¿Qué es el tiempo?

El Tiempo es la magnitud física con la que medimos la duración o separación de acontecimientos sujetos a cambio, de los sistemas sujetos a observación, esto es, el período que transcurre entre el estado del sistema cuando éste aparentaba un estado X y el instante en el que X registra una variación perceptible para un observador (o aparato de medida). Es la magnitud que permite ordenar los sucesos en secuencias, estableciendo un pasado, un presente y un futuro, y da lugar al principio de causalidad, uno de los axiomas del método científico.

Un reloj es cualquier dispositivo que puede medir el tiempo transcurrido entre dos eventos que suceden respecto de un observador.
Un reloj es cualquier dispositivo que puede medir el tiempo transcurrido entre dos eventos que suceden respecto de un observador.
El tiempo no ha podido ser observado como una entidad física, es decir, no existe prueba alguna obtenida de algún experimento realizado solamente con el propósito de detectarlo físicamente. Las variadas opiniones encontradas en las diferentes teorías que asumen un tiempo absoluto o un tiempo flexible, son ideas basadas en pensamientos filosóficos. En lo que respecta a la ciencia, el tiempo como magnitud física, seguirá siendo un concepto abstracto y subjetivo, a como lo son la longitud, el volúmen, la masa, la densidad, la temperatura, la velocidad, la aceleración y la energía.

Su unidad básica en el Sistema Internacional es el segundo, cuyo símbolo es s (debido a que es un símbolo y no una abreviatura, no se debe escribir con mayúscula, ni como "seg", ni agregando un punto posterior).

El concepto físico del tiempo

Dados dos eventos puntuales E1 y E2, que ocurren respectivamente en instantes de tiempo t1 y t2, y en puntos del espacio diferentes P1 y P2, todas las teorías físicas admiten que éstos pueden cumplir una y sólo una de las siguientes tres condiciones:

  1. Es posible para un observador estar presente en el evento E1 y luego estar en el evento E2, y en ese caso se afirma que E1 es un evento anterior a E2. Además, si eso sucede, ese observador no podrá verificar 2.
  2. Es posible para un observador estar presente en el evento E2 y luego estar en el evento E1, y en ese caso se afirma que E1 es un evento posterior a E2. Además si eso sucede, ese observador no podrá verificar 1.
  3. Es imposible, para un observador puntual, estar presente simultáneamente en los eventos E1 y E2.
Dado un evento cualquiera, el conjunto de eventos puede dividirse según esas tres categorías anteriores. Es decir, todas las teorías físicas permiten, fijado un evento, clasificar a los eventos en: (1) pasado, (2) futuro y (3) resto de eventos (ni pasados ni futuros). La clasificación de un tiempo presente es debatible por la poca durabilidad de este intervalo que no se puede medir como un estado actual sino como un dato que se obtiene en una contínua sucesión de eventos. En mecánica clásica esta última categoría está formada por los sucesos llamados simultáneos, y en mecánica relativista, por los eventos no relacionados causalmente con el primer evento. Sin embargo, la mecánica clásica y la mecánica relativista difieren en el modo concreto en que puede hacerse esa división entre pasado, futuro y otros eventos y en el hecho de que dicho carácter pueda ser absoluto o relativo respecto al contenido de los conjuntos.

El tiempo en mecánica clásica

En la Mecánica clásica, el tiempo se concibe como una magnitud absoluta, es decir, es un escalar cuya medida es idéntica para todos los observadores (una magnitud relativa es aquella cuyo valor depende del observador concreto). Esta concepción del tiempo recibe el nombre de tiempo absoluto. Esa concepción está de acuerdo con la concepción filosófica de Kant, que establece el espacio y el tiempo como necesarios por cualquiera experiencia humana. Kant asímismo concluyó que el espacio y el tiempo eran conceptos subjetivos. Cada observador hará una división tripartita de los eventos clasificándolos en: (1) eventos pasados, (2) eventos futuros y (3) eventos ni pasados y ni futuros, la mecánica clásica y la física pre-relativista asumen:

  1. Fijado un acontecimiento concreto todos los observadores sea cual sea su estado de movimiento dividirán el resto de eventos en los mismos tres conjuntos (1), (2) y (3), es decir, dos observadores diferentes coincidirán en qué eventos pertenecen al pasado, al presente y al futuro, por eso el tiempo en mecánica clásica se califica de "absoluto" porque es una distinción válida para todos los observadores (mientras que en mecánica relativista esto no sucede y el tiempo se califica de "relativo").
  2. En mecánica clásica, la última categoría, (3), está formada por un conjunto de puntos tridimensional, que de hecho tiene la estructura de espacio euclídeo. Dados dos eventos se llaman simultáneos fijado uno de ellos el segundo es un evento de la categoría (3).
Aunque dentro de la teoría especial de la relatividad y dentro de la teoría general de la relatividad, la división tripartita de eventos sigue siendo válida, no se verifican las últimas dos propiedades:
  1. El conjunto de eventos ni pasados ni futuros no es tridimensional
  2. No existe una noción de simultaneidad indepediente del observador como en mecánica clásica

El tiempo en mecánica relativista

En mecánica relativista la medida del transcurso del tiempo depende del sistema de referencia donde esté situado el observador y de su estado de movimiento, es decir, diferentes observadores miden diferentes tiempos transcurridos entre dos eventos causalmente conectados. Por tanto, la duración de un proceso depende del sistema de referencia donde se encuentre el observador.

