Los OVNIs de Hitler -Parte 1-

Por: Armando Galant

¿Son algunos de los OVNIs que han sido vistos por todo el mundo desde hace casi 60 años armas secretas fabricadas por el III Reich? Así parece, al menos, indicarlo el misterioso informe recibido por el autor de este reportaje, según el cual muchos de los extraños objetos voladores avistados desde 1945 corresponderían en realidad a modelos de aeronaves diseñadas en su tiempo por los nazis y mejoradas probablemente durante estos años en el interior de bases secretas.

Los OVNIs de Hitler Lo que usted, amigo lector, va a leer a continuación, procede de un informe –muy documentado– que llegó a mi poder procedente de Viena en forma de cinta sonora, texto escrito y video hablado en alemán. En cuanto a la identidad del protagonista de los hechos y la época en que acaecieron, debo confesar que siguen siendo para mi un enigma:

“Sábado, atardeciendo, casi de noche. Una nave espacial se aproxima volando a poca altura. Su tamaño, algo menor que el propio de una avioneta corriente, emite un sonido silbante-siseante. Se acerca hacia mí y me sobrevuela.

En su parte baja presenta tres cúpulas semiesféricas y un punto azul oscuro. También logro distinguir una esvástica con ángulos rectos. La nave, en su conjunto, resulta bastante voluminosa y me provoca una sensación increíble, extraña y amedrentadora.

En los alrededores, desiertos, sólo hay algunas fabricas sin actividad. La extraña aeronave desciende y toma tierra por detrás de un muro, quedando iluminada por la luz de poniente, tenue pero lo suficientemente intensa como para permitirme observar con detalle las tres cúpulas inferiores asentadas sobre sendos cilindros que sirven de apoyo.

Después, un camión dotado de una grúa se aproxima a ella y realiza algo que no consigo distinguir bien. Sólo veo a dos seres humanos; uno, debajo del aparato, y el otro, en su parte superior. Pronto, este último desaparece de mi vista por completo. El aparato no tiene ventanas, sino dos pequeños orificios enrejados; aparentemente, sin cristal alguno. El disco volante está rodeado de extrañas placas metálicas con forma de palas de turbina, aunque posiblemente deban ser una cosa por completo diferente. Tanto en las tres cúpulas inferiores como en la parte superior de este aparato existen unas estructuras que semejan tubos salientes y podrían ser bocas de fuego o algo similar (porque para ser antenas resultan extremadamente gruesas). Calculo que este aparato tiene un diámetro de entre ocho y veinte metros y presenta un aspecto temible. Además de la nave, había un vehículo marca NSU 80, con matrícula de la ciudad de Solingen; después apareció también un Volkswagen verde, pero no logré observar ninguna otra cosa y, cuando intenté aproximarme más a la nave, ésta ya había despegado y ganado altura.

Unas semanas más tarde muchas personas afirmaban haber visto OVNIs en aquella misma zona bávara. Considero, pues, que se trataba del mismo aparato o de otros similares. Posteriormente contacté con un empleado de una gasolinera y resultó que él afirmaba haberlo visto; sin embargo, las personas que oían su relato se mofaban de él, así que terminó por contradecirse y afirmar que todo era una broma. Pero la verdad es que, en realidad, tanto él como yo hemos sido testigos. Pude sentir cómo iniciaba el despegue; pero, cuando me decidí a intentar aproximarme más a la nave, ésta ya había despegado y ganado altura”.


La primera noticia sobre OVNIs

Quizá sea éste, simplemente, un testimonio más sobre OVNIs, entre tantos otros, pero a la luz del resto del informe que me fue remitido –y con cuya documentación he elaborado este reportaje– cobra una especial importancia, pues, como veremos, –y siempre según el dossier recibido–, existen algunas singulares coincidencias entre los primeros avistamientos de platillos volantes y la fabricación de extrañas y secretas armas por los nazis al final de la Segunda Guerra Mundial. Coincidencias que podrían explicar la experiencia del anónimo informante arriba relatada.

Diré, para empezar, que el 14 de diciembre de 1944 –medio año antes de que los alemanes se rindieran, el 7 de junio de 1945–, el prestigioso periódico estadounidense The New York Times daba así la primera noticia sobre OVNIs habida en este siglo: “Los platillos volantes son un arma secreta. Una nueva arma alemana que ha aparecido en el frente occidental alemán. Hoy nos informan sobre ello nuestros pilotos de la USAF, afirmando que en los cielos de Alemania han aparecido unas ‘bolas de plata’ voladoras, que se han visto aisladas o en formaciones. Algunas parecían ser prácticamente transparentes”.

Con el paso del tiempo, el avistamiento de naves impulsadas por energía antigravitacional, desconocida en la época para la mayoría incluso de pilotos, se haría cada vez más frecuente. Los testimonios, oportunamente informados y publicados por la prensa del momento, se multiplicaron, especialmente tras la capitulación del Reich, y muchos de ellos hacían referencia a hechos acontecidos en los espacios aéreos del norte de Europa.

Las noticias hablaban también de OVNIs de fabricación alemana. Se comentaban, sobre todo, los avistamientos de “abundantes formaciones” de los que, entonces aún, se denominaban “grandes cohetes”, nombre con el que se definía a los “aparatos voladores desconocidos y producidos por la industria armamentística alemana”.

Especialmente numerosos fueron los testimonios de avistamientos procedentes de Escandinavia, donde se instalaron varias y poderosas guarniciones alemanas que permanecieron allí hasta el final mismo de la guerra, ya que nunca resultaron directamente atacadas y vencidas por los aliados. En 1947, reaparecieron informes aislados, aunque con menor asiduidad. Sin embargo, pasados unos años los avistamientos habrían de aumentar tanto en frecuencia como en número y variedad. ¿Qué secreto encierran o se nos oculta tras todo esto?


La energía implosiva: un logro ecológico

Hoy se especula a menudo sobre la forma de encontrar y utilizar energías “alternativas” que palien la destrucción del medio ambiente provocada por la energía explosiva, los gases tóxicos, los residuos letales, etc.

Pero lo cierto es que en aquellos tiempos ya se hablaba de que los alemanes trataban de hallar una “nueva ciencia”, una “técnica diferente y renovadora” con la que sustituir los motores de explosión –considerados destructivos en los círculos esotéricos del III Reich– por otros de implosión, cuya nocividad es nula.

Aquellas investigaciones se basaban principalmente en la levitación electrogravitacional y la propulsión por “terriones” (fuerzas cósmico-telúrico-terrestres), en las que, según parece, se encontraba el núcleo de esa “otra técnica”, que distanció la cosmovisión nacionalsocialista de todas las aún vigentes, en un intento de proporcionar al III Reich una total independencia de “materias primas” –inaccesibles de otro modo– y energía abundante, barata y no contaminante.

De hecho, y según se asegura en el misterioso informe, “los departamentos de investigación U-13 y E-4 de la SS trabajaban febrilmente para realizar y perfeccionar esas tecnologías, inconcebibles para la mayoría del pueblo y para el resto de la humanidad”.

Un buen ejemplo de este trabajo serían las “peonzas voladoras Haunebu” de Víctor Schönberger, que funcionaban ya con fuerzas de levitación no contaminantes ni generadoras de ruidos perniciosos.


Los platillos volantes Haunebu

Los OVNIs de Hitler Esos “platillos volantes” de las diferentes series Haunebu –de los que existen fotografías obtenidas por los aliados cuando invadieron el territorio del III Reich y en cuya incuestionable autenticidad se apoya el informe– tienen especial importancia.

Esas “peonzas voladoras” estaban movidas por un propulsor electrogravitacional de “terriones” –al que se dio el nombre de “Terrionador Thule”– que quedaba acoplado a un generador de bandas de ondas tipo Van Der Graff, a un aparato magnético productor de energía a base de carbón y a una dinamo cónica de energía turbinosa tipo Marconi.

El informe asegura también que la construcción práctica de aparatos basados en esos principios de propulsión se debió a la inventiva del capitán alemán Hans Koheler y que ya en 1944 fueron fabricados en serie los conversores de “terriones” tanto en fábricas de la empresa AEG como de la Siemens.

“El propulsor de Koheler –se dice en el informe– precisaba, para ponerse en funcionamiento, de una energía inicial muy baja y mínima que podía serle proporcionada por un acumulador eléctrico que lo activaba. Después de poco tiempo, el conversor de carbón ya funcionaba automáticamente con plena autonomía, puesto que se convertía en un generador de energía que actuaba, sin consumirse, como un ‘catalizador’: en este caso, la energía se produce a partir de nada consumible. Se originaba, eso sí, una transformación de las fuerzas electrogravitacionales existentes en el interior de la Tierra en electricidad utilizable. Un principio de simplicidad genial cuando se ha logrado dominar y se sabe utilizar correctamente”.

“El aparato volador Haunebu-2 –continúa explicando el informe– poseía un cañón de grandes dimensiones que habría de provocar una impresión inolvidable en toda persona que lo contemplase sin estar preparada para ello o sin saber de qué se trataba, pues superaba los 25 metros de diámetro y en su eje central alcanzaba los 10 metros de altura”.


Bombas en forma de discos y platillos Vril

Que algunos artefactos bélicos alemanes tenían una extraña forma discoidal no es ningún secreto. Así, bajo la designación de V-4 –la generalidad del público sólo conoce la V-1 y la V-2– se construyeron varios discos voladores para ser empleados como “bombas volantes”.

