... McAllister no se anima a concluir la frase.

Es una figura alta y Delgada, sonriente, de largos cabellos incoloros. Sobre la frente le cruza una cinta dorada, y la túnica blanca que le cubre el resto del cuerpo apenas deja entrever por abajo los pies calzados con sandalias. Y de sus espaldas emergen. .. dos largas alas blancas. Un ángel, sí. Ni más ni menos que un ángel, idéntico a los que sé ven en imagen en las iglesias.

McAllister, sin atreverse a avanzar para examinar de cerca a la figura, susurra en el oído de su compañero: "Ve a llamar al comandante. Pronto". Brown se pone de pie sin dejar de mirar la aparición, y así, como hipnotizado, retrocede de espaldas unos pasos, hasta que finalmente sale corriendo en busca de sus superiores.

El ángel levanta un brazo, que a McAllister se le antoja transparente, y hace señas al "coldstreamer" de que lo siga. En ese momento llega el comandante, seguido de Brown y de varios oficiales.

-¿Qué ocurre, sargento? ¿Qué tontería son esas que está diciendo Brown?

Sin poder articular palabra, el interpelado señala con el dedo la figura luminosa. Ahora es el jefe del regimiento quien queda desconcertado, y es a él a quien el ángel hace señas de que lo sigan.

-¿Quién es usted? le grita el comandante. ¡Sea quien sea, hable, diga qué quiere! -Pero es inútil: la figura insiste en su ademán. Y finalmente el oficial decide que, de todos modos, quedarse por más tiempo en ese lugar es una locura. También puede serlo el obedecer a ese ángel, o loco, o lo que sea, pero en las circunstancias actuales poco hay que perder. Hay que tomar una determinación rápidamente o resignarse a sucumbir ante los alemanes, que ya están cerca. El comandante da la orden de levantar campamento, y en pocos instantes emprende el camino detrás del ángel, seguido por sus hombres.

Los "coldstreamers" marchan ahora por el bosque guiados por la aparición, que de cuando en cuando se vuelve para alentarlos a proseguir. McAllister comienza a reconocer el lugar. Es el mismo por donde antes anduvo patrullando.

-Ese tipo está loco. Por este lado no hay nada. Un oficial le toca el hombro, mandándole callar.

Y de pronto, un claro entre los árboles. Es un camino.

-;Por las orejas del Kaiser! exclama McAllister. Esto no estaba aquí hace un par de horas. ¿Cómo diablos sabía este...?

El rudo soldado británico se detiene. Todos sus compañeros están mirando fijamente hacia el mismo punto, hacia el lugar donde estaba la figura hace un instante.

-¿Qué pasó? ¿Dónde está? inquiere. A su lado alguien le contesta:

-No sé. Se esfumó. Fue haciéndose cada vez más transparente y... y se esfumó.

Por el camino hacia el sur, los "coldstreamers" se alejan silenciosos, meditabundos, a reunirse con el resto de las tropas del general French...

Desde que ocurrió esto hasta el presente, la historia que aquí se narra ha sido repetida infinitas veces y de las más diversas maneras. Hay quienes creen que se trató de un enviado divino que, por mandato del Todopoderoso, bajó a la Tierra a salvar a los heroicos hombres extraviados. Otras sostienen que todo fue producto de la imaginación afiebrada y del sistema nervioso agotado de aquellos guardias británicos que, tras una fatigosa campaña y una no menos intensa batalla, sentían una muerte segura pisándoles loa talones. Pero lo cierto es que el camino no figuraba en ningún mapa, y que nadie pudo volver a hallarlo jamás. Lo cierto es, también, que los "coldstreamers" se salvaron. Y que, por la vía de la lógica, nadie ha explicado hasta hoy en forma convincente el caso del Ángel de Mons.

Fuente: Losenigmas.com.ar