De acuerdo con la teoría de la relatividad, fijados dos observadores situados en diferentes marcos de referencia, dos sucesos A y B dentro de la categoría (3) (eventos ni pasados ni futuros), pueden ser percibidos por los dos observadores como simultáneos, o puede que A ocurra "antes" que B para el primer observador mientras que B ocurre "antes" de A para el segundo observador. En esas circunstancias no existe, por tanto, ninguna posibilidad de establecer una noción absoluta de simultaneidad independiente del observador. Según la relatividad general el conjunto de los sucesos dentro de la categoría (3) es un subconjunto tetradimensional topológicamente abierto del espacio-tiempo. Cabe aclarar que esta teoría sólo parece funcionar con la rígida condición de dos marcos de referencia solamente. Cuando se agrega un marco de referencia adicional, la teoría de la Relatividad queda invalidada: el observador A en la tierra percibirá que el observador B viaja a mayor velocidad dentro de una nave espacial girando alrededor de la tierra a 7,000 kilómetros por segundo. El observador B notará que el dato de tiempo que da su reloj se ha desacelerado y concluye que el tiempo se ha dilatado por causa de la velocidad de la nave. Un observador C localizado fuera del sistema solar, notará que tanto el hombre en tierra como el astronauta girando alrededor de la tierra, están viajando simultaneamente -la nave espacial y el planeta tierra- a 28,000 kilómetros por segundo alrededor del sol. La más certera conclusión acerca del comportamiento del reloj en la nave espacial, es que ese reloj está funcionando mal, porque no fue calibrado ni probado para esos nuevos cambios en su ambiente. Esta conclusión está respaldada for el hecho que no existe prueba alguna que muestre que el tiempo es objetivo.

Sólo si dos sucesos están atados casualmente todos los observadores ven el suceso "causal" antes que el suceso "efecto", es decir, las categorías (1) de eventos pasados y (2) de de eventos futuros causalmente ligados sí son absolutos. Fijado un evento E el conjunto de eventos de la categoría (3) que no son eventos ni futuros ni pasados respecto a E puede dividirse en tres subconjuntos:

  1. El interior topológico de dicho conjunto, es una región abierta del espacio-tiempo y constituye un conjunto acronal. Dentro de esa región dados cualesquiera dos eventos resulta imposible conectarlos por una señal luminosa que emitida desde el primer evento alcance el segundo.
  2. La frontera del futuro o parte de la frontera topológica del conjunto, tal que cualquier punto dentro de ella puede ser alcanzado por una señal luminosa emitida desde el evento E.
  3. La frontera del pasado o parte de la frontera topológica del conjunto, tal que desde cualquier punto dentro de ella puede enviarse una señal luminosa que alcance el evento E.
Las curiosas relaciones causales de la teoría de la relatividad, conllevan a que no existe un tiempo único y absoluto para los observadores, de hecho cualquier observador percibe el espacio-tiempo o espacio tetradimensional según su estado de movimiento, la dirección paralela a su cuadrivelocidad coincidirá con la dirección temporal, y los eventos que acontecen en las hipersuperficies espaciales perpendiculares en cada punto a la dirección temporal, forman el conjunto de acontecimientos simultáneos para ese observador.

Lamentablemente, dichos conjuntos de acontecimientos percibidos como simultáneos difieren de un observador a otro.

La medición del tiempo

La cronología (histórica, geológica, etc.) permite datar los momentos en los que ocurren determinados hechos (lapsos relativamente breves) o procesos (lapsos de duración mayor). En una línea de tiempo se puede representar gráficamente los momentos históricos en puntos y los procesos en segmentos.

Las formas e instrumentos para medir el tiempo son de uso muy antiguo, y todas ellas se basan en la medición del movimiento, del cambio material de un objeto a través del tiempo, que es lo que puede medirse. En un principio, se comenzaron a medir los movimientos de los astros, especialmente el movimiento aparente del Sol, dando lugar al tiempo solar aparente. El desarrollo de la astronomía hizo que, de manera paulatina, se fueran creando diversos instrumentos, tales como los relojes de sol, las clepsidras o los relojes de arena y los cronómetros. Posteriormente, la determinación de la medida del tiempo se fue perfeccionando hasta llegar al reloj atómico. Todos los relojes modernos desde la invención del reloj mecánico, han sido construidos con el mismo principio del "tic tic tic". El reloj atómico está calibrado para contar 9,192,631,770 vibraciones del átomo del Cesium para luego hacer un "tic".

Artículos relacionados

Modelo físico propone que el tiempo es sólo una ilusión
Descubren Modelo teórico de viaje al pasado
Primer viaje en el tiempo tendrá lugar este siglo
El tiempo se distorsiona junto a los agujeros negros
Saltos en el tiempo: Una excursión al pasado
Viajes a través del tiempo
Stephen Hawking define las formas posibles de viajar en el tiempo


Portada

Saltos en el tiempo: Una excursión al pasado


La experiencia que vivieron dos inglesas durante una visita a Versalles en verano de 1901 fue discutida durante muchos años. Las señoritas Moberley y Jourdain afirmaban haber retrocedido al siglo XVIII, en plena época de María Antonieta.

Anne Moberley Eleanor Jourdain
Las señoritas Anne Moberley y Eleanor Jourdain. Decididas a descubrir qué había detrás de su experiencia, las dos visitaron repetidamente el Pequeño Trianón, pero descubrieron que los jardines habían cambiando mucho desde su primera visita.
En una cálida tarde de agosto de 1901, dos maestras de mediana edad, las señoritas Anne Moberley y Eleanor Jourdain, decidieron aprovechar sus vacaciones en París para visitar el palacio de Versalles, que ninguna de las dos conocía. Ambas se interesaban por la historia y poseían cierto nivel cultural, ya que la señorita Moberley era directora del Instituto St Hugh, y la señorita Jourdain, de una escuela de niñas en Watford. Ninguna de las dos tendía a ser crédula ni neurótica.