Así, los datos llegados hasta nosotros aseguran que en 1941 ya habían sido acometidos los estudios para diseñar la “peonza volante” de Schriever-Habermohl, un avión de forma circular y despegue vertical provisto de motores de “reacción convencional”, efectuándose a finales de 1942 las primeras pruebas de vuelo, durante las cuales se constataron graves errores de construcción.

Paralelamente, y después de una larga serie de ensayos, el ingeniero Richard Miethe comenzó a trabajar –también en 1942– en la construcción de aparatos que volaran y tuvieran forma de disco. De sus investigaciones, realizadas en colaboración con el científico italiano Giuseppe Bellonzo, surgiría una nueva versión de la V-7.

Transcurrido un tiempo, y bajo el apoyo del propio Führer, los equipos “Miethe-Bellonzo” y “Schriever-Habermohl” entraron en contacto con el propósito de aunar esfuerzos para realizar coordinadamente sus investigaciones y hacer otras en conjunto. Finalmente sus esfuerzos dieron como fruto la primera, legendaria e increíble V-7, aparato similar a un helicóptero ultrasónico que presentaba doce agregados tipo turbo BMW-028. En su primera prueba se remontó a una altura de 20.813 metros de altitud, alcanzando en la segunda 24.200. Y todo ello utilizando helio como “combustible de base”.

Por otra parte, se desarrolló también otra línea de “discos volantes” conocidos como serie Vril. De ella se ocupó el “grupo Schumann” en íntima relación con el departamento E-4, de la SS, especializado en “armas milagrosas”.

Hoy sabemos que llegaron a construirse 17 aparatos de la serie Vril-1. Su diámetro era de 11,56 metros, podían alcanzar velocidades de 2.900 km./h y llevaban un cañón teledirigido como dotación de combate. El Vril-1 era el equivalente revolucionario de un “avión de caza”, mientras que el Vril-9 era un “caza monoplaza”. Curiosamente, su diseño parece coincidir con el del aparato que fue visto en la Luna por el astronauta norteamericano Edwin Aldrige.


Fuente: formarse.com.ar


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Los OVNIs de Hitler -Parte 2-

Bombas de fuego que paralizan los motores de los aviones

El informe asegura también que, aunque al final de la Segunda Guerra Mundial resultaba evidente que era imposible coordinar los esfuerzos y mermaban los recursos, los nazis no dejaron en ningún momento de perfeccionar sus armas. Es más, al ir dominando la tecnología de propulsión electrogravitacional –se asegura– obtuvieron mayor velocidad, maniobrabilidad y otras prestaciones en los aparatos.

Los OVNIs de Hitler Así, se afirma, que en una fase intermedia, en la ciudad alemana de Neustad y bajo el control de tropas técnicamente especializadas de la SS, se desarrolló el proyecto “Bola de fuego”, al que los estadounidenses denominaron acertadamente Foo-fighter o “Combatiente total”.

Estas “bolas de fuego” eran dirigidas, mediante ondas de radio, hasta la proximidad de las formaciones aéreas aliadas. Posteriormente, los sensores de ondas infrarrojas de que iban provistos estos artefactos eran los autores del contacto final con el objetivo a destruir. El sistema se basaba en la búsqueda de fuentes de calor emitidas por los gases de escape de los aviones enemigos, haciendo que su radar resultara automáticamente destruido, dejando a los tripulantes sin orientación operativa y casi a la deriva.

Se sabe que, en una fase posterior de este proyecto, se idearon unos “tubos especiales” que funcionaban descargando de electricidad el objetivo y provocando, por tanto, un “total fallo del motor” o una “ausencia repentina de electricidad”.

Un fenómeno muy similar al ocurrido en algunos avistamientos de OVNIs, en los que los vehículos motorizados se detienen bruscamente sin conseguir que vuelvan a funcionar mientras dura la presencia del OVNI.


La invasión extraterrestre y la conspiración OVNI

Es evidente que estos aparatos volaron y se utilizaron en aquella época. Pero ¿continúan haciéndolo hoy? Si los comparamos con las fotografías de OVNIs tomadas en distintos lugares en nuestros días, podemos observar una enorme semejanza entre ellos y los artefactos que, según el informe, construyeron los nazis. Prueba de ello es que, con motivo de uno de los primeros discos voladores, avistado en Praga a comienzos de 1945, la prensa asociaba totalmente el fenómeno a los nazis, titulando así la noticia: “Los discos voladores inventados en Alemania”.

Sin embargo, al poco tiempo, y movidos tal vez por la ciencia-ficción de moda en ese tiempo o quién sabe si por otras oscuras intenciones, los gobiernos –y por consiguiente la prensa– comenzaron a especular sobre el “peligro de invasión extraterrestre”.

El mismo Jimmy Carter, presidente de Estados Unidos en aquella época, declaró que él, personalmente, había visto un OVNI. Incluso en algunos círculos científicos se llegó a comentar que “el presidente de Estados Unidos y el Secretario General del PCUS habían hablado seriamente sobre la posibilidad de sufrir un ataque masivo de OVNIs”, hablando de ellos como si se tratara de naves venidas del espacio exterior.

Sin embargo, años después de que los rumores sobre “visitantes extraterrestres” se extendieran por todo el planeta, la revista estadounidense Examiner volvía a la tesis de finales de la guerra en un artículo publicado el 26 de mayo de 1988 bajo el título ¡El misterio de los OVNIs, desvelado!, y en el que se decía: “El secreto sobre los OVNIs estaba ya resuelto hace mucho tiempo, si es que existió alguna vez. Los extraterrestres son, en realidad, nazis que desean reedificar su imperio. Los gobiernos del mundo están perfectamente informados de todo este asunto y, por ello, callan, y, al mismo tiempo, están verdaderamente aterrorizados”.


Naves nodriza con forma de puros

Un dato más que parece dar pábulo a la “hipótesis nazi” es que en algunos informes sobre OVNIs se habla también de la existencia de aparatos gigantescos –con forma de cigarrillo o puro habano–, que se han interpretado como naves nodrizas en las que se alojarían los “discos voladores” y que suelen viajar con mayor lentitud siguiéndolos.

Pues bien: según el informe, bajo el nombre de Andrómeda, se escondía, en efecto, el proyecto para una nave nodriza; nave que –se asegura– existía ya en 1944, habiendo sospechas de que las había, incluso, con anterioridad a esa fecha.

Con una eslora de 109 metros, estas naves aéreas gigantescas –se afirma en el informe– se impulsaban con propulsores tipo Thule y estaban proyectadas con una capacidad interior suficiente como para transportar y alojar un aparato Haunebu y varios de tipo Vril.

Todos ellos –se añade– podían despegar de la nave nodriza durante el vuelo de la misma e, igualmente, retornar a ellas a través de unas escotillas laterales especiales. También se dice que estos gigantescos aparatos iban armados de cañones que podían emerger y recogerse de forma automática.

Y lo cierto es que, tras la guerra, fueron capturados por los aliados dos proyectos de construcción de estas enormes naves Andrómeda; ahora bien, sobre su fabricación real y operativa no se ha podido aportar prueba alguna. Sin embargo, y a pesar de no contarse con vestigios de la época, parece que actualmente existen aparatos tipo Andrómeda o similares y que han podido observarse perfectamente en vuelo. Las fotografías posbélicas de los “cigarros voladores” son abundantes.


Extraterrestres que hablan en alemán

Un hecho muy concreto, las fotografías tomadas por George Adamski en 1952 a un “platillo volante”, en el que eran claramente visibles los símbolos del Sol Negro nazi, hizo que se adoptaran urgentes y energéticas medidas. Así, en un documento secreto de la CIA conocido gracias a una filtración, se decía que “ha sido estructurada una red de información a nivel mundial... y se han cursado órdenes a las principales bases aéreas militares bajo nuestro mando para localizar, interceptar y abatir a los OVNIs... Todo este tipo de información debe ser cuidadosamente ocultada y preservada del acceso público a fin de evitar un pánico general”.

A partir de entonces las fotografías sobre discos voladores serían confiscadas o publicadas sistemáticamente como falsas.

Además, se programó paralelamente una campaña orientada a atribuir un origen extraterrestre a los OVNIs y a promover “evidencias” de la “normalidad” de visitas extraterrestres a lo largo de la historia.

“De esta forma –dice el misterioso informe– se evitaba que se relacionen a los OVNIs con el III Reich o el nacionalsocialismo, y se minimizaba, por tanto, la sensación de pánico mundial”.

Sin embargo, aunque existían múltiples narraciones ridículas sobre OVNIs que tienen por protagonistas a “venusianos”, “hombres verdes” y extraños seres monstruosos, hay otros testimonios que deberían ser tenidos en cuenta. Es el caso de cierto californiano, comerciante de cereales, que aseguró haber visto un OVNI posado en la tierra y haber oído nítidamente a los tripulantes de la extraña nave expresarse en correcto alemán y no en un idioma marciano.

La reacción del gobierno estadounidense ante estas afirmaciones fue automática, intentando impedir una mayor difusión de esos datos; y así, a pesar de comprobarse que aquel hombre era sincero en sus manifestaciones y gozaba de una salud mental totalmente normal, se le apartó de la vida pública, fue internado en prisión y se procedió a eliminar todas las huellas de sus manifestaciones.

George Adamski no sufrió la misma suerte, pero fue porque afirmó haber contactado “simplemente” con venusinos... Y, sin embargo, los misteriosos diseños vistos por Adamski eran, indudablemente, cruces gamadas; lo que sucede es que él los relacionó con símbolos universales y ancestrales sobre Venus.


