El Decadron

Por: Ricardo González

La Sabiduría de los Retiros Interiores
La existencia de Shambhala, ciudad matriz del reino subterráneo de Agartha, está más cerca de la ficción que de la realidad para el hombre común.

Hace 14 años, en un encuentro físico con un ser intraterreno en las selvas del Paititi, en Perú, recibí un conjunto de principios espirituales que rigen la vida de una secreta sociedad subterránea: La Hermandad Blanca. Aquel grupo de seres, entroncados con viejas leyendas budistas que hablan de Shambhala y los Himalayas, se hallarían trabajando secretamente en diversos puntos del mundo, ocultos en sus Retiros Interiores esperando el momento en que el hombre de la superficie asuma su rol y misión dentro del orden de un Plan Cósmico. Todo esto puede sonar a fantasía. Pero para nosotros, que tuvimos la experiencia de ver físicamente a esos seres, fue real. Y lo sigue siendo, pues hemos mantenido el contacto en cada viaje o expedición que realizamos a los más importantes centros de poder en el mundo.

El punto de partida para mí fue aquel viaje a Paititi de 1996 y el encuentro con Alcir, el guardián intraterrestre del legendario Disco Solar. Fruto de ese contacto, se desprenden estas “leyes místicas” que pueden ser aplicadas por todo caminante de la luz. Aunque las he publicado en uno de mis libros, para aquellos que no han tenido acceso a esa información, presento aquí un breve resumen de “El Decadron”, los 10 Principios Espirituales intraterrenos.

La Sabiduría de los Retiros Interiores

La existencia de Shambhala, ciudad matriz del reino subterráneo de Agartha, está más cerca de la ficción que de la realidad para el hombre común. Como en su momento se juzgó a Troya, o la existencia de tierras más allá de los mares en tiempos de Colón. Sin embargo, la existencia de esos túneles, e incluso de verdaderas ciudades intraterrenas abandonadas —como la misteriosa Cueva de los Tayos, en el Ecuador— ha venido reuniendo el interés de connotados científicos e investigadores. Son lugares que han podido ser visitados, fotografiados y estudiados. La leyenda es real.

Lo inquietante, no obstante, no es la propia existencia material de estas galerías artificiales, construidas por una civilización desconocida hace miles de años. El verdadero misterio se encuentra en los habitantes de aquellos laberintos del “mundo de abajo”: ¿Quiénes son? ¿Por qué no se muestran abiertamente? ¿Cuál es su relación con la humanidad? Desde los Nagas de los Himalayas, a la creencia del “Uku Pacha” o mundo subterráneo en el antiguo Perú, las referencias a aquellos esquivos maestros de largas túnicas blancas es abundante. En la actualidad, los acercamientos con ellos se han seguido produciendo, pero en un marco de discreción y silencio. Y hay más de una razón para explicarlo.

La leyenda cuenta que en tiempos muy antiguos existieron importantes civilizaciones, muy anteriores a Sumeria, Egipto o la cultura Maya. Me refiero a una verdadera humanidad perdida que se remonta a la época del llamado “diluvio universal”, un evento catastrófico que más de un mito menciona sin importar en que parte del mundo lo escuchemos. Lemuria, Hiperbórea o Atlántida, son algunos de los nombres que señalan aquellos tiempos “pre diluvianos”, en extremo desconocidos por el hombre. Esas civilizaciones prehistóricas habrían existido. Y al conocer su destrucción —reza la leyenda— un grupo de sabios maestros se establecieron en refugios previamente construidos bajo la superficie del planeta, en zonas de difícil acceso, como gigantescos desiertos, altas cadenas montañosas o selvas impenetrables. La leyenda sostiene, además, que en su nueva morada subterránea depositaron los anales de su cultura, un archivo inimaginable de conocimiento, y que sería puesto a disposición de la humanidad de superficie cuando ésta demuestre que se encuentra preparada para conocer su verdadero origen, destino y misión.

Así, sus moradas subterráneas se transformaron en templos, y desde aquel entonces se les llamó Retiros Interiores.

El Decadron sintetiza parte de esa sabiduría espiritual que protegen y que recuerda la esencia de las más importantes enseñanzas filosóficas de todo el mundo antiguo.
El Decadron sintetiza parte de esa sabiduría espiritual que protegen y que recuerda la esencia de las más importantes enseñanzas filosóficas de todo el mundo antiguo.

Primera Ley: “El verdadero estudiante de la vida empieza estudiándose a sí mismo

Este principio, el más importante de todos, afirma que el verdadero estudiante de la vida, de la Tierra, o del infinito Cosmos, al comprender la existencia y naturaleza de una gota de agua puede fundirse con el océano. Una criatura viviente y una estrella no están tan separadas como podrían aparentarlo. Cada existencia se encuentra interconectada y se rige bajo las mismas leyes. Según viejas enseñanzas esotéricas, la atenta observación de uno mismo puede transformarse en una herramienta poderosa para penetrar en los misterios de la naturaleza y sus mecanismos. De hecho, los Maestros de la Hermandad Blanca resaltan por su profundo conocimiento del planeta y el Universo. Su formula no sólo se basa en el importante archivo de información que custodian en sus Retiros Interiores, sino en la comprensión de ellos mismos como parte de aquel Todo. Por ello el primer principio de su código espiritual afirma que uno debe empezar investigando en su propia realidad interior.

