El muñeco humano



Nos fabricaron para utilizarnos

Algunos científicos de avance y los legados más antiguos de nuestra historia convergen en una explicación lógica para el origen de la humanidad: una civilización cósmica para nosotros desconocida nos fabricó en un pasado remoto. Más adelante alguien —ya sea el mismo programador original u otro distinto— efectuó una mutación en el ser programado, para encarrilar nuestro desarrollo genético hacia nuestra condición humana actual.

Pero, ¿qué hicieron nuestros programadores después de habernos fabricado y posiblemente mutado en un estadio más tardío? ¿Nos abandonaron a nuestra suerte? ¿O, más bien, han venido controlando el desarrollo de nuestra existencia? Existen suficientes ejemplos que evidencian que en el pasado y también hoy en día alguien más —y por lo menos tecnológicamente, más avanzado— se mantuvo y se mantiene cerca de nosotros, acompañándonos a lo largo de toda nuestra historia.

Pero no solamente se han dedicado a controlarnos, sino que en determinados momentos históricos decisivos para la marcha de la humanidad, han intervenido directamente para encauzarla en uno u otro sentido.

En la etapa antigua de nuestra historia, los seres para nosotros desconocidos descendían habitualmente de las alturas para convivir con el ser humano sobre el planeta que habitamos. Dado que sus actuaciones y su tecnología se escapaban a la comprensión del hombre primitivo, que era incapaz de imitar lo que estos seres desconocidos podían hacer, tales visitantes fueron tomados necesariamente por nuestros antepasados por auténticos dioses, cosa que en cierta forma no deja de ser cierta para nosotros, en el supuesto de que ellos sean nuestros fabricadores. Sus actuaciones fueron interpretadas naturalmente por el hombre primitivo y medieval como expresiones inequívocas de la divinidad.

Pero con el paso del tiempo, la situación ha cambiado: los que fueron dioses hasta hace poco, comienzan a esconder su careta divina para irse diluyendo en el anonimato. ¿Por qué? Porque nuestra propia evolución nos ha conducido a un punto en el que nuestros actuales conocimientos no les permiten ya ser identificados con la imagen de seres divinos. Hoy ya sabemos que lo que ellos hicieron en el pasado, lo pueden hacer otros, lo podemos en parte hacer nosotros, simples humanos. Y lo qué aún no podemos hacer hoy lo podemos —extrapolando nuestros conocimientos actuales— alcanzar hipotéticamente en el futuro. Así, el contacto con ellos, en vez de darse en un contexto religioso como se dió en la antigüedad y en el medioevo, se intuye en un futuro a un nivel científico posiblemente.


No estamos solos

Semejante hipótesis debe de fundamentarse naturalmente en una premisa ineludible: que haya efectivamente vida inteligente en el universo, más allá de los límites de nuestro planeta Tierra. Y que estos supuestos seres inteligentes sean capaces de llegar hasta aquí. ¿Es esto posible?

El 11 de setiembre de 1952, Marshall Chadwell, a la sazón director adjunto del departamento de Inteligencia Científica, le escribe en comunicado interior al director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA):

"El problema OVNI excede el nivel de las responsabilídades individuales del departamento de Inteligencia Científica de la CIA, y es de tal importancia que merece la competencia y la acción del Consejo de Seguridad Nacional."

El 2 de diciembre de aquel mismo año, le vuelve a comunicar a su director que:

"Algo está ocurriendo y debe tener nuestra atención inmediata. Los avistamientos de objetos inexplicados a grandes alturas viajando a altas velocidades en las cercanías de importantes instalaciones defensivas americanas son de tal naturaleza que no pueden ser atribuibles a fenómenos naturales o a vehículos aéreos de tipo conocido."

La presencia de objetos volantes no identificados y la presencia de seres inteligentes no pertenecientes a nuestra comunidad humana terrestre, se manifiesta como una constante en el curso de nuestra evolución, desde la antigüedad hasta nuestros días. Si bien la ciencia académica se niega a aceptarla como un hecho. Argumenta para ello que el viaje interplanetario preciso para que seres de otra civilización cósmica visitaran efectivamente nuestro planeta es de todo punto imposible.

Pero tal y como afirma el premio Nobel de química Ilya Prigogine, las teorías acaban siempre por ser rebatidas: su verdad es parcial, provisional. No debemos adaptar los hechos a nuestra inteligencia, sino que debemos aspirar a elevar esta inteligencia a un grado en el que pueda entender y asimilar los hechos, aunque en estos momentos aún se le antojen absurdos. También era un absurdo para los hombres del siglo XVIII el hecho o la simple idea de que el hombre viajara algún día hasta la Luna y pegara torpes saltos sobre su superficie, y, sin embargo, ésta es una experiencia superada hoy en día y aceptada por todos: por los hechos consumados, en definitiva. A lo que debemos aspirar es a lograr comprender algún día la realidad subyacente y el sentido de los fenómenos inexplicados que se han venido produciendo a lo largo de la historia humana y que actualmente se siguen produciendo y prodigando.