Después de recorrer el palacio se sentaron a descansar en la Galería de los Espejos. Las ventanas abiertas y el aroma de las flores las incitaron a volver a salir, esa vez en dirección al Pequeño Trianón, el palacete que Luis XV construyó en los terrenos de Versalles, y que su sucesor, Luis XVI, regaló a la reina María Antonieta. Llegaron a un lago alargado, a cuya derecha había un bosquecillo con un claro, y después a otro estanque, junto al cual se levantaba el Gran Trianón, palacio construido por Luis XIV. Lo dejaron a su izquierda y llegaron hasta un sendero cubierto de hierba.

No estaban seguras del camino y, en vez de bajar por el sendero, que llevaba directamente al Pequeño Trianón, lo cruzaron y siguieron por un sendero lateral. La señorita Moberley vio a una mujer asomada a la ventana de un edificio que había en un recodo del sendero; sacudía una tela blanca. La inglesa se sorprendió al ver que su amiga no se detenía a preguntarle el camino. Después se enteró de que la señorita Jourdain no lo hizo porque no había visto ni a la mujer ni el edificio.

A esas alturas, las dos mujeres no tenían conciencia de que sucediera algo extraño, y conversaban animadamente sobre temas que no tenían nada que ver. Doblaron a la derecha, pasaron junto a unos edificios y distinguieron el final de una escalera tallada al otro lado de un portal abierto. No se detuvieron, sino que tomaron el sendero central de los tres que había delante de ellas; la única razón para que lo hicieran fue la presencia de dos hombres que parecían estar trabajando allí, con una especie de carretilla y una pala puntiaguda. Parecían jardineros, aunque las mujeres pensaron que vestían de forma rara; llevaban largas chaquetas gris verdoso y tricornios. Los hombres les dijeron que siguieran en línea recta y las amigas continuaron como antes, absortas en su conversación.

Cuando las señoritas Moberley y Jourdain visitaron el palacio de Versalles el 10 de agosto de 1901, todo parecía normal, al principio.
Cuando las señoritas Moberley y Jourdain visitaron el palacio de Versalles el 10 de agosto de 1901, todo parecía normal, al principio. Después de visitar la Galería de los Espejos atravesaron el parque, buscando el Pequeño Trianón (en la foto), la mansión aislada que había pertenecido a María Antonieta. Fue entonces cuando se encontraron en lo que parecía otra época.
Irrupción Del Pasado

Fue más o menos entonces cuando las dos mujeres comenzaron a sentir una cierta opresión (de forma independiente; no comentaron el hecho en aquel momento); observaron que su entorno era curiosamente llano, y ambas tuvieron la sensación de que el paisaje se había vuelto bidimensional. Esas sensaciones se hicieron abrumadoras cuando se acercaron a «un pequeño kiosco de jardín, circular, como un kiosco de música; junto a él se sentaba un hombre». A ninguna de las dos le gustó el aspecto del hombre; su rostro era oscuro y repulsivo. Notaron que llevaba una capa y un sombrero al estilo español. Aunque no se sentían muy seguras de su camino, por nada del mundo le hubiesen dirigido la palabra al hombre del kiosco.

Sintieron alivio al escuchar pasos que se acercaban aprisa detrás de ellas pero, cuando se volvieron, el sendero estaba vacío. Con todo, la señorita Moberley vio a otra persona que apareció súbitamente. Parecía «sin duda, un caballero... alto, con grandes ojos oscuros... cabellos negros rizados». Él también llevaba capa y sombrero español y parecía nervioso cuando les indicó dónde estaba la casa. Les sonrió de una forma que les pareció peculiar pero, cuando se volvieron para darle las gracias, había desaparecido. Volvieron a escuchar el ruido de alguien que corría, aparentemente muy cerca de ellas, pero no vieron a nadie.

Cruzaron un puentecito sobre un barranco en miniatura, miraron la cascada que caía junto a él y, finalmente, llegaron a «una mansión campestre pequeña, cuadrada y sólidamente construida», con una terraza que daba al norte y al oeste. La señorita Moberley vio a una dama sentada en el césped, de espaldas a la terraza, que parecía estar haciendo un dibujo. La dama las miró fijamente cuando pasaron junto a ella. La señorita Moberley comentó que, aunque era bastante bonita, ya no era joven, y no le pareció atractiva. Esto no le impidió observar el vestido que llevaba, de una tela ligera y escotado. Sus abundantes cabellos rubios estaban cubiertos por un gran sombrero blanco.

Las dos inglesas pasaron junto a ella en silencio y subieron a la terraza; la señorita Moberley se sentía como si estuviera andando en sueños. Entonces volvió a ver a la dama, esta vez de espaldas, y sintió alivio porque la señorita Jourdain no le había preguntado si podían entrar en la casa. En realidad, la señorita Jourdain no la había visto.

Estaban ya en el ángulo suroeste de la terraza. Cuando se volvieron, vieron una segunda casa de la que salió un joven (con «aspecto de lacayo») quien les ofreció acompañarlas en la visita. Entonces se les unió una alegre boda y se sintieron de mejor humor.