Expedición a la Antártida

Los OVNIs de Hitler Otro hecho que apoya la tesis del informe sobre el origen nazi de muchos OVNIs es la misteriosa expedición a la Antártida realizada por los alemanes en 1938 bajo el mando del capitán Ritscher. Su objetivo, tanto científico como militar, consistía sobre todo en conquistar un espacio de este inhóspito territorio. Y así fue cómo el nombre del buque en el que se trasladaron los alemanes –Neu Schwabenland (Nueva Suabia)– fue puesto a una amplia zona de costa antártica que ningún gobierno germano de postguerra ha dejado de reivindicar.

Años más tarde, en uno de los momentos más encarnizados de la Segunda Guerra Mundial, Döenitz, el gran almirante de la Kriegmarine (Marina de Guerra) del III Reich, transmitió una misteriosa orden a las “fuerzas de reserva del último batallón” de submarinos, plenos de importantes misiones, de una tarea “especial adicional”. Respecto a los pormenores y detalles de sus instrucciones, nunca se ha podido saber nada con certeza y, hasta hoy mismo, permanecen en el más absoluto misterio.

Hay que tener en cuenta que, en aquellos días, la flota submarina alemana era la más perfeccionada de todo el mundo. Hay plena certeza de que se construyeron submarinos antisonar, de propulsión eléctrica, desmontables y veloces. También se sabe que existían proyectos para construir otros superiores incluso a los indicados, y está demostrado que el transporte masivo de hombres, víveres, municiones y miles de mercancías por vía submarina era totalmente posible y seguro para los alemanes. En realidad, el III Reich jamás interrumpió su contacto permanente con Japón ni con otros puntos del planeta.

Pero, ¿cuáles eran los verdaderos objetivos, estratégicos y militares de aquella potencia submarina? Algunos dicen que parecían ser otros muy distintos a ganar la guerra entablada en la superficie. Lo cierto es que los documentos capturados por los aliados, relacionados con la armada submarina alemana, durante la Segunda Guerra Mundial, sus misiones, tácticas, objetivos, etc., aún están bajo prohibición de consulta sin ninguna clase de justificación. “Aunque, sin duda –como apunta el informe que recibí– habrá una que los aliados y algunos más conocen”.


Fuente: formarse.com.ar


Los OVNIs de Hitler -Parte 3-

La misteriosa desaparición de cien submarinos

Algo que añade más misterio al asunto es que, hasta hoy, no se sabe el paradero de cerca de cien submarinos, prácticamente indestructibles por causas naturales. Los aliados han revisado bien sus hundimientos de submarinos alemanes y no les salen las cuentas. Pero tal cantidad de submarinos “volatilizados”, sin dejar ningún rastro, representa una enorme flota. Además, no se trata de submarinos normales, ya que incluso buena parte de los mismos eran del tipo U-21, unos supersubmarinos fabricados en las postrimerías del III Reich y muy perfeccionados. Así, los tipos U-21 y U-23 eran de gran tamaño, pero estaban construidos por módulos y podían desmontarse para ser trasladados. Los enormes submarinos mercantes del tipo U-10 tenían gran facilidad para transportar los módulos individuales destinados a construir los anteriores o para que navegasen, desmontados, en su propio seno.

Los OVNIs de Hitler

La única explicación para este misterio supone en nuevas preguntas: ¿Serán estos barcos desaparecidos los “submarinos fantasmas” que, desde 1945, son vistos de vez en cuando en el mar? ¿Dispondrán, para esconderse, de bases especiales, protegidas e indetectables, tal vez en el seno de los eternos hielos polares?

Al menos existen fotos que permiten apreciar la identidad entre un “submarino fantasma”, oficialmente de “origen desconocido”, y un submarino alemán tipo U-23.


Los primeros vuelos espaciales fueron de los nazis

En 1958 se realizó una nueva expedición estadounidense a la Antártida; pero en esta ocasión portaban armas terriblemente eficaces, incluso nucleares. Llegaron allí en el frío y oscuro verano polar. En tres ocasiones –27 y 30 de agosto y 9 de septiembre– se lanzaron misiles atómicos contra el territorio de “Neu Schwabenland” (o “Nueva Suabia”), pero en ninguna de las tres ocasiones llegaron a tierra, sino que explosionaron –sorpresivamente– en pleno vuelo al aproximarse a la vertical de la costa.

¿Qué razón hubo para realizar aquellas empresas bélicas sobre la zona antártica? ¿Y para rodear todo este tema de misticismo, desinformación, descrédito y noticias falsas?

Un último hecho podría aclarar más este enigma: se conservan fragmentos de un informe alemán definitivo. Versa sobre una “misión suicida” que se llevó a cabo con un único Haunebu-3 que se llegó a construir: ¡un vuelo a Marte!

El Haunebu-3 tenía 71 metros de diámetro. Matemáticamente se calculó su capacidad de autonomía con propulsión electrogravitacional y resultó ser de 75.274.000 Kms., es decir, que cubría la distancia Tierra-Marte. Pero después el impulsor electrogravitacional quedaba inoperante porque lentamente se ligaba a los metales que entonces se pudieron utilizar en su construcción. Un viaje en tales condiciones significaba, en consecuencia, un viaje a lo desconocido; y lo más probable, sin posibilidad alguna de regresar para la tripulación, compuesta por alemanes y japoneses. Pero así se decidió –según el informe mencionado– en el departamento E-4 de la SS, en la primavera de 1945; aunque fuese un postrer acto de sacrificio.

Tras zarpar, según el informe, el cohete navegó durante ocho meses y medio alcanzando la superficie de Marte, como estaba previsto, a mediados de enero de 1946. Al parecer, no hubo problemas en el viaje, pero se piensa que con el propulsor electrogravitacional prácticamente agotado, la extremadamente tenue atmósfera marciana y la atracción gravitatoria, el aterrizaje de la nave no debió ser suave. Aún así no hay seguridad de que fuese un aterrizaje forzoso, porque –siempre según el informe– llegó con la energía mínima suficiente para contrarrestar la relativamente leve fuerza de gravedad marciana.

Lo cierto, en cualquier caso, es que por ahora sólo podemos especular sobre aquella empresa espacial pionera y el destino de aquellos anónimos primeros cosmonautas. Y es que, por increíblemente fantástica que pueda parecer esta historia, es un acontecimiento contrastado, aunque, eso sí, celosamente ocultado al público.

¿Cabría la posibilidad de que la tripulación del Haunebu-3 encontrase algo más de lo que las actuales sondas no tripuladas han descubierto para nosotros, como verdaderos restos de cultura o incluso refugios subterráneos habitables? Imposible saberlo. Aunque lo más probable, todo hay que decirlo, es que el Haunebu-3 esté hoy sepultado bajo metros de arena marciana.


¿Hay bases nazis en la Luna?

Los OVNIs de Hitler

El informe vienés se refiere también a extrañas fotografías de OVNIs tomadas desde naves espaciales... A una nave tipo Haunebu-3 aproximándose desde la Luna a la Tierra..., a una enorme y extraña letra “S” trazada sobre el suelo lunar... ¿Podría –se pregunta el informe– ser la inicial del término militar alemán Stützepunkt o “punto de apoyo”? ¿Puede tratarse de simples alucinaciones cuando estamos ante un insobornable y neutral material fotográfico?

El informe concluye considerando que todo esto, por supuesto, son hipótesis difíciles de creer y hasta de concebir, aunque si observamos en conjunto el mosaico y los hechos que se complementan, unos con otros, ello nos lleva, por una lógica elemental, a reflexionar sobre el conjunto del tema y muchas piezas aisladas pueden convertirse en pruebas irrefutables. Es el caso de los esquemas de platillos volantes alemanes, extraídos del Tomo 1º del libro Deutsche Flugscheiben und U-Boote überwachen die Weltmeere, de O. Bergmann (Editorial Hugin e.V.S., Postfach 13, 5802 Wetter 1, Alemania).


Borrando todo rastro

Se sabe, desde luego, que a principios de mayo de 1945 todos los centros alemanes de investigación aeronáutica recibieron la orden de Adolf Hitler de destruir toda evidencia sobre proyectos y armas secretas en desarrollo. Ya en aquella época los alemanes eran poseedores del cohete A-9, capaz de mantener a un astronauta en órbita permanentemente en torno a la Tierra.

Según otra información divulgada, al final de la Segunda Guerra Mundial, estaba también muy avanzada –en los laboratorios subterráneos secretos de Breslau– la construcción de cuatro prototipos de discos volantes, que formaban parte del programa Vergeltungswaffen (armas de represalia).

Se dice que, en los últimos momentos, cuando los rusos presionaban por el frente del Este y los estadounidenses avanzaban por el Oeste, mientras Hitler y sus íntimos colaboradores se guarecían en el búnker berlinés, se embarcaron todos los planos y prototipos secretos de Breslau en un submarino que zarpó de Kiel con rumbo desconocido. ¿Arribó el sumergible a algún lugar secreto de América del Sur? ¿Llegó a la Antártida? ¿Continuaron los trabajos iniciados en Breslau en algún lugar ignorado?

Si así fuera, tendríamos una explicación para esos OVNIs tripulados por hombres altos y rubios vistos, particularmente, poco después de terminar la Segunda Guerra Mundial.