Ansias de contacto

Pero así como la mayoría de la comunidad científica no contempla la posibilidad de la presencia de seres extraños en nuestro planeta, sí acepta como probable la existencia de otras civilizaciones en la inmensidad del cosmos. Tanto, que las busca ansiosamente y elabora planes para establecer contacto con las mismas. Los intentos de búsqueda de inteligencias extraterrestres en las profundidades del cosmos, objetivo del programa SETI (Search for Extraterrestrial Intelligence = Búsqueda de inteligencia extraterrestre), y los intentos de comunicación con supuestas inteligencias extraterrestres en el espacio, que conforman el programa CETI (Communication with Extratrrestrial Intelligence = Comunicación con inteligencias extraterrestres) siguen un constante curso de perfeccionamiento, lo que pone de manifiesto la voluntad de ciertos sectores de la comunidad científica en entrar en contacto con otros seres inteligentes del universo.

El programa SETI se verá notablemente incentivado a partir de 1992 —para conmemorar el 500 aniversario del descubrimiento oficial de América—, con una nueva inyección presupuestaria de 100 millones de dólares, aprobada en 1988. Este dinero cubrirá una etapa de diez años de búsqueda de inteligencias extratrrestres, concretada en la instalación de seis analizadores multicanal del espectro radioeléctrico, tres en Arecibo, en Puerto Rico, y otros tres volantes, que se trasladarán periódicamente del hemisferio norte al sur, en una búsqueda totalmente automatizada. Con este sistema se escudriñarán secuencialmente las 773 estrellas similares al Sol que se encuentran a una distancia inferior a los 80 años-luz, chequeando en cada una de ellas 2.000 millones de canales, mientras que por otra parte se barrerá todo el firmamento visible, en busca de alguna señal extraña que pudiera proceder de una civilización desconocida. El equipo que se empleará para ello es un analizador multicanal de espectros, el MCSA 2.0, que puede sintonizar simultáneamente hasta 10 millones de frecuencias.

En lo que al proyecto CETI respecta, cabe decir que en marzo de 1974, la Junta del Consejo Científico del Area del Problema de Radioastronomía de la Academia de Ciencias de la Unión Soviética discutió y aprobó un programa de investigación del problema de la comunicación con civilizaciones extraterrestres. El programa fue elaborado por la sección de búsqueda de señales cósmicas de origen artificial del Consejo de Radioastronomía, a partir de las recomendaciones de la Conferencia Nacional Soviética sobre el Problema de la Comunicación con Civilizaciones Extraterrestres que tuvo lugar en el observatorio astrofísico de Byurakan, en Armenia, en mayo de 1964, y la conferencia soviético-norteamericana sobre CETI mantenida en el mismo Byurakan en setiembre de 1971. El programa proyectado fue expuesto previamente en la VII Conferencia Nacional Soviética sobre Radioastronomía, convocada en Gorki en 1972, para ser aprobado definitivamente por la Academia de Ciencias de la URSS en 1974.

En el texto del programa aprobado por los soviéticos destaca la afirmación de que:

"Merece particular atención la posibilidad de que sondas lanzadas por civilizaciones extraterrestres se encuentren actual mente en el Sistema Solar e incluso en órbita alrededor de la Tierra".


Nos visitan desde siempre

Pero hay otro camino para averiguar si existen y si son capaces de venir a visitarnos. Frente a la totalidad del establishment científico, que apoya la lenta y costosa búsqueda de señales de radio procedentes de seres inteligentes en el universo, cabría proponer una solución mucho más sencilla: intentemos examinar si nuestra Tierra ha sido visitada alguna vez en el pasado, o si está siendo visitada en el presente por seres no terrestres.

No debemos perder de vista para ello que, sin necesidad de recurrir a testigos dudosos, a textos equívocos, a grabados de diversa interpretación, los textos que a lo largo de los tiempos han ido reflejando los pasos de la historia de la humanidad, están salpicados de testimonios que ilustran la presencia de objetos volantes que evolucionan de forma inteligente a baja altura, sobre la superficie terrestre.

