A 20 años del lanzamiento del telescopio Hubble

Por Jean Louis Santini (AFP) / Abril 24 de 2010

El telescopio de doce toneladas y 13,3 metros de longitud ha tomado 900.000 instantáneas, que permitieron obtener 570.000 imágenes de más de 30.000 objetos celestes. Foto: Archivo Particular / Nasa
El telescopio de doce toneladas y 13,3 metros de longitud ha tomado 900.000 instantáneas, que permitieron obtener 570.000 imágenes de más de 30.000 objetos celestes. Foto: Archivo Particular / Nasa.
El Telescopio espacial Hubble (HST por sus siglas en inglés) es un telescopio robótico localizado en los bordes exteriores de la atmósfera, en órbita circular alrededor de la Tierra a 593 km sobre el nivel del mar, con un período orbital entre 96 y 97 min. Denominado de esa forma en honor de Edwin Hubble, fue puesto en órbita el 24 de abril de 1990 en la misión STS-31 y como un proyecto conjunto de la NASA y de la ESA inaugurando el programa de Grandes Observatorios. El telescopio puede obtener imágenes con una Resolución óptica mayor de 0,1 segundos de arco. La ventaja de disponer de un telescopio más allá de la atmósfera radica, principalmente, en que de esta manera se pueden eliminar los efectos de la turbulencia atmosférica, siendo posible alcanzar el límite de difracción como resolución óptica del instrumento. Además, la atmósfera absorbe fuertemente la radiación electromagnética en ciertas longitudes de onda, especialmente en el infrarrojo, disminuyendo la calidad de las imágenes e imposibilitando la adquisición de espectros en ciertas bandas caracterizadas por la absorción de la atmósfera terrestre. Los telescopios terrestres se ven también afectados por factores meteorológicos (presencia de nubes) y la contaminación lumínica ocasionada por los grandes asentamientos urbanos, lo que reduce las posibilidades de ubicación de telescopios terrestres.

Una de las características del HST es la posibilidad de ser visitado por astronautas en las llamadas misiones de servicio (SM, por sus iniciales en inglés). Durante las misiones de servicio se pueden arreglar elementos estropeados, instalar nuevos instrumentos y elevar la órbita del telescopio. Hasta la fecha se han realizado 5 misiones de servicio (SM1, SM2, SM3A, SM3B y SM4). La última tuvo lugar en mayo de 2009 y en ella se produjo la mejora más drástica de la capacidad instrumental del HST, al instalarse dos nuevos instrumentos (WFC3 y COS), repararse otros dos (ACS y STIS) y mejorar otro más (FGS).

Hubble es el primer telescopio espacial. Revolucionó la astronomía y la comprensión del universo al transmitir más de 750.000 imágenes espectaculares de los confines del cosmos.

Fue lanzado el 24 de abril de 1990 amarrado al transbordador espacial estadounidense Discovery, que lo colocó en órbita a 600 km de altitud. Pero el telescopio, fruto de una colaboración entre la Nasa y la agencia espacial europea, pudo comenzar a funcionar recién tres años más tarde. Su lente debió ser remplazado debido a un defecto de concavidad. Esta delicada operación fue realizada en 1993 por la tripulación de un transbordador. Fue a partir de esa fecha que el Hubble comenzó a transmitir imágenes asombrosas de estrellas supernova, gigantescas explosiones que marcan la muerte de una estrella y el nacimiento de un agujero negro, de cuya existencia los astrónomos tenían hasta entonces solo sospechas.

El telescopio de doce toneladas y 13,3 metros de longitud ha tomado 900.000 instantáneas, que permitieron obtener 570.000 imágenes de más de 30.000 objetos celestes, algunos de ellos en los confines del universo. Hubble también permitió confirmar la existencia de materia oscura que parece contrarrestar la fuerza de la gravedad y constituiría la mayor parte del universo. Los astrónomos sospechaban la existencia de esta materia oscura ("dark energy") desde la década de 1930 tras observaciones de galaxias.

Como una máquina del tiempo capaz de remontar millones de años, Hubble detectó pequeñas proto-galaxias que emitían rayos luminosos cuando el universo tenía menos de 1.000 millones de años. Gracias a estas observaciones, mucho más nítidas en relación a las obtenidas por los más poderosos telescopios terrestres, los cosmólogos pudieron confirmar que el universo estaba en rápida expansión y calcular en forma precisa su edad, estimada en 13.700 millones de años.

Esa aceleración es producida por una fuerza misteriosa llamada energía del vacío, que constituye cerca de 75% del universo y equilibra la fuerza de gravedad. El resto del cosmos está formado por cerca de 5% de materia visible y un 20% de materia oscura. "Sin ninguna duda, Hubble es el instrumento científico más reconocido y que aportó el mayor número de éxitos científicos de la historia" de la Humanidad, aseguró Ed Weiller, un alto funcionario de la Nasa.

Desde la última misión de mantenimiento llevada a cabo por el transbordador Atlantis en mayo de 2009, el telescopio cuenta con dos nuevos instrumentos capaces de obtener instantáneas del pasado remoto, hasta 600 y 500 millones de años después del 'Big bang', el momento mismo del nacimiento del universo. En la vecindad de nuestro planeta, Hubble observó cambios radicales en la dirección de los vientos en Saturno y mostró que Neptuno tiene estaciones climáticas. Esa variedad de descubrimientos convirtió al telescopio en "un ícono en la psique de los estadounidenses" y del resto del mundo, según Weiller.

La misión del transbordador Atlantis permitió prolongar en al menos cinco años la vida útil del Hubble, en espera de su sucesor, el aún más potente telescopio espacial infrarrojo "James Webb Space Telescope (JWST)", que se espera que eche luz sobre el instante mismo del origen del universo.
(Hasta aquí AFP).


El telescopio Hubble revolucionó la astronomía hace 20 años

El telescopio es reflector y dispone de dos espejos, teniendo el principal 2, 4 metros de diámetro. Para la exploración del cielo incorpora varios espectrómetros y tres cámaras, una de campo estrecho para fotografiar zonas pequeñas del espacio (de brillo débil por su lejanía), otra de campo ancho para obtener imágenes de planetas y una tercera infrarroja. Mediante dos paneles solares genera electricidad que alimenta las cámaras, los cuatro motores empleados para orientar y estabilizar el telescopio y el equipos de refrigeración de la cámara infrarroja y el espectrómetro que trabajan a -180 ºC.

Desde su lanzamiento, el telescopio ha recibido varias visitas de los astronautas para corregir diversos errores de funcionamiento e instalar equipo adicional. Debido al rozamiento con la atmósfera (muy tenue a esa altura), el telescopio va perdiendo peso muy lentamente, ganando velocidad, de modo que cada vez que es visitado, el transbordador espacial ha de empujarlo a una órbita ligeramente más alta.

Ficha de presentación del telescopio espacial estadounidense Hubble.
Ficha de presentación del telescopio espacial estadounidense Hubble cumple 20 años (Ampliar imagen)
La ventaja de disponer de un telescopio más allá de la atmósfera radica principalmente en que ésta absorbe ciertas longitudes de onda de la radiación electromagnética que incide sobre la Tierra, especialmente en el infrarrojo lo que oscurece las imágenes obtenidas, disminuyendo su calidad y limitando el alcance, o resolución, de los telescopios terrestres. Además, éstos se ven afectados también por factores meteorológicos (presencia de nubes) y la contaminación lumínica ocasionada por los grandes asentamientos urbanos, lo que reduce las posibilidades de ubicación de telescopios terrestres.

Desde que fue puesto en órbita en 1990 para eludir la distorsión de la atmósfera - históricamente, el problema de todos los telescopios terrestres -, el Hubble ha permitido a los científicos ver el Universo con una claridad jamás lograda. Con sus observaciones, los astrónomos confirmaron la existencia de los agujeros negros, aclararon ideas sobre el nacimiento del Universo en una gran explosión, el Big Bang, ocurrida hace unos 13.700 millones de años, y revelaron nuevas galaxias y sistemas en los rincones más recónditos del cosmos. El Hubble también ayudó a los científicos a establecer que el sistema solar es mucho más joven que el Universo.

En principio se pensó traer el telescopio de vuelta a la Tierra cada cinco años para darle mantenimiento, y que además habría una misión de mantenimiento en el espacio en cada periodo. Posteriormente, viendo las complicaciones y riesgos que involucraba hecer regresar el instrumento a la Tierra y volver a lanzarlo, se decidió que habría una misión de mantenimiento en el espacio cada tres años, quedando la primera de ellas programada para diciembre de 1993. Cuando al poco tiempo de haber sido lanzado, se descubrió que el Hubble padecía de una aberración óptica debida a un error de construcción, los responsables empezaron a contar los días para esta primera misión de mantenimiento, con la esperanza de que pudiera corregirse el error en la óptica.