Claro que ello no explicaría el avistamiento de todos los casos de OVNIs. Porque ya los textos evangélicos hablan de misteriosas ruedas de fuego girando en el espacio y, a lo largo de toda la historia humana (edades Antigua, Media, Moderna y Contemporánea), encontramos innumerables relatos sobre OVNIs, como puede comprobarse leyendo cualquier tratado al respecto. Los UFO-NS, los OVNIs nacionalsocialistas, podrían ser la explicación de fenómenos recientes y no de todos. Pero, ¿y anteriormente?

Podríamos pensar que la técnicas nazis coincidieron, en mayor o menos medida, con visitas de otras civilizaciones superiores ¿extraterrestres?, ¿intraterrestres? O que los nazis las hubieran obtenido de esas civilizaciones.

Se sabe que Hitler creía en la teoría de que la Tierra es hueca y que hizo esfuerzos por entrar en contacto con ese mundo intraterreno a través de comunicaciones subterráneas. Y el cada vez mayor convencimiento de que existen aberturas polares que a él conducen, hace también pensar en la posibilidad de que la expedición Ritscher llegara a descubrirlo


Fuente: formarse.com.ar


La bomba de Hitler -Segunda parte-


Por Marcelo Dos Santos

Mientras se desarrollaba en los Estados Unidos el "Proyecto Manhattan" (1), comenzaron a llegar a ese país científicos judíos escapados de Europa, que pronto comenzaron a trabajar en el proyecto debido a sus enormes capacidades técnicas y a su excelencia científica. Entre ellos se encontraban Leó Szilárd (2), Edward Teller (3) y Eugene Wigner (4), quienes de inmediato informaron a los responsables norteamericanos que un equipo alemán, liderado por Werner Heisenberg, estaba trabajando en direcciones similares para intentar construir una bomba atómica nazi.

El físico nazi Werner Heisenberg
El físico nazi Werner Heisenberg
Como se ha explicado en la primera parte, participaban del proyecto alemán, además de Heisenberg, Carl Friedrich von Weizsäcker, Paul Harteck, Kurt Diebner y otros físicos nazis de nota. Ante la pregunta de los investigadores norteamericanos acerca de cuánto uranio 235 tenían los nazis para su proyecto, los científicos judíos respondieron lacónicamente: "Miles de toneladas".

Miles de toneladas de material fisionable listas para ser ensambladas en misiles alemanes bajo la forma de cabezas nucleares. Había que hacer algo al respecto, y había que hacerlo pronto.

El mayor de las SS ingeniero Werner von Braun había desarrollado el misil balístico V2 para los nazis, y la producción de esta temible arma había comenzado a fines de 1943; los primeros ejemplares habían caído sobre Londres el 8 de septiembre de 1944, sembrando la muerte y la destrucción.

Los estadounidenses no podían creer que los alemanes estuvieran por delante de ellos en la carrera armamentística nuclear, pero unos pocos cálculos los convencieron de que no era necesario que los aventajaran: que estuvieran igualados o incluso algo retrasados respecto de los aliados podía hacer que estos perdieran la guerra. El problema es que los científicos judíos habían sido apartados de sus puestos en alemania, por lo que no podían decir a los norteamericanos el esta actual del proyecto nazi.

Y la combinación de bombas atómicas con los misiles del SS Von Braun era letal: Londres o Nueva York misma podían llegar a volatilizarse en una explosión cegadora antes de que nadie se diese cuenta de lo que ocurría.

Si bien, por lo que los aliados sabían, las V2 eran bombas voladoras de mediano alcance, nada impedía que Von Braun y su equipo hubiese desarrollado o estuviera desarrollando una versión ICBM (balística intercontinental). Si ese era el caso, nadie en el mundo podía estar tranquilo. Si no lo habían logrado aún, incluso la versión de mediano rango de la V2 era capaz de alcanzar un objetivo situado a 300 km de distancia en tan solo 4 minutos. Eso significaba que con lanzadores de V2 ubicados en las fronteras de Alemania y sus países ocupados, Hitler podría gobernar toda Europa por medio de los resortes del terror. Cada V2 funcionaba con una mezcla de alcohol con oxígeno líquido, y sus sofisticados mecanismos de control de vuelo podían ubicar una cabeza de guerra de 1 tonelada en un radio de unos pocos metros del blanco propuesto.

Los estadounidenses, que estaban preparando su primera bomba nuclear con solo 56 kilogramos de U235, no querían ni siquiera pensar en lo que podía hacer una tonelada... ¡Y los refugiados decían que los nazis tenían miles!

La solución, aunque nada fácil de implementar, estaba a la vista: había que infiltrar personal en la Alemania nazi, capturar si se podía a los científicos implicados en la búsqueda de la bomba de Hitler y, como prioridad máxima, recuperar los "miles de toneladas" de combustible nuclear antes de que los germanos consiguieran montar las bombas en sus V2.

Así fue que el mayor Robert Furman, empleado del Pentágono y miembro jerárquico del Proyecto Manhattan, fue comisionado para formar un equipo de hombres valientes y competentes capaces de llevar a cabo la tarea: neutralizar de una vez y para siempre la bomba atómica nazi. Furman reclutó al capitán Marte Previti, norteamericano hijo de sicilianos, y juntos comenzaron la tarea de formar el equipo que privaría a Hitler de su "superarma secreta". El equipo y la operación de Furman y Previti recibió el nombre codificado de Alsos, que en griego significa "camino arbolado". Los dos jefes eligieron este nombre porque era la traducción del apellido del general Leslie Groves, jefe militar del Proyecto Manhattan.

Los objetivos de Alsos eran muy simples: capturar a los científicos nazis, recuperar el combustible, investigar la tecnología... y matar a todo aquel que obstaculizara el cumplimiento del plan. Al fin y al cabo, se trataba de una operación militar en tiempos de guerra, y la tal guerra era nada menos que la Segunda Guerra Mundial.

El equipo Alsos no estaba solo en la tarea: mientras ellos se preparaban para entrar, encubiertos, en Alemania, los británicos formaban otro grupo similar. El encargado de organizarlo fue el celebérrimo Ian Fleming, más tarde célebre escritor de las novelas de James Bond. Fleming y un experimentado oficial de inteligencia, el capitán Charles Wheeler, se dieron a la tarea de fundar el Grupo 30 de Asalto (30 Assault Unit), que pasaría a la historia simplemente como 30AU. El 30AU tenía un objetivo tan importante como el de Alsos pero acaso algo más simple: se le había ordenado lisa y llanamente capturar a los físicos nucleares nazis a como diera lugar.

30AU, además, llevaba consigo la herramienta que, esperaban, les ayudaría a cumplir la misión: el famoso "Libro Negro". El Libro Negro era una recopilación de datos de espionaje e inteligencia militar que americanos e ingleses habían elaborado en conjunto: una colección de datos, fechas, nombres, lugares, personas, ciudades y cifras donde estaban contenidos muchos años de trabajo encubierto y que había costado muchas vidas.

De tal forma, a fines de 1944 había dos equipos enemigos operando en la Francia ocupada: el 30AU de Ian Fleming y el Alsos de Furman. Y el trabajo de rastreo les llevaría meses. Pero el tiempo se acababa: para febrero de 1945, Stalin, Churchill y Roosevelt se habían reunido en Yalta y decidido que, completada la invasión por los aliados y terminada la guerra, el país se dividiría en cuatro zonas y se otorgaría el control de cada una a uno de los aliados victoriosos: EEUU, el Reino Unido, Francia y la URSS.

He aquí el problema: tanto norteamericanos como ingleses desconfiaban en gran medida de sus aliados rusos, y daba la casualidad que todos los objetivos militares del Libro Negro quedarían en la zona soviética cuando terminara la guerra. Entonces, no sólo había que cumplir los objetivos de 30AU y Alsos, sino que esto debía hacerse antes de que los rusos llegaran a los mismos lugares. Como se ve, la tristemente célebre "Guerra Fría" había comenzado ya durante las postrimerías de la Segunda Guerra.

Bomba V2 en su lanzador portátil
Bomba V2 en su lanzador portátil
Los informes de inteligencia alertaron a los miembros de Alsos de que los bombardeos aliados habían obligado a los nazis a abandonar sus instalaciones primitivas de construcción y prueba de la V2 y que el nuevo punto crítico se situaba en la ciudad de Nordhaüsen, al sudoeste de Berlín. Al asaltar la ciudad y un cerro rocoso cercano, los norteamericanos encontraron, bajo la piedra, una pesadilla que jamás habrían soñado.

Cubiertas por miles y miles de toneladas de rocas sólidas, acababan de encontrar las instalaciones de Mittelberg, la fábrica secreta de las bombas voladoras V2. Dos largos túneles cavados en la piedra viva, paralelos y unidos entre sí por 46 más pequeños, configuraban un monstruoso complejo de líneas de montaje que había construido más de 4.000 V2 en un lapso de tan solo 9 meses. Todo estaba intacto; los americanos hubieran podido producir allí sus propios misiles si lo hubiesen deseado.

Pero: ¿de dónde había salido la mano de obra para tan monstruosa obra y su demoníaca producción? La respuesta no tardó mucho en llegar. Cerca del pueblo y de Mittelberg las SS habían instalado un siniestro campo de concentración especial, que suministraba los esclavos para trabajar en el proyecto "Venganza" (Vergeltungswaffe, "Represalia"). Fueron 50.000 operarios esclavos los que consiguieron ensamblar las bombas voladoras, sujetos a un dantesco régimen de violencia, torturas, hambre, frío, golpizas y ahorcamientos. Se les suministraba como alimento diario una rodaja de pan, una rodaja de salchicha, un pequeño trozo de margarina, un pedazo de dulce y un plato de sopa —compuesto prácticamente de agua, sin caldo ni ningún nutriente—. Obligados a realizar las pesadas labores de la fábrica, es fácil comprender que más de 10.000 de ellos hayan muerto entre diciembre de 1943 y marzo de 1945, la etapa de producción de los artefactos.