Muchos se preguntarán: ¿Cómo?

Las formas no son lo importante, sino la intención de aquel que busca.

El silencio y la meditación son buenas consejeras para adquirir momentos de paz y claridad, instantes en donde nuestra mente “verá” claro y podrá evaluar, sentir e interpretar nuestro camino. Los Maestros dicen que la mente debe observar sin juzgar lo que ve. Entonces automáticamente nuestro sexto sentido —o intuición, si preferimos llamarla así— nos advertirá los pasos correctos para nuestra evolución y aprendizaje, y las circunstancias y acciones que en una próxima ocasión deberíamos evitar. Pero la atenta observación de uno mismo no sólo involucra la meditación en sí misma, sino un estado de conciencia de todo cuanto hacemos en nuestro desenvolver cotidiano.

Hay cosas que pueden —y deben— modificarse. Y otras que son inherentes a nuestro aprendizaje. Ver nuestra vida desde afuera, como si fuésemos científicos que están pendientes de cada detalle, de cada paso de aquel ser humano que somos nosotros, es un buen ejercicio para comprender desde otra perspectiva el milagro maravilloso que es nuestra existencia, y desde la cual podemos ver el Universo entero.

Segunda Ley “La luz verdadera alumbra o ciega según la actitud del estudiante

La definición más aceptada de la luz sostiene que es una onda electromagnética capaz de ser percibida por el ojo humano. Su frecuencia determina su color. Si le pedimos a alguien que visualice un haz de luz, o una radiación lumínica, lo más frecuente es que imagine un resplandor blanco, brillante y muy claro. Es como si el color blanco reuniera o sintetizara los diferentes matices de la luz. La luz —sostiene la creencia Hindú— fue parte de la creación del Universo a través de la exhalación de Brahma o el “Big Bang” que sugieren nuestros actuales científicos. La Luz sería la información que todo lo impregna.

Los Maestros de la Hermandad Blanca afirman que existen “varios” estados en la naturaleza de la luz. Dicen que la luz puede ser alterada, modificada, y empleada a conciencia para distintos fines. Sin embargo, el segundo principio del Decadron se refiere a la luz como una alegoría que va más allá de este concepto. Habla de la luz como conocimiento.

Sostiene que su real naturaleza es perfecta, y que depende enteramente del receptor el uso equilibrado de aquella revelación. En otras palabras, este principio enseña dos cosas concretas:

  1. Que el conocimiento verdadero es por naturaleza inocuo. No va a izquierda o derecha, no pierde su balance. Sencillamente, “Es”.

  2. Es de responsabilidad del estudiante hacer buen uso del conocimiento. Este puede “iluminar” —conciencia, crecimiento—, o “cegar” —confundir, desorientar— si se lleva a cabo un empleo indebido de lo recibido.

Por ello El Decadron afirma que la luz verdadera alumbra o ciega según la actitud del estudiante. Es interesante constatar que el comportamiento de la luz que estudian los científicos no escapa a la enseñanza de este principio. Veamos un ejemplo sencillo: Todos sabemos que es peligroso mirar directamente al Sol, pues su radiación podría lesionar nuestros ojos. Ello no quiere decir que nuestra estrella —una enana amarilla— sea “negativa”, pues nos da calor, abrigo, y permite que la vida sea posible en el planeta. Sin embargo, en ciertos momentos sí se puede ver la figura solar, como en el amanecer. En otras circunstancias —como cuando el Sol se encuentra en el cenit— sería más que imprudente. Algo similar ocurre con el conocimiento.

El mal uso del conocimiento se ha registrado desde épocas muy antiguas. Grandes civilizaciones precipitaron su desaparición al perder la línea original de las enseñanzas recibidas. Por ello la “luz” alumbra o ciega de acuerdo a nuestra actitud.

Tercera Ley: “El verdadero soldado de la luz batalla amando a su enemigo

Este principio sostiene que cada acción posee una energía. Desde el acto de la guerra a las más sublimes manifestaciones de amor. Por ejemplo, en experimentos científicos se ha demostrado que un pensamiento positivo tiene mayor energía que un conjunto de pensamientos negativos. Es decir, combatir el fuego con fuego, no es la mejor formula, y más aún cuando los principios universales —como el de causa y efecto— están operando constantemente. El Decadron afirma que el verdadero “soldado de la luz” enfrenta las cosas con amor. Y se refiere al estudiante como “soldado” por cuanto el caminar humano se encuentra en el medio de una intensa pugna de fuerzas e influencias.