A partir de que en esa primera misión de mantenimiento se instaló un sistema para corregir la óptica del telescopio, sacrificando para ello un instrumento (el fotómetro rápido), el Hubble ha demostrado ser un instrumento sin igual, capaz de realizar observaciones que repercuten continuamente en nuestras ideas acerca del Universo.

El Hubble ha proporcionado imágenes dramáticas de la colisión del cometa Shoemaker-Levy 9 con el planeta Júpiter en 1994, así como la evidencia de la existencia de planetas orbitando otras estrellas. Algunas de las observaciones que han llevado al modelo actual del universo en expansión se obtuvieron con este telescopio. La teoría de que la mayoría de las galaxias alojan un agujero negro en su núcleo ha sido parcialmente confirmada por numerosas observaciones.

En diciembre de 1995, el telescopio fotografió el campo profundo del Hubble, una región del tamaño de una treinta millonésima parte del área del cielo que contiene varios miles de galaxias. Una imagen similar del hemisferio sur fue tomada en 1998 apreciándose notables similitudes entre ambas, lo que ha reforzado el principio que postula que la estructura del Universo es independiente de la dirección en la cual se mira.

Fuente: astronomía.com


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Hunab Ku: ¿La causa del cambio climático?


A propósito del terremoto que destruyó a Puerto Príncipe (Haití) surgió la teoría de Haarp: un arma norteamericana capaz de alterar el clima y producir terremotos. EE.UU. habría ensayado su arma en Haití. Al margen de Haarp, el mundo está viviendo un proceso de cambio, y es allí en donde está la causa real de los desastres que estamos enfrentando. ¿A qué se deben los intensos cambios climáticos y las terribles tragedias que está enfrentando la humanidad? ¿Están en el centro de la galaxia las verdaderas causas? ¿Tenían razón los Mayas?


El enigmático centro de la Vía Láctea

La Vía Láctea La Vía Láctea es una galaxia espiral en la que se encuentra el Sistema Solar y, por ende, la Tierra. tiene un diámetro medio de unos 100.000 años luz, se calcula que contiene entre 200 mil millones y 400 mil millones de estrellas. La distancia desde el Sol hasta el centro de la galaxia es de alrededor de 27.700 años luz (8,5 kpc, es decir, el 55 por ciento del radio total galáctico). La Vía Láctea forma parte de un conjunto de unas cuarenta galaxias llamado Grupo Local, y es la segunda más grande y brillante tras la Galaxia de Andrómeda (aunque puede ser la más masiva).

En el centro de la Vía Láctea se encuentra una poderosa fuente de energía que, supuestamente, los mayas conocían. Hoy en día los estudiosos de las profecías mayas se refieren a esa misteriosa fuente de poder como Hunab Ku, o “Hemal Ku”, la “Deidad Primigenia”.

Un considerable número de investigadores relacionan a Hunab Ku — principal dios de la mitología maya, considerado el centro de la galaxia, y a su vez, el corazón y la mente del creador— con el personaje mitológico Hun-Hunahpú, mencionado en el libro sagrado Popol Vuh como el dios del Juego de la Pelota, un ritual maya que escondería el desarrollo de un gran evento cósmico, en donde Hun-Hunahpú encarnaría al núcleo galáctico y aportaría una probable fecha de conexión: Hun, o Uno Hunahpú, equivale al nombre “Uno Ahau”, presente a todas luces en el calendario maya como el “primer sol”, detalle que diversos investigadores asocian al solsticio del 21 de diciembre de 2012, día en que se cierra la Cuenta Larga. Al margen de ello, el sagrado Popol Vuh parece proteger en sus relatos un conocimiento antiguo que se camufla bajo la fachada del Juego de la Pelota.

El juego consistía en un rito de iniciación, muerte y renacimiento. Representaba para ellos el “origen del Universo”. La lucha que se daba no era, en realidad, entre los “jugadores”, sino que éstos representaban astros y fenómenos celestes. En descifrar todo ello está la clave.

El juego de la pelota de Hun-HunahpúEste juego tuvo diversas variantes de acuerdo a la época y el lugar donde se practicaba. Por lo general, se empleaba una pelota hecha de caucho que se golpeaba con la cintura, las rodillas, los hombros y los codos. El objetivo del juego era pasar la pelota a través de un pequeño anillo que se ubicaba en una de las paredes del campo de juego. En Chichén Itzá se puede ver uno de estos “campos” en donde se realizaba el ritual. Qué significaba para ellos —esotéricamente— hacer pasar la pelota por el anillo. ¿Sería acaso una representación de la Tierra cruzando un umbral o portal cósmico?

Se afirma que con el tiempo el juego se fue deformando al añadirse nuevas reglas, incluso sacrificios humanos para los jugadores que perdían—aunque algunos historiadores ven en ello un símbolo de renacimiento al paraíso—. Como haya sido, exploremos la historia del juego.

De acuerdo al Popol Vuh, Hun-Hunahpú jugaba al Juego de la Pelota con su hermano Vucub Hunahpú en contra de Hun Batz y Hun Choen. El relato dice que el ruido del juego molestó a los Señores de Xibalbá —el inframundo—: Hun Came y VacubCame, quienes retaron a Hun-Hunahpú y a su hermano para jugar en Xibalbá. Valiéndose de engaños y trucos, los Señores de Xibalbá ganaron y decapitaron a los dos hermanos. Más tarde, Ixquic, una joven doncella del inframundo, se acercó al Árbol de Jícara en que yacía transformado Hun-Hunahpú y tomó, clandestinamente, un fruto de ese árbol, que resultó ser la cabeza del dios maya, atado allí por un hechizo de los Señores de Xibalbá.

Se cuenta que la cabeza le escupió en la mano a la doncella, llenándola de magia y dejándola embarazada de dos varones gemelos que más tarde derrotarían a los propios Señores de Xibalbá y “resucitarían” luego a Hun-Hunahpú.

Esta historia podría esconder un mensaje: La resurrección de la luz y el restablecimiento del orden. El relato que habla de traición a manos de otras “deidades”, una venganza por parte de los “hijos”, que son engendrados mágicamente, y la resurrección del personaje principal —Hun-Hunahpú­— es sospechosamente similar al mito de Osiris, la conspiración de su hermano Seth, el embarazo de Isis, y la venganza de Horus. ¿Acaso ambos relatos describen la misma historia cósmica? En todas las leyendas y relatos de los mayas hay dos alusiones importantes que se repiten: Al Sol, y, si acepta, la discutida interpretación de Hunab Ku, al mismísimo centro de la galaxia.

El camino a Xibalba Be, también llamado “Camino Negro” —que transitó Hun-Hunahpú— podría estar hablando de la naturaleza del núcleo galáctico. Actualmente sabemos, gracias a la moderna astronomía, que en el corazón de la Vía Láctea se encuentra un agujero negro supermasivo. Y lejos de toda idea preconcebida de que los agujeros negros sólo absorben materia y energía, también emiten radiación. “Me equivoqué”, sostuvo el reconocido físico Stephen Hawking en relación con la tesis que defendió por más de 30 años sobre los agujeros negros y su naturaleza. Hoy se sabe que pueden emitir importante radiación y que en su interior ocurren insospechadas fluctuaciones cuánticas. Resulta sorprendente si los mayas sabían del agujero negro en la Vía Láctea…

Y más inquietante aún si conocían de las radiaciones que emite y que, cada cierto tiempo, alcanzan al Sol y a la Tierra ocasionando grandes mutaciones. Es entonces cuando la profecía del 2012, y la probable advertencia de civilizaciones sumergidas, empiezan a cobrar un giro inusitado y sorprendente. ¿Fue acaso “Hunab Ku” el invisible agente de los grandes cambios cíclicos en la historia de la Tierra? ¿Cómo es posible que un agujero negro, a más de 27,700 años luz de nuestro Sistema Solar, pueda ocasionar semejantes transformaciones? ¿Era éste el mensaje del gran Kukulkán y de los hombres barbados?