Si bien Mittelberg estaba desierta y las instalaciones aún funcionaban, los americanos sólo encontraron en los lóbregos túneles a los esclavos sobrevivientes. No había ni rastros de Von Braun ni de su mano derecha, Helmut Walther, de quien sabían a la sazón que estaba diseñando el primer motor a reacción para aviones de combate.

Los estadounidenses consiguieron llevarse algunas de las V2 terminadas que se hallaban en el lugar y dinamitaron Mittelberg antes de que llegaran los rusos; pero como los lanzadores de estos misiles eran móviles y se hallaban desperdigados por toda Alemania, el Ejército Rojo logró hacerse con muchos de ellos. Los V2 capturados fueron las bases de los programas espaciales ruso y norteamericano y su tecnología posibilitó el desarrollo de los misiles balísticos intercontinentales con cabeza nuclear que ambos bandos desarrollaron a partir de los años 60.

Mientras Alsos desmantelaba Mittelberg, el 30AU buscaba a Heisenberg y sus miles de toneladas de uranio 235. El Libro Negro decía que la mayor posibilidad de encontrar a ambos era el pueblo de Haigerloch, un paradisíaco lugar entre las montañas.

Los británicos tuvieron muchos más problemas que los yanquis: la zona de Tübingen en la que se encontraban bullía de actividad de los últimos SS. Luego de mucho luchar, el comandante Boris Pash (que mandaba este grupo) y los suyos estuvieron frente al pueblito y su maravilloso castillo ubicado en la cima de un monte. Sabiendo muy bien lo que buscaban, encontraron al pie del mismo una doble puerta de acero cerrada con candado, que conducía a la roca viva.

Cuando lograron abrirla, se encontraron con una enorme sorpresa: bajo el castillo y la montaña de Haigerloch existían las más avanzadas instalaciones nucleares que el mundo había visto (si se exceptúan las del Proyecto Manhattan), incluyendo un gigantesco reactor nuclear utilizado para la obtención y purificación del uranio. Al igual que les había ocurrido a los miembros de Alsos, la alegría del descubrimiento fue seguida por la decepción: estaba el reactor, pero no había señales de Heisenberg ni del uranio purificado.

Los camaradas de Von Braun
Los camaradas de Von Braun. Arriba, semitapado y con uniforme negro de las SS, sigue a Heinrich Himmler, responsable de la muerte de 6 millones de personas.
Algunas confidencias de habitantes de la aldea condujeron a un subordinado de Pash, el capitán Prewitt, a la casa donde se ocultaban varios de los físicos nazis (aunque Heisenberg no estaba entre ellos); otras, a un lugar del campo cercano al castillo donde los nazis habían enterrado parte del uranio: más de dos toneladas de bloquecitos cúbicos que fueron trasladados a Gran Bretaña en 20 vuelos militares sucesivos. El resto de las "miles de toneladas" fue encontrado más tarde y asignado al Proyecto Manhattan. Así, el uranio de Hitler terminó equipando las bombas que arrasaron Hiroshima y Nagasaki. Los científicos, como se narra en la primera parte, fueron llevados a Inglaterra y encarcelados allí.

Poco después, el 30AU capturó también a Helmut Walther, que se había escondido en el puerto báltico de Kiel, y con él a varios prototipos de sus aviones a reacción.

Von Braun fue detenido en la región de Baviera, al sur de Alemania, mientras que Pash, basándose en sus informes de inteligencia, se dirigió a la casa de los padres de Heisenberg, donde lo halló oculto y lo capturó el 3 de mayo de 1945, cuatro días antes de la rendición formal de Alemania.

Si bien se alzaron muchas voces en Inglaterra y Estados Unidos pidiendo las cabezas de los científicos criminales de guerra, tanto los gobiernos de estos países como la Unión Soviética quisieron conservarlos con vida y contentos para trabajar en sus propios programas espaciales y nucleares. Aunque Heisenberg estuvo detenido en Inglaterra muchos meses (y las cintas con sus conversaciones mostraron que no estaba muy seguro de cómo se armaba una bomba atómica), Von Braun fue llevado a Estados Unidos casi de inmediato y, tras los primeros éxitos del programa espacial norteamericano, tratado como una celebridad y como un héroe. Así terminó el hombre que tenía su propio campo de concentración destinado a procurar los obreros para su proyecto personal de armas de destrucción masiva, obreros esclavos (casi todos de 14 años de edad o menos) que, en sus manos, tuvieron una expectativa de vida inferior a un año.

Fuente: axxon.com.ar
Referencias

  1. El Proyecto Manhattan era el nombre en clave de un proyecto de científico llevado a cabo durante la Segunda Guerra Mundial por los Estados Unidos con ayuda parcial del Reino Unido y Canadá. El objetivo final del proyecto era el desarrollo de la primera bomba atómica. La investigación científica fue dirigida por el físico Julius Robert Oppenheimer mientras que la seguridad y las operaciones militares corrían a cargo del general Leslie Richard Groves. El proyecto se llevó a cabo en numerosos centros de investigación siendo el más importante de ellos el Distrito de Ingeniería Manhattan situado en el lugar conocido actualmente como Laboratorio Nacional Los Álamos.

    El proyecto agrupó a una gran cantidad de eminencias científicas (física, química, ciencias informáticas). Dado que tras los experimentos en Alemania previos a la guerra se sabía que la fisión del átomo era posible y que los nazis estaban ya trabajando en su propio programa nuclear se reunieron varias mentes brillantes que eran también pacifistas e izquierdistas en su mayoría. Exiliados judíos muchos de ellos, hicieron causa común de la lucha contra el fascismo aportando su grano de arena a la causa: conseguir la bomba antes que los alemanes.

    El primer ensayo atómico exitoso ocurrió en el desierto de Alamogordo, en Nuevo México. El artefacto se llamó Trinity y se trataba de una bomba-A de plutonio del mismo tipo que Fat Man que sería lanzada sobre Nagasaki días después. En la actualidad este lugar está marcado por un monolito cónico negro de silicio resultado de la fusión de la arena bajo el efecto del calor provocado por la explosión.

    En la carrera por la bomba nuclear, los alemanes tenían el Proyecto Uranio y los soviéticos la Operación Borodino.

  2. Leó Szilárd (11 de febrero de 1898 - 30 de mayo de 1964) fue un físico judío húngaro-estadounidense que trabajó en el Proyecto Manhattan. Nació en Budapest y murió en La Jolla, California.

    probablemente el primer científico que pensó seriamente en construir bombas atómicas. (Había leído el relato de ficción "bombas atómicas" dentro de la novela de ciencia-ficción de H. G. Wells The World Set Free). Pensó en la posibilidad de una reacción nuclear en cadena el 12 de septiembre de 1933 mientras esperaba para cruzar la calle en la Avenida de Southampton en Bloomsbury. Según se dice, Szilárd tuvo esta idea como consecuencia de su enfado por la negativa de Ernest Rutherford a hablar sobre la energía nuclear. Szilárd también fue el copropietario, junto a Enrico Fermi, de la patente sobre el reactor nuclear (U.S. Patent 2708656).

  3. Edward Teller (Budapest, 15 de enero de 1908 - Stanford, Estados Unidos, 9 de septiembre de 2003).

    Físico de origen judío, nacionalizado en Estados Unidos a partir de 1941, país al que había emigrado en 1935 huyendo de las persecuciones de la Alemania de Hitler. Teller es especialmente recordado por su vinculación en la fabricación de la bomba de hidrógeno, por lo que se le atribuye el sobrenombre de padre de la bomba H. Su figura pública fue siempre controvertida. Recibió importantes honores y fue criticado por algunos de sus colegas.

    Estudió Ciencias Físicas en las universidades de Munich y Leipzig y en el Instituto de Tecnología de Karlsruhe, terminando con un curso de postgrado en Copenhague con Niels Bohr, pionero de la mecánica cuántica y de la física nuclear.

    Teller quedó marcado en su juventud por la revolución comunista de Béla Kun en Hungría y por la pérdida de una pierna en un accidente de circulación. Sus trabajos iniciales estaban encaminados al estudio de las reglas de selección de la mecánica cuántica trabajando en campos tan diversos como la física del estado sólido y la cosmología.

    Siendo un físico de gran talento adquirió una posición preminente entre la comunidad científica norteamericana. En 1939 acompañó a Leo Szilard a ver a Albert Einstein para persuadirle de escribir una carta al presidente Franklin Roosevelt en la que le sugería el desarrollo de un programa armamentístico nuclear ante el temor de que la alemania nazi pudiera desarrollar tales armas. Poco después formó parte importante de un programa secreto para el desarrollo de la primera bomba atómica. El nombre de este proyecto era Proyecto Manhattan, y sus instalaciones principales estaban ubicadas en una base construida al efecto en Los Álamos.

    Una de las actuaciones más criticadas de Teller es durante la llamada Auditoría de Seguridad promovida por el FBI en donde formuló una grave acusación al padre de la bomba atómica Robert Oppenheimer sindicandole como espía del comunismo y que fue apoyada por J. Edgar Hoover lo que provocó la salida del escenario de Oppenheimer dejándo libre a Teller para co-producir la bomba H, a la cual Oppenheimer se oponía.