Las dos señoritas no hablaron de estos acontecimientos durante la semana siguiente. Sólo cuando la señorita Moberley se puso a escribir su versión de los hechos y volvió a sentir una sensación de opresión, preguntó a su amiga: «¿No crees que el Pequeño Trianón está embrujado?» La señorita Jourdain pensaba lo mismo. Sólo entonces compararon las notas y supieron las diferencias existentes entre sus experiencias.

Ambas mujeres escribieron, tres meses después y por separado, sendos relatos completos de lo sucedido. Este lapso de tiempo fue uno de los factores que provocaron el escepticismo, de comentaristas posteriores: los recuerdos de un suceso, registrados al cabo de tres meses, eran menos exactos que si se redactaban de forma inmediata. Las maestras eran pues, sospechosas de «reconstrucción imaginativa».

Sin embargo, existían leyendas relacionadas con el Trianón que apoyaban su versión. Una amiga parisina de la señorita Jourdain le contó que gente de Versalles había visto a María Antonieta, un día de agosto, sentada en los jardines del Pequeño Trianón, con un vestido rosa y un gran sombrero de paja. El lugar, en su conjunto -las personas presentes y el tipo de diversiones- parecía, según dijo esta amiga, una reproducción exacta del fatídico 10 de agosto de 1792, día del saqueo de las Tullerías, de la fuga de la familia real a París y del encarcelamiento del rey y la reina en el Temple. Las dos señoritas se preguntaron si se habrían topado con algún recuerdo de la reina, proyectado por ella sobre el Trianón o retenido por el propio lugar. Desconcertadas por lo que habían encontrado, decidieron comparar los detalles de su experiencia con los hechos, y regresaron a Versalles.

Una Ocurrencia Tardía

Proyecto para el trazado de los futuros jardines del Pequeño Trianón, realizado en 1774 por el jardinero jefe Antoine Richard.
Proyecto para el trazado de los futuros jardines del Pequeño Trianón, realizado en 1774 por el jardinero jefe Antoine Richard. El círculo marca un kiosco de estilo achinado, parecido al que vieron las maestras, pero no existen pruebas de que llegara a ser construido alguna vez.
El kiosco que vieron se parecía algo a uno que había figurado en los planos originales del Trianón como una ruine -o sea, una locura decorativa-, pero no es seguro que fuera construido alguna vez. De hecho, el kiosco fue una fuente de dificultades para las dos maestras en sus esfuerzos por identificarlo con algún rasgo original del Trianón; vacilaron y modificaron sus opiniones. Les parecía que «tenía algo de chino». Un crítico francés, Léon Rey, que escribía en la Revue de Paris, lo identificó con un edificio llamado Jeu de Bague, que era de estilo vagamente oriental. Pero las dos inglesas no estuvieron de acuerdo y señalaron las discrepancias entre el kiosco del 10 de agosto -que, después de todo, ellas habían visto y Rey no- y el Jeu de Bague. Su referencia a «algo de chino» no fue hecha hasta 1909, lo que sugiere una ocurrencia tardía. Sin embargo existen datos de que, en 1774, el jardinero jefe de María Antonieta, Antoine Richard, había planeado la construcción de un kiosco pequeño, del tipo del que las dos maestras creyeron ver en 1901.

A medida que uno examina los «hechos» narrados por Moberley y Jourdain, y las acusaciones y contraacusaciones que se les hicieron a lo largo de los años (hasta los años cincuenta), su relato y su interpretación se vuelven cada vez más confusos. El hombre moreno que inspiró tanta aversión a las maestras fue «identificado» como el conde de Vaudreuil, quien desempeñó un siniestro papel en los últimos meses del reinado de María Antonieta, aunque otro crítico sugirió que la figura podía haber sido el anciano Luis XV. Apenas existe un detalle en la narración de las dos mujeres que después no haya sido contradicho o discutido por otra explicación, aún más improbable, de lo que habían visto originalmente.

Resultaría pesado reconstruir los pasos de las investigaciones que Moberley y Jourdain realizaron a lo largo de varios años, o discutir las muchas formas en que han sido interpretados los detalles de su aventura. Los críticos no sólo contradijeron a las maestras sino que se contradijeron entre sí, e hicieron los mayores esfuerzos por demostrar que las mujeres imaginaron lo que vieron, lo malinterpretaron, lo distorsionaron o lo desfiguraron: Sus investigaciones, según los críticos desfavorables, no fueron suficientemente cuidadosas ni estuvieron bien llevadas; ellas dejaron que investigaciones posteriores influyeran en el relato que hicieron de los hechos, y adoptaron a posteriori sus propias experiencias para que coincidieran con lo que habían descubierto. En otras palabras,(los críticos afirmaron que Moberley y Jourdain habían distorsionado sistemáticamente los libros para que coincidieran con suhistoria. Las dos damas, cuya inteligencia parece haber sido tan aguda como la de sus críticos, fueron condenadas como una pareja de solteronas crédulas, cuyas cabezas estaban llenas de tonterías románticas acerca de la desventurada reina de Francia.

Sin embargo, ésta no es la impresión que se obtiene al leer los documentos Moberley-Jourdain. Las mujeres parecen equilibradas, sensatas y verdaderamente intrigadas por lo que les sucedió aquel día de agosto de 1901. Sus investigaciones posteriores fueron tan completas como permitieron la oportunidad y la disponibilidad de materiales, y aunque las dos mujeres fueron acusadas de alterar su relato original para adaptarlo a hechos revelados posteriormente, bien podría ser que no hubieran entendido lo que habían visto hasta que el descubrimiento de ciertos hechos lo aclaró. Desde luego, Moberley y Jourdain no conservaron un registro minucioso y un relato documentado de lo sucedido. Probablemente, nunca se les ocurrió que eso sería necesario para probar su veracidad.