El rayo de la mutación

El rayo de la mutación Sugerir que el sabio Kukulbán, pudo ser, el mensajero de este gran acontecimiento, y que pertenecía a un grupo de remanentes de la perdida Atlántida, u otro “mundo sumergido”, resulta chocante e inadmisible para los historiadores ortodoxos. Si existió, dicen, fue tan sólo un extraño personaje que estuvo entre los mayas en el año 1,000 después de Cristo. Supuestamente, en aquellos tiempos les vaticinó el arribo de Hernán Cortés y la dominación posterior del Cristianismo. Y habló de su “regreso”... ¿Será textual o se trata de un símbolo? Rastrear el origen de las profecías mayas es muy difícil. Pero todos los caminos parecen señalar a Kukulkán. Aquella enigmática visita de hombres barbados que “llegaron de lejos” es la clave del mensaje. Si aquellos hombres eran supervivientes —o descendientes— de una fantástica cultura que pereció en el mar, y que otrora disponía de tecnología, no resulta tan extraño el que hayan conocido la naturaleza del núcleo galáctico y su influencia en los cambios de la Tierra. Lo que no deja de ser increíble es, que si lo sabían, ¿por qué no pudieron enfrentarlo? Es probable que sus guerras y planes de colonización los hayan distraído peligrosamente. Y cuando quisieron reaccionar, ya era demasiado tarde. Una escena similar al relato del Arca de Noé en el Antiguo Testamento. Nadie quiso escuchar, hasta que llegó el “Diluvio”. No obstante, diversas teorías sugieren que no todos en la Atlántida estaban de acuerdo con el comportamiento bélico. Se cuenta que el Consejo de Sacerdotes estaba al tanto del venidero desastre y, al no poder hacer tomar conciencia a su gente de lo que estaba por suceder, decidieron construir refugios subterráneos. En ellos se depositarían los “Registros Históricos” de su civilización. Pasado el tiempo, los supervivientes enseñarán sus conocimientos a las gentes que se hallaban disgregadas en la superficie. La idea era acelerar el resurgimiento de la civilización humana, y entregar un mensaje, o mejor dicho, una advertencia: No cometer la misma equivocación. Tal vez ellos sabían que 13,000 años más tarde del hundimiento de Atlántida se repetirían los factores cósmicos que su Imperio no supo manejar. Desde luego, es complicado precisar cuál fue la causa final del desastre, pero, sea lo que haya sido, coincidió con el denominado “Rayo de Mutación” que proviene del centro de la Vía Láctea.

Hunab Ku, el Núcleo Galáctico, también conocido como “El Dador de Movimiento y Medida”, emitiría cada cierto espacio de tiempo una “pulsación” de energía que transforma las formas de vida. Aunque en realidad su emanación es constante, tiene “picos” o “explosiones”. Las más importantes sucederían en dos ocasiones dentro de la gran rueda precesional de 25,920 años —para otros, sólo ocurre una vez en aquel gran ciclo— en donde “sincroniza” su energía con “Kinich Ahau”, el nombre que los mayas le daban a nuestro Sol. Los chamanes mayas de la actualidad saben de esto, y afirman, desde hace mucho, que el Sol experimentaría grandes cambios que podrían conducir a la Tierra a un verdadero desastre climático. Las energías estarían movilizándose como nunca antes y exigiría de todos nosotros un equilibrio y balance espiritual para sobrellevar la situación. Carlos Castaneda, el célebre antropólogo que publicó en 1968 el Bestseller “Las Enseñanzas de Don Juan”, creía también en la necesidad de prepararse espiritualmente ante los cambios que vendrían. Así lo aprendió de los Yaquis, quienes de acuerdo a “Los Anales de los Cakchiqueles”, fueron la primera tribu maya que se separó del resto de clanes permaneciendo hasta la actualidad.

El “Rayo de la Mutación”, o si queremos llamarlo de otra forma, la radiación del centro galáctico, no sólo afectaría al Sol, sino que éste, como si se tratase de un gigantesco espejo, reenviaría también esa energía al planeta potenciando así los cambios. Si el Sol está mutando debido a una influencia cósmica del agujero negro que se encuentra en el corazón de nuestra Vía Láctea, la teoría oficial del cambio climático por la emisión de gases de efecto invernadero debería, como mínimo, revisarse. ¿Y qué decir de la posible implición de esta “radiación cósmica” en la vida humana? Se trata de un extraño fenómeno que, como ya se dijo, ocurre dos veces durante la gran rueda de la precesión, es decir, cada 13,000 años aproximadamente. Así, en el solsticio, la Tierra se alinea con el Sol y con el centro de la galaxia en dos ocasiones durante ese ciclo.

El 21 de diciembre de 2012 se producirá está inquietante alineación, que ha sido verificada y constatada por los científicos. Una vez más el extraordinario conocimiento astronómico de los mayas pone en jaque a nuestra ciencia moderna. Y lo menos que podemos hacer ante ello es escuchar con respeto el mensaje de sus profecías y prepararnos para los tiempos que vienen, después del 2012.


Mutaciones en el Sol

Los científicos concuerdan en que hay una variada combinación de factores para que nuestro centro galáctico esté enviando diversos tipos de radiación, que parecen conformar “un rayo” unificado de energía de efectos impensados. Como fuere, todos los hombres de ciencia coinciden en que el responsable de este fenómeno es el agujero negro supermasivo.

En su polémico libro “Beyond the Big Bang”, el astrofísico Paul de Laviolette defiende la teoría según la cual el área situada en el centro de nuestra Vía Láctea se activa cada cierto tiempo, “explosionando” en “olas de energía”. Según Laviolette, durante esa fase explosiva, el núcleo de la galaxia vomita rayos gamma, pulsaciones electromagnéticas, polvo cósmico y otros elementos. Por si todo ello fuera poco, el científico calculó que la última vez que ocurrió una explosión semejante fue hace unos 13,000 años. Encaja con la teoría de “dos rayos” durante el gran ciclo precesional…

Y el primer objeto afectado, cuando empiezan estas erupciones cósmicas, es el Sol: Nuestra estrella enana amarilla es la que absorbe inicialmente estas radiaciones que viajan hacia su corona. El fenómeno produciría importantes mutaciones en su estructura y comportamiento, para más tarde afectar, en consecuencia directa, el clima de la Tierra. Y esto lo estamos viendo.

Sin ir muy lejos, el año 2005 —que se suponía tendría pocas manchas solares— nos sorprendió con una explosión de clase “X7” en el Sol. Aquella imprevisible tormenta solar lanzó varios millones de toneladas de protones que se transportaron desde el Sol hasta la Tierra en un espacio de tiempo inferior a media hora, cuando lo “establecido” era entre uno o dos días. ¿Cómo viajó tan rápido hasta nosotros?

Estas explosiones, llamadas “eyecciones de masa coronal” (EMC) se han incrementando de manera preocupante estos últimos años. Las más violentas —las “X”— han coincidido con perturbaciones en la red de satélites, toda la infraestructura de la comunicación, la navegación aérea, y ni qué decir del clima. Las EMC se hallaron íntimamente conectadas con inundaciones, huracanes, sequías, y demás perturbaciones en el planeta. Y hay que decir que muchas veces la NASA ha demorado en entregar a tiempo el reporte de lo graves que fueron estas explosiones solares. ¿Por qué? En la medida en que este evento en el Sol se ha ido incrementando —supuestamente, generado por la radiación del centro galáctico— el campo magnético de nuestro mundo fue decreciendo de manera alarmante. Como sabemos, aquel importante campo de energía, o “magnetosfera”, es generado por la rotación del núcleo planetario, una mezcla de hierro y níquel que trabaja como una gran dinamo, creando un “escudo” electromagnético que se desprende por los polos. Este campo de energía tiene relación directa con el Sol, por tanto nuestra estrella podría “influir” en el tamaño y forma de nuestra magnetosfera. Si hay alguna “anomalía” —como la que hay— podría distorsionarlo, o hacerle un agujero.

En los últimos cinco mil millones de años, el núcleo de la Tierra ha rotado generando ese poderoso campo magnético protector, que es 1000 veces más fuerte que el de cualquiera de los otros planetas cercanos, como Venus o Marte. De ese escudo depende la vida y la evolución. De hecho, sabemos que más de una especie lo emplea para sus migraciones o para construir sus madrigueras. Aunque los seres humanos creemos que este es un problema sólo para las aves, las ballenas o las comadrejas, la mutación de nuestra estrella, y su acción en la magnetosfera, podría producir desórdenes para todos.