El sabio chino Lao Tse impartía una forma adecuada para hacer frente a ese conflicto: la quietud. El árbol manso y moldeable, era más resistente a las embestidas del viento, frente a un árbol duro y rígido, que corría el riesgo de romperse. Y es que, erróneamente, se ha pensado que una actitud calmada y pacífica es sinónimo de debilidad. Al contrario, es una muestra de poder y control interno. En un mundo donde es evidente la pugna de fuerzas, la paz interior es la espada que protege al guerrero de la luz. Un guerrero que comprende la naturaleza de su adversario. Por ello lo ama, no lo odia. Y he allí el secreto del tercer enunciado de El Decadron.

El verdadero soldado de la luz batalla amando al enemigo porque su lucha no es un acto de resistencia, sino de no-resistencia, una actitud llena de paz, de quietud, de comprensión, de perdón y, por consecuencia, de control de la situación.

Fuente: legadocosmico.com



Portada

En Informe Celea -Parte IV-


Entonces Xendor hizo una seña para que entrase por aquella puerta.

Caminé despacio. Con cierto temor porque no sabía con qué me iba a encontrar. Pero no me detuve y crucé el marco de aquella entrada que me conduciría a una revelación inesperada.

—Pero... ¡Son sólo espejos! —me decía—

Y ciertamente, me encontraba en una habitación “construida” de espejos hexagonales. No había nada en ella. Sólo mi imagen reflejada en los cristales...

Y fue allí que sentí lo que Joaquel deseaba que entendiese: Que la llave éramos nosotros mismos. Que nosotros mismos somos la propia salvación y futuro de la Humanidad.

Fue tan simple y sencillo, pero al mismo tiempo poderoso, que salí de la habitación con lágrimas en el rostro, profundamente conmovido. No me esperaba ello. Se había producido en mí una especie de expansión de consciencia.

Así, nuevamente frente a Xendor y Joaquel, me sinceré.

—Es verdad lo que me transmiten... —les decía, aún quebrado y emocionado—. ¿Pero no ven los errores que cometemos, y que muchas veces han decepcionado o hecho caer a otros hermanos, que esperan tanto de uno? ¿Por qué nos siguen contactando si hemos demostrado muchas veces inconsciencia e irresponsabilidad con los encargos que nos han compartido?

—Amado Nordac... —me habló muy despacio Joaquel, llamándome nuevamente por ni Nombre Cósmico, y Xendor, silencioso, me observaba fijamente sin perder la sonrisa—. Los seres humanos ven con mayor facilidad los errores de aprendizaje de sus hermanos. Identifican rápidamente los aspectos negativos del compañero, olvidando muchas veces las actitudes correctas y el potencial de servicio que nosotros detectamos.

Bien saben que nunca estarán libres de cometer errores —añadió—. Incluso de repetirlos en ocasiones. Pero hemos visto que han sido valientes para seguir adelante, y no desmayar en un proceso que gracias a ustedes se encuentra cerca de cumplir los objetivos.

El Amor, amado Nordac, es la capacidad de darlo todo. De entregar y servir. Ser una herramienta útil a los demás. Siempre les hemos dicho que Rama es Amar, y el Amor es la fuerza que mantiene en equilibro el Universo. Es el orden en sí mismo. ¿Lo sientes verdad? Pues está en ti y en cada ser humano. Es la fuerza que han sabido utilizar para emprender cada esfuerzo, para dar cada paso en la Misión que se les ha encargado. Todo ello, lo hemos visto.

Aún no eres consciente de todo lo que estás haciendo —prosiguió el Maestro—. A través tuyo han fluido las claves de acercamiento para conectar con la Hermandad Blanca en nuevos viajes de contacto, inspirando a que otros se interesen en aquel sendero que lleva a los Retiros Interiores. Has sido valiente para dar testimonio de nuestros encuentros contigo, y has arriesgado mucho por el mensaje, comprobando que la luz siempre prevalece y que todo lo aclara.

No es ti a quien hablo —puntualizó—, sino a las personas que representas en este instante. Los tiempos han llegado para que finalmente puedan reconocerse como caminantes predestinados de siempre...

Volcán Ubinas, Perú, 2006
En aquel momento una serie de imágenes, muy intensas y vívidas, aparecieron en mi mente. Lo primero que observé fue el OVNI que avistara en casa de mis padres en 1988, cuando tenía 14 años, experiencia que marcaría una etapa importante en mi vida y el contacto con ellos. Pero, para mi sorpresa, vi otras imágenes, pero cuando era más niño. Recordaba entonces los paseos en familia a un conocido club campestre de Chosica, al pie de la cordillera en Lima.

Y cómo me alejaba por la noche en dirección a los cerros, para ver danzar las “estrellas” sobre las crestas de los mismos...

—Siempre estuvimos con ustedes —intervino Joaquel—. Nunca han estado ni estarán solos. Y no dejaremos de recordarles la importante misión que tienen entre manos. No sólo al interior del programa de contacto, sino como raza, como seres humanos.