No es posible juzgar qué sucedió realmente el 10 de agosto de 1901. Es probable que las maestras tropezaran con una alucinación a gran escala consecuente con las condiciones de un salto temporal retrocognitivo. El aspecto más interesante de la cuestión fue el constante intercambio, visual y verbal, que al parecer tuvo lugar entre las figuras del pasado y las del presente.

Tampoco fue única, en cuanto a la escala, la aventura de Versalles, ya que otras dos inglesas vivieron una experiencia similar en Dieppe 50 años después. ¿Será el aire de Francia, o su historia, lo que promueve esos fenómenos tan curiosos?

Fuente: http://www.mundoparanormal.com/




Portada

Viajes a través del tiempo

El Tiempo es la magnitud física con la que medimos la duración o separación de acontecimientos sujetos a cambio, de los sistemas sujetos a observación, esto es, el período que transcurre entre el estado del sistema cuando éste aparentaba un estado X y el instante en el que X registra una variación perceptible para un observador (o aparato de medida). Es la magnitud que permite ordenar los sucesos en secuencias, estableciendo un pasado, un presente y un futuro, y da lugar al principio de causalidad, uno de los axiomas del método científico. El tiempo no ha podido ser observado como una entidad física, es decir, no existe prueba alguna obtenida de algún experimento realizado solamente con el propósito de detectarlo físicamente.

Todos los seres humanos somos conscientes del paso del tiempo; envejecemos y morimos inevitablemente sin que podamos detenerlo. Estamos condicionados, desde nuestro nacimiento, a aceptar el tiempo según las mediciones con que los relojes nos muestran su transcurrir. Pero encontrarse de pronto en el pasado o en el futuro constituye una experiencia desconcertante y asombrosamente común.

Las variadas opiniones encontradas en las diferentes teorías que asumen un tiempo absoluto o un tiempo flexible, son ideas basadas en pensamientos filosóficos. En lo que respecta a la ciencia, el tiempo como magnitud física, seguirá siendo un concepto abstracto y subjetivo, a como lo son la longitud, el volúmen, la masa, la densidad, la temperatura, la velocidad, la aceleración y la energía

Desde la infancia, nos enseñan a medir los meses y los años. Se nos enseña a «saber la hora» , lo cual significa el tiempo que mide el reloj más próximo. Aprendemos a interpretar el calendario: éste mes es septiembre, éste es mayo, cuándo empiezan y terminan las estaciones... Pero esta forma de medir el tiempo no es más que un práctico invento humano mediante el cual el hombre primitivo sabía ya cuándo debía alimentar al ganado, plantar las simientes o cosechar. El reloj y el calendario no son más que mecanismos que nos ayudan a ordenar nuestras vidas, a imponer una rutina en el caos. Pero la cronología puede no ser la única forma del tiempo; el cosmos produce, quizá, mecanismos temporales de naturaleza muy distinta.

Es posible que el conflicto entre este tiempo cósmico o universal y la cronología humana sea la causa de los extraordinarios fenómenos denominados «lapsus temporales» o «saltos en el tiempo», en los que dos aspectos o dimensiones de éste parecen funcionar simultáneamente: el sujeto puede hallarse viviendo en el presente y en el pasado (o, en algunos casos, en el presente y en el futuro) al mismo tiempo. La experiencia suele ser, por lo menos, desconcertante, y a veces confusa y alarmante.

El Retorno De Los Monjes

La iglesia de Pyrford (Surrey), donde la señora Turrell-Clarke asistió a unas vísperas del siglo XIII.
La iglesia de Pyrford (Surrey), donde la señora Turrell-Clarke asistió a unas vísperas del siglo XIII
Un ejemplo sorprendente de lapsus temporal le ocurrió a la señora Turrell-Clarke, que vivía en Wisley-cum-Pyrford (Surrey, Inglaterra). La señora iba en bicicleta por una moderna carretera rumbo a la iglesia donde se celebraban las vísperas, cuando bruscamente la carretera se transformó en una senda campestre y le pareció que iba a pie. Vio venir hacia ella a un hombre vestido como los campesinos del siglo XIII, que se hizo a un lado para dejarla pasar. En ese momento le pareció que ella llevaba un hábito de monja.

Un mes más tarde, la misma señora estaba en su iglesia parroquial (había pertenecido a la abadía de Newark, y sobrevivido milagrosamente a la disolución de los monasterios) cantando con el coro que entonaba un canto llano. Pero a la mitad del cántico vio, atónita, cómo la iglesia «cambiaba» volviendo a su estado original -piso de tierra batida, altar de piedra, ventanas ojivales- y por el centro del edificio pasó una procesión de monjes con hábitos pardos que entonaban el mismo canto llano que cantaba el coro del siglo XX. En ese momento la señora Turrell-Clarke se dio cuenta de que formaba parte de un pequeño grupo que estaba en el fondo de la iglesia y apenas tomaba parte en las ceremonias.