La verdadera causa de los cambios climáticos, como tormentas, inundaciones, e incluso terremotos, podría estar ligada a las mutaciones solares y su conexión con la Tierra. Si todo esto es ocasionado por la radiación de “Hunab Ku”, los mayas no estaban tan equivocados…

Fuente: legadocosmico.com

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En busca de las galaxias de antimateria


Una de las últimas misiones del transbordador espacial se encargará de transportar un poderoso detector de partículas, que podría descifrar algunos de los más grandes misterios del universo.

El Espectrómetro Alfa Magnético. Imagen cortesía del MIT.
El Espectrómetro Alfa Magnético. Imagen cortesía del MIT.
Agosto 14, 2009: El programa del transbordador espacial de la NASA está llegando a su fin. Con apenas alrededor de media docena de vuelos por realizar, las tripulaciones de los transbordadores darán los últimos retoques a la Estación Espacial Internacional (EEI), lo cual pondrá fin a doce años de construcción en órbita sin precedentes. El ícono y caballo de batalla del programa espacial estadounidense habrá finalizado su Gran Tarea.

Pero, como diría el presidente ejecutivo de Apple, Steve Jobs, aún hay una cosa más...

Tras una decisión tomada por el Congreso de Estados Unidos, en 2008, se añadió un vuelo más al calendario, casi al final del programa. Actualmente programado para 2010, este vuelo adicional del transbordador tiene como objetivo lanzar al espacio un buscador de galaxias de antimateria.

El dispositivo que realiza la búsqueda se denomina Espectrómetro Alfa Magnético (Alpha Magnetic Spectrometer o AMS, en idioma inglés). Es un detector de rayos cósmicos valuado en 1.500 millones de dólares, y será llevado hasta la EEI por el transbordador.

Además de detectar galaxias lejanas formadas completamente por antimateria, el AMS también pondrá a prueba las teorías más aceptadas sobre la materia oscura, una sustancia invisible y misteriosa que conforma el 83 por ciento de la materia del universo. Asimismo, buscará strangelets, una forma de materia, aún teórica, que es ultra-masiva porque contiene los famosos quarks extraños. Un mejor entendimiento de los strangelets ayudará a los científicos a estudiar los microquásares y también los diminutos agujeros negros primordiales, a medida que se evaporan, lo que probaría la existencia de estos diminutos agujeros negros.

Una vista aérea de la CERN, la Organización Europea para las Investigación Nuclear.
Una vista aérea de la CERN, la Organización Europea para las Investigación Nuclear. El Espectrómetro Alfa Magnético es una especie de "mini-CERN" en el espacio. Crédito de la imagen: CERN
Todos estos exóticos fenómenos pueden hacerse notar por los rayos cósmicos de energía ultra-alta que emiten —el tipo de partículas que constituyen la especialidad del AMS.

"Por primera vez, el AMS medirá los rayos cósmicos de muy alta energía con gran precisión", explica el físico Samuel Ting, premio Nobel y profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts (Massachusetts Institute of Technology o MIT, en idioma inglés), quien creó el AMS y ha guiado su desarrollo desde 1995.

Galaxias de antimateria, materia oscura, strangelets —estos son precisamente los fenómenos que los científicos ya conocen. Si usamos la historia como guía, los descubrimientos más emocionantes serán cosas que nadie haya imaginado antes. Así como los radiotelescopios y los telescopios infrarrojos un día revelaron fenómenos cósmicos que antes eran invisibles con los telescopios ópticos tradicionales, el AMS abrirá a la exploración otra faceta del cosmos.

"Estaremos explorando nuevos territorios", dice Ting. "Las probabilidades de hacer descubrimientos son enormes".

Ting a menudo compara al AMS con los aceleradores de partículas de elevada potencia, de las instalaciones como la CERN (sigla que en idioma francés significa: Conseil Européen pour la Recherche Nucléaire u Organización Europea para la Investigación Nuclear, en idioma español), en Ginebra, Suiza. Más que detectar rayos cósmicos de alta velocidad que provienen de todas partes de la galaxia, estos aceleradores subterráneos crean sus propias partículas, usando enormes cantidades de energía eléctrica. Para estudiar dichas partículas, la CERN y el AMS usan el mismo truco básico: ambos utilizan poderosos campos magnéticos para desviar las trayectorias de las partículas, y con detectores hechos con placas de silicio y otros sensores colocados en el interior de los detectores, trazan las trayectorias curvas de las partículas.

El profesor Samuel Ting, del MIT, premio Nobel de física 1976 y líder del equipo del AMS.
El profesor Samuel Ting, del MIT, premio Nobel de física 1976 y líder del equipo del AMS.
Los sensores generan muchos terabits de datos y las supercomputadoras se encargan de reducir todos esos datos para de ellos inferir la masa de cada partícula, su energía y su carga eléctrica. La supercomputadora es, en parte, la razón principal por la cual el AMS debe montarse en la EEI en vez de ser un satélite independiente. El AMS produce datos en cantidades tan grandes que no pueden ser enviados a la Tierra desde el espacio, así que se deberá llevar a bordo una supercomputadora con 650 unidades de procesamiento para hacer la reducción de los datos en órbita. Debido en parte a esta computadora gigante, el AMS requiere 2,5 kilovatios de potencia para funcionar —una cifra superior a lo que un satélite normal con paneles solares puede proveer, pero que cabe muy bien en los 100 kilovatios que proporciona la estación espacial.
"El AMS es básicamente un detector de partículas multiuso que se ha llevado al espacio", dice Ting.

Sin embargo, hay dos diferencias importantes entre el AMS y los aceleradores subterráneos. En primer lugar, el AMS detectará partículas tales como núcleos pesados que poseen muchísima más energía que la que los aceleradores de partículas pueden reunir. El acelerador de partículas más poderoso del mundo, el Gran Colisionador de Hadrones (Large Hadron Collider, en idioma inglés) de la CERN, puede hacer chocar partículas con una energía combinada de aproximadamente 7 tera-electronvoltios (TeV, una unidad de uso común en física de partículas que se utiliza para medir energía). En contraste, los rayos cósmicos pueden tener energías de 100 millones de TeV o más. La otra diferencia importante es que los aceleradores pueden hacer chocar las partículas unas contra otras para aprender algo sobre las partículas mismas, mientras que el AMS tomará muestras de partículas de alta energía que provienen del espacio profundo con el fin de conocer algo más sobre el cosmos.

Por ejemplo, en cosmología, uno de los misterios sin resolver es el caso de la antimateria perdida. De acuerdo con los mejores modelos hechos por los físicos, la Gran Explosión (el Big Bang, en idioma inglés) debería de haber producido la misma cantidad de materia que de antimateria. Entonces, ¿adónde fue la antimateria? No puede estar cerca, ya que si así fuese, veríamos emisiones brillantes de rayos X en aquellos lugares donde la materia y la antimateria se aniquilarían al entrar en contacto.

Concepto artístico del Espectrómetro Alfa Magnético luego de ser instalado en la Estación Espacial Internacional.
Concepto artístico del Espectrómetro Alfa Magnético luego de ser instalado en la Estación Espacial Internacional.
Otra explicación puede ser que algunas galaxias lejanas estén hechas enteramente de antimateria en vez de materia. Debido a que la antimateria no es nada diferente de la materia común, los astrónomos no podrían distinguir si una galaxia lejana está hecha de materia o de antimateria sólo observándola. Sin embargo, el AMS hallaría fuertes evidencias de las galaxias de antimateria si detectara tan sólo un núcleo de anti-helio o de algún elemento de antimateria más pesado.
Las colisiones entre rayos cósmicos cerca de la Tierra pueden producir partículas de antimateria, pero las probabilidades de que esas colisiones produzcan un núcleo intacto de anti-helio son tan pequeñas que aun si se encontrara un sólo núcleo de anti-helio sería una poderosa evidencia de que aquel núcleo se ha movido hasta la Tierra desde una región remota del universo que esté dominada por antimateria.

Otros instrumentos, como el satélite italiano PAMELA, han buscado los núcleos de anti-helio, pero ninguno de ellos ha sido lo suficientemente sensible como para descartar la existencia de las galaxias de antimateria. El AMS posee alrededor de 200 veces más poder de recolección de partículas que ningún otro detector que se haya enviado antes al espacio. Si el AMS no detecta núcleos de anti-helio, Ting dice que los científicos sabrán que no hay galaxias de antimateria en, al menos, 1000 megaparsecs a la redonda —es decir, aproximadamente la frontera del universo observable.