Tampoco es preciso recurrir al cúmulo de leyendas y textos religiosos que claramente hacen referencia a seres que procedentes del cielo entran en contacto con los habitantes de la Tierra. No. Só1o hace falta releer los textos de historia. Así, Plinio habla de objetos volantes no identificados en el Libro II de su Historia Natural. Cayo Suetonio refiere que el 1 de enero del año 49 a.JC. Julio César se topó con una figura sobrehumana junto al río Rubicón. En el año 312 el pagano Constantino y todo su ejército contemplaron una cruz luminosa en el cielo. Beda, en su Historia Ecclesiastica, afirma que en el año 664 se presentó sobre las cabezas de las monjas de un monasterio de Barking, junto al Támesis, una sábana volante luminosa. Mientras Carlomagno irrumpía en Italia, los sajones sitiaron Sigisburg, hasta que hicieron acto de presencia en el aire dos escudos volantes rojizos, que les hicieron huir precipitadamente y someterse luego a Carlomagno y al cristianismo. El 21 de febrero de 1345 una luz misteriosa procedente de las montañas de Montserrat en Catalunya se desplazó en el aire hasta detenerse encima de la población de Manresa, cuyos habitantes siguen celebrando desde entonces anualmente la "vinguda de la misteriosa llum".

En un texto que figura en los anales de la Inquisición, el Dr. Eugenio Torralba afirma que efectuaba viajes desplazándose por el aire guiado por una nube de fuego. Bernal Díaz del Castillo, cronista de Hernán Cortés, narra en su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España que en el año 1527 los expedicionarios españoles observaron en el aire sobre sus cabezas una enorme espada larga (comparable a la cruz que vio Constantino) que no se mudaba del cielo durante más de veinte días. Mientras que el historiador catalán Geroni Pujades escribe en su Díari el día 30 de setiembre de 1604 que en la madrugada de aquel día los habitantes del obispado de Urgell asistieron a un combate aéreo a baja altura.

En la publicación "L'Année Scientifique" aparece publicada en el año 1874 la noticia del avistamiento de gran número de cuerpos negros que cruzaban la Luna. En 1885, el astrónomo José A. Bonilla publica un artículo en la revista "L'Astronomie", en el que explica que los días 12 y 13 de agosto de 1883 contempló desde el observatorio mexicano de Zacatecas, del que era director, el paso de un total de 116 objetos volantes no identificados que en oleadas sucesivas cruzaban por delante del disco solar.

Etcétera. La lista se hace interminable. La historia bien habla de estos fenómenos. Si no los omitiéramos, si explicáramos la historia en su totalidad, sin omisiones ni retoques, asimilaríamos con naturalidad que los fenómenos que evidencian la actuación de una inteligencia distinta a la nuestra, forman parte integrante y continuada de la historia de la humanidad. Sabríamos todos un poco mejor en donde nos encontramos.


Estamos programados

El premio Nobel Francis H.C. Crick, bioqulmico inglés, que en 1953 descubrió la estructura del ácido desoxirribonucleico (ADN), adoptó a finales de 1981 una postura sorprendente: afirmó que en sus orígenes nuestra especie fue creada por una supercivilización galáctica.

"Cuando el sistema solar estaba empezando a configurarse" —dice— "en alguna parte de la galaxia existía una civilización que debía hallarse en el grado de progreso en que nosotros nos encontramos ahora, aproximadamente. Esos seres, bastante parecidos a nosotros, indudablemente, comenzaban a trabajar con la vida.

"Un James Watson y un Crick extraterrestres habían descubierto la estructura del ADN. Otros, explotando sus trabajos, habían empezado a crear microorganismos, del mismo modo que nosotros, hoy, 'sintetizamos' las primeras bacterias en probetas.

"Esos seres descubrieron nuestro mundo en formación. Entonces se embarcaron en una experiencia que hoy nos parece imposible, pero que, dentro de unas decenas de años, estaremos nosotros mismos en condiciones de emprender: crear la vida inteligente. No exactamente igual que el Dios de la Biblia, que bajó a la Tierra a fin de modelar un poco de barro para formar a Adán, pero casi. Ellos hicieron que, en ese barro original, se pudiera sembrar una bacteria (u otro microorganismo), programado de tal forma que, al cabo de varías decenas de miles de años, desembocara en nosotros.

"Esos seres sembraron la Tierra igual que nosotros sembraremos quizá mañana un mundo lejano, todas cuyas probabilidades de llevar a la vida a su término más elevado, la inteligencia, estarán determinadas de antemano por nosotros."

En su libro Lífe itself (La vida misma) Francis H.C. Crick expone todos los argumentos de su tesis.


¿Un simple experimento?