  4. Eugene Paul Wigner (húngaro Wigner Pál Jenő) (17 de noviembre de 1902 – 1 de enero de 1995) fue un físico y matemático húngaro que recibió el Premio Nobel de Física en 1963 (Junto a J. Hans D. Jensen y Maria Goeppert-Mayer)"por su contribución a la teoría del núcleo atómico y de las partículas elementales, en especial por el descubrimiento y aplicación de los importantes principios de simetría".


La bomba de Hitler -Primera parte-


Por Marcelo Dos Santos

Placa conmemorativa en Los Álamos, sitio de la primera detonación mundial
Placa conmemorativa en Los Álamos, sitio de la primera detonación mundial
Hoy, a más de 60 años del bombardeo atómico norteamericano contra las ciudades abiertas de Hiroshima y Nagasaki, corresponde hacer un minucioso análisis de los rumores que durante mucho tiempo han corrido acerca de la supuesta bomba atómica que los nazis estuvieron a punto de (¿o lograron?) construir, y que, según rumores, iba en camino a Japón a bordo de un submarino alemán.

Las bombas atómicas que se lanzaron sobre Japón en agosto de 1945 fueron el fruto de un enorme esfuerzo de guerra realizado por los norteamericanos, los ingleses y muchos científicos emigrados. Este esfuerzo recibió el nombre en código de "Proyecto Manhattan". El Proyecto Manhattan se vio obligado a superar grandes obstáculos y recién llegó a poder probar su primera bomba atómica luego de la rendición alemana en mayo de ese año. La principal motivación de esos científicos al comenzar el proyecto (en 1941) fue la posibilidad de verse inmersos en una carrera con sus similares alemanes por poner a punto la fisión nuclear con fines bélicos.

Incluso Albert Einstein estuvo involucrado en el proyecto: en 1939 envió una carta al presidente Roosevelt urgiéndolo a tomar en serio la posibilidad de desarrollar armas nucleares. En diciembre de 1943, el físico sueco Niels Bohr visitó el lugar donde se llevaba a cabo el Proyecto Manhattan (un sitio llamado Los Álamos) para ofrecer tanto su apoyo moral como científico. Sin embargo, cuando la guerra terminó, quedó claro que los alemanes no poseían armas nucleares como las que se utilizaron contra Japón.

El "Proyecto Uranio" de los alemanes, que había comenzado en 1939, tenía como objetivo investigar el diseño y construcción de reactores nucleares, la separación de isótopos y el armado de explosivos atómicos. El proyecto completo contaba con no más de una docena de científicos desparramados por todo el país. Muchos de ellos ni siquiera eran full time, dedicando a estas investigaciones poco más que sus ratos libres. El Proyecto Manhattan, por el contrario, empleó a miles de científicos, ingenieros y técnicos, y su costo se elevó a varios miles de millones de dólares.

No es sorprendente, entonces, que los historiadores hayan llegado a la conclusión de que Alemania no estaba ni siquiera cerca de construir un artefacto nuclear funcional. Sin embargo, cierto material histórico recién descubierto complica la historia... y la hace mucho más interesante.

El historiador alemán independiente Rainer Karlsch es el autor del libro Hitlers Bombe ("La bomba de Hitler", publicado por Deutsche Verlags-Anstalt), el primero que se ha dedicado en profundidad a investigar si Hitler tuvo en verdad su bomba atómica. Mark Walker, por su parte, es profesor en el Departamento de Historia del Union College de Schenectady, Nueva York. Juntos han publicado un extraordinario artículo titulado New light on the Hitler´s Bomb ("Nueva luz sobre la bomba de Hitler) que es la base de este artículo.

Hitler y su sueño: Volatilizar Nueva York
Hitler y su sueño: Volatilizar Nueva York
Los conocimientos de que dispusimos y disponemos acerca del proyecto alemán de armas nucleares durante la Segunda Guerra Mundial han ido cambiando a lo largo del tiempo. Esto se debe a que paulatinamente han ido apareciendo nuevas fuentes de información antes desconocidas. Por ejemplo, en 1992 el gobierno británico publicó transcripciones de conversaciones grabadas en secreto entre diez científicos alemanes que se encontraban prisioneros en Farm Hall (Cambridge, Inglaterra) en 1945.

Con la excepción de uno (Max van Laue), todos los demás habían estado trabajando en el Proyecto Uranio de Hitler. Sus nombres eran Erich Bagge, Kurt Diebner, Walther Gerlach, Otto Hahn, Paul Harteck, Werner Heisenberg, Horst Korschning, Carl Friedrich von Weizsäcker y Karl Wirtz.

Lo más interesante de las grabaciones es la enorme sorpresa con que los científicos tomaron la noticia de que el Japón había sido bombardeado con armas nucleares. Increíblemente, ellos estaban convencidos de que se encontraban muy por delante de los norteamericanos en lo que respecta a la carrera nuclear.

Otro material aún más misterioso apareció en 2002: los Archivos Niels Bohr de Copenhague publicaron ciertos borradores de cartas escritas por el propio Bohr a fines de los años ´50. Las cartas trataban acerca de una visita que Heisenberg y von Weizsäcker hicieron a la Dinamarca ocupada por los nazis en septiembre de 1941. Después de la guerra, ambos científicos alemanes juraban que sólo habían viajado para visitar a Bohr, ayudarlo y convencerlo de que se sumara al esfuerzo nuclear alemán. Pero en las cartas, Bohr niega que los actos o las motivaciones de los físicos alemanes hayan sido así de nobles. Hay una obra de teatro ("Copenhague", de Michael Frayn) que gira en torno a las intrigas que implicó esa extraña visita.

Hoy, tenemos una nueva vuelta de tuerca sobre el asunto, que depende de algunos documentos recientemente descubiertos en archivos rusos, entre los que se encuentran varios provenientes del Instituto de Física Kaiser Wilhelm de Berlín. Hay cuatro papeles particularmente notables entre este material: un reporte oficial firmado por von Weizsäcker luego de un viaje a Copenhague en marzo del 41; un borrador de la solicitud de una patente pedida por él el mismo año; una solictud revisada de noviembre, y el texto de una conferencia para el público general dada por Heisenberg en junio de 1942.

Carl Friedrich Von Weizsäcker, fallido padre de la bomba atómica alemana
Carl Friedrich Von Weizsäcker, fallido padre de la bomba atómica alemana
Karlsch se ha basado mayormente en esa documentación (así como en muchas otras fuentes) para su libro "La bomba de Hitler", publicado en marzo de 2005. La obra motorizó un intenso debate acerca de qué tan avanzados se encontraban los alemanes en su proyecto de lograr construir armas nucleares, y de qué tipo y qué tan eficientes eran o hubieran sido dichas armas. Investigando junto con el periodista Heiko Petermann, Karlsch descubrió que un grupo de científicos alemanes habían llevado a cabo un experimento (del que nada se supo nunca hasta el día de hoy) destinado a investigar un reactor nuclear en Turingia (Alemania Oriental). Los germanos probaron también algún tipo de artefacto en el mismo lugar, en el mes de marzo de 1945. De acuerdo con las declaraciones de testigos oculares, que rompieron el silencio a fines de ese mes y otra vez veinte años después, los científicos mataron en esas pruebas a varios cientos de prisioneros de guerra y personas sacadas de los campos de concentración. A pesar de que no queda claro si el artefacto funcionó como se esperaba, estaba claramente diseñado para usar tanto reacciones de fisión como de fusión. Era, por lo tanto, un arma nuclear.

A partir de la publicación de "La bomba de Hitler", otro documento apareció, esta vez proveniente de un archivo privado. Escrito inmediatamente después de la guerra en alguna parte de Europa, y sin fechar, muestra el único dibujo conocido de una bomba nuclear alemana.

A lo largo de los años, varios autores llegaron a la conclusión de que Heisenberg y sus colegas nunca entendieron en realidad cómo se suponía que funcionaba una bomba nuclear. Entre estos autores se encuentra el físico norteamericano Samuel Goudsmit, que, en 1947, publicó los resultados de una investigación ordenada por el Ejército de los Estados Unidos. La misma llevaba el nombre clave de Alsos, y se ocupaba de rastrear los esfuerzos alemanes por producir una bomba nuclear.

Otro historiador, Paul Lawrence Rose, llega a la misma conclusión en su libro Heisenberg and the Nazi Atomic Bomb Project 1939-1945 ("Heisenberg y el proyecto de la bomba atómica nazi 1939-1945" , 1998). Estos estudiosos arguyen que los nazis nunca llegaron a comprender del todo la física de la reacción en cadena en una fisión nuclear, en la cual los neutrones rápidos emitidos por un núcleo de uranio-235 o de plutonio-239 disparan sucesivas reacciones de fisión. Tanto Goudsmit cuanto Rose dicen también que los alemanes nunca se dieron cuenta de que el plutonio puede usarse también como explosivo nuclear.

Las críticas acerca de la supuesta incompetencia de los físicos alemanes se ven reforzadas —aparentemente— por las conversaciones grabadas en Farm Hall, que revelan que Heisenberg respondió a las noticias de Hiroshima calculando erróneamente la masa crítica de la bomba en cuestión. Sin embargo, a los pocos días mejoró su método e hizo una estimación mucho más cercana a la realidad. Pero, más allá del error de Heisenberg en Farm Hall, hay otras evidencias que sugieren que los científicos nazis sabían que las bombas atómicas tendrían que usar neutrones rápidos y que tanto el plutonio como el uranio-235 eran materiales fisionables.