Otro misterio que el AMS ayudará a resolver es la naturaleza de la materia oscura. Los científicos saben que la gran mayoría del universo esta compuesta por una materia oscura que aún no ha podido ser vista directamente, en vez de por materia común. Ellos simplemente no saben qué es la materia oscura. Una teoría en boga es que la materia oscura está hecha de una partícula llamada neutralino. Las colisiones entre neutralinos deberían de producir una gran cantidad de positrones de alta energía, de modo que el AMS podría probar que la materia oscura está hecha de neutralinos buscando este exceso de positrones de alta energía.
"Por primera vez podríamos averiguar de qué está hecha la materia oscura", dice Ting.

Fuente: ciencia.nasa.gov

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La jerarquía galáctica


Jerarquía galáctica Los 24 Ancianos
01. Amchall 13. Lembo
02. Ankalara 14. Lubieses
03. Anko Bal 15. Oxil Kem
04. Archer 16. Preto
05. Asaraniel 17. Ramanes
06. Bropkol 18. Sorcet
07. Chermot 19. Ulkuyumy
08. Gresidas 20. Umi Tamil
09. Ilrusi 21. Urlasa
10. Ilsalani 22. Yansiremo
11. Inmalam 23. Yemiasa
12. Kimrasi 24. Yesolma


Los extraterrestres nos dicen que nuestra galaxia, la Vía Láctea, tiene un gobierno compuesto por 24 seres a los que ellos llaman Los 24 Ancianos de la Galaxia. Esos 24 seres no representan a 24 civilizaciones sino a la evolución misma. Todos los mundos más evolucionados en capacidad de ayudarse a sí mismos y a ayudar a otros que están en vía de evolución se encuentran regidos bajo la supervisión de estos 24 seres.

Los 24 Ancianos tienen participación en el Consejo de los Nueve de Andrómeda, formando así una especie de Concilio de 33 miembros que representan a la "Gran Hermandad Blanca de la Estrella".

El Consejo de los Nueve, constituido por un representante de cada una de las nueve galaxias de nuestro Universo Local, está formado por:

Alcim, Gonamar, Leteon, Olmax, Oracel, Ralbot, Sagñac, Sullantes y Sumesla.

Por debajo de la Gran Hermandad Blanca de la Estrella se encuentran:


Los Ingenieros Genéticos o Sembradores de Vida

En La Biblia se les denomina Elohim [palabra hebrea (אֱלׂהִים) de la cual muchos eruditos judíos y eclesiásticos indican que sería el plural mayestático, o el superlativo de Dios (en hebreo El, אֵל, o Eloha, אֱלׂהַּ)(Wikipedia)]. Otros piensan que simplemente es el plural de El, o de Eloah, significando "dioses".. Son razas extraterrestres la mayoría de ellas concentradas en las estrellas pléyades que tienen un avance tecnológico asombroso, y que les permite actuar como "Arquitectos de Planetas" o como sembradores de patrones de vida, teniendo la facultad de modificar físicamente la estructura de las criaturas. Poseen también la facultad científica de manipular concientemente el concepto de "tiempo".


Los Guardianes y Vigilantes

Constituyen el "brazo derecho de la Confederación". Se encargan de velar por la protección de mundos que se encuentran en vías de evolución, como la Tierra, evitando la intromisión de civilizaciones extraterrestres que esgrimen intenciones bélicas o de colonización, o, inclusive, estudios científicos no autorizados por el orden establecido desde la Confederación de Mundos de la Galaxia. Generalmente, los Guardianes y Vigilantes poseen bases orbitales próximas a los planetas en observación o bajo "cuarentena", siendo el caso propio de la Tierra, que es vigilada desde una estación espacial denominada "Celea", y que se encuentra oculta tras la Luna.


Los Instructores o Guías

Son los que están más cerca de nosotros. Su función es orientar misiones de ayuda planetaria, como la Misión RAHMA, para motivar el despertar de conciencia de la raza humana y prepararla para el Tiempo Nuevo.

Los Guías pasarían por un periodo de adiestramiento para comprender la forma de vida que asistirán. Esta preparación, involucra un estudio profundo de la cultura-objetivo, y la forma más adecuada de llegar a estas razas. En el caso concreto de la Tierra, los Instructores se formaron en una suerte de "universidades espaciales", donde no sólo profundizaron los conceptos de la cultura terrestre, sino que estudiaron también el mecanismo más viable de comunicación, y que motivaría el despertar progresivo de facultades dormidas en el hombre: la telepatía. Por ello, los Instructores o Guías, a pesar de ya poseer esta facultad, fueron entrenados como Doctores Mentales, y así poder operar efectivamente en un mundo de energías movilizadas como la Tierra.

Todos ellos los seres del Universo Material fueron los que recibieron el encargo de venir a acelerar el proceso de la vida para que se crearan las condiciones para que con el tiempo surgiera vida inteligente en nuestro planeta.


Vida extraterrestre


Si en torno a la mitad de las estrellas de nuestra galaxia semejantes al Sol orbitase un planeta, en el lugar preciso como para tener una temperatura favorable a la aparición de la vida, entonces en la Vía Láctea habría diez mil millones de planetas semejantes a la Tierra.

Ahora bien, para conocer en cuántos de ellos puede haber vida inteligente y con habilidad tecnológica, con la cual pudiésemos comunicarnos por radio, habría que saber cuán probable es que esta surja cuando las condiciones de un planeta son las adecuadas; cuán factible es que evolucione hasta generar seres inteligentes y, por último, cuán posible es que estos formen una sociedad de orientación tecnológica.

La consideración de todos estos factores escapa al dominio de la astronomía y es de competencia de ciencias como la bioquímica, la biología o la sociología. Sin embargo, según estimaciones de varios científicos, es posible que en uno de cada cien planetas surja una civilización técnicamente avanzada. Por lo tanto, en la Vía Láctea habría cien millones de planetas en los que, en algún momento de su desarrollo, surgió una civilización tecnológica.

No todas las civilizaciones evolucionan forzosamente hacia sociedades tecnológicas. En el Universo puede haber muchas integradas por poetas (que posiblemente sobrevivan mejor), muy respetables por cierto. Desgraciadamente, con ellas nunca podremos comunicarnos utilizando las ondas de radio. Por eso, nuestra atención se centra en las civilizaciones tecnológicas no porque las consideremos "las más avanzadas" o las mejores del cosmos, sino porque solo con ellas podemos entrar en contacto.

Nuestra atención se centra en las civilizaciones tecnológicas no porque las consideremos "las más avanzadas", sino porque solo con ellas podemos entrar en contacto.
Más urgente que conocer cuántas civilizaciones esperamos estén ahí, en algún lugar de la Vía Láctea, a la espera de comunicarse con nosotros, es importante resolver un problema crucial: saber cuál es la longevidad de una civilización técnicamente avanzada. ¿Cuánto vive una civilización de esta naturaleza antes de autodestruirse o de sucumbir frente a problemas provocados por ella misma y que es incapaz de resolver?

La única civilización tecnológicamente avanzada que conocemos es la nuestra, y ha vivido como tal (es decir, con capacidad para comunicarse mediante ondas de radio con otros puntos del espacio) unos 60 años. Esto es, un lapso muy pequeño comparado con la vida de la galaxia.

Si las civilizaciones avanzadas carecieran de la sabiduría suficiente como para superar los problemas que trae consigo el avance tecnológico, y solo vivieran (por ejemplo) cien años, los cien millones de civilizaciones de nuestra galaxia ya estarían extinguidos.

Para saber cuántas están vivas hoy, basta con averiguar qué porcentaje representa cien años en relación con la edad de la galaxia, una vida del orden de los diez mil millones de años. La proporción es uno a cien millones. Eso significa que hoy estaría viva solo una de los cien millones que hayan existido en la Vía Láctea: la nuestra.

Pero no seamos tan pesimistas. Supongamos que una civilización técnicamente avanzada viviese mucho tiempo, unos cien millones de años, por ejemplo, y que solucionase todos los problemas que se le presentan. En ese caso habría en toda la galaxia un millón de civilizaciones que estarían vivas hoy y con las cuales podríamos, en principio, establecer contacto mediante ondas de radio.

Este número (un millón de civilizaciones) puede parecer muy grande, pero las posibilidades de comunicación son menores si se recuerda que la distancia típica entre dos estrellas es de unos cuatro años-luz. Aún si lográsemos saber exactamente cuál estrella contiene al planeta donde está la civilización más cercana a la nuestra, la posible conversación con sus miembros no sería fácil. Si en este momento dijésemos ¡Hola!, nuestro llamado demoraría 400 años en llegar a ellos; si respondiesen de inmediato pasarían otros 400 años antes de que su respuesta a nuestro saludo llegase de vuelta. Por lo tanto, es una posibilidad bastante poco excitante la de hablar por teléfono de ida y vuelta, en vivo y en directo, con nuestros vecinos más próximos.