Algunas veces, los saltos en el tiempo requieren un cierto tipo de contacto físico. El 29 de mayo de 1973 una maestra de Norwich, la señora Anne May, visitaba con su marido el conjunto arqueológico de Clava Cairns (Inverness, Escocia), que consta de tres losas sepulcrales de principios de la edad del Bronce, entre los años 1800 y 1500 a.C. El día era claro, soleado; los pájaros cantaban y la señora May anduvo primero alrededor de las toscas lápidas y después fue hacia el círculo de monolitos que las rodean. Finalmente, se apoyó sobre una de las losas y cerró los ojos un momento, intentando lo que los yoguis llaman «perder un segundo» (un momento totalmente en blanco). Cuando volvió a abrirlos vio a un grupo de hombres que llevaban túnicas peludas y pantalones constituidos por tiras de cuero cruzadas. Avanzaban lentamente, y parecían arrastrar uno de los grandes monolitos sobre el terreno. Notó, en particular, que llevaban cabellos oscuros y muy largos. Esta curiosa visión pudo haber durado más si no hubiese llegado un grupo de turistas. Inmediatamente, la señora May volvió al siglo XX.

Este es un ejemplo muy claro de lo que parece suceder en los saltos temporales. El sujeto estaba interesado por lo que le rodeaba, pero no concentrado en ello; el salto ocurrió en un lugar y un momento precisos -cuando su cuerpo tocó el monolito-, y la transición del presente al pasado fue tan instantánea como su inversión.

Tessa G. tuvo una dramática «audición» procedente del futuro al visitar la Torre de Londres.
Tessa G. tuvo una dramática «audición» procedente del futuro al visitar la Torre de Londres. Se trataba de gritos de niños aterrorizados; el 17 de julio de 1974 -cuatro meses despuésuna bomba explotó en el mismo lugar hiriendo a 33 personas, muchas de ellas niños.
Saltos Al Futuro

Los saltos al tiempo futuro parecen ser casi tan frecuentes como los que se refieren al pasado; la diferencia es que quienes los experimentan suelen quedar mucho más aterrorizados.

Estas experiencias de precognición parecen entrar dentro de dos categorías: precognición mientras se está despierto y precognición en sueños. La segunda puede incluir también sueños repetidos premonitorios, pero son más comunes los sueños aislados. El tema puede ser de naturaleza trivial o trágica. Curiosamente; los acontecimientos dramáticos de la vida parecen no tener prioridad: se dan en aproximadamente la misma proporción que los demás.

Es bastante común que en los sueños aparezcan lugares concretos desconocidos para el que sueña. El individuo puede encontrarse con la misma escena más tarde, y en consecuencia el sueño será considerado como una precognición. Sin embargo, puede no ser éste el caso. Parece ser que la mente a menudo registra información subconscientemente, a través de escenas que se ven en la vida real y que más tarde son olvidadas excepto en los sueños. Luego, cuando el lugar verdadero aparece en la vida real, se cree que ha sido anunciado de una forma precognitiva a través del sueño.

La incidencia que tienen los sueños premonitorios supera la de la precognición en estado consciente. Ésta es muy común, casi siempre involuntaria, y se da frecuentemente en un corto período de tiempo antes de que se produzca el acontecimiento anunciado. Constituye una predicción más que una premonición, y suele tener por objeto sucesos de escasa importancia. Sin embargo, cuando predicen acontecimientos dramáticos, éstos son precisos e inequívocos. El tiempo transcurrido entre la experiencia de precognición y su cumplimiento suele ser corto, cuestión de horas o días.

Uno de los casos más sorprendentes de precognición de un acontecimiento dramático le ocurrió a la señorita R. H. Hodgskin, de Birmingham (Inglaterra), y a una amiga suya a la que llamaremos Tessa G. El 20 de abril de 1974 las dos estaban pasando el día en Londres y decidieron visitar la Torre. Todo estaba tranquilo y en la «White Tower», que alberga el museo de armas antiguas, sólo había unos cuantos turistas como ellas.

Tras haber pasado un rato contemplando las armas, las dos amigas empezaron a encontrar la atmósfera de los calabozos deprimente, y decidieron volver afuera. Habían subido la mitad de las escaleras cuando Tessa se volvió hacía su amiga y le dijo: «Oigo chillar a unos niños.» La señorita Hodgskin no oyó nada, excepto un ligero murmullo de conversación en la parte de abajo, y así se lo dijo a su amiga. Tessa empezó a inquietarse y elevó el tono de voz. «No -dijo- oigo a unos niños gritar y dar voces.» Su amiga no conseguía oír nada anormal, y cada una de ellas pensó que los sentidos de la otra funcionaban mal. Sin embargo, Tessa G. estaba evidentemente convencida de que había oído los gritos de los niños, y quedó bastante desconcertada. Finalmente, el punto muerto en el que estaban se resolvió saliendo al exterior en busca de una reconfortante taza de té. El asunto fue olvidado por el momento.

Unos pocos meses después, explotó una bomba terrorista en la «White Tower», matando e hiriendo gravemente a una serie de personas, incluidos varios niños.

¿Qué es lo que oyó Tessa? ¿Sonidos de dolor y terror provenientes del sombrío pasado de la Torre de Londres? ¿O la agonía de unos niños que iban a sufrir en aquel mismo lugar unos meses después? Esta segunda explicación parece más probable, aunque no hay ningún medio de confirmar o refutar la cuestión.

La frecuencia de casos de precognición es bastante alta. La predicción tiene una historia casi tan larga como la de la raza humana, y los profetas siempre han tenido cierta fama, aunque, como indica el refrán, «nadie es profeta en su tierra». En realidad. cuando las profecías han sido pesimistas (y exactas) se ha demostrado que ver en el futuro constituye una experiencia peligrosa. Sin embargo, la precognición se sigue produciendo y no parece estar sujeta al control humano. Quizás un día podremos aprender a controlarla.

Fuente: mundoparanormal.com




Viajes a través del tiempo (Continuación)

¿Fenómenos Eléctricos?