El hombre tiene una potencialidad extraordinaria. Una chispa de luz que al encenderse iluminará todos lo rincones del Universo. En el ser humano conviven muchas fuerzas. ¡Lo que necesitan es orientarlas en armonía con el Cosmos! Y armonía significa estar en perfecta sintonía con uno mismo.

Deben lograr una estabilidad espiritual que sólo conseguirán a través de la conexión con ustedes mismos —subrayó—. Todos los seres humanos desean alcanzar la paz y la felicidad, sin embargo sólo la logran y mantienen cuando las cosas están a favor. El hombre es más grande que el entorno que lo rodea. Es un ser multidimensional. En él no hay tiempo ni espacio, sino la clave de los tiempos que debe ser despertada. Misiones de ayuda como vuestra experiencia de contacto solo procuran acercarlos a todo ello... ¿Comprendes?

—Joaquel —intervine— ¿Cómo sabes tanto de los seres humanos?

—Porque también lo soy... —respondió—.

—No entiendo.... —dije confundido—.

—Deben saber que nací en la Tierra —se expresó con suavidad, mientras agachaba ligeramente el rostro, como si estuviese observando sus recuerdos—. Luego fui llevado a Ganímedes donde crecí y fui educado. Inicialmente formé parte del primer grupo de seres humanos en arribar a las colonias. Luego fui Gobernador de Colonia, como actualmente lo es nuestro hermano Xendor —mirando al Guía con complacencia.

Más tarde, fui invitado a formar parte del Consejo de los 12 Menores, representando así a los miles de colonos que ya se encontraban en el satélite.

Ganímedes

He estado mucho tiempo fuera de la Tierra —prosiguió, sin abandonar el tono reflexivo— hasta que en los últimos años de los vuestros me establecí en la Base Azul para seguir desde cerca el proceso de contacto con la Hermandad Blanca del Paititi. Tuve que adaptarme nuevamente a la vibración de mi planeta de origen luego de haber vivido bajo otro entorno energético y espacial.

—Ahora entiendo muchas cosas —repuse— incluyendo porqué te mostraste en aquel octaedro en el contacto de 1998.

—Vine a Celea como estación de paso para entrevistarme con Ishtacar —señaló—. En breve volveré a la Colonia, donde estaré aguardando el momento en que parte de la información del “Libro de los de las Vestiduras Blancas” que protegemos en Ciudad Cristal, pueda ser finalmente revelada en un viaje que les permitirá a 12 de ustedes llegar a la sala donde funciona el Consejo de los 24 Ancianos.

—¿Ello será luego del viaje al desierto de Gobi, verdad?

—Así es. Primero deberán concluir con vuestra parte en la Tierra.

—¡Comprendo! —exclamé— Por ello se te encargó la selección de los componentes potenciales que formarían parte de la misión de contacto, así como las llaves que conectan con la Hermandad Blanca y el Libro de los de las Vestiduras Blancas o archivo histórico terrestre… Entonces, ¡la Misión de contacto es dirigida por un ser humano!

—Sólo formo parte de un engranaje que compromete a muchas civilizaciones y entidades —aclaró—. Con el tiempo, accederán a más verdades que les ayudará a comprender. Comprobarán que más que recibir nueva y abundante información, deberán reflexionar, comprender y aplicar todas las piezas que han venido reuniendo en la experiencia.

Cerraron un ciclo en Paititi —puntualizó— pero aún les resta nuevas conexiones en la Cueva de los Tayos y la Sierra del Roncador.

—¿Cuándo? ¿Bajo qué objetivo?

—Agosto del 2002. Ya recibirán las pautas precisas. Más el objetivo ya lo conocen: Acceder a la historia de aquellos lugares. Ello les será revelado de manos de la propia Hermandad Blanca, por lo tanto deben estar preparados para un encuentro directo.

—Todo esto es tan increíble... —reflexionaba— Viajar en una nave extraterrestre hasta aquí, y escuchar...

—No es la primera, ni la última oportunidad que tendrás de subir físicamente a una de nuestras naves —intervino Joaquel con cierto aire a misterio—.

—¿No la primera? —Pregunté intrigado— ¿Ya estuve antes con ustedes?

—No fue exactamente la misma nave en la cual Mardorx te condujo hasta aquí —intervino Xendor risueñamente—, pero ya conociste el interior de las mismas en una experiencia que no fue conciente para ustedes, en enero de 1997 en Chilca.

Entonces recordé la experiencia con el Real Tiempo del Universo, el 31 de enero de 1997, en el desierto peruano de Chilca. Retornábamos con Sixto Paz y miembros del grupo de Maranga a los autos que habían quedado estacionados a un lado del camino afirmado, a sólo cinco minutos en coche de la tranquera de la Base Militar que en esa época funcionaba allí.

Eran las 10 de la noche cuando vimos en el cielo dos objetos luminoso, se acercaron al área donde estaba el grupo, y luego se “dividieron” en cuatro, marchándose en “fila india” por detrás de los cerros. Luego del avistamiento, subimos a los autos, y al llegar a la tranquera y consultar el reloj, vimos con sorpresa que eran las 12:00 de la medianoche...

¡Habíamos perdido cerca de dos horas!

—¡El grupo estuvo con ustedes! —Intervine emocionado.

—Y lo volverá a estar a conciencia en la medida que se encuentren listos —enfatizó Joaquel, quien se mostraba contento por haber confirmado una sensación que había quedado en nosotros luego de aquella inolvidable experiencia—. Aún les aguarda una conexión colectiva con el Real Tiempo del Universo. Las salidas programadas a Chilca y Marcahuasi les prepararán para todo ello.

—¿Cuándo podré compartir todo lo que me están transmitiendo? —Consulté—.

—Sé cauto para transmitir este nuevo encuentro —respondió el Maestro—. Te tomará tiempo asimilar la experiencia y la información. Pero que nada te preocupe. Nos hemos encargado que recuerdes todo.

—Podrás compartir la experiencia en el encuentro internacional sugerido por nosotros en Monte Shasta —apuntó Xendor—. De allí en adelante se inicia una etapa diferente para la Misión en EE.UU. y el mundo, donde deben trabajar más fuerte, en unidad, buscando polarizar las energías que se manifiestan en la Tierra.

Entonces el salón cobró un brillo azul, y tanto Xendor como Jaquel cruzaron sus brazos en el pecho.

—Ya es momento de que vuelvas Nordac —habló Joaquel—. Transmite todo nuestro amor a los hermanos. Seguiremos apoyando tu labor y la de muchos otros comprometidos con el mensaje.

Crucé entonces mis manos, como despidiéndome. Luego abandoné el salón, pero diferente a como ingresé...

Entre otras cosas, Joaquel me pidió que trabajemos en equipo en los grupos de contacto, recomendándome puntualmente estrechar esfuerzos con aquellos hermanos que estamos involucrados en la difusión del mensaje y contacto con la Hermandad Blanca. Nuevamente señalaron España como punto estratégico para compartir desde allí los logros alcanzados en el contacto con el Gobierno Interior. Según Joaquel, uno de los motivos que compromete España es la planificación de los últimos viajes de la Misión, todos apuntando a Oriente, y de manera especial, al desierto de Gobi. Ese era el plan original.

También me consultó por algunos miembros de los grupos, sorprendiéndome el tipo de acercamiento e interés que evidenciaba el Maestro. Incluso me hizo llegar algunos mensajes de aliento para ellos, apreciando que los Guías no sólo están muy pendientes de nuestro avance y trabajo en la Misión, sino también como personas.


Retorno de Celea

Al abandonar el salón, hallé a Antarel aguardando de pie a un extremo de la puerta. Salimos por el corredor que nos llevaría de regreso, pero esta vez empleando otra ruta, más corta y próxima a las naves.

Entonces le consulté por Ishtacar, sin duda una de las sorpresas más impactantes de este encuentro, y porqué no abría sus ojos:

“Lo que ocurre —me diría Antarel— es que ningún humano puede mirar los ojos de un Guardián y Vigilante...”

Subimos a una nave similar a la anterior, más sabías que no se trataba del mismo vehículo. No observé otros Guías conocidos, sólo seres similares en apariencia a Mardorx, aunque de diferentes estaturas y color de piel.

En la nave, Antarel me explicó que nuestra experiencia de contacto, Sol en la Tierra, además de representar la luz en el mundo en una misión extraterrestre de asistencia al planeta, encerraba en sí misma una suerte de profecía astronómica esperada por la Confederación: La sincronía del Sol Central de la Galaxia con el Sol de nuestro sistema.

Este acontecimiento cósmico, hoy conocido gracias al legado Maya, activaría nuestro Sol al punto de afectar el campo geomagnético de la Tierra y el propio campo aúrico de los seres humanos, activando códigos de información y en general un tránsito colectivo.

Me habló de que en los próximos meses comprobaríamos cómo nuestro Sol está siendo afectado con mayor frecuencia por este enlace con el centro de la galaxia.

Estos cambios cósmicos, que al parecer se han venido dando a lo largo de la historia del planeta, al comprometer el cinturón magnético que envuelve la Tierra, y que no es otra cosa que el Registro Akásico o memoria matriz del mundo, han justificado el almacenamiento de toda la información en registros físicos por parte de la Hermandad Blanca, ya sea en las famosas planchas metálicas que conocimos en las experiencias de contacto o en cristales (en otras palabras, el simbólico “Libro de los de las Vestiduras Blancas”) como si se tratase de un “Back Up” ante un riesgo de perder información en el computador.

Habían transcurrido sólo unos minutos desde que abandonamos Celea cuando Antarel me dice que quería mostrarme algo...

Y allí, en medio de una oscuridad aplastante, brillando, como si fuese una joya, la Tierra

Entonces la estructura de la nave se tornó como transparente, dándome la sensación de estar flotando. Y allí, en medio de una oscuridad aplastante, brillando, como si fuese una joya, la Tierra...