Las comunicaciones deberían ser en una sola dirección. Nosotros podríamos mandar una gran cantidad de información en mensajes especialmente codificados para que ellos comprendieran, y tener la esperanza de que algún día, alguien que los escuche, sepa de nuestra existencia en el cosmos y aprenda algo de nosotros.

De igual modo, deberíamos escuchar con antenas adecuadas las bandas de radio, para saber si alguien, desde algún punto de la galaxia, ha radiado ya un mensaje dando a conocer su presencia y contando cómo es la civilización a la que pertenece. Es como practicar la actividad de los radioaficionados, pero a escala cósmica.


Desde el punto de vista científico

La expresión "vida extraterrestre" se refiere a las hipotéticas formas de vida que pueden existir en otros lugares del universo.
Desde el punto de vista científico, sin hacer alusión a alienígenas, la expresión "vida extraterrestre" se refiere a las hipotéticas formas de vida que pueden haberse originado, existido o todavía existir en otros lugares del universo, fuera del planeta Tierra. Actualmente no existe evidencia alguna que pruebe o desmienta su existencia.

Actualmente una porción creciente de la comunidad científica se inclina a considerar que pueda existir alguna forma de vida extraterrestre, cuando las condiciones son propicias. La disciplina que estudia esta posibilidad se llama exobiología, aunque generalmente se considera que probablemente la vida exista solo en formas básicas. Una hipótesis alternativa es "panspermia", que sugiere que la vida podría surgir en un lugar y después se extendería entre otros planetas habitables. Estas dos hipótesis no son mutuamente excluyentes. Se especula con formas de vida extraterrestre que van desde bacterias, que es la posición mayoritaria, hasta otras formas de vida más evolucionadas, que puedan haber desarrollado inteligencia de algún tipo.

Debido a tal falta de pruebas a favor o en contra, cualquier enfoque científico del tema toma siempre la forma de conjeturas y estimaciones. Aunque cabe notar que el tema posee también una gran cantidad de teorías informales y paracientíficas, que exceden con facilidad los criterios de cualquier epistemología científica, por ejemplo, haciendo afirmaciones infalseables siguiendo el criterio de Popper, y son por tanto consideradas seudociencias.


Bioquímica

Toda la vida en la Tierra requiere de carbono, hidrógeno, nitrógeno, azufre y fósforo, así como de otros muchos elementos en menores cantidades, como ciertos minerales; requiere además de agua como solvente en el cual las reacciones toman lugar. Cantidad suficiente de carbono y demás elementos constituyentes de la vida, junto con el agua, harían posible la formación de organismos vivientes en otros planetas con una química, presión y temperatura similares a la Tierra. Como la Tierra y otros planetas estan hechos de "polvo estelar", es muy probable que otros planetas se hayan formado con semejante composición de elementos químicos que los terrestres. La combinación de carbono y agua en la forma de carbohidratos, como el azúcar, puede ser una fuente de energía química de la que depende la vida, mientras que a la vez provee elementos de estructura y codificación genética. El agua pura es útil, pues tiene un pH neutro debido a la continuada disociación entre sus iones de hidronio e hidróxido. Como resultado, puede disolver ambos tipos de iones, positivos (metálicos) y negativos (no metálicos) con igual habildad.

Debido a su relativa abundancia y utilidad en el sostenimiento de la vida, muchos han hipotetizado que todas las formas de vida, donde quiera que se produzcan, se valdrían tambien de estos materiales básicos. Aun así, otros elementos y solventes pueden proveer una cierta base de vida. Se ha señalado al silicio como una alternativa posible al carbono; basadas en este elemento, se han propuesto formas de vida con una morfología cristalina, teóricamente capaces de existir en condiciones de alta temperatura, como en planetas que orbiten muy cercanos a su estrella. También se han sugerido formas de vida basadas en el otros solventes, pues existen compuestos químicos capaces de mantener su estado líquido en diferentes rangos de temperatura, ampliando así las zonas habitables consideradas viables.

Así por ejemplo, se estudia el amoniaco como solvente alternativo al agua. La vida en un océano de amoniaco podría aparecer en un planeta mucho más lejano a su estrella.

Técnicamente, la vida es básicamente una reacción que se replica a sí misma, por lo que bajo esta simple premisa podría surgir la vida bajo una amplia gama de condiciones e ingredientes diferentes, si bien la vía carbono-oxigeno parece la más óptima y conductiva. Existen incluso teorías sobre reacciones autorreplicantes que podrian ocurrir en el plasma de una estrella, aunque éste sería un tipo de vida altamente extremo y nada convencional.


Ideas históricas

El Mensaje de Arecibo
El Mensaje de Arecibo es un mensaje digital de radio enviado al Cúmulo de Hércules, y un conocido símbolo de los intentos por contactar con inteligencias extraterrestres.
La idea de la existencia de seres inteligentes originarios de otros mundos fuera de la Tierra es casi tres veces milenaria. Existen nociones de tal concepto en la religión y mitología del Antiguo Egipto, Babilonia y Sumeria. Aunque en tales culturas, sería difícil obtener una separación clara entre la idea de extraterrestre y la noción religiosa de dioses, espíritus o demonios habitando "otro mundo". Los primeros pensadores de la Cultura Occidental en argumentar sobre la existencia de otros mundos equivalentes al nuestro en naturaleza, y sistematizar la idea de un universo lleno de otros mundos habitados, fueron los griegos Tales de Mileto y Anaximandro en el 70 y 60 siglo adC. Los atomistas incluyendo a Demócrito retomaron dicha idea, ya que la consideraban un resultado inevitable de sus ideas, pues argüían que un universo infinito (como afirmaban era el mundo) debería contener forzosamente infinitos otros mundos como el que conocemos. Sin embargo y por regla general, tales ideas eran refutadas por la cosmología aceptada como válida en dicha época: el geocentrismo ptolemaico, que privilegiaba a la Tierra sobre todos los astros. El mismo Aristóteles (fuente del geocentrismo ptolemaico) negaba la teoría de la pluralidad de los mundos.

La noción extraterrestre está también presente en el judaísmo, pues el Talmud afirma que existen al menos otros 18000 mundos, pero sin elaborar sobre su naturaleza y sin definir si son físicos o espirituales. Basándose en esto, textos eruditos como el "Sefer HaB'rit" establecen la posibilidad de mundos materiales habitados, pero no por humanos sino por seres carentes de libre albedrío.

En el Islam, hay un pasaje del Corán que alaba a Allah y lo proclama "Señor de todos los mundos", implicando la posibilidad de múltiples mundos habitados.

Cuando la Cristiandad se extendió en Europa, el sistema geocéntrico de Ptolomeo se convirtió en la cosmología aceptada en todos los reinos cristianos. Aunque la iglesia rara vez se pronunciaba sobre el tema, la noción de otros mundos habitados era por lo general considerada como aberrante o herética, pues entraba en contradicción con la cosmología comúnmente aceptada. Salvo algunas excepciones, el tema fue escasamente discutido durante la Edad Media.

Dicha situación cambió con la invención del telescopio y el advenimiento del modelo heliocéntrico de Nicolás Copérnico. Aunque las ideas sobre extraterrestres siguieron siendo consideradas heréticas incluso tiempo después de dichos eventos. El más conocido de los pensadores en defender de nuevo las tesis de pluralismo cósmico, es precisamente Giordano Bruno, quién en el siglo XVI afirmó que el universo era infinito y que las estrellas eran análogas al Sol, y que eran el centro de otros sistemas solares, que imaginaba también habitados. Afirmar dichas ideas le llevó a la muerte en la hoguera.


En la literatura

La vida extraterrestre aparece también en la ficción y la literatura desde mucho antes del inicio del siglo XX. El poeta didáctico Henry More tomó el clásico tema del pluralismo cósmico del filósofo griego Demócrito en su poema Demócrito platonizante, o un ensayo sobre la infinidad de los mundos. Desde la afirmación de que "el sol de nuestro mundo / es una estrella para el resto", More daba un salto especulativo hacia la existencia de planetas fuera del Sistema Solar.