Algunos saltos en el tiempo parecen relacionarse con posibles experiencias de reencarnación; otros con lo que se consideraban apariciones de fantasmas; otros con percepciones extrasensoriales. Todos parecen funcionar de forma natural, y. sin embargo la mayoría de la gente los relega al reino de lo «sobrenatural». Pero lo «sobrenatural» en realidad no existe ya que cualquier suceso que tenga lugar en el Universo natural en el que vivimos debe tener orígenes naturales. Si no podemos explicar un fenómeno basándonos en las leves conocidas de la naturaleza, esto quiere decir que nuestra información es incompleta. ¿Quién podía explicar el mecanismo de un eclipse antes de que se conocieran los verdaderos movimientos de los planetas?

Sin embargo, el conocimiento del mecanismo de los saltos en el tiempo todavía se nos escapa; de momento sólo podemos examinar las pruebas y buscar denominadores comunes entre las experiencias vividas hasta ahora -y posiblemente buscar relaciones con las conocidas leves de la física.

Hasta el momento, se han descubierto los siguientes factores comunes:

  1. Un factor inicial que pone en marcha el fenómeno.
  2. Comienzo brusco de la experiencia.
  3. Una sensación de estar viviendo en dos zonas de tiempo a la vez.
  4. Una sensación de sentirse una parte integral de la experiencia o un participante en la acción.
  5. Ausencia de sonido desde el principio al final de la experiencia.
  6. A menudo se menciona la existencia de una marcada diferencia entre las condiciones normales de luz y las que se observan durante la experiencia: se habla frecuentemente de «luz plateada».
Según se ha dicho, parece ser que se producen determinados efectos físicos cuando tienen lugar los viajes por el tiempo; el sujeto ve y oye de una forma anormal, y experimenta una sensación de desorientación o distanciamiento. En algunas ocasiones, la gente ha manifestado haber sentido comezón o náuseas justamente antes de experimentar su viaje por el tiempo; esta reacción es idéntica a la que suelen sentir algunas personas particularmente sensibles ante la inminencia de un terremoto o de una tempestad. (Es interesante señalar que varias de las sensaciones descritas pueden también anunciar la presencia de apariciones o de otros fenómenos paranormales.) Cierta mujer describió «una comezón en los brazos y en las piernas, una sensación de estar "enchufada"». Y puede que no anduviera desencaminada, ya que existen indicios de que en muchas experiencias paranormales interviene cierto tipo de actividad eléctrica.

Un «enchufe» o un contacto con un objeto parece haber sido la causa que provocó la experiencia de Anne May, como si hubiera pulsado un interruptor. Varias personas han utilizado en sus relatos esos mismos términos al describir sus experiencias individuales. Es como si el objeto que inicia el proceso (en el caso de Anne May, la piedra) tuviera en sí mismo el poder de invocar esa confusión.

Efectivamente, si la operación de los viajes en el tiempo se debe a una transmisión de información del pasado o el futuro hacia el presente, esa información debe existir ya en algún sitio. Quizá cada uno de los componentes del mundo en que vivimos está continuamente transmitiendo información acerca de sí mismo (acerca de su forma, color, textura, situación, etc.) por medio de «ondas» todavía desconocidas por la ciencia. Parte de esta información puede ser recibida y absorbida por el material que hay a su alrededor y, cuando las condiciones son propicias, puede ser retransmitida por el receptor.

Cualquier ser humano, situado en la zona donde existe la información y cuyo cerebro esté en ese momento operando en la misma frecuencia, puede registrar una impresión acústica o visual procedente de la «onda» enviada por el primero que hizo la «emisión». Así pues, nosotros mismos en momentos de gran emoción o de tensión podemos estar lanzando al aire señales que serán recibidas dentro de años (o siglos) por alguna persona sensible. La mayoría de las apariciones (aunque quizá no todas) podrían ser atribuidas a este tipo de mecanismo.

Pero, ¿en qué consisten estas misteriosas ondas que tienen el poder de transportar imágenes y sonidos a través del tiempo? No lo sabemos. Sin embargo, es un hecho físico comprobado el que todos los objetos irradian ondas electromagnéticas. Las ondas de la luz, que nos permiten percibir el mundo que nos rodea, son sólo un ejemplo; las ondas de radio, los rayos infrarrojos y ultravioletas, los rayos X y los rayos gamma tienen todos naturaleza electromagnética. La mayoría de estas radiaciones invisibles fueron descubiertas en el siglo pasado; ¿quién puede saber qué tipos de radiaciones están esperando todavía a ser descubiertas?

La fascinante rama de la física llamada mecánica cuántica postula que los electrones en los átomos (y nuestro Universo está construido sobre el átomo) se mueven de acá para allá en el tiempo con idéntica facilidad que en el espacio. Quizá entonces sea posible que la información acerca del futuro penetre en el presente a través de un determinado mecanismo aún desconocido.

El Futuro Está Aquí

 ...una ciudad desierta construida con piedras rosadas, donde «él» había muerto en una batalla hacía siglos.
El capitán Flowerdew tuvo de niño una curiosa experiencia. Al recoger una piedra rosada de una playa «recordó» una ciudad desierta construida con piedras rosadas, donde «él» había muerto en una batalla hacía siglos. Recordó el nombre de la ciudad cuando vio en un programa de televisión las ruinas de la antigua Petra, en Arabia.
Pero si tal información puede regresar de el futuro, entonces ese futuro debe existir ya en algún sitio y en una determinada forma. Y puede ser también que nosotros mismos -y de hecho todo material compuesto de átomos llevemos con nosotros las semillas de nuestro propio porvenir.