Farm Hall, prisión para los físicos nucleares nazis
Farm Hall, prisión para los físicos nucleares nazis
Por ejemplo, en febrero de 1942, los oficiales del ejército alemán que eran responsables del desarrollo de armamento describieron los progresos del Proyecto Uranio en un informe titulado "Producción de energía a partir del uranio". En ese trabajo, descubierto recién en la década del 80, los militares se basan exclusivamente en los descubrimientos de Hahn, Harteck, Heisenberg y los demás científicos que trabajaban en el proyecto. El reporte termina diciendo que el uranio-235, que constituye sólo el 0,7% de todo el uranio natural —el resto es uranio-238, no fisionable— podría usarse para construir un arma nuclear millones de veces más potente que el mejor explosivo convencional. También argumenta que un reactor nuclear, una vez puesto en marcha, podría producir plutonio, al que describe como "un explosivo de fuerza comparable" a la del uranio. Sigue diciendo que "la masa crítica de un arma semejante sería de entre 10 y 100 kg", lo cual está muy cerca de las estimaciones de los aliados (6 de noviembre de 1941): de 2 a 100 kg. Este dato está registrado en la historia oficial del Proyecto Manhattan, que se conoce como "Informe Smyth".

El borrador de la solicitud de patente de von Weizsäcker (1941), que probablemente constituye el más sorprendente de todos los hallazgos hechos en los documentos rusos, deja bien en claro que este científico sí entendía perfectamente tanto las propiedades como las posibles aplicaciones militares del uranio. La patente dice textualmente: "La producción del elemento 94 (el plutonio) en cantidades utilizables en la práctica se lleva a cabo mejor mediante el uso de la ´máquina de uranio´ (el reactor nuclear)". Y sigue: "Es especialmente ventajoso - y es también el principal beneficio de este invento- el hecho de que el elemento 94 así producido pueda ser separado químicamente con facilidad del uranio".

Von Weizsäcker deja asimismo en claro que el plutonio podría usarse en una bomba de gran poder. "Con respecto a la energía por unidad de peso, este explosivo podría ser diez millones de veces más potente que cualquier otro explosivo existente, y sólo comparable con el uranio-235 en estado puro", escribe. Más tarde, en la patente definitiva, von Weizsäcker describe un "proceso para la producción de energía explosiva a partir de la fisión del elemento 94. En ella, el elemento 94 es colocado todo junto en un solo lugar, por ejemplo una bomba, en cantidades tales que la apabullante mayoría de los neutrones producidos por la fisión excite nuevas fisiones y no abandone la masa de material".

Estamos hablando, ni más ni menos, que de la solicitud de patentamiento de una bomba de plutonio.

El 3 de noviembre de 1941, la solicitud fue reenviada con el mismo título: "Extracción técnica de energía, producción de neutrones y manufactura de nuevos elementos mediante la fisión del uranio o elementos pesados semejantes". Esta nueva versión se diferenciaba de la otra en dos puntos importantes: primero, el titular era ahora el Instituto Kaiser Wilhelm en lugar de von Weizsäcker solo. En segundo lugar, se la había censurado minuciosamente, quitando toda mención bombas o explosivos nucleares.

Pero otro de los documentos recién hallados en Rusia (el informe de von Weizsäcker de su visita a Copenhague en la primavera de 1941) sugiere que, al menos por entonces, von Weizsäcker estaba entusiasmado acerca del trabajo con uranio.

La realidad es que sabemos que luego de la guerra, los científicos daneses que trabajaban en el instituto de Bohr acusaron a Heisenberg y von Weizsäcker de haber actuado como espías para Alemania durante su visita a Copenhague. Debe haber al menos un poco de verdad en esta afirmación, porque en marzo de 1941 (cuando los nazis aún no habían invadido Rusia y la victoria parecía cercana), von Weizsäcker escribió el siguiente informe para la Wehrmacht (el ejército alemán): "La extracción técnica de energía a partir de la fisión del uranio todavía no se está desarrollando en Copenhague. Los daneses saben que Fermi ha comenzado a investigar esta cuestión en particular para los norteamericanos; sin embargo, no han llegado otras noticias desde el inicio de la guerra. Es obvio que el profesor Bohr ignora que nosotros estamos trabajando en ello. Por supuesto, lo alenté en esa creencia... En Copenhague tienen la colección completa de la revista estadounidense Physical Review hasta el número del 15 de enero de 1941. Me traje fotocopias de los artículos más importantes, y arreglamos que la embajada alemana fotocopie o fotografíe todos los números que se importen y nos los manden aquí".

El libro de Karlsch explica lo que ya se sabía del trabajo alemán sobre reactores nucleares y separación de isótopos en tiempos de guerra, y agrega los documentos de los archivos rusos, la historia oral y la arqueología industrial para abrir un nuevo capítulo en la historia de las armas nucleares alemanas. Durante la mayor parte de la guerra, había en Alemania dos grupos trabajando sobre los reactores nucleares: estos dos grupos competían entre sí. Uno de ellos era el que comandaba el físico del ejército Kurt Diebner; el otro, el dirigido por Werner Heisenberg en Leipzig y Berlin.

Kurt Diebner, director del equipo más decidido a construír la bomba y rival de Heisenberg
Kurt Diebner, director del equipo más decidido a construír la bomba y rival de Heisenberg
Mientras que los experimento de Heisenberg usaban capas alternadas de uranio y moderador, el equipo de Diebner había desarrollado un enrejado tridimensional de cubos de uranio incrustados en el moderador. Heisenberg nunca dio a Diebner y sus subordinados el crédito que se merecían por sus descubrimientos, pero se aprovechó del diseño de Diebner para llevar a cabo el último experimento efectuado en Haigerloch, en Alemania sudoccidental.

Karlsch revela ahora que Diebner se las arregló incluso para efectuar aún otro experimento en los últimos meses de la guerra, aunque sus detalles exactos no se conocen. Luego de tomar una serie de mediciones, Diebner escribió una breve carta a Heisenberg, con fecha 10 de noviembre de 1944. En ella le informaba acerca del experimento y le notificaba que había habido problemas con el reactor. Desafortunadamente, no hay otras fuentes escritas acerca de este último experimento con un reactor nuclear efectuado en Gottow. Los estudios de arqueología industrial realizados en el sitio durante 2002 y 2003 sugieren que en ese reactor se produjo una reacción en cadena, que, si bien puede haber sido de muy breve duración, debe haber terminado en un accidente nuclear.

Diez años después de finalizada la guerra, Diebner presentó una nueva solicitud de patente para un nuevo tipo de reactor "de dos etapas", que podría haber generado plutonio. Una sección del interior del reactor podía usar uranio enriquecido para alcanzar una reacción en cadena autosustentable (que se retroalimenta a sí misma), mientras que la sección externa (mucho más grande) rodeaba el reactor interno y se mantenía funcionando a niveles subcríticos.

Uno de los reactores construído por el grupo de Heisenberg
Uno de los reactores construído por el grupo de Heisenberg
Entonces, se podía extraer el plutonio de la sección interior. Parece ser que la solicitud de patente de Diebner, en 1955, tuvo como origen su último experimento de la guerra.

Más sorprendente - por no decir impactante- es otra revelación del libro de Karlsch: un grupo de científicos subordinados a Diebner en efecto construyeron y probaron un arma nuclear, con el enorme apoyo de Walther Gerlach, un físico nuclear experimental que en 1944 estaba a cargo del Proyecto Uranio para el Consejo de Investigaciones del Reich. En apariencia, Hahn, Heisenberg, von Weizsäcker y la mayoría de los demás científicos del proyecto no estaban informados de la existencia de esta bomba. El artefacto estaba diseñado para funcionar en base a una reacción de fisión, pero no era en realidad una bomba "atómica" como las que se lanzaron contra Nagasaki e Hiroshima. Y a pesar de que también estaba diseñada para aprovechar las reacciones de fusión, tampoco tenía nada que ver con las bombas "de hidrógeno" probadas por los Estados Unidos y la Unión Soviética en los años 50.

Otto Hahn, descubridor de la fisión nuclear
Otto Hahn, descubridor de la fisión nuclear
En lugar de ello, se moldeaba una masa de alto explosivo convencional dejándole un hueco en el centro, para enfocar la energía y el calor de la explosión en dirección a un solo punto, en el interior del blindaje. Allí se combinaban pequeñas masas de uranio enriquecido y una fuente de neutrones, todo inmerso en una mezcla de deuterio-tritio. Esta arma debe haber sido más bien una bomba nuclear táctica que estratégica, y en cualquier caso no hubiera podido ganar la guerra para Hitler. No queda claro si este diseño fue exitoso o no, ni si lo que se producía era una fisión o una fusión. Pero lo importante de esto es la revelación de que, en los últimos y desesperados meses de la guerra, un pequeño grupo de científicos estaba tratando de lograrlo.

Diagrama original del informe anónimo. Es el único dibujo existente de una bomba nuclear nazi.
Diagrama original del informe anónimo. Es el único dibujo existente de una bomba nuclear nazi.
A poco de concluida la guerra en Europa, un científico austríaco o alemán desconocido escribió un informe que describe el trabajo sobre armas nucleares durante la guerra. Este documento, descubierto por Karlsch después de la publicación de su libro, contiene tanto información precisa acerca de las armas nucleares como así también especulación menos exacta, y parece contener datos acerca del Proyecto Manhatta. Esto se demuestra porque menciona el sustantivo "plutonio", de uso exclusivo en EEUU, mientras que los alemanes siempre se referían al "elemento 94". Lamentablemente la página del título se ha perdido, de modo que no hay evidencias acerca de su autor. Sin embargo, este individuo no parece haber formado parte del grupo principal del Proyecto Uranio alemán ni tampoco del equipo subordinado a Diebner.