El corazón se me estrujó en el pecho. Y una vez más, no pude contener las lágrimas. Era muy bella verla así, de esa forma, con esa sensación de estar flotando en el espacio…

Las fotografías de la astronáutica que había observado sobre nuestro planeta, realmente, no le hacen justicia...

“Cuando alguien viene con nosotros —señaló Antarel— le mostramos el planeta azul, para que tomen conciencia de la maravilla que han heredado...”

Luego de ello Antarel me pidió que me sentase en una suerte de “sillón”, un mueble sintético de color naranja. Parecía hecho de goma, y se ajustó suavemente a mi cuerpo.

“Descansa y relaja tu mente —me diría el Guía—. Has recibido mucho. Descansa...”

De allí solo recuerdo que estaba caminando en el desierto de Chilca, en dirección donde había dejado mis cosas y el saco de dormir. Mi mente retenía fugaces escenas en donde me veía descendiendo de la nave a través de una “rampa” de luz sólida, y el Guía despidiéndome. Recuerdo, también, que en al bajar el cielo estaba nublado. Luego tengo en mi mente una escena en donde escucho unos golpes metálicos, dejándose sentir sobre el grueso colchón de nubes, mientras la sombra de un objeto, al parecer muy grande y lenticular, se alejaba lanzando fogonazos de luz plateada. Era la nave marchándose…

Tomando conciencia de dónde me hallaba, consulté mi reloj, que en todo momento me acompañó durante el contacto: Eran las 11:07 p.m. Me parecía extrañísimo que mi reloj sólo haya registrado cerca de dos horas de ausencia cuando personalmente había estimado un tiempo mucho mayor. Este detalle me produjo una sensación rarísima de desconcierto.

Me costó mucho descansar. Para decir verdad, apenas pude dormir un poco. Cerraba mis ojos y veía todo nuevamente…

Al día siguiente, el grupo de apoyo, con Hans a la cabeza, me recibió contento y expectante.

Luego de compartir los alcances de esta inolvidable salida de contacto, nos encaminamos de regreso a la ciudad de Lima.


Reflexiones

En marzo del 2001, miembros de los grupos de contacto de España, Chile y Perú, visitamos las pirámides de Gizeh y finalmente el Monte Horeb en la península del Sinaí. Este viaje, que pudo llevarse a cabo gracias a la excelente disposición y organización de los grupos de contacto de Valencia, nos permitió acceder no sólo a nuevas e importantes informaciones sobre Egipto y su relación con Orión.

Hallándome en España, con miembros de los grupos vimos cómo en Antena 3 se difundía una noticia importante en el ámbito astronómico: La tormenta solar más intensa en los últimos 10 años, y que había captado la atención de los científicos ya que estaba afectando considerablemente el campo geomagnético del planeta. El mensaje de Antarel se cumplía…

Aquel mismo mes, Claude Vorilhon, líder francés del Movimiento Raeliano, anunciaba la primera clonación humana “oficial” para el mes de septiembre. Para ello fundaron en 1997 un laboratorio de experimentación que denominan “Clonaid”. El impacto de esta noticia fue de tal magnitud que The New York Times le dedicó ocho páginas.

El movimiento Raeliano, que tiene pensado hasta construir embajadas en Israel y Egipto para recibir a la raza extraterrestre que presuntamente los contactan —¿quiénes?— posee unos 55.000 adeptos en 85 países. No pude evitar asociar estas iniciativas con las advertencias de Ishtacar sobre la clonación.

En junio, alrededor de 70 personas de EE.UU. (San José, Los Ángeles, San Francisco, San Diego, Miami, Washington, New York, Texas) México, Nicaragua, Perú, Chile, Uruguay, Bolivia y España, nos congregamos en Monte Shasta, dando cumplimiento a las recomendaciones de los Guías.

Allí compartí por primera vez abiertamente la experiencia.

Al mes siguiente, estuve en el programa de radio de Renán Armendáriz Coello (El Cucuy de la Mañana) el más escuchado de todo los EE.UU., hablando durante varias horas sobre la experiencia en Celea y precisando la recomendación de los extraterrestres de irradiar New York en septiembre porque algo podría ocurrir. También lo dije en radio WADo de New York. E incluso, con Maritza y Miguel Zelaya de San José de California, organizamos una salida para el 9 de septiembre para envolver en luz a la gran manzana, poniendo en práctica todo lo que habíamos aprendido.

Pero, penosamente, el 11 de septiembre, la humanidad se encontró conmovida ante los atentados terroristas en New York y Washington. “El foco de tensión” que mencionaban los extraterrestres se había desatado.

Atentado terrorista contra las torres gemelas

Como era de esperarse, casi de inmediato el gobierno norteamericano, con fuerzas de coalición de la OTAN, decidió enfrentar a lo que llamó “el enemigo común”: El Terrorismo Internacional. Diversas fuentes apuntaron entonces al multimillonario saudita Osama Bin Laden, oculto en alguna región de Afganistán, como el autor intelectual del atentado.

Esta situación ha creó gran expectativa en el mundo ante una posible guerra con armas de destrucción masiva. El resto de la historia la conocemos. Luego siguió la caída de Iraq, con una guerra terrible que empezó en marzo de 2003 y que aún no concluye.

Sobre Bin Laden, tampoco se sabe nada, y algunos periodistas sugieren que no se ha dicho toda la verdad sobre el 11-S pues el archibuscado terrorista fue en su momento agente de la propia CIA.

Otro hecho importante fueron las imágenes del atentado en las Torres Gemelas del World Trade Center, donde se podía advertir extraños objetos estacionados en el cielo (ver: http://www.bibliotecapleyades.net/sociopolitica/esp_sociopol_911_12.htm). La presencia OVNI en New York, documentada en una serie de filmaciones y fotografías del incidente, nos invitó a considerar una posible intervención extraterrestre de rescate, como ha ocurrido en otros casos, por ejemplo, en 1986 cuando estalló el Challenger.

En aquel entonces también se dieron a conocer imágenes de un OVNI en las cercanías del trasbordador, antes que éste estallase ante las miradas de sorpresa de la NASA.

Para evitar mayor especulación, y aún más de cara a un tema tan serio y delicado, decidimos consultar en comunicación:

“Siempre procuramos asistirlos y protegerlos, bajo los límites de nuestra aproximación. No obstante, deben saber que nuestra asistencia en desastres de origen natural o generados por la ignorancia humana, no necesariamente comprometen una labor de rescate de nosotros los Guías. La Confederación utiliza para ello las diferentes bases que se encuentran en la Tierra para las labores de acercamiento y apoyo en estos casos, actuando siempre la base más próxima al incidente.

En este caso que nos consultan, naves de la Base submarina de Puerto Rico asistieron a muchas de las víctimas. Quienes rescatamos, se encuentran ahora en nuestras bases, en perfecto estado físico, mental y emocional. Saben que ya hemos obrado así en otros eventos similares. Preparamos a estas personas para el retorno del cual les advertimos.

Muchos de ellos se auto-escogieron para contribuir en el cambio y transformación de la humanidad, condición que nos permitió intervenir para rescatarlos, adiestrarlos, e insertarlos en la Tierra bajo una perspectiva distinta...”

(Oxalc, 18 de septiembre del 2001).

Soy consciente de que la experiencia de contacto que viví en el desierto de Chilca resulta demasiado fantástica como para aceptarla. Mi intención es sólo compartir mi testimonio, y que su mensaje pueda llegar a quien tenga que llegar.

Lo cierto es que esa experiencia está conectada a ciertos acontecimientos mundiales que se dieron más tarde, y que fueron mencionados en importantes medios de comunicación antes de que todo se desencadenase. Nadie se hubiese imaginado lo que pasó en septiembre de 2001 en la Torres Gemelas. Era digno de una película de Ciencia Ficción. Sin embargo, ocurrió, y las secuelas políticas, económicas, bélicas y sociales, continúan hoy en día, a siete años del incidente.

Aún estamos a tiempo para cambiar lo que viene. Personalmente creo que tenemos esa posibilidad.

De hecho, ese es el mensaje.

Ricardo González

Fuente: Legado Cósmico.com

La instauración de la Hermandad Blanca


Después de la destrucción de la Atlántida, hace doce mil años, una fuerza interplanetaria de paz llegó a la Tierra para fundar lo que sería la Gran Hermandad Blanca de nuestro mundo; de esta forma se conseguiría el equilibrio necesario para que el ser humano pudiera continuar con su proceso de evolución.

Estos 32 Maestros extraterrestres no treinta y tres por cuanto quien debió representar a Orión, Satanael, se había polarizado a la oscuridad se ubicaron en galerías subterráneas en una región secreta del desierto de Gobi, en Asia, fundado así la mítica Shambhala, centro matriz del mundo intraterrestre de Agartha. Desde allí, velarían por la quinta humanidad. Cada uno de ellos representaba una determinada civilización del espacio; su honda sabiduría y profundo amor por la vida los calificaba como los más aptos para llevar a cabo la misión de incorporar en nuestro mundo la semilla de la Luz.


Desierto Gobi Shambhala y el Mundo Subterráneo

Hablar de una supercivilización habitando en las profundidades de nuestro planeta podría generar serios cuestionamientos en el lector escéptico, posiblemente porque en estos seres recae la misión de ayudar al hombre en su trayecto hacia el infinito.

Quizá una de las experiencias más célebres en relación a Shambhala sea la de Nicolás Roerich, explorador y artista ruso que emprendió en 1925 una expedición al Tibet y al Asia Central. Allí fue invitado a conocer el reino subterráneo. Ese año, Roerich contempló en pleno día un disco brillante ¿un OVNI? surcando el cielo de Karakorum y los lamas que le acompañaban aseguraron que se trataba de un signo de ¡Shambhala!

Nicolás Roerich, junto al sueco Sven Hedin y su antepasado Ruso Nikolai Przhevalsky, fueron los primeros occidentales después de Marco Polo en adentrarse en la cultura de Oriente.

En la historia de diferentes pueblos de la Tierra encontramos claras insinuaciones a ese mundo interior, un lugar secreto donde se reúnen los grandes sabios, los Rishis o Mahatmas, que sólo permiten el ingreso a su mundo a los que han sido llamados. Es pues, en oriente, donde existen mayores referencias al reino subterráneo.

A estos Maestros de Luz intraterrenos se habría referido Thot el Atlante en "Las Tablas Esmeralda" cuando menciona:"Treinta y dos están allí de los hijos de la luz, quienes han venido a vivir entre la humanidad buscando cómo liberar de la esclavitud de las tinieblas a los que estaban atrapados por la fuerza del más allá..."

Los 33 maestros cósmicosEn verdad, como ya adelantamos, la nave estelar que trajo consigo a 32 seres extraterrestres para fundar Shambhala en el Gobi, se hallaba diseñada para 33 Maestros Cósmicos. Cada Maestro representaría a una civilización distinta en el Universo, pero, como la civilización 33, que corresponde a la Constelación de Orión, protagonizó una guerra espacial, no se permitió que viniese un representante de aquel cúmulo de estrellas Satanael quedando al ser humano reemplazar a Orión como la civilización número 33, teniendo en cuenta que, en cierta medida, somos "hijos de Orión".

"Los dioses aparecieron en sus respectivos vehículos voladores para presenciar la batalla entre Kripakarya y Arjuna. Incluso Indra, el señor del cielo, llegó montado en un vehículo volador especial con capacidad para treinta y tres seres divinos".(Bhagavata Purana, Texto antiguo de la India).

No en vano, el número 33 se encuentra inmerso en la vida del hombre, desde su ubicación en la galaxia, a 33.000 años luz del Sol Central, al maná que cayó del cielo para asistir al pueblo hebreo por 33 días quizá de allí provenga la denominación "manásico" para el Sol Central. Además, esta clave numérica se encuentra también en las 33 vértebras de la columna humana que se pueden apreciar claramente en los primeros años de vida, más tarde, con el crecimiento humano algunas de ellas se unen a otras que funciona como antena energética. También es sugerente apreciar que en diversas escuelas esotéricas, como la Rosacruz y la Masonería, la principal jerarquía es el grado 33. Y para pensar un poco más, el Maestro Jesús murió y resucitó según algunos estudiosos a los 33 años de edad, y en relación a la mítica huída inca al Paititi, ésta se habría producido en el año 1533.

Una vez que los Mentores de la Luz se establecieron en el Gobi, en sus Salones de a Amenti templos intraterrestres que ya habían sido acondicionados por seres procedentes de Sirio , construyeron un impresionante disco metálico, hecho con una extraña aleación de minerales extraterrestres y de nuestro planeta.


El gran disco solar La Creación del Gran Disco Solar

Se trataba pues, del Disco Solar, una llave que abre las puertas entre las dimensiones y que puede "llevar" al planeta entero al Real Tiempo del Universo. Así mismo, el Disco representaba al Sol Central de la galaxia, fuente importante de energía que llega a toda nuestra Vía Láctea, bañándola con la transmutadora fuerza de la Luz Violeta. Está de más afirmar que las radiaciones solares o energía Cilial de nuestro propio Sol, son también canalizadas por el poderoso Disco de los Maestros. En los mundos evolucionados se aprovecha al máximo el poder de las estrellas. El Disco Solar se constituiría en el santo emblema de la Hermandad Blanca, representado gráficamente con la figura de tres círculos concéntricos: los tres planos, los tres universos, la trinidad sagrada y la Ley del triángulo.

No obstante, la Jerarquía venida del espacio sabía que no podría prolongarse indefinidamente en sus cuerpos físicos. Fue entonces que los 32 Mentores de la Luz vieron en los Estekna-Manés, mestizos mentores, que habían sobrevivido en bases subterráneas a la destrucción de la Atlántida, el reemplazo perfecto.

Muchos de ellos, sabios sacerdotes que trabajaban por la luz, habían emigrado a diferentes regiones del mundo, evitando perecer ellos y sus sagrados archivos del conocimiento en el holocausto atlante. Llegaron a América Central, a Sudamérica, a África, India y Europa; desde allí y en su interior, junto con los Guías o Instructores, comenzaron a sembrar la semilla de acuerdo a los designios heredados de los 32 Mentores para rescatar el proceso del despertar de la conciencia humana y así, acercarle a los Hombres el conocimiento, su verdadera historia, la cual ellos ahora custodian.

Uno de los primeros grupos en ser instruido después de la destrucción de la Atlántida o "el diluvio universal"fue el Sumerio.