El comportamiento individual de las partículas atómicas es impredecible, pero sí es posible prever cómo actuarán en masa. Dicho en otras palabras: todos los acontecimientos parecen estar predeterminados por causa y efecto. Quizás la idea del destino surgió a partir de un conocimiento instintivo de este hecho: de que somos lo que somos y hacemos lo que hacemos porque estamos formados genéticamente de una determinada manera.

Si esto fuera siempre cierto, nosotros y toda la historia humana estaríamos en realidad predestinados, y nuestro futuro ya establecido de forma ineludible. Sin embargo, parece ser que en cierto modo tenemos la facultad de alterarlo -al menos en algunas ocasiones- ejerciendo nuestra propia voluntad.

Por lo tanto, cuando tenemos experiencias de precognición en sueños o despiertos, puede que estemos recibiendo de una materia que ya existe (personas, animales, edificios, etc.) información acerca de su propio desarrollo futuro. Es probable que tal información, a corto plazo, resulte ser verdad, aunque no a largo plazo, ya que al transcurrir un período más largo de tiempo existen mayores posibilidades de que la voluntad humana intervenga en el proceso de causalidad.

Sin embargo, hay que decir que estos casos no son muy corrientes. Los viajes al pasado no siempre pueden ser debidos a las «grabaciones» de acontecimientos pasados, aunque sin duda este mecanismo es el que explica un gran número de casos. Varias personas han afirmado haberse visto envueltas activamente en acontecimientos históricos. Mientras la señora D. Dove se encontraba paseando cerca de Bootham Bar, en York, se vio de repente transportada al pasado cuando un rayo de sol golpeó un escudo de armas colocado en la entrada medieval de la ciudad. Su conciencia del presente desapareció de pronto y se vio envuelta en una escena medieval: vio una gran multitud y un grupo de hombres montados a caballo que despejaban el camino para dejar paso al importante personaje que les seguía. Entonces el sol sé escondió, y la brillante escena desapareció. ¿Sería posible que la misma puerta hubiera «grabado» esta escena de su propio pasado y que las especiales condiciones de luz provocadas por el repentino destello hubieran puesto en marcha el play-back? Si esto fuera así, ¿por qué la puerta «escogió» esta escena entre los millones de acontecimientos que tenía grabados? Y, ¿por qué la escena no fue presenciada y confirmada por el resto de las personas que estaban presentes en el York del siglo XX? ¿Contenía acaso esa escena en concreto una especial significación para la señora Dove, por ejemplo el recuerdo espontáneo de una vida pasada?

Sintonizar Con El Tiempo

El cerebro humano funciona eléctricamente; existen diferencias entre un cerebro y otro, y no todos operan exactamente con las mismas frecuencias. Es posible que las personas especialmente sensibles a los fenómenos psiquícos sintonicen con ondas del pasado o del futuro debido a una mera casualidad, simplemente por el hecho de que la actividad de su propio cerebro se halla en la frecuencia correcta en el momento preciso.

También es cierto que muchas experiencias extrañas relacionadas con el tiempo pueden ser debidas a alucinaciones. El sistema de memoria del cerebro todavía no se conoce por completo, y la mente subconsciente ha resultado ser muy compleja; los sueños y la hipnosis revelan un nivel de creatividad inaccesible en la mente consciente. Y también el alcance completo de la herencia genética es todavía un enigma. Sin embargo, cuando todas las posibilidades han sido consideradas y eliminadas, permanece un gran número de experiencias inexplicables o sólo explicables por la hipótesis del campo de fuerza electromagnética que cada ser humano posee, y a través del cual proporciona y recibe información. Si es verdad que el cerebro que recibe datos eléctricos desde fuentes externas es capaz de traducirlos en imágenes y en sonido, entonces sabremos el porqué de muchos de los fenómenos psíquicos, incluidos los saltos en el tiempo.

Dos Visiones Del Tiempo

J. W. Dunne afirmaba en su libro "Un experimento con el tiempo", publicado en los años veinte, que 1a cronología no era la única forma que podía adoptar el tiempo. La mayor parte de sus teorías se basaban en sus propios sueños, que eran con frecuencia precognitivos: Dunne terminó por darse cuenta de que eran una mezcla de presente, pasado y futuro.

Aunque comprendió que había hecho un importante descubrimiento, cometió el error de creer que su experiencia era única. Y aunque captó el concepto de la precognición, no logró entenderlo, y concibió una idea del tiempo como dimensión cuyo desarrollo conducía a un callejón sin salida.

Pero fueron los trabajos de Dunne los que inspiraron a otro gran investigador del tiempo del siglo XX, el escritor J. B. Priestley, cuyo interés por el tema se refleja en sus obras teatrales (Esquina peligrosa, La herida del tiempo, Llama un inspector, etc.). Priestley consideraba el tiempo como un proceso dividido en tres segmentos: tiempo Uno, el tiempo del reloj; tiempo Dos, el tiempo del futuro posible; tiempo Tres, el tiempo de la imaginación creadora. Su ensayo El hombre y el tiempo contiene fascinantes intuiciones acerca de la posible naturaleza del tiempo. Afirmaba que el tiempo cronológico es sólo una invención para explicar la forma en que los acontecimientos se suceden; o sea: es únicamente un concepto dependiente de la idea de causalidad. Y si, como sugirió C. G. Jung, la acausalidad es uno de los principios rectores del Universo, no hay razón para que el tiempo no haga todos los trucos que le dé la gana...

Fuente: mundoparanormal.com