Lo que sí demuestra ese papel es que el conocimiento de que el uranio podía aprovecharse para construir nuevas y poderosas armas estaba ampliamente extendido entre la comunidad técnica alemana durante la guerra. Contiene, además, el único diagrama alemán de un arma nuclear que se haya descubierto hasta el día de hoy.

El diagrama es esquemático, y está, por lo tanto, muy lejos de ser un "plano" práctico para construir una bomba. El anónimo autor menciona incluso la masa crítica para la bomba - algo más de 5 kg de plutonio-. Esta estimación es bastante exacta, porque el uso de un material que refleje los neutrones de nuevo hacia el plutonio reduce la masa crítica necesaria en un factor de 2. Más aún, estos cálculos son altamente significativos, porque ni siquiera el Informe Smyth incluía semejante información detallada.

El nuevo informe también es interesante porque deja en claro que los nazis trabajaron intensamente en los asuntos teóricos concernientes a la construcción de una bomba de hidrógeno. Esto está confrmado por otras dos fuentes independientes. Una es la documentación de Erich Schumann, director del Departamento de Investigacón de Armamentos del ejército alemán, que incluye muchos informes y cálculos teóricos acerca de la fusión nuclear. El físico vienés Hans Thirring, por su parte, también desarrolla este tema en su libro The history of the atomic bomb ("La historia de la bomba atómica" ), publicado en el verano de 1946.

¿Qué hubiese sucedido si los nazis hubieran logrado hacer sus bombas nucleares y las hubiesen puesto aquí... ...o aquí ?
¿Qué hubiese sucedido si los nazis hubieran logrado hacer sus bombas nucleares y las hubiesen puesto aquí...
...o aquí ?
Los historiadores, los científicos y el público general han estado debatiendo durate décadas si Heisenberg y von Weizsäcker querían en realidad construir bombas atómicas. Poniéndolos en referencia, los nuevos datos descubiertos cambian nuestra imagen de las armas nucleares nazis. Ninguno de ellos, sin embargo, apoya en modo alguno ni la visión de Heisenberg y sus colegas como luchadores de la resistencia (como cree Powers) ni tampoco la de que eran meros inútiles amantes del nazismo (lo cual opina Rose).

Pero los nuevos documentos y los descubrimientos de Rainer Karlsch colocan a Heisenberg y a von Weizsäcker en un contexto diferente, dejando en claro su ambivalencia acerca de las armas nucleares. Aunque ambos siguieron trabajando en reactores nucleares y separación de isótopos, y oscilaron defendiendo los proyectos de armas nucleares cuando estaban frente a los hombres poderosos del estado nazi, en realidad no intentaron crear armas nucleares para el régimen de Hitler con el entusiasmo que hubiesen podido. Otros científicos sí lo hicieron, curiosamente Walther Gerlach, Kurt Diebner y los investigadores que dependían de ellos.

Sería una temeridad creer que esta es la última palabra sobre el tema. La bomba de Hitler es como un zombie: justo cuando creemos que sabemos lo que en verdad sucedió, cómo y por qué, se levanta de nuevo de entre los muertos.


Werner Heisenberg, premio Nobel de Física y director del proyecto nuclear del 3er Reich
Werner Heisenberg, premio Nobel de Física y director del proyecto nuclear del 3er Reich
Apéndice: El papel de Heisenberg

Durante la Segunda Guerra Mundial, Werner Heisenberg fue uno de los científicos más influyentes de Alemania y su físico teórico más importante. Ya había ganado un Premio Nobel por su trabajo en mecánica cuántica y el Principio de Incertidumbre; se había convertido en uno de los profesores universitarios más jóvenes de Alemania cuando comenzó a enseñar en la Universidad de Leipzig; y en 1942 (a los 40 años de edad) fue nombrado director del prestigioso Instituto de Física Kaiser Wilhelm y profesor de la Universidad de Berlín.

Sin embargo, en los primeros años del Tercer Reich, Heisenberg fue descalificado por su colega y también ganador del Premio Nobel Johannes Stark. Este, en un libro publicado por las SS, denuncia que Heisenberg es un "judío blanco" y "judío espiritual". La investigación subsiguiente, llevada a cabo por las SS, terminó en 1939 recomendando la completa y pública rehabilitación de Heisenberg.

La consecuencia de todo esto fue que, para 1942, Heisenberg se sentía más seguro si contaba con el apoyo de las figuras más influyentes de la escena nazi, como por ejemplo el Ministro de Armamentos Albert Speer y el industrial Albert Vögler, presidente de la Sociedad Kaiser Wilhelm.

En febrero de 1942, Heisenberg dio su famosa conferencia popular ante un auditorio de influyentes políticos, burócratas, militares e industriales. En ese momento, el futuro del Proyecto Uranio estaba en duda, porque los militares sólo estaban interesados en armas que pudieran ser entregadas a tiempo para influir en el desarrollo posterior de la guerra. El historiador David Irving descubrió las transcripciones de la conferencia en la década de 1960, y, por lo que ellas muestran, Heisenberg se esforzó por enfatizar tanto el potencial de las armas nucleares como las dificultades prácticas de construirlas.

Karl Wirtz, propulsor del experimento de Turingia
Karl Wirtz, propulsor del experimento de Turingia
Sus conclusiones fueron claras: "1) Es indudable que la generación de energía a partir de la fisión del uranio es posible, suponiendo que el proceso de enriquecimiento del isótopo 235 del uranio sea exitoso. Aislar el uranio-235 llevaría a una explosión de inimaginable potencia. 2) También se puede utilizar el uranio común para producir energía, si se lo dispone en capas alternadas con agua pesada. En un sistema de capas sucesivas, estos materiales son capaces de transferir sus grandes reservas de energía a un dispositivo térmico, a través del tiempo. Esto proporciona, también, los medios para almacenar enormes cantidades de energía, las cuales son mensurables técnicamente en relativamente pequeñas masas de sustancias. Una vez puesta en marcha, la máquina puede también conducir a la creación de explosivos increíblemente poderosos".

Sin embargo, para el verano de 1942 el Proyecto Uranio había sido transferido de la Wehrmacht al Consejo de Investigaciones del Reich (organismo civil) y los científicos alemanes del proyecto encontraron una vez más un apoyo institucional seguro. En junio del mismo año Heisenberg respondió a una pregunta acerca del tamaño que tendría una bomba atómica, diciendo que sería grande como "un ananá".

Esta anécdota fue reproducida por primera vez en The virus house ("La casa de los virus" ), el libro de Irving, pero nunca se ha encontrado una transcripción de la charla. Independientemente de ello, se la ha descubierto hoy en los nuevos documentos soviéticos. El texto de la conferencia de junio (titulada "Trabajos sobre los problemas del uranio" ) difiere en gran medida de la charla de febrero. Heisenberg comienza mencionando el descubrimiento de la fisión nuclear en 1939, haciendo notar que el interés en este nuevo desarrollo ha sido "excepcional" , especialmente en Estados Unidos. "Pocos días después del descubrimiento", dice, "las radios norteamericanas ofrecieron extensos reportes, y seis meses después habían aparecido gran número de artículos científicos acerca de este tema".

Fat Boy en su hangar, antes de llevarse Nagasaki al otro mundo
Fat Boy en su hangar, antes de llevarse Nagasaki al otro mundo
Heiseberg sigue describiendo el trabajo de los investigadores alemanes sobre los procesos de separación de isótopos y reactores nucleares desde el inicio de la guerra, señalando que "naturalmente, habrá que resolver toda una serie de problemas tanto científicos como prácticos antes de que podamos alcanzar nuestros objetivos técnicos". Promediando la conferencia, Heisenberg hace su única mención de las armas nucleares de una forma de bastante bajo perfil: "Dados los resultados positivos alcanzados hasta el momento", manifiesta, "no parece imposible que, una vez que el quemador de uranio haya sido construido, podamos algún día seguir el camino señalado por von Weizsäcker para diseñar explosivos que serán más de un millón de veces más efectivos que los que se encuentran disponibles hoy".

Pero incluso si eso no hubiese ocurrido, el reactor nuclear habría sido "un campo casi infinito de aplicaciones técnicas". Estas incluían buques e incluso aviones que podrían viajar grandes distancias con cantidades minúsculas de combustible, así como nuevas sustancias radiactivas que serían útiles para resolver muchos problemas científicos y técnicos. Heisenberg termina diciendo que los nuevos descubrimientos "de la mayor importancia tecnológica" se alcanzarán "en algunos años".

Como los nazis sabían que "muchos de los mejores laboratorios" norteamericanos también estaban abocados al problema, sería muy difícil "no proseguir en estas cuestiones", apunta Heisenberg. Incluso si "la mayoría de tales desarrollos tomaran mucho tiempo", tendrían que contar con la posibilidad de que, si la "guerra con los norteamericanos durara varios años", la "realización técnica de avances en energía nuclear" jugara un "papel decisivo en la guerra".

Por supuesto que Heisenberg tenía toda la razón. Pero afortunadamente para él y sus conciudadanos, las primeras bombas atómicas cayeron sobre Hiroshima y Nagasaki en lugar de Frankfurt y Berlín.

Fuente: axxon.com.ar



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