La posibilidad de vida extraterrestre era una trivialidad del discurso educado durante el siglo XVII, aunque en el poema "El Paraíso Perdido" (1667) Milton empleó cautelosamente este tema cuando el ángel sugiere a Adán la posibilidad de vida en la Luna:

Sus huellas has visto
Así como nubes, y las nubes lloverán, y lluvia producirán
Frutos en su suelo ablandado, para algunos que los consumirán Asignados allí; junto con otros soles, quizás,
Con sus lunas acompañantes, se marchitaran,
Comunicando sus luces masculina y femenina,
Cuál dos grandes sexos que animan al mundo,
Albergados en cada Orbe quizás con algunos que viven.

Fontanelle expandió la esfera creativa del Creador, en lugar de negarla, en su obra: "Conversaciones sobre la Pluralidad de los Mundos". Y en "La Excursión" (1728) David Mallet exclamó: "Diez mil mundos resplandecen; cada uno con su carga/De mundos poblados".

En 1752, Voltaire publica el cuento corto Micromégas, que avanza muchas de las nociones que luego se ven expresadas de forma recurrente en la ciencia ficción incipiente y contemporánea. En particular, la idea de que los alienígenas pueden viajar entre las estrellas y venir a la Tierra (hasta llega a sugerir cierta propulsión luminosa, análoga a una vela solar ), y que son distintos a los humanos de forma fundamental (en este caso, en talla, tiempo de vida y cantidad de sentidos).


Enfoques científicos sobre la vida extraterrestre

La proto-ciencia que estudia la vida extraterrestre se llama exobiología o astrobiología.
Debido a que es un fenómeno que permanece fuera de los alcances de la ciencia (al no disponerse de ejemplos o refutaciones), no existe una disciplina "formal" que estudie la vida extraterrestre per se, ni ninguna currícula académica que forme expertos en ello. Aquellos que se han aproximado al tema de manera científica, son por lo general expertos en áreas diversas, que por interés meramente personal han elaborado hipótesis sobre las posibilidades de vida en otros mundos, y han compartido sus puntos de vista a través algún medio. Pese a ello, una cantidad impresionante de trabajos y publicaciones serias sobre el tema han aparecido, de modo que puede hablarse de una cuasi-ciencia dedicada a estudiar un fenómeno carente de evidencia alguna, así como de refutaciones. La proto-ciencia que estudia la vida extraterrestre se llama exobiología o astrobiología.


Preguntas y argumentos

Hay muchas preguntas acerca de cómo debe ser la vida extraterrestre, incluyendo las siguientes:

¿Podrían no estar basadas en el carbono? Por ejemplo, estar basadas en el silicio. ¿Cuál es la probabilidad de que la vida evolucione? ¿Cómo difieren dependiendo del tipo de vida (unicelular, multicelular, inteligente, tecnológicamente avanzada)?. ¿Qué condiciones requiere la evolución de la vida?.

Los detractores de la posibilidad de la existencia de vida extraterrestre indican que no es lógico hipotetizar sobre hechos no conocidos o probados; tales como formas de vida que no se basen en el carbono, ecosistemas avanzados que no sean ricos en oxígeno, ni planetas con biosfera significativamente similar de la propia Tierra en términos astronómicos (temperatura media, tipo de estrella de la cual dependen, etc.).


Principio de mediocridad

Debido a que el único ejemplo de vida en el universo que conocemos, es la vida en el planeta Tierra, los que se interesan en el tema siguiendo un enfoque racional, suelen seguir el principio científico de mediocridad, al afirmar que la vida en el planeta Tierra no es un caso especial, y por lo tanto la vida como la conocemos puede ser considerada un ejemplo típico de lo que la vida sería en todas partes. Esta presunción es relevante, pues determina fuertemente las acciones que emprenden los que buscan probar científicamente la existencia de la vida fuera de la Tierra. Dicho principio de mediocridad, pese a su estatuto de conjetura, permite incluso hacer algunas predicciones sobre los posibles atributos de la vida extraterrestre. En particular, se admite que existen atributos universales de la vida, por ejemplo, se acepta que la evolución darwiniana es universalmente válida, y que toda potencial criatura viviente debería sus características a un proceso de selección natural, tanto en la Tierra como en cualquier lugar del universo.

Existen otros atributos o características cuasi-universales en las especies que, al repetirse una y otra vez pero de diferentes formas en diferentes especies en la biosfera terrestre debido a la evolución convergente, se consideran como altamente probables en una hipotética biósfera alienígena. Cosas como la aparición de los sentidos, las extremidades adaptadas para diferentes medios, y muy probablemente la fotosíntesis cuando hablamos del reino Vegetal.

En este sentido, existe una gran multitud de formas para hipotetizar como sería la vida estaterrestre. Existen otros atributos más particulares que muchas veces se dan por sentados, pero que según los expertos no lo serían, ya que no responden a una necesidad evolutiva mejor que otros y no se dan en todas las especies presentes en un mismo hábitat; por lo cual estos pueden variar o no existir. Órganos como la mano humana, o la posición de ojos, nariz y boca similar a la humana. También hay otros atributos, entre ellos por ejemplo el caso del esqueleto, que aunque se considera como una necesidad para criaturas de cierta talla, este podría ser muy diferente a lo que conocemos; así por ejemplo la columna vertebral, sería una invención terrestre, ya que no se presenta en todos los organismos del planeta tierra.

Los detractores a esta hipótesis indican que para que exista evolución convergente, debe existir condiciones de medio ambiente muy similares entre otros factores, en que es muy difícil por probabilidad que ocurran; ya que no se conoce que existan planetas con biosfera significativamente similar de la propia Tierra en términos astronómicos (temperatura media, tipo de estrella de la cual dependen, etc.).


Hipótesis de la Tierra especial

En contraposición al principio de mediocridad, existen los que afirman que la vida en la Tierra no es un caso mediocre, y que las condiciones necesarias para su aparición son tan únicas y particulares, que bien puede ser posible que existan muy pocas, o incluso solo un planeta con vida en el universo: la Tierra.

Los ponentes de esta hipótesis notan que la vida en la Tierra, y en particular la vida humana, parece depender de una larga, y extremadamente afortunada cadena de eventos y circunstancias, que bien podrían ser irrepetibles incluso en la escala cósmica. Por ejemplo, se menciona con regularidad que sin una Luna tan grande como la que tiene la Tierra, el planeta tendería a presentar una precesión mucho más importante, cambiando drásticamente de inclinación en su rotación, afectando de manera caótica el clima y muy posiblemente, imposibilitando la vida como la conocemos.

Panspermia es la teoría que sostiene que la vida en la Tierra proviene del espacio.
Se mencionan también otras aparentes casualidades afortunadas, como el hecho de que el Sol está en un lugar de la Vía Láctea que es relativamente libre de supernovas, en contraposición al centro galáctico. O que el Sol es del tamaño justo para dar energía suficiente, y durar lo suficiente, como para que la vida haya aparecido.

Otra positiva casualidad para la vida en la Tierra es la existencia de un planeta del tamaño de Júpiter, como apuntan los autores del libro Rare Earth, en una órbita estable, casi circular, y a la distancia suficiente de la Tierra para atrapar numerosos cometas y asteroides que, de otro modo, terminarían impactando con el planeta arruinando todo tipo de vida incipiente. Esas entre muchas otras casualidades que separadamente pueden parecer triviales, pero que juntas convierten a la Tierra en un lugar cósmicamente especial.

Sin embargo desde fines del siglo XX, producto de nuevos descubrimientos, tales como la existencia de moléculas orgánicas en el espacio, y el demostrado hecho que los planetas extrasolares son relativamente comunes, algunos entre los cuales (todavía por descubrir) podrían presentar condiciones factibles para la vida; han hecho esta hipótesis ya no sea compartida por buena parte de la comunidad científica.


Otras teorías

Panspermia es la teoría que sostiene que la vida en la Tierra proviene del espacio, especulando que la vida llegó de otros cuerpos celestes (quizás de planetas extrasolares) en forma de esporas, viajando en meteoros y polvo cósmico que serían arrojados al espacio por choques meteóricos. Existe una variante de esta teoría, que afirma que la vida es estrictamente originaria del Sistema Solar, pero que sí se difundió a la Tierra (o incluso, desde la Tierra hacia otros cuerpos) a través del mecanismo de esporas en meteoros, a esta teoría se le llama Transpermia.

La especulación sobre las posibles formas de vida extraterrestres, especialmente las inteligentes, así como sus posibles civilizaciones y relaciones con los seres humanos han sido y son tratadas también por la Ciencia ficción y la Ufología.