Pero también podríamos ser un simple experimento. Imaginemos que una supercivilización que todavía existe en algún punto de la galaxia , o incluso fuera de ella, decidiera, por ejemplo, hace algunos millones de años, crearnos a plazo. Para ella, el tiempo no cuenta. Cuando criamos un ganado que vive sólo unos cuantos años, o simples bacterias en un tubo de ensayo, ¿pensamos ni por un momento que, para esos microorganismos, nosotros somos prácticamente inmortales?

Crick confiesa que esta última idea es de los soviéticos. En efecto, la tesis de una siembra de la Tierra desde una galaxia cobró forma en el Congreso Internacional de Byurakan, en 1971. Especialistas como Vsevolod Troitsky, de la Academia de Ciencias de la Unión Soviética, emitieron allí la teoría de que la Tierra podría ser un campo de experimentación para seres superiores, con los cuales no hay ni que pensar en ponerse en contacto, porque van muy por delante de nosotros.

Entonces, ¡son como dioses!


Vida por doquier

Casi simultáneamente con la publicación de la obra de Crick, el profesor de matemáticas aplicadas y astronomía en el University College de Cardiff, en el País de Gales, y director del Instituto de Estudios Fundamentales de Sri Lanka, Nalin Chandra Wickramasinghe, publicó sendos libros escritos en colaboración con el astrónomo Sir Fred Hoyle, y titulados Space TraveIlers: the Bringers of Life (Viajeros del espacio: los que trajeron la vida) y Evolution from Space (La evolución desde el espacio), respectivamente.

De la lectura de ambos libros, así como de las manifestaciones de otros científicos que investigan la existencia de formas de vida en el universo, se deduce claramente —no sólo como reflexión filosófica o lógica, sino decididamente como resultado de comprobaciones puntuales— que la vida no es una prerrogativa del planeta Tierra que habitamos, sino que sus bases se hallan repartidas por doquier en la vasta inmensidad del universo.

De forma que la afirmación del premio Nobel Francis H.C. Crick, descubridor como dije de la estructura del ADN, en el sentido de que una supercivilización galáctica nos creó en un pasado remoto, no caracen de base lógica. Nuestra creación fue, en su opinión —recuerdo—, una fabricación programada.


El muñeco humano

Exactamente de esta fabricación programada a la que aluden algunos científicos de avance, nos hablan también las tradiciones más antiguas del planeta, que quedan perfectamente reflejadas en el legado sagrado de los indios quichés, de la gran familia maya. Cuando el planeta Tierra aún no se había solidificado, y antes de poblarlo por tanto el ser humano, ya estaban ahí los constructores, los fabricadores, los poderosos del cielo. Con esta afirmación, el Popol-Vuh, el libro del Consejo de los quichés, está en línea con las afirmaciones de Francis H.C. Crick:

"Solamente el agua limitada, solamente la mar tranquila, sola, limitada. Nada existía. Solamente la inmovilidad, el silencio, en las tinieblas, en la noche. Sólo los Constructores, los Formadores, los Dominadores, los Poderosos del Cielo, los Procreadores, los Engendradores, estaban sobre el agua, la luz esparcída.";

Así reza el Popol-Vuh, que además nos cuenta cómo los Dominadores construyeron al ser humano, al hombre, para que éste les adorara y les invocara, ya que sin este detalle de vanidad su creación, su fabricación, no resultaba completa y, más aún, carecía de sentido. Esta necesaria adoración se repite en las tradiciones religiosas más antiguas de numerosas comunidades humanas. ¿Cabe pensar acaso que la energía que emitimos durante semejantes actos de adoración sirve de nutrición a quienes presumiblemente nos diseñaron? "Es tiempo de concentrarse de nuevo sobre los signos de nuestro hombre formado, como nuestro sostén, nuestro nutridor, nuestro invocador, nuestro conmemorador", afirma el Popol-Vuh. Narra este mismo 'libro del Consejo' que el primer muñeco formado con tal finalidad no hablaba, por lo cual no los invocaba, motivo por el que fue destruido: "No tenían ni ingenio ni sabiduría, ningún recuerdo de sus Constructores, de sus Formadores; andaban, caminaban sin objeto. No se acordaban de los Espíritus del Cielo; por eso decayeron. Solamente un ensayo, solamente una tentativa de Humanidad."

La imperfección de este primer intento de biorrobot provocó su destrucción por medio del agua, del diluvio: "Entonces fue hinchada la inundación por los Espíritus del Cielo, una gran ínundación fue hecha, llegó por encima de las cabezas de aquellos maníquíes."


Con la mente frenada

Al segundo intento, les salió un hombre tan inteligente y de tan perfecta comprensión, que temieron que supiera y viera demasiado, lo que no les convenía a Los de la Construcción, a los Poderosos del Cielo:

"'No está bien lo que dicen nuestros construidos, nuestros formados. Lo conocen todo, lo grande, lo pequeño, dijeron. Por lo tanto., celebraron consejo. '¿Cómo obraremos ahora para con ellos? ¡Que sus miradas no lleguen sino a poca distancia! ¡Que no vean más que un poco la faz de la Tierra! ¡No está bien lo que dicen! ¿No se llaman solamente Construídos, Formados? Serán como dioses, sino engendran, si no se propagan, cuando se haga la germínacíón, cuando exista el alba; solos, no se multiplican. Que eso sea. Solamente deshagamos un poco lo que quisimos que fuesen; no está bien lo que decimos. ¿Se igualarían a aquellos que los han hecho, a aquellos cuya ciencia se extiende a lo lejos, a aquellos que todo lo ven?', fue dicho por los Espíritus del Cielo, Dominadores, Poderosos del Cielo. Así hablaron cuando rehicieron al ser de su construcción, de su formación. Entonces fueron petrificados los ojos por los Espíritus del Cielo, lo que los veló como el aliento sobre la faz de un espejo; los ojos se turbaron; no vieron más que lo próximo, esto sólo fue claro. Así fue perdida la Sabiduría y toda la Ciencia de los cuatro hombres, su principio, su comienzo. Así primeramente fueron construidos, fueron formados, nuestros abuelos, nuestros padres."

De esta forma, para evitar que supiera y que viera demasiado, se corrigió a este segundo prototipo de hombre, para conformar definitivamente a la raza humana actual, previo ajuste de clavijas y recorte de su capacidad de comprensión. Así, no se nos concedió más que una mínima parte del saber. ¿No nos están confirmando las más avanzadas investigaciones de las potencialidades de nuestra mente que solamente estamos usando aproximadamente un 10 % del total de nuestras posibilidades? O sea, solamente una mínima parte del saber que nos corresponde de acuerdo con nuestro plan de fabricación original.

Sorprendentemente, exactamente lo mismo le confirma Gabriel al contactado Mahoma, amén de darle un símil minúsculo que acaso pueda hacer alusión al microorganismo que menciona Francis H.C. Crick, al hacer referencia al origen del ser humano: "¡Predica en el nombre de tu Señor, el que te ha creado! Ha creado al hombre de un coágulo. ¡Predica! Tu Señor es el Dadivoso que ha enseñado a escribir con el cálamo: ha enseñado al hombre lo que no sabía."

Pero, aparte de enseñarnos lo que no sabíamos, el Dadivoso también recalca en el mismo Corán algo bastante más grave y que enlaza con el Popol-Vuh mesoamericano: "No se os ha concedido más que una mínima parte del saber."


La máquina humana

De acuerdo con todo lo expuesto, puede concluirse —al menos como hipótesis— que una supercivilización cósmica recurrió a la ingeniería genética para dar origen al ser humano: a nosotros. Pero, ¿es posible concebir el organismo humano —aquí no entraremos en la discusión de la parte espiritual, anímica o energética de nuestras personalidades, que ocupa este organismo durante el lapso de tiempo de cada una de nuestras vidas individualizadas— como una fabricación, entendiendo esta fabricación en el sentido más amplio de la palabra, y no como una auténtica 'creación', sino como manipulación de los elementos disponibles?

Si echamos una vez más una ojeada a la ciencia de avance, veremos que efectivamente, es posible. Solamente hay que tener presentes los progresos que se están realizando en los campos por ejemplo de la biónica —pronto no habrá prácticamente ningún órgano o parte del cuerpo humano que no pueda reemplazarse por un sofisticado dispositivo de recambio (actualmente se producen en Utah, en los Estados Unidos, más de dos millones de unidades de más de mil recambios para el cuerpo del ser humano)— y de los biochips, que permiten construir ordenadores con la misma materia de la que está hecho el cerebro humano.

No debe perderse de vista que nuestro cerebro es una compleja computadora biológica que recibe informaciones a través de los órganos sensoriales de nuestro cuerpo físico, como también los recibe por vía paranormal, sin intervención de estos órganos sensoriales. A base de estas informaciones recibidas y debidamente codificadas, el cerebro elabora planes de actuación y envía las órdenes de reacción precisas para cada situación a los respectivos 'departamentos' de nuestro cuerpo. Nuestro cerebro es, así, la computadora que actúa a modo de centro de control de nuestro cuerpo. Y éste se atiene a unas leyes y normas constantes en cuanto a composición, estructuración, reacciones, posibilidades de acción y vulnerabilidad.


Manipulaciones genéticas

No es, por otra parte, ningún secreto el hecho de que —sirviéndose de los ácidos nucleicos y de su función como portadores de información— los genetistas están desde hace años investigando la forma de manipular las cadenas de ADN con el objeto de influir en los caracteres hereditarios y así moldear a los seres vivos a su voluntad. Todo ello —que no es posible detallar en este breve espacio, pero que sí lo hago en mi libro El muñeco humano (Ediciones Kaydeda, Madrid)— conduce indefectiblemente a que en un futuro más o menos lejano se pueda diseñar y fabricar un ordenador capaz de copiarse, de reproducirse a sí mismo a su imagen y semejanza. Puesto que no hará otra cosa que atenerse a la constante vital basada en la doble espiral del ADN.

Las posibilidades que se abren en el campo de la biónica y del ordenador biológico, nos llevan a la ineludible reflexión de que, si todo esto lo estamos intuyendo y ensayando nosotros ahora, y lo llevaremos a la práctica en un futuro más o menos lejano, pero no inexistente, es fácil suponer que una civilización cósmica muchísimo más desarrollada tecnológicamente que nosotros, haya logrado en el pasado el modelo más avanzado: el biorobot superautomático e independizado, construido o criado a imagen y semejanza de los propios fabricadores. Este modelo somos nosotros mismos. Las afirmaciones de Francis H.C. Crick y el conocimiento del Popol-Vuh, o sea la ciencia de avance y las más antiguas tradiciones del planeta estarían así en lo cierto: alguien programó nuestra fabricación en algún lejano momento del pasado.

Lo más grave de esta situación es que este alguien, precisamente por ser nuestro fabricador, puede seguirnos controlando a voluntad. A la suya, que no es necesariamente la nuestra.

© Andreas FABER-KAISER
fuente: Web AFK

Origen del hombre (Teoría antidarwiniana)


Los hijos de los Dioses, o lo que es lo mismo, los extraterrestres venidos de los espacios siderales, quisieron instaurar una genética expansiva a partir de la inseminación del primate; genética esta que fue codificada desde un plan bien preciso de la Inteligencia Creante, ordenando a la constelación de Proción, cuyos habitantes de piel amarilla representaban los valores intelectuales; a la constelación de Alfa Centauro, cuyos componentes rubios y blancos portaban valores erótico-creativos; a la raza proveniente de Orión, dé piel bronceada y gran estatura, que representaba los valores mágicos; y por último a los habitantes de las Pléyades, de color rojo y con grandes estímulos espirituales, que se mezclaran todas ellas en un árbol genético activo en el tiempo y en este espacio, para producir un sólo fruto en el futuro: "el hombre aceitunado", como resumen de las características raciales de estos aportes, así como una espiritualidad, resultante de las agregaciones de las citadas constelaciones.

Parece evidentemente más lógico, concebir que las distintas genéticas raciales vivientes en nuestro planeta, vendrían del espacio y de diversos lugares, que no del mono, como afirma la teoría Darviniana, puesto que nos encontraríamos con incongruencias palpables, respecto de que al existir todavía razas monoides y el hombre al mismo tiempo, se establecen necesariamente dos paralelismos evolutivos diferenciados. Es decir, si venimos del mono y hemos evolucionado...¿qué pintan los cientos de razas de este animal, que aún viven entre nosotros?, ¿por qué ellas no han evolucionado al unísono del hombre?... Además, seria 1ógico encontrar monos amarillos, negros, rojos y blancos, y no se dan tales prototipos diferenciados.

Como habíamos dicho al principio del capitulo, los hermanos del espacio se fijaron en la serpiente emplumada "dorada", que resaltaba por sus dotes, del resto de las especies, mientras que la serpiente emplumada "plateada", más lenta y menos dotada, seria la que iniciara la cadena ascendente evolutiva propia de los monoídes. Que un dia milenario, en este u otro planeta, el mono actual .sea elegido por los extraterrestres‑arquitectos para albergar la inteligencia pensante, nos parece muy 1ógico; pero de momento, absolutamente ningún estudio biológico serio, afirma que venimos de este animal tan reiterado, dejando una incógnita en el aire, que se ha dado en llamar el "eslabón perdido", a la espera de que la ciencia llegue a soluciones más idóneas.

Para los amantes de lo simbólico, es curioso observar raíces tradicionales y elementos testimoniales de este conocimiento iniciático en las distintas figuras comparativas de las constelaciones celestes en nuestras culturas antiguas, como la egipcia, que representa a la esfinge con rasgos animales y humanos mezclados, o bien la tradición judaica que nos muestra el águila, el león y el toro, representando a la revelación de los evangelistas. Símbolos aún más claros y palpables, en la llanura del Nazca en Sudamérica, que a modo de mapa celeste se enumeran otras tantas estrellas y constelaciones, que parecen recordar nuestros orígenes. Pero, nos extenderemos mucho más a este respecto a lo largo de nuestro estudio.

"Porque el hombre ha sido hecho a imagen de Dios (Gen.9:6). E1 Arquetipo del universo se complació: E1 hombre Dios potencial, Adán‑Eva, habla sido creado".

Podríamos extendernos en nuevas afirmaciones y contrastes demostrativos de todos los conceptos vertidos, pero el trabajo final seria monográfico y no el resumen de todo un conocimiento global. Otras tantas citas para el conocimiento emergen del comunicado dictado por Hoara, al Sr. Siragusa, en torno a los orígenes del hombre y a la voluntad que nos engendré:

"Vuestros primeros padres, aquellos que fecundaron la vida sobre vuestro planeta, vinieron de lejos y no eran terrestres.

Las primeras tribus humanoídes, hijos del mundo estaban privadas de inteligencia, antes que acaeciese el acoplamiento entre los hijos de Dios y las hijas de los hombres. Entonces se formé el "homo sapiens" verdadero heredero de una genética injertada por una voluntad superior del Dios viviente.

Los Dioses estaban complacidos, volviendo un hombre animal a su imagen y semejanza, y concediéndole el beneficio de la inmortalidad con condiciones bien precisas y con la obligación de respetar y obedecer la ley de los Creadores y venerar la Fuerza Omnipotente y Omnisciente del Santo Espíritu, creador de todo, Dioses comprendidos.

Cada cielo tiene un padre, un gobernador de la Inteligencia Creadora, un Dios -como vosotros .lo llamáis- asistido por una lista indefinible de coordinadores, instructores, vigilantes, modificadores, manipuladores, hijos de la luz y dueños de su poder y de los elementos primarios realizadores de la vida en sus varias dimensiones.

Vuestro sol es logos de la Idea Divina Creadora, donde cada idea se hace forma antes de ser, de existir, de servir, de ser servido.

La verdad es el conocimiento, y la conciencia es acúmulo, depósito indestructible de las obras experimentadas en el edificio creativo donde se forja el devenir continuo, mutable, eterno del cosmos.

E1 ayer y el mañana se identifican en el eterno presente, mientras el espacio y el tiempo no son más que apariencias brotadas de las dimensiones relativas de las masas gravitantes de los hemisferios materiales.

E1 absoluto existe sólo en la astralidad, donde todo es causa sublimada de la incorruptible armonía del poder divino y de la androgeneidad de las formas nacidas de la idea de la Luz Creante. Hoara os concede paz.

Por otro lado, remontarnos a textos o tradiciones histéricas de las mitologías india, china, azteca y asiática, repletas de citas prehistóricas, que nos entroncan en una voluntad extraterrena de inseminarnos, crearnos y tutelarnos, reforzaría en cualquier caso, lo que ya el sentido común del hombre va aceptando por encima de los dogmatismos doctrinales. Somos hijos de las estrellas y vivimos por voluntad de seres superiores o Arquetipos, que alimentan el devenir de Dios.

Imaginemos que a partir de 1 cm. 3 de nuestro semen (1 cm. 3 tiene 750.000.000 de espermatozoides) y viajando a otro planeta, insemináramos a las monas o primates allí existentes; al fin y al cabo, desde el estado actual de las investigaciones médico‑biológicas, esta hipótesis pudiera ser una realidad; los hijos de esta unión, ¿a quién adorarían como Dios?... El hombre es un micro cosmos en cuyo interior se alberga potencialmente un universo latente de vida.

Traer al relato opiniones de personalidades que sitúan el origen del hombre, en una voluntad extraterrestre de engendrarnos, seria prolijo, dado que la ciencia y la madurez intelectual., así como las pruebas irrefutables de los hechos, atraen cada día a un numero mayor de convencidos. Bástenos en forma representativa citar a Thomas Gold, astrónomo de la universidad de Cambridge, que sostiene: "E1 hombre es un residuo de antiguas inteligencias galácticas que visitaron nuestro planeta hace miles de millones de años. Alguno de estos seres, fusionados con los antiguos, dieron origen a la raza humana", o bien al compositor moderno Karlheinz Stockhausen, máximo exponente de la música sinfónica actual: "Estoy persuadido de que la sustancia bruta de que el hombre está hecho, proviene de la Tierra, de los reinos mineral, vegetal y animal. Pero, al mismo tiempo, estoy convencido que, hace cuatrocientos o cuatrocientos cincuenta mil años, unos seres venidos de otro punto del universo han traído al hombre la cultura y también la música. Desde mi infancia he tenido la intuición de que no soy de aquí, de este planeta, y de que lo esencial de mi misión en la Tierra consiste en establecer, a través de la musita, unos lazos entre los terrestres y los extraterrestres".

Volviendo a la serpiente como elemento genérico de diversas culturas, su figura nos remite en todos los casos a un pasado común que vinculé al hombre en un origen idéntico. Así pues, desde la tradición china que emplea el dragón como elemento originario de su existencia, y las leyendas aztecas y mayas que representan al hombre saliendo de una cabeza de ofidios tenemos la cultura jadeo‑cristiana que atribuye a la culebra o reptil propiedades o hábitos malignos, y también las serpientes que blasonan el concepto hipocrático de la medicina y la farmacia, emblema este que ha servido de base a cabalistas y estudiosos para las más dispares definiciones.

Aparece asimismo la serpiente en una cultura aún más antigua, la egipcia, cuyos faraones la usaban en sus atributos y adornos como elemento ligado a la jerarquía o poder. No digamos nada de la India y de la "cobra", como figura de culto y de enigma. La relación serpiente-Dios se define perfectamente en la divinidad romana de Esculapio, relacionado con el dios griego Asclepio, a cargo de la medicina, que tiene sobre sus rodillas una serpiente. Por último, en la tradición judaica se da a este reptil propiedades mágicas, como en el caso de Moisés que hizo una serpiente de bronce capaz de curar las mordeduras producidas por las enviadas por Yahve y que se tragó a las culebras mágicas del faraón.

En otro orden de cosas y de citas, se nos enseña en la Biblia, que son tres los elementos primigenios de la existencia; es decir, Adán, Eva y la serpiente. Es de todos aceptado que estos personajes encierran parabólicamente una explicación más racional y lógica, que la doctrinal hasta ahora divulgada. Para nosotros, Adán no es otra cosa que el espíritu; Eva, el alma y la serpiente, la materia o nuestro cuerpo. No son seres o elementos aislados, sino la explicación de unas funciones bien determinadas, dentro del concepto existencial del hombre. La serpiente de este caso tiene como misión perpetuar su predominio sobre el espíritu, de ahí que utilice el alma o "Eva", como vehículo para someter a "Adán"; al final es la materia la que se humilla, al ser pisoteada por la naturaleza femenina del alma, dejando al espíritu libre en su propia dimensión astral. No hay que olvidar que la materia tiene como código de comportamiento, la mutación constante, de ahí el ciclo rotativo de los elementos: "La basura que abona la tierra, da vida; la vida después de un tiempo se hace a su vez basura". Por lo tanto, ese empuje programático nos lleva en el aspecto material a mutar por medio de la muerte, mientras que el espíritu es inmutable y eterno, tal y como nos decía Adoniesis al principio del capitulo.

La Biblia en todo caso, tiene tres niveles de lectura: espiritual, psíquico y material, siendo muy difícil establecer dogmatismos a partir de la simple apreciación literaria de sus expresiones. Es necesario utilizar la intuición y la lógica científica para ver más allá de la simplicidad de sus parábolas.

Para concluir nuestro capitulo de las serpientes, a lo largo de la Historia y de las tradiciones deberemos incluir, como más reciente, la afirmación de la doctora Irene Saenger Bredt, ingeniero de la industria aerospacial, que en su libro "Ungeloste Ratsel the Shopfung" plantea la pregunta: ¿Por que juega la serpiente un papel tan importante en las tradiciones de los pueblos?, y en sus respuestas viene a decirnos, que sin duda este símbolo tiene que relacionarse con la creación del universo o el principio de la vida.

Asimismo Robert Charroux nos refiere en sus textos de estudio, que en todas partes hubo serpientes luminosas que volaban por los aires y que diversos pueblos las elevaron a la categoría de divinidad, siendo una de éstas la serpiente con cabeza de gavilán de la tradición sudamericana.

La etapa intermedia anfibia, está asimismo memorizada en el comportamiento espontáneo de los recién nacidos, que por medio de experimentos iniciados en' Francia y posteriormente extendidos al resto de los países, se propiciaba el nacimiento del bebe dentro del agua, sin ningún peligro comprobado para el mismo. No hay que olvidar que el niño en su morada materna placentaria, permanece nadando en el líquido protector que le acoge durante nueve meses.
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¿El hombre es el resultado de un experimento? vea: El muñeco humano