Búsqueda de vida extraterrestre

Los científicos buscan vida extraterrestre principalmente de tres maneras:
  • Búsqueda directa, es decir, la observación de vida microbiana o de cualquier tipo en los cuerpos celestes que la humanidad llegue a visitar.
  • Detección indirecta, o la detección de características o marcas distintivas de la vida en cuerpos celestes a través de telescopios avanzados.
  • Escucha de señales artificiales, que permitiría detectar verdaderas civilizaciones extraterrestres que emiten radiación electromagnética como un subproducto de su avance tecnológico.

Búsqueda directa

Fuentes de Encélado
Fuentes de Encélado; imagen obtenida por Cassini/Huygens
Debido a que, en la práctica, los únicos cuerpos celestes que el ser humano puede visitar son los de nuestro Sistema Solar, la búsqueda directa de vida extraterrestre se ha limitado a dicho sistema; principalmente a la búsqueda de vida microscópica, ya sea fósil o activa. Sin embargo no todos los cuerpos del sistema solar se consideran aptos para la presencia de vida. Actualmente se considera como posibles objetivos de búsqueda a:
  • El planeta Marte, idea respaldada por las teorizadas similitudes pasadas y presentes entre la Tierra y ese planeta: principalmente la ya confirmada presencia de agua en abundancia y de una densa atmósfera en el pasado remoto. Estos hechos, y la cercanía relativa de Marte, han causado que sea el cuerpo celeste más explorado por la astrobiología: ya se ha buscando evidencia de actividad biológica en Marte durante las misiones Viking 1 y Viking 2 de la NASA, con resultados ambiguos pero por lo general considerados como negativos. Hay fuertes controversias sobre estas evidencias de existencia de vida microbiana en Marte. Un experimento de la Viking Mars Lander informó de emisiones de gas desde el caliente suelo marciano, que algunos arguyen son coherentes con la presencia de microbios. Sin embargo, la carencia de evidencias o de corroboración mediante otros experimentos en la Viking Mars Lander, sugieren que una reacción no biológica es la hipótesis más acertada.

  • Meteoritos provenientes de Marte que han caído en la Tierra: debido a la cercanía relativa entre Marte y la Tierra y la baja gravedad marciana, se acepta como un hecho que ciertos meteoros son rocas marcianas eyectadas por choques meteóricos mayores, que tras vagar durante millones de años en el espacio, chocan por azar contra nuestro planeta. El 6 de agosto de 1996, expertos de la NASA revelaron públicamente que un meteorito de ese tipo llamado ALH84001, encontrado en la Antártida, mostraba evidencias de una posible actividad biológica microscópica; en particular, restos parecidos a bacterias fosilizadas. Este estudio ha sido ampliamente debatido y criticado en sus conclusiones, manteniéndose hasta el día de hoy en la polémica.

  • La luna de Júpiter Europa: desde el paso de las misiones Voyager 1 y Voyager 2 se cree que Europa tiene un océano de agua líquida de varios kilómetros de profundidad, bajo el hielo que cubre su superficie. Debido al hecho comprobado que las fuerzas de marea y la resonancia orbital provocan el calentamiento de Io (la luna mayor más cercana a Júpiter), originando vulcanismo, se cree que Europa presentaría similar actividad volcánica, al ser la segunda en distancia justo después de Io. Por tanto, se cree que podría haber fuentes de calor y vertidos de sustancias químicas en dicho océano. En la Tierra se conocen ejemplos de ecosistemas abisales que dependen de la actividad geotérmica para su subsistencia, de modo que dicha posibilidad en Europa no puede excluirse, llevando incluso a expertos a proponer una misión no tripulada a Europa, consistente en una sonda de alunizaje y un submarino robótico capaz de penetrar la gruesa capa de hielo. Dicha misión no se encuentra actualmente en los planes de ninguna agencia espacial, y de concretarse, se realizaría varias décadas en el futuro.

  • La luna Encélado de Saturno. Durante la misión Cassini-Huygens de la NASA y ESA se descubrió que Encélado eyecta grandes cantidades de agua al espacio a través de enormes géiseres, revelando la presencia de un activo criovulcanismo y una muy alta posibilidad de reservorios de agua líquida bajo la superficie helada. Encélado es una sorpresa para la astrobiología y la planetología, pues nadie esperaba encontrar tal actividad en una luna tan pequeña; pero ahora los expertos consideran que podría ser incluso más factible que Europa como lugar de búsqueda de vida, pues se cree que sus capas de hielo superficial son mucho más delgadas, haciendo más fácil acceder al agua subterránea. El hecho conocido de que agua escapa al espacio exterior es una evidencia de ello.

Búsqueda indirecta

Terrestrial Planet Finder
Terrestrial Planet Finder - Un proyecto de telescopio espacial dedicado a fotografiar planetas extrasolares.
Debido a la recientemente adquirida capacidad para detectar planetas extrasolares o exoplanetas orbitando estrellas distintas a nuestro Sol, entre la comunidad astronómica se ha generado un fuerte interés en descubrir mundos comparables en tamaño y propiedades a la Tierra; planetas que apenas empiezan a ser detectados. También hay un fuerte interés en la posibilidad de observar realmente tales mundos usando telescopios mucho más perfeccionados que los disponibles actualmente.

Hasta la fecha sólo hay un ejemplo de observación directa de un planeta extrasolar (véase GQ Lupi); y aunque empieza a ser posible detectar planetas de tamaño equivalente a la Tierra (véase Gliese 876) en otro sistemas, obtener fotografías de ellos todavía no es posible, debido a que los instrumentos disponibles no son lo suficientemente sensibles para separar el enorme brillo de la estrella del de sus planetas. Eso puede cambiar en un futuro cercano, cuando telescopios como el Terrestrial Planet Finder de la NASA o el proyecto Darwin de la ESA entren en funcionamiento. Entre las funciones de tales dispositivos está la de obtener fotografías de los planetas, y detectar propiedades fundamentales de los mismos, como su temperatura, o la presencia o ausencia de atmósfera, así como detalles sobre su composición (mediante Espectrocopía).

Existen quienes creen que tales métodos permitirían detectar mundos donde existan procesos biológicos comparables a los presentes en la Tierra. La idea está respaldada por el hecho de que la luz que refleja nuestro planeta lleva consigo "marcas" que revelan la presencia de la vida; por ejemplo, la presencia de un alto nivel de oxígeno, y ciertas variaciones del espectro infrarrojo, que revelan la presencia de vegetación.

Desde luego, tales métodos de detección asumen que la vida en la Tierra es un caso mediocre, y que las características de la luz reflejada por la Tierra son compartidas por todos los casos. Este método de detección tiene la ventaja de permitir la detección de mundos con vida primitiva (y que no transmiten ondas de radio como lo espera el SETI), con la condición de que dicha vida haya modificado la atmósfera, de manera análoga a como la vida ha cambiado la atmósfera terrestre desde su aparición.


Escucha de señales artificiales

Por otro lado, se ha teorizado que cualquier sociedad tecnológica estará trasmitiendo información: radiaciones electromagnéticas generadas por el hombre son detectables en un radio de más de 50 años luz de la Tierra, y están en constante expansión. El proyecto SETI (Search for Extraterrestrial Intelligence) o "Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre", analiza los datos recogidos por los grandes radiotelescopios y los analiza buscando pautas artificiales utilizando superordenadores, así como un gran proyecto de computación distribuida en el mundo; SETI@home. Hasta la fecha, no obstante, tan solo la señal WOW! ha sido reseñable en esta búsqueda.


Mensajes sin destino

A lo largo del tiempo se han producido también una serie de iniciativas en sentido contrario: no buscar la señal de una posible inteligencia extraterrestre, sino informar de nuestra presencia a potenciales civilizaciones que estén a la escucha. La primera fue el llamado Mensaje de Arecibo, lanzado en 1974 en dirección al cúmulo de estrellas de M13. A bordo de las sondas Pioneer 10 (en dirección a la estrella Aldebarán) y Pioneer 11 (en dirección a la constelación de Aquila) se encuentran sendos mensajes (véase Placa de la Pioneer) destinados a una posible civilización extraterrestre que pudiese interceptar las sondas. Lo mismo ocurre en en caso del Disco de oro de las Voyager, en las sondas Voyager 1 (en dirección a la constelación de Ofiuco) y Voyager 2 (en dirección a la estrella Ross 248). Más recientemente, en 2008, un equipo de científicos ucranianos ha enviado mensajes en dirección al sistema Gliese